viernes, 26 de septiembre de 2003

Búsqueda universitaria, III

La Universidad de Guanajuato, la casa de estudios superiores más importante de la entidad, estrenará Rector el día de mañana. Todos sabemos ya que se trata del doctor Arturo Lara López, quien resultó designado por el Colegio Directivo de la institución el lunes pasado. Su nombramiento tiene algunos significados que trataré de interpretar aquí. En primer lugar, se trata de un miembro destacado de la comunidad científica de la entidad y del país; es un ingeniero mecánico con doctorado en el Universidad de California en Davis, que viene de dirigir (y de fundar) el Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Guanajuato (el Concyteg) desde donde coordinó (y también fundó) la Red Nacional de Consejos y Organismos Estatales de Ciencia y Tecnología, AC (la Rednacecyt). Además, sus diseños de maquinaria agrícola y accesorios, algunos de los cuales están patentados (como fue el caso de un motocultor prototipo), lo han caracterizado como un científico aplicado que ha contribuido a la tecnificación de varios procesos agrícolas como son la siembra, el riego y la cosecha de granos básicos, así como de la tuna. También ha desarrollado diseños para la industria eléctrica, la del vidrio y otras. En fin, se trata de un especialista en tecnología mecánica con un fuerte acento en el desarrollo de diseños aplicados.
Por otra parte, es un hombre ya maduro, de 57 años, relativamente mayor a la edad en que tomaron el puesto algunos de sus antecesores: Sebastián Sanzberro (44 años), Cuauhtémoc Ojeda (44), Silvia Alvarez (58) y Juan Carlos Romero Hicks (¡36!). Sus orígenes sociales también son diferentes: es originario de la comunidad de Cerano, del municipio de Yuriria, en el medio rural. En contraste, sus antecesores nacieron todos en entornos urbanos (Irapuato, Mexicali, Guanajuato…).
Algunos de estos datos pueden parecer intrascendentes, pero ayudan a entender que el estilo de administración que puede esperarse del nuevo Rector será diferente al de sus predecesores, en el sentido de que habrá una mayor preocupación por la vinculación de la universidad con los sectores productivos, particularmente con el campo y la industria de la transformación; una mayor academización de áreas de la universidad que hasta ahora han mantenido una autonomía relativa (como los son las áreas de extensión y la misma administración institucional); un impulso más claro hacia la formación o incorporación de profesores con perfil doctoral; un interés en la apertura de nuevas opciones educativas en áreas aplicadas o de alta especialización; un fortalecimiento de las áreas científico tecnológicas, y un incremento de las capacidades institucionales de innovación y generación de conocimiento aplicado.
En alguna medida, el perfil científico técnico del nuevo Rector puede inquietar a quienes cultivamos otras áreas del conocimiento, ante el riesgo de incrementar el sesgo que hoy padece la institución hacia las ingenierías y las ciencias duras. Históricamente las artes, las humanidades y las ciencias sociales han sido poco atendidas en la Universidad de Guanajuato, a pesar de su prestigio como casa de estudios humanista. Todavía hoy está muy arraigado el prejuicio social de que esas disciplinas no tienen una utilidad práctica, de que son “nidos de grillos”, y de que sus egresados tienen como destino privilegiado el desempleo. Es claro que este convencionalismo se basa en el desconocimiento obtuso de las potencialidades que representan las humanidades para el desarrollo armónico de cualquier sociedad moderna.
Afortunadamente, el doctor Lara ha manifestado en varios foros su compromiso formal y concreto hacia las ciencias sociales y las humanidades. Ha insistido en que su proyecto dará un fuerte impulso a esta área, de tal forma que se supere el rezago acumulado y que la universidad contribuya con su entorno no sólo mediante la formación de recursos humanos y la aportación de elementos tecnológicos para cumplir los requerimientos concretos de los sectores productivos, sino también mediante la construcción de una conciencia crítica en nuestra comunidad, basada en el conocimiento de la realidad social, cultural, política y económica que caracteriza a las colectividades guanajuatenses. Este compromiso acaba de reiterarlo en las entrevistas concedidas luego de su nombramiento, y con ello alimenta nuestra esperanza en que la Universidad de Guanajuato recupere la vocación humanista que la caracterizó en sus orígenes, pero que fue perdiendo en las últimas tres o cuatro décadas. Esto confirmará su aspiración a la universalidad, que su propio nombre establece, y permitirá que los guanajuatenses sintamos a esta casa de estudios realmente más cercana a nuestros valores y a nuestras realidades cotidianas.

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