sábado, 2 de abril de 2005

¿Y cómo votar desde el exterior?

Dediqué mis tres anteriores contribuciones (25 de febrero, 4 y 11 de marzo) a la revisión de los avatares y asegunes que se presentan ante la probable aprobación (ahora por parte del Senado) de los mecanismos para posibilitar el voto desde el extranjero para nuestros connacionales. Manifesté mis reservas ante la premura y la escasez de recursos, que pondrían en riesgo la tan costosa confiabilidad que han podido ganar los procesos comiciales en nuestro país, pues se abre así un horizonte inquietante para eventuales maniobras desde el exterior que se amparen en la imposibilidad práctica de aplicar la norma electoral mexicana extraterritorialmente –algo a lo que por cierto se ha opuesto nuestro país desde los abandonados tiempos de la doctrina Estrada.
Si bien es poco realista pretender que en las elecciones presidenciales del 2006 se cuente con un esquema confiable y eficaz de recolección y conteo de votos desde el exterior, amén de contar con los recursos diplomáticos para que las autoridades extranjeras colaboren en la salvaguarda de la seguridad del proceso, es cierto que con esta medida se está cubriendo una deuda social y política hacia ese diezmo de mexicanos que han tenido que salir del país por falta de oportunidades. Es cierto que ellos sostienen las economías locales y familiares de multitud de regiones del norte, centro y sur del país, y que en efecto hoy día sus opiniones son consideradas con cuidado por parte de sus parientes y amigos que permanecieron en las comunidades de origen, por lo que participan activamente en la micropolítica de la nación, quiéralo o no el gobierno. Ellos son ya un factor de poder efectivo, y de ninguna manera se han alejado o desinteresado de los asuntos públicos que afectan a su terruño, siempre añorado e incluso reverenciado. En muchos sentidos son más mexicanos que los que nos hemos quedado por acá a lidiar con nuestras pobrezas y la falta de visión de nuestros líderes.
El mecanismo para emitir el voto que ahora se prescribe en el Cofipe es en extremo cerrado, pues no contempla opción alguna diferente a la de apersonarse ante la casilla y depositar de propia mano la papeleta electoral. Gracias a esa restricción el esquema ha ganado en confiabilidad, pero se ha quedado a la saga de la modernidad tecnológica que ya se aplica en multitud de países con democracias consolidadas –o casi, como en Perú. Por ello, si intentamos aplicar nuestro dispositivo caduco en países como los Estados Unidos estaremos provocando problemas que pronto se convertirían en las nuevas rajaduras por donde haga agua el sistema electoral. Imaginemos los riesgos de empadronar a los indocumentados, de poseer listados nominales con domicilios y otros datos –oro molido para las empresas de publicidad americanas--, de reclutar cientos de miles de funcionarios de casilla y de representantes de partido, de regular la propaganda y las inequidades, conseguir los espacios para instalar casillas o centros de votación, garantizar la seguridad de los votantes y candidatos, garantizar la integridad de los materiales electorales, impedir las redadas de la migra, y un montón de riesgos adicionales que se nos pueden ocurrir si imaginamos la jornada a la manera como la realizamos en nuestro país.
Por eso yo opino que antes de avanzar hacia este precipicio, deberíamos ensayar en nuestro territorio nuevas formas de emisión del voto, más modernas, abiertas y eficaces, superando las viejas desconfianzas y dándoles un renovado voto de confianza a las autoridades electorales. Primero habría qué ensayar el voto por correo. ¿El servicio postal mexicano es ineficiente y poco confiable? Pues qué mejor excusa para meterle mano a profundidad y convertirlo en el servicio público vigoroso que demanda una sociedad moderna. Si se puede votar por correo podremos implementar el voto por adelantado, lo que aliviaría a la jornada de los votantes “duros”, a los que ninguna campaña les hará cambiar de opinión sobre sus opciones partidistas. Alrededor de un tercio de los electores son de este tipo. ¡Un enorme desahogo!
Luego habría que ensayar el voto electrónico masivo, a la manera brasileña, manteniendo hasta lo posible un respaldo documental, por si se “cae” el sistema. La credencial para votar incluye una banda magnética que hoy no tiene uso alguno. Podríamos aprovecharla de esta manera. Además, habría que bajar el número de casillas e incrementar los centros de votación. El ciudadano debe invertir más esfuerzo en la emisión de su voto y abandonar el paternalismo. ¿Votar por Internet? Me parece todavía imposible en el espacio de los hackers. ¿Y por qué no cambiar las fechas de las elecciones y acercarlas a diciembre y enero, cuando miles de paisanos regresan a sus comunidades? Si logramos esa modernización podríamos pensar en el voto desde el exterior sin riesgos, y eso quiere decir que habría que esperar al 2012. Muy tarde para muchos, pero no para el país.

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