viernes, 11 de noviembre de 2005

Sobre el IFE y sus retos, III

Decía yo en mi pasada colaboración que los 192 consejeros locales del IFE nos reuniríamos durante el fin de semana con los nueve integrantes del Consejo General, quienes nos convocaron a una reunión nacional con la finalidad de capacitarnos, coordinarnos, conocernos y debatir varios puntos inquietantes que se plantean al instituto frente a las elecciones federales del 2 de julio próximo. En efecto nos reunimos en un hotel del sur de la ciudad de México, y debo decir que la sesión me sorprendió gratamente, sobre todo al compararla con las que realizamos con los miembros del anterior consejo general para preparar y evaluar las elecciones del 2000 y 2003, dos para cada ocasión. A mí me ha tocado participar en cuatro reuniones nacionales anteriores, pues fungí como consejero local para esos comicios. Las sesiones de entonces me parecieron largas y pesadas, pero me llamó la atención la lejanía que establecieron los entonces consejeros generales con respecto a sus colegas locales. A la gran mayoría, incluyendo a José Woldenbereg, los vimos en la inauguración y la clausura, y nada más. Sólo Jesús Cantú y en alguna medida Jaime Cárdenas y Mauricio Merino participaban activamente en las mesas de trabajo junto a sus compañeros de los estados. Al resto prácticamente no los vimos. En esta ocasión no sucedió así: todos los consejeros generales, excepto Marco Antonio Gómez –quien se disculpó por ello en la clausura— nos acompañaron a lo largo de los dos días de trabajo, cada uno coordinando una mesa temática. Inclusive Luis Carlos Ugalde y el recién nombrado secretario técnico Manuel López Bernal –abogado guanajuateño egresado de la UG en 1972— rondaron las mesas y convivieron con sus colegas consejeros.
Considero que por ello el ambiente de trabajo fue sumamente positivo y cordial. Los consejeros generales establecieron vías de comunicación directas y personales con sus pares en los estados, y la franqueza fue la regla. Fue evidente el interés de este nuevo consejo de instaurar una nueva modalidad de interacción con sus semejantes en los espacios locales, lo que sin duda contribuirá mucho a establecer relaciones de confianza y sentido de equipo. No sucedía así antes, por lo que con frecuencia los consejeros locales nos sentíamos huérfanos de liderazgo o bien francamente ignorados. Eso fue bien aprovechado por algunos protagonismos que en su tiempo provocaron la sensación de que existían “varios IFEs” en el instituto.
Muchos analistas y opinadores como el que suscribe señalamos y criticamos el aparente bajo perfil que exhibían los nuevos consejeros electorales cuando fueron nombrados hace exactamente dos años. Algunos tenían experiencia en la materia electoral –Andrés Albo había sido consejero local en el DF, Tere González Luna fue consejera distrital y local en Jalisco, Lourdes López fue vocal ejecutiva en Coahuila, Rodrigo Morales fue consejero del IEDF, Arturo Sánchez fue director ejecutivo en el IFE— pero en general sus perfiles palidecían cuando se les comparaba con los anteriores consejeros, quienes además dejaron sus cargos con una aureola de honestidad, capacidad y valentía. Sin embargo creo que con el tiempo la percepción pública hacia estos nuevos consejeros irá cambiando, y seguramente contribuirá mucho el trabajo pulcro y transparente que realizaron para escoger a los consejeros locales.
Los consejeros de Guanajuato son un retrato fiel del tipo de perfiles que buscaron los consejeros generales: paridad de género –tres hombres y tres mujeres--, experiencia y conocimiento en materia electoral –tres fueron consejeros distritales o locales en los procesos anteriores--, representación territorial –dos consejeras de León, otra de San Diego de la Unión, uno de Salamanca, otro de Guanajuato y uno más de Irapuato--, presencia de abogados –tres de los seis--, variedad en edades –el menor con 30 años y el mayor con 63— y también en ocupaciones. Excepto los tres que ya habíamos colaborado con el IFE, ninguno se conocía entre sí hasta ahora. Además el consejero presidente y vocal de la junta local, Antonio Manjarrez, tiene menos de un año en el cargo, es nativo de Nayarit y viene de ser vocal secretario en Querétaro. No tiene ningún nexo con grupos políticos locales.
Ahora nos toca a los consejeros locales nombrar a los 84 consejeros para los 14 distritos federales. En estos momentos las juntas distritales del IFE están afanadas recibiendo las propuestas de organizaciones sociales o incluso autopropuestas de ciudadanos que estén interesados en participar en la dura talacha del cuidado de las elecciones. Y es cierto que en ese nivel se da el trabajo más fuerte. Como nos dijo un colega de otra entidad: “los consejeros generales habitan el cielo, los distritales padecen el infierno y los locales flotan en el limbo”. Muy cierto.

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