viernes, 10 de marzo de 2006

Infraestructura y desarrollo

Me ha llamado la atención la iniciativa del gestor del “Pacto de Chapultepec”, el acaudalado empresario Carlos Slim, de promover un paquete ambiciosísimo de obra pública que reforzaría la pobre infraestructura de comunicaciones con que cuenta nuestro país. Y me llama la atención por el momento tan oportuno en que empuja esta nueva idea, antes incluso de que los diferentes candidatos presidenciales tengan todavía una propuesta concreta en este ámbito. A pesar de que he estado atento a las diferentes manifestaciones públicas de los cinco candidatos, en el ámbito de la infraestructura ninguno ha planteado un plan tan concreto, visionario y ambicioso como el del presidente del grupo Carso.
Recordarán algunos lectores que en esta columna he señalado antes mi asombro cotidiano al constatar el terrible estado en el que se encuentra la red carretera nacional. No se puede comprender cómo ha sobrevivido nuestro país a los retos del TLC y la globalización cuando carece de un sistema eficaz de comunicación y transporte terrestre, y no hablemos del aéreo y del marítimo, francamente decadentes. Nuestro país es un gigante del comercio mundial, pero sostenido en endebles pies de barro, que además lo mantienen atascado en el pantano del subdesarrollo. En su presidencia Carlos Salinas entendió bien esta situación, pero emprendió un programa carretero contaminado de origen por los intereses inmediatistas y avariciosos de concesionarios con poca ética. Zedillo tuvo que “rescatar” la viabilidad de las noveles carreteras, pero condenándolas al abandono dentro del Frankenstein parchado del sistema carretero nacional. Fox ha emprendido un programa que se plantea como el más ambicioso de la historia, pero aún así yo continúo sin conocer el diseño de un sistema integral, normalizador y descentralizado del sistema de comunicaciones terrestres del país. Me da la impresión que de nuevo es un gran programa de “parcheo” que no reordena ni da integridad a la red carretera. La evidencia la padecemos todos los días los que conducimos en las lastimadísimas autopistas del centro, del norte y del sur del país, ya sean libres o de cuota –con la diferencia de que en estas últimas el coraje como consumidor embaucado es sensiblemente mayor.
Aún no entiendo por qué no imitamos, adecuándolo a nuestras realidades, el programa federal de carreteras que emprendió nuestro vecino del norte en los años cincuenta y sesenta. Ese proyecto dinamizó las economías regionales de los Estados Unidos, estandarizó sus carreteras, estableció lazos terrestres de costa a costa y de frontera a frontera, elevó los estándares de seguridad y de calidad en esas vías, generó millones de empleos, y ayudó a consolidar a la economía norteamericana como el motor del hemisferio.
La iniciativa de Slim me parece ir en ese camino. Él es el primero que propone como una de las metas la eliminación de los inveterados “cuellos de botella” que impone nuestra complicada geografía, y así unir a las regiones que hoy día se encuentran al margen del desarrollo nacional tan sólo por encontrarse aisladas por montañas, ríos o desiertos. Es urgente emprender un gran programa de desarrollo de infraestructura y no sólo en comunicaciones, sino también en obras hidráulicas de gran aliento –como los varios megaproyectos que mantiene en archivo la CNA , un reordenamiento territorial profundo, la modernización de aduanas y puntos de cruce, la ampliación de puertos marítimos, la construcción de nuevos polos de desarrollo en regiones con viabilidad urbana –por ejemplo revivir el viejo proyecto de cambiar la capital federal y aquél de la “vuelta al mar” , el abrirse de una vez por todas a la coinversión pública y privada en el ámbito energético, y un largo etcétera de iniciativas pendientes.
Toda esa obra de gran aliento no debería tener una implicación partidista. La izquierda debe modernizarse para aceptar los nuevos tiempos y la derecha debe abrirse a la necesidad de construir un sistema eficaz de redistribución de la riqueza. La migración hacia el extranjero, la violencia social, la delincuencia, la ignorancia, la pobreza y la frustración social sólo podrán mitigarse y eventualmente erradicarse con un magno programa de desarrollo que involucre a toda una generación: es decir, un programa a 30 años. Sólo construyendo los acuerdos a los que convoca Slim y la inteligencia empresarial de este país podremos llegar a un esquema donde las banderas partidistas coyunturales encuentren un nicho de respuesta, pero siempre bajo un marco mucho mayor donde lo que se privilegie es el bienestar de la siguiente generación. A nosotros nos toca lograrlo.

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