viernes, 7 de julio de 2006

Precisiones electorales

La intensidad de las campañas presidenciales, su polarización y virulencia, se tradujo en una competitividad electoral nunca antes vista en el país. Todo apunta a que el candidato ganador aventajará a su rival más cercano en un punto porcentual o menos. Fue un final de fotografía, como dicen en el hipódromo. Precisamente por esta intensidad y lo novedoso del fenómeno, muchos ciudadanos han dado oídos a rumores y afirmaciones interesadas que tratan de poner en duda la confiabilidad del aparato electoral mexicano, que regentea el IFE. Por ejemplo, mucha gente ha confundido el PREP (Programa de Resultados Electorales Preliminares) del lunes con los datos oficiales y definitivos, que en realidad se generarían a partir del miércoles. En las elecciones presidenciales de 2000 y 1994 los resultados fueron tan contundentes que la opinión pública se satisfizo con los datos del PREP y ya no hizo el menor caso del conteo definitivo. En esta ocasión este instrumento ha sido duramente cuestionado por partidos y candidatos, y se ha querido difundir la idea interesada de que (“miente que algo queda”) el PREP fue manipulado para garantizarle el triunfo a Felipe Calderón, y escamoteárselo a López Obrador. Incluso se ha afirmado que se “desaparecieron” más de dos millones de votos, lo que ya ha sido bien aclarado por el IFE.
Se aprovecha la memoria corta del ciudadano común. Baste decir que en la elección presidencial del año 2000 el PREP llegó a procesar solamente el 93% de las actas. En este año se procesó un 98.5%. En aquel entonces ese instrumento exhibió una ventaja del ganador sobre el segundo lugar de 6.9 puntos. Los datos definitivos marcaron 6.6% de votos por Fox sobre los de Labastida. En este año el PREP cerró computando 14 millones votos para el candidato del PAN (36.4%) contra 13.6 millones (35.3%) de la Alianza para el Bien de Todos, lo que representa una diferencia de 1.04 puntos. Los datos definitivos apuntan a confirmar esa cantidad, o ligeramente menos.
El operativo de la Alianza para el Bien de Todos para dar la apariencia de que su candidato llevaba una ventaja sustantiva sobre el del PAN desde el inicio, tuvo finalidades políticas y pragmáticas claras. Es normal y entendible, y se hace en todo el mundo. Pero el IFE, la autoridad electoral, no podía caer en el juego impuesto por los partidos. Por eso nosotros, los consejeros electorales del IFE (los consejeros generales, locales y distritales), es decir el componente ciudadano del instituto, nos apegamos estrictamente a lo que marca en el COFIPE y así pudimos desarrollar las sesiones de cómputo definitivo con absoluto apego a la norma y a la ética. Las demandas de los representantes de los partidos fueron atendidas cuando procedían legalmente, pero no así cuando se plantearon despropósitos, como el de abrir todos los paquetes electorales sencillamente para darle “certeza” al proceso. El principio de certidumbre no es superior al de legalidad. Por esta razón todos los presidentes de los consejos y todos los consejeros ciudadanos denegaron sistemáticamente las peticiones de apertura que no tuviesen fundamento. Esto tensó el ambiente, generó interminables y reiterados debates, y como consecuencia las sesiones se alargaron inútilmente. Los perpetradores abusaron y se ignoró a la función auténtica de los consejos. Afortunadamente el IFE no cayó en el garlito, y al final se produjeron resultados transparentes y avalados por todos (o casi todos) los miembros de los consejos. Fue molesto y agobiante, pero así es la democracia, lo entendemos.
Yo confieso que la opción ganadora no fue por la que yo voté, pero sin duda fue la que se llevó la mayoría simple de votos y su triunfo merece ser reconocido por todos. A reserva de lo que diga el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, podemos afirmar que “Presidente habemus”. Esto se acabó y ahora hay que pasar a otra cosa. Debemos apoyar con todo al nuevo titular del ejecutivo a partir de su toma de posesión. Hay asuntos mucho más importantes qué atender para sacar adelante a nuestro país. Bienvenida la generosidad y humildad de los ganadores y elogiemos la cordura y entereza de los “perdedores” (nunca hay perdedores en la lid democrática). Felicitémonos por la transparencia del proceso, ya que México se ubica definitivamente entre los países con mejores procedimientos democrático-electorales. Ojalá que Andrés Manuel López Obrador haga gala de su acendrado patriotismo y que colabore, como lo ha hecho, en la construcción de un país mejor, pero ahora desde nuevas trincheras. Felicidades a todos.

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