viernes, 10 de agosto de 2007

En busca de un Rector, III

El cuarto informe de labores del rector Arturo Lara puede considerarse como el punto culminante de una gestión de cuatro años. Ello, por supuesto, si el consejo universitario y el colegio directivo decidiera no ratificarle un periodo adicional. En caso contrario, si se le otorga el plácet por ese tiempo agregado, estaríamos hablando de una pausa a la mitad del camino que permitirá darnos un tiempo valioso para la evaluación y la reflexión. En la ceremonia del miércoles se emitieron varios mensajes, que leídos entre líneas parecieron formular un aparente respaldo al titular de la gestión que está por culminar. Al menos esa fue la impresión que nos dejó a muchos el discurso del gobernador Oliva. Demasiado entusiasmo si recordamos que en el inicio de la administración estatal parecía existir una distancia importante entre el nuevo regente estatal y una universidad “demasiado consentida” por su antecesor. Al parecer esa distancia se ha achicado, mediante el afianzamiento de un propósito común entre el ambiciosísimo proyecto de expansión educativa del gobernador y la necesidad institucional de la UG por reformarse para crecer y atender el enorme rezago en educación superior. Hoy día, Lara y Oliva parecen haber descubierto una química personal que los acerca y potencia. Es un elemento de contexto que debemos tomar en cuenta.
El brindis posterior al informe fue momento propicio para intercambiar impresiones con buena parte de la comunidad. Además, todos los aspirantes al máximo puesto de dirección de la UG estuvieron presentes, y se avinieron a intercambiar sus ideas con todos los que nos acercamos a ellos. Tuve la espléndida oportunidad de departir un buen rato con el doctor Enrique Vargas Salado, a quien está apoyando buena parte de la comunidad académica leonesa. El doctor Vargas, médico eminente y con gran reconocimiento, comparte la convicción de que la universidad debe crecer de manera ordenada y sistemática, aprovechando las nuevas modalidades que dicta la ley orgánica que pronto entrará en vigencia. Además habrá que evolucionar hacia las nuevas modalidades de generación y trasmisión del conocimiento, abandonando el viejo paradigma de la “enseñanza” por el del “aprendizaje” constructivista. Su charla me hizo recordar la gran seriedad con la que este galeno desempeñaba su labor como director de una de las mejores y más potentes facultades de nuestra universidad. Lo conocí entonces, cuando yo también era director de unidad académica, y me impresionó la oportunidad y pertinencia de sus comentarios en el consejo universitario y en su comisión de planeación. Sin duda es un verdadero activo de nuestra casa de estudios. Por este medio le deseo mucha suerte, y le agradezco mucho el envío de su proyecto de desarrollo, que he comenzado a estudiar y que comentaré la próxima semana.
Más tarde, a pesar de ser la “estrella del momento” y estar muy demandado por propios y extraños, el doctor Arturo Lara tuvo conmigo la enorme deferencia de dedicarme varios minutos, y lo hizo con paciencia y gran ánimo a pesar de la presión por continuar su ajustada agenda del día. Me volvió a confirmar su entusiasmo y convicción por el nuevo modelo, y me aseguró que, si las cosas evolucionan como él espera, los campus seguirán teniendo la gran atención que les ha otorgado en este su primer periodo, y por supuesto –aquí entra mi interés personal- el Campus Sur en Yuriria deberá ser proyectado como una instancia universitaria de primer orden, donde podríamos convocar a académicos de fuste internacional con especialidades vinculadas a la agricultura, el desarrollo regional, la ecología y las ciencias sociales. No pude evitar arrebatarme con la idea, pues desde mi visión el sur de la entidad ha padecido un abandono absurdo por parte de las instituciones de educación superior pública, y la región merece no sólo recibir oferta docente, sino también ser objeto de investigación y extensión universitarias de primer nivel.
A los maestros Emeterio Guevara y Emigdio Archundia no pude localizarlos ese día, pero supe por terceros que también dialogaron con otros académicos. Sólo he podido acceder a algunas entrevistas que han dado a los medios impresos, pero en ellas encuentro poco material que pueda poner en relieve las particularidades de sus proyectos. Ambos proceden del área económico-administrativa y parece que compartan puntos de vista. Leí que Emeterio le apuesta mucho a la internacionalización y al cambio de modelo de la institución. Emigdio parece coincidir, pero añade la necesidad de certificación y capacitación del personal. Es poco lo que se puede adivinar de las entrevistas, y buscaré hacerme de sus proyectos –pues la página electrónica de la UG todavía no los ofrece-. Colegas de la comisión especial: ¡Despabílense! Seguiremos comentando…

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