viernes, 7 de septiembre de 2007

Selección sin competencia

Casi abruptamente, pero el proceso de selección del rector de la Universidad de Guanajuato terminó este pasado martes 4, con la conocida resolución de confirmar al actual regente, el doctor Arturo Lara López, por un segundo periodo de gestión a culminar en 2011. Sin duda, el proceso no puede ser calificado de terso ni armonioso. Hubo inconformidad de parte de los tres aspirantes a los que eliminó, inopinadamente, el consejo universitario en uso -o abuso- de sus atribuciones. Sigo pensando que el Colegio Directivo debió recibir al menos las dos candidaturas que el consejo había preaprobado en su sesión del 10 pasado. Creo que mucho hubiera abonado a la claridad y equidad del proceso el que la candidatura del doctor Vargas Salado hubiese transitado hasta la fase final, para tener materia de análisis y debate. No fue así: el consejo determinó rechazar el recurso interpuesto por Vargas, y con una celeridad que causa extrañeza el mismo día el Colegio Directivo sesionó y emitió un voto unánime a favor del candidato Lara López (recordemos que Jesús Reyes Heroles decía que “toda unanimidad es sospechosa”).
El Consejo Universitario no tomó en cuenta que contrastó mucho la actitud evidenciada por los aspirantes Emeterio Guevara y Enrique Vargas. Mientras que el primero se abstuvo de agotar los recursos de defensa internos y acudió a la búsqueda del amparo de la justicia federal, el segundo se mantuvo dentro de los márgenes institucionales y de forma respetuosa -sin acudir a la descalificación ante los medios de comunicación-, presentó un recurso de reconsideración donde intentó rebatir los argumentos esgrimidos en el consejo contra su candidatura. Yo pensé –ingenuamente- que el recurso prosperaría, que el consejo reconocería el valor de una propuesta alterna -respetuosa de los canales internos-, y que de paso le restituiría al Colegio Directivo su dignidad como última instancia de designación. Una votación apabullante de 85 votos a favor, de un total de 96, confirmó la decisión de retirar la candidatura de Vargas. Luego, el Colegio Directivo emitió su resolución final a favor del candidato único, el doctor Arturo Lara.
Como ya he manifestado antes, hasta donde pude conocer los proyectos y las trayectorias de los cuatro aspirantes registrados, me parece que en efecto el mejor proyecto para el momento por el que transita la institución es el del doctor Arturo Lara. En ese sentido estoy de acuerdo con la designación y con el rumbo futuro que la misma representa para la universidad. Sin embargo me manifiesto insatisfecho con la forma como se dieron las cosas. No me queda duda de que hubo inequidad, y que nos comportamos como una vieja corporación anacrónica, donde todavía prevalecen fenómenos como la “cargada”, el conformismo, la “línea”, la inercia y el mayoriteo. Todavía no se nos da el debate intenso, informado y respetuoso; tampoco la reflexión compartida sobre nuestros rumbos futuros. Creemos que las cosas, si han funcionado aceptablemente bien, no tienen qué cambiar para mejorar.
Los universitarios tenemos pocos recursos para incidir en la selección de nuestras autoridades. Sin embargo sí existen esos recursos y pueden ser aprovechados por cualquiera de los casi 30 mil miembros de nuestra comunidad. El hecho es que sólo muy pocos, poquísimos, nos atrevemos a expresar abiertamente nuestras opiniones y buscamos ser oídos por las instancias internas y externas. Eso es muy lamentable. El silencio puede ser interpretado de dos maneras: evidencia que hay acuerdo con las cosas como están, o bien lo contrario, que no nos atrevemos a manifestar nuestra inconformidad y nos abstenemos -tal vez por miedo- de evidenciarla. Creo que en el caso que nos ocupa sucede lo primero: hay una “mayoría silenciosa” -diría Nixon- que está conforme con el orden establecido, y no desea cambios abruptos. Una comunidad conservadora, sin duda, pero que está en su derecho de optar por la acción pasiva. Creo que esa mayoría avala las decisiones tomadas por el consejo y el colegio, y opta por la consolidación de un proyecto que recién arrancó con la nueva Ley Orgánica: la reforma académica e institucional que permitirá la descentralización y la expansión universitarias.
Comprendo que los medios de comunicación quieran ver más “sangre” en estos procesos, y que con gran facilidad los tachen de “antidemocráticos”, al no existir competencia abierta ni voto universal. Son otras vías, que no siempre funcionan lo bien que quisiéramos -como tampoco lo hacen los comicios generales, verbi gratia 2006- pero que al final reflejan el perfil ideológico de la comunidad donde rigen. Puede que no nos gusten, y al igual que en el ámbito electoral habrá qué analizarlos, y en su caso reformarlos.

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