viernes, 18 de enero de 2008

Apuntes bajo cero, II

Entre las obligaciones académicas que he tenido que cumplir en el programa intensivo de inglés que estoy tomando en el Hansa Language Centre en Toronto –gracias al apoyo de la Universidad de Guanajuato–, estuvo el de presentar el día de ayer un tema ante una audiencia de compañeros, todos extranjeros no canadienses. El tema que se me ocurrió presentar fue el de la situación de los trabajadores mexicanos en el Canadá. Y creo que no me fue tan mal, pues logré que el tema interesara a un grupo de chavales, en su mayoría asiáticos, que no tenían la más remota idea de la situación que atraviesan hoy día los campesinos mexicanos para hacerse de un futuro en este país del norte profundo.
Los trabajadores agrícolas mexicanos comenzaron a emigrar de forma legal, temporal y estacionaria a Canadá gracias a un memorando de entendimiento que firmaron ambos gobiernos en 1974. Ese año iniciaron el flujo apenas 203 trabajadores, por lo que puede decirse que sus inicios fueron tímidos. Pero hoy día se habla de más de 10 mil trabajadores anuales que viajan al Canadá por periodos de 4, 6 u 8 meses para participar en el cultivo y cosecha de multitud de cultivos, particularmente los que crecen bajo la protección de invernaderos e instalaciones cerradas. Claro que ese número luce ridículo frente a los 400 a 500 mil trabajadores que se calcula emigran cada año de México a los Estados Unidos. Pero esa es harina de otro costal.
La mayoría de los paisanos trabajadores se dirigen a las provincias de Ontario, Manitoba y Québec, pero el flujo comienza a dispersar prácticamente por todo el país. Mexicanos y jamaiquinos conviven en el trabajo de los campos canadienses, pero cada vez son más los primeros que los segundos, gracias a su habilidad histórica ara trabajar el campo. Y también vale la pena señalar que la fidelidad de los trabajadores hacia los patrones que los contrataron en un inicio permite que dos tercios de los contratados sean nominales, es decir que son solicitados por sus empleadores por nombre. La gran mayoría de los empleadores son pequeños y medianos agricultores, nos informa la investigadora María Antonieta Barrón en un artículo publicado en la Revista Mexicana de Estudios Canadienses (número 9, 2005). Estos pequeños productores han concentrado sus esfuerzos en frutas y legumbres con alto valor agregado, y ese valor lo inyecta el uso intensivo del trabajo humano, ya que la tecnología no ha podido desplazar muchos de los procesos delicados que exige el cultivo y cosecha de uva, fresa, manzana, durazno, tabaco, tomate, etcétera.
Desde hace un año, o poco más, el dólar gringo ha venido perdiendo valor frente a otras monedas internacionales; entre ellas el dólar canadiense. Tradicionalmente el dólar americano había tenido un valor entre 15 y 20% superior al de su vecino norteño. Hoy día es al contrario: un dólar de maple vale 1.06 dólares del tío Sam. Eso vuelve especialmente atractivo trabajar en Canadá. En este país el salario mínimo es de 8 dólares la hora, mientras que en los Estados Unidos el promedio de dicho salario –que varía entre los estados- es de 5.25 a 5.50 la hora. Además en Canadá hay trabajos especialmente difíciles, como en la construcción, que llegan a pagar hasta 18 dólares la hora.
Estoy seguro de que no todos los trabajadores mexicanos vienen al Canadá mediante el programa oficial. Algunos ya deben estar llegando por su propio pie, pues en Toronto he podido observar algunos paisanos que trabajan en servicios como restaurantes o en autolavados. No son muchos, sobre todo comparados con los paquistanís o los jamaiquinos, pero ya son visibles. Lo que me parece estimulante es que los canadienses son muy abiertos a los fuereños; no padecen xenofobia ni prejuicios raciales, al menos evidentes. La ciudad de Toronto ha sido reconocida como una de las más cosmopolitas y plurirraciales en el mundo. Su pluriculturalidad se despliega en sus barrios chino, italiano, griego, húngaro, judío y demás. Su población asiática y del medio oriente es numerosa. Y también puede encontrarse un buen número de brasileños y otros sudamericanos. La tolerancia mutua es la norma.
Creo que debe promoverse que este programa de trabajadores visitantes se amplíe. Es evidente la carencia de fuerza de trabajo en estos fríos lugares. Ojalá que más mexicanos pudiesen participar en la floreciente economía canadiense no sólo como trabajadores de baja calificación, sino como profesionistas, técnicos, especialistas, capitalistas y socios. A toda Norteamérica le urge contar con capital humano de alta calificación, y México tiene la espléndida oportunidad de convertirse en el pistón del desarrollo de los tres países, pero siempre desde una base educada y especializada.

1 comentario:

yasmin dijo...

hola podría citarme sus fuentes. soy estudiante y estoy haciendo un articulo sobre usted y su trabajo. mi msn es anirakyessamine@hotmail.com