viernes, 16 de mayo de 2008

Un colegio para Guanajuato

En algunos círculos gubernamentales y académicos me he enterado de la intención del gobierno de la entidad de impulsar el establecimiento de un centro de altos estudios e investigaciones sociales para Guanajuato. El rumor, de ser cierto, me parece una noticia extraordinaria y de enorme pertinencia para nuestra región. Dicho centro respondería al mismo modelo de los actuales centros públicos de investigación del CONACyT en ciencias sociales, como son El Colegio de México (ColMex), el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), El Colegio de la Frontera Norte (El Colef), El Centro GEO, el Ecosur, el Instituto Mora, el Colegio de San Luis (ColSan), El Colegio de Michoacán (ColMich) y el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Tengo el gusto de ser egresado de estos dos últimos, donde realicé mi maestría y mi doctorado. También pude realizar una estancia sabática en El Colef, en Tijuana. Por ello me siento deudor de este paradigma de alta calidad académica en el campo social, que en los 30 años de su existencia –si exceptuamos al más longevo, El Colmex-, les ha permitido aportar un enorme volumen de productos de investigación que han enriquecido enormemente nuestro conocimiento acerca de gran variedad de aspectos relevantes de las sociedades regionales mexicanas, así como la dimensión nacional.
Quiero compartir algunas convicciones personales sobre la posibilidad de integrar un centro de altos estudios sociales para Guanajuato. Parto de aseverar que nuestra entidad, con su gobierno y sus instituciones educativas, se han visto lentas en la emisión de una iniciativa de este tipo, aunque por supuesto en el pasado hubo algunas tentativas. En nuestro país, durante décadas, la atención de los especialistas y los organismos de investigación social se concentró en los grandes problemas nacionales, abordados particularmente desde la perspectiva central. El estado post revolucionario con su proyecto de construcción de una identidad mexicana homogénea, negó o ignoró la importancia de lo regional y lo local. Hubo de esperar hasta fines de los años sesenta para que algunos estudiosos reivindicaran la importancia de abordar la heterogeneidad del país, como una mejor vía para su comprensión analítica. Uno de ellos fue don Luis González y González, el historiador michoacano discípulo de don Daniel Cosío Villegas, fundador de El Colmex , quien a partir de su libro más célebre, Pueblo en Vilo, llamó la atención de los estudiosos hacia la indagación de lo local a partir de la microhistoria. Reivindicó la historia matria en su contraste con la historia patria. Pero no paró ahí: a su iniciativa en 1979 se fundaría El Colegio de Michoacán en la ciudad de Zamora. Sobra decir que le llovieron las críticas a don Luis, por su necedad en establecer un centro de altos estudios en un villorrio provinciano donde entonces ni siquiera existía una universidad. Era una aventura temeraria, que le apostó al hambre de conocimiento de las regiones y su potencial como espacio para la academia y la ciencia social.
Cuando ingresé al ColMich en 1983, como parte de su tercera generación estudiantil de maestría, lo hice con la duda de que el proyecto pudiese perdurar en el tiempo. El colegio tenía una veintena de profesores, todos foráneos, y una cuarentena de estudiantes, también foráneos, de tres maestrías. El trabajo se desarrollaba en tres casas antiguas, rentadas en pleno centro de Zamora. Pero ya se sentía el intenso clima académico y de investigación del colegio, que pronto acumuló un importante volumen de publicaciones científicas acerca del Bajío zamorano y el resto de las regiones michoacanas. Yo hice mi tesis sobre los vínculos de la migración internacional con la agricultura y el agrarismo en el valle de Zacapu. Ganó un premio del INAH y fue publicada en 1991. Desde entonces me enamoré del modelo de los colegios de altos estudios sociales.
En Guanajuato, en León concretamente, don Wigberto Jiménez Moreno intentó replicar la experiencia y fundó El Colegio del Bajío en 1981. Desgraciadamente don Wigberto murió antes de poder consolidar el proyecto y su sucesora, doña Guadalupe Rivera Marín, fracasó en su intento de rescatarlo. Su vinculación política con Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 provocó la reacción del gobierno de Corrales Ayala, que determinó el exterminio del ColBaj al año siguiente. A pesar de ello, el legado de publicaciones del colegio sigue siendo hasta hoy un referente obligado para los que nos dedicamos al estudio de la dinámica social, económica, cultural y política de Guanajuato y de León.
Otros intentos tuvieron mejor suerte, como sucedió con Jorge Bustamante y El Colef, o con Tomás Calvillo y El ColSan. Otros casos también destacables son El Colegio de Jalisco, que promovió desde 1982 el escritor Alfonso de Alba y desde 1991 el historiador José María Muriá. El Colegio de Puebla, que ha padecido los vaivenes de la veleidosa política local. El Colegio de Sonora, que goza de un amplio apoyo del gobierno estatal. O bien los recientemente fundados El Colegio de Tlaxcala y El Colegio de Veracruz, también sometidos a los caprichos de los gobernantes estatales.
El común denominador de estos colegios ha sido el compromiso con la investigación social de alta calidad y de fuerte pertinencia. Todas estas instituciones tienen una vinculación estrecha con las problemáticas regionales y locales, y se han convertido en interlocutores calificados de los gobiernos y de las organizaciones civiles. Casi todos tienen interacción con organismos internacionales, y concursan por la consecución de recursos para financiar la investigación de alto nivel, siempre costosa. En Guanajuato requerimos de una instancia con estas características, que se avoque al estudio riguroso de las grandes problemáticas que atravesamos como sociedad: crisis agrícola, migración internacional, industrialización desordenada, crecimiento urbano caótico, marginación y pobreza crónicas, desajustes culturales y étnicos en las sociedades regionales, violencia social y crimen organizado, desconocimiento de la historia local, ausencia de evaluación de los programas públicos de intervención social… y así podríamos construir una enorme lista de cuestiones potenciales que demandan su investigación y comprensión científica.

2 comentarios:

José Manuel dijo...

Bien, Luis Miguel. Comparto la idea de la necesidad de una entidad de este tipo. Guanajuato se lo merece. Hay que poner esfuerzos para lograrlo.

José Manuel dijo...

Bien, Luis Miguel. Comparto la idea de la necesidad de una entidad de este tipo. Guanajuato se lo merece. Hay que poner esfuerzos para lograrlo.