viernes, 6 de marzo de 2009

Sindicalismo redivivo


La renovada dirigencia de la Asociación Sindical de Personal Académico y Administrativo de la Universidad de Guanajuato (ASPAAUG) ha podido superar con éxito su primera prueba de fuego. Como sindicalizado, vi con agrado y optimismo la nueva actitud de nuestro liderazgo, ahora a cargo de una académica de fuste, como lo es mi amiga y colega Carmen Cano Canchola. Quiero pensar que al fin quedaron atrás los años aciagos de sub-representación de nuestros intereses como trabajadores y académicos, ante una patronal acostumbrada a negociar con los dirigentes desde un plano de superioridad e imposición. Tristes recuerdos aquellos de cuando las reformas a los estatutos del sindicato se diseñaban desde la dirección de recursos humanos, como lo evidenció el periódico Correo en 2005. O cuando una secretaria general interina se eternizaba en el cargo, sustentándose en litigios interminables. O cuando los líderes legítimamente electos se aferraban al cargo por doce o más años. Hablo pues del charrismo, en sus expresiones clásicas de subordinación hacia la patronal y el clientelismo hacia sus bases.
Carmen Cano entró a la “planilla púrpura” que ganó las elecciones sindicales de junio pasado como bateadora emergente, luego de que Ezequiel Hernández, el pertinaz opositor de los dirigentes previos, se encontró inelegible al haber sido sometido a sanción sindical –que a mí me pareció arbitraria y abusiva . Carmen llegó con la natural frescura de quien no se ha visto envuelta en los oscuros recovecos de la política sindical y universitaria. Desde su laboratorio del Instituto de Biología Experimental, esta bioquímica y genetista sólo había levantado su voz para defender las causas medioambientalistas en este entorno tan degradado como es Guanajuato. Al ganar las votaciones con el 34% del total, en una reñida contienda, Carmen se proyectó hacia otros espacios de batalla, mucho menos acogedores que los del ambientalismo. Se trata ahora de defender los derechos legales de los trabajadores en contra de las naturales fuerzas de alienación productivista, de las que no puede ser ajena ni siquiera una institución tan generosa como la universidad pública.
Cuando en 1976 se organizó la primera unión de trabajadores universitarios, mediante el extinto SITUG (Sindicato Independiente de Trabajadores de la UG), con líderes como el filósofo Edmundo Jacobo –hoy flamante secretario ejecutivo del IFE , la universidad se mantenía como una más de las instancias de gobierno. El estatus y los derechos de profesores y personal de apoyo no eran mejores ni diferentes a los de cualquier burócrata. Después de la huelga de junio de 1977, la institución cambió radicalmente. Se hizo evidente que había necesidad de mejorar las condiciones de los trabajadores de la educación si se quería mantener la calidad en el servicio. Las asociaciones sindicales nacieron bajo la sombra de la protección oficial, pero ganaron legitimidad gracias a los beneficios gremiales que se fueron acumulando. Hubo un periodo en el que las condiciones laborales en la UG eran superiores a los de la administración estatal. Pero eso ha venido cambiando fuertemente en los últimos diez años, y hoy se evidencia un rezago importante en los niveles bajos y medios del tabulador universitario, comparado con los del Gobierno del Estado. Si no me cree usted, eche un ojo a las tablas correspondientes en las páginas de trasparencia de las dos instituciones. Un profesor con doctorado, recién contratado, sólo puede aspirar a ganar poco más de 7 mil pesos netos mensuales de inicio. Sólo después de acumular alguna antigüedad y méritos para obtener estímulos puede ver incrementada la cifra a 15 ó 18 mil pesos. En el gobierno, un jefe de escolta gana 30 mil pesos netos, y un comandante 19 mil, y sólo se les pide educación preparatoria.
El pequeño aumento que consiguió la asociación sindical, más los estímulos económicos y recursos adicionales para las prestaciones, no ayudan a corregir el rezago. Pero me parece un gran avance el que las negociaciones se hayan dado en términos de igualdad, no de subordinación. El avance se dio en la organización y la conciencia gremial, que permitirá definir en el futuro una relación más constructiva con la institución, que ayude a reconocer que si nuestra universidad desea mantenerse en el camino de la calidad, ésta va de la mano con el bienestar de la base trabajadora.

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