martes, 8 de septiembre de 2009

Rechazo a la mentira

Rechazo a la mentira


Publicado en el de Guanajuato.

Una de las instituciones mexicanas que padece más descrédito público es el Congreso, tanto el federal como los estatales. Yo no lo invento: lo señalan reiteradamente las encuestas sobre confianza en las instituciones, como la de Consulta Mitofvski de agosto pasado. Muchas son las causas, pero me parece que la principal es la carencia de vinculación efectiva entre los representantes y sus representados, lo que se acentúa en el caso de los que llegan a la curul por el sistema de representación proporcional. A esto se suma la imposibilidad de forjar una carrera legislativa de manera continua, sino salteada, por la anacrónica no reelección.
Cuando el (la) diputado(a) o el (la) senador(a) protesta el cargo, con frecuencia carece de vocación y/o conocimientos para la labor parlamentaria; no pocos consideran que el tránsito por el legislativo es un precedente necesario para la forja de una carrera política prometedora, que luego se corona con alguna posición ejecutiva. Esta circunstancia explica por qué se acepta con tanta facilidad la movilidad de los integrantes de ese poder; nadie pierde el sueño por pedir licencia a la menor oportunidad de saltar a otra posición más apetecible, usualmente en el ejecutivo. Esta circulación permanente provoca que la curva de aprendizaje del quehacer legislativo sea enorme, ya que cuando el titular se ha familiarizado con los procedimientos, deja la curul en manos de su suplente, quien por supuesto llega a aprender cómo se cocinan las iniciativas. El resultado está a la vista de cualquiera: baja productividad del legislativo, iniciativas nunca procesadas, comisiones que sesionan poco o nunca, ausentismo crónico, prácticas poco éticas en el manejo de los recursos asignados a los representantes, etcétera.
Es por eso tan explicable la reacción de enojo público al conocerse la voluntad de al menos ocho diputados federales de solicitar licencia apenas a días de tomar posesión, a fin de dar paso a caballos negros que por angas o mangas no convenía que aparecieran como titulares, muchos por la cuota de género. No es nada nuevo, pero al menos ahora sí hubo una repulsión más o menos amplia. Me alegra.
Y una nota sobre otra mentira, la del caso “Juanito”: según una encuesta de María de las Heras, un 66% de los ciudadanos de Iztapalapa considera que Rafael Acosta debe renunciar para dar paso a Clara Brugada. Además, un 77% opina que no tiene capacidad personal para gobernar. Y de los que manifestaron haber votado por el PT, casi la mitad reconocen que lo hicieron respondiendo a la convocatoria de AMLO. Es impresionante la capacidad de movilización que posee el exjefe de gobierno en esa demarcación. La democracia es el imperio de las mayorías, y en Iztapalapa fue claro que esas colectividades actuaron con espectacular disciplina cuando se definió esta singular estrategia. El riesgo que no se calibró con suficiencia fue que el polichinela terminaría creyéndose la mentira.

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