martes, 29 de diciembre de 2009

Fin de año, crisis y esperanza

Fin de año, crisis y esperanza


Publicado en el de Guanajuato y 15Diario de Monterrey.

Ahora que termina el 2009 me di un poco a la reflexión sobre la década que se inicia en unos días. Para mí el momento es especial porque en enero cumpliré 50 años, y esa siempre es una edad que obliga a los balances y a los propósitos renovados para un futuro personal que se estrecha. La edad de los “nuncas” se me vino encima -“yo nunca me cansaba”, “a mí nunca me pasaba esto”, “a mí nunca me dolía nada”- y dio paso a los primeros achaques, al pastillero en el bolsillo, a los lentes para leer y a los dolores de espalda. En cambio mis hijos y mis alumnos se robustecen, sobre todo en lo intelectual, y sus charlas me hacen percibir mi inesperada anacronía. De golpe me he visto ubicado en una época que ya no es la mía a plenitud, y sin buscarlo al fin comprendo a mis padres cuando hace 25 años atravesaron por lo mismo.
Si el 2009 fue un año de nones, no fue de dones. Como millones de mexicanos, fui fuertemente afectado por la recesión económica y percibo la situación financiera familiar peor que hace un año. Con enojo recuerdo cuando el rubicundo y confiado Carstens aseguraba en octubre de 2008 que la crisis global nos afectaría muy poco, apenas una “gripita”, para resultar ahora que fuimos el país que peor manejó el asunto. México no crece, no genera oportunidades, y esto explica tanta migración laboral hacia los Estados Unidos y Canadá, y resulta que ya también hacia Europa. Les comento que en una estancia en Madrid hace dos meses vi a muchos paisanos trabajando allá sin documentos; en particular me impactó ver boleros mexicanos en la Gran Vía, que se anuncian como los “mejores boleros” de México. ¡Tres euros con 50 centavos la boleada, patrón!
Otro drama del 2009 fueron los 7 mil 300 muertos de este año, producto de la guerra oficial contra el crimen organizado que ya acumuló 16 mil 500 bajas totales en sus tres años de existencia. Además de los asesinatos, este combate ingrato ha llenado de presos las cárceles de México, que ya están sobrepobladas en más del 50%. 230 mil reclusos abarrotan la mayoría de las 433 prisiones de todo tipo que hay en el país. Sin embargo son pocos si pensamos que se ha calculado que más de 200 mil mexicanos están involucrados con actividades ilegales organizadas, y que todavía prevalece la impunidad.
México y los mexicanos estamos emproblemados. Para el 2010 se nos anuncian ya más medidas económicas, políticas y de seguridad pública que podrían complicar todo si nuevamente se desarrollan con torpeza, ingenuidad o soberbia. No hay mucho sustento para el optimismo, pero tampoco razones para el abandono. Yo me he dado como propósito de año nuevo concentrarme en la mejor simiente de la esperanza: los chavos, tanto mis hijos como mis estudiantes.

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