martes, 26 de enero de 2010

EVI, 2

EVI, 2


Publicado en el de Guanajuato.


La gestión del gobernador guanajuatense Enrique Velasco Ibarra (EVI, 1979-1984) ha sido calificada por observadores locales como de apertura política relativa y de moderado fortalecimiento de los municipios. Así lo acaba de declarar el presidente del Senado, Carlos Navarrete, quien lo trató cuando éste se desempeñaba en el PST. Incluso llegan a calificarlo de "demócrata revolucionario", en palabras de Tomás Bustos. Otros no opinan lo mismo, recordando los eventos de represión estudiantil y de combate a la libertad de prensa.
El proyecto de trabajo más relevante de EVI fue el Programa de Vigorización Municipal, que permitió a los ayuntamientos emprender obras cuyos costos les habrían impedido efectuar de otra manera. Aunque fue concebido originalmente para la realización de obras públicas, se convirtió en un ordenamiento que encauzó las acciones emprendidas a favor de los municipios a través de la Ley de Vigorización Municipal, que entró en vigor el 15 de enero de 1982 y sirvió de sustento al plan del mismo nombre.
La posterior reforma al artículo 115 de la constitución federal, ya en tiempo del presidente De la Madrid, puso de moda el municipalismo entre los gobiernos estatales. Sin embargo el programa siguió sufriendo un centralismo evidente. Aunque los municipios decidían el tipo de obras que deseaban para su comunidad, los recursos y el proceso de la obra continuaron bajo el control del gobierno estatal. Esto colocó a los ayuntamientos en un estado de indefensión y de dependencia tan fuerte como cuando las obras se decidían de forma unilateral por parte del poder ejecutivo estatal.

Su gestión se vio favorecida por la floreciente economía nacional de esa época, cuando los hallazgos petroleros colocaron a nuestro país en una situación privilegiada. El nuevo gobernador contó con el pleno apoyo de la administración lopezportillista, que sin embargo comenzaba a enfrentar los primeros síntomas de la resaca de una economía fuertemente estatizada y petrolizada, que pronto vería caerse el castillo de naipes de la abundancia. Cuando se dio el cambio de administración federal, en medio de una crisis económica, EVI se encontró en una situación comprometida, ya que como secretario particular del anterior presidente había acumulado desavenencias con el gris secretario de Programación y Presupuesto, Miguel de la Madrid, con quien contrastaba en carácter y elocuencia.
En los comicios de diciembre de 1982, el Partido Demócrata Mexicano obtuvo la presidencia municipal de Guanajuato al triunfar su popular candidato, el empresario minero Rafael Villagómez Mapes, con una gran diferencia de votos sobre su inmediato seguidor, el candidato del PRI, el abogado y académico Eduardo Franco Díaz. El inopinado reconocimiento de este triunfo opositor en una capital de estado sentó un precedente político local, que le valió a EVI cierto reconocimiento como impulsor de los cambios democráticos en la entidad; pero este hecho también se ha relacionado con su posterior defenestración política.

La obra física de su administración fue muy diversa, orientada a la urbanización de las principales ciudades del estado, aún cuando también se atendieron requerimientos de agua potable, drenaje y salud en muchas comunidades rurales. Se construyeron o remodelaron varias presidencias municipales; también mercados, libramientos carreteros, las llamadas "casas agraristas", unidades deportivas, caminos vecinales, así como un elevado número de aulas para telesecundarias.
En León se efectuaron importantes obras como los circuitos interiores norte y sur, la remodelación del río de los Gómez, el libramiento poniente, el par vial México-Francia, la prolongación de la calle Hilario Medina, además de viviendas populares y de la regularización en algunas colonias marginadas. También se inició la conversión a cuatro carriles de la carretera León-Irapuato y se expropiaron los terrenos para construir el nuevo aeropuerto internacional en Silao.
Continuamos la próxima semana…

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