viernes, 23 de julio de 2010

Depredación de La Bufa

Depredación de La Bufa



Publicado en Milenio de León.

“La especulación urbana es uno de los grandes veneros de la corrupción en México. Depredar recursos naturales es un negocio redondo. Los ‘desarrolladores’ compran barata la tierra y la venden mucho más cara. La fórmula es bien sencilla: reparten sobres con dinero entre los funcionarios para cambiar el uso del suelo y se hacen los milagros: donde sólo podían hacerse 40 casas construyen 400 de dudosa calidad. A ver quién se ocupa de crear las vías de acceso, y suministrar agua y drenaje.”
La anterior es una cita del investigador y analista social Sergio Aguayo, de El Colegio de México, en su colaboración de antier para Reforma. Me parece de enorme pertinencia para describir la amenaza que se cierne sobre las montañas más emblemáticas de la ciudad de Guanajuato: la Bufa y los Picachos, elevaciones que reciben al visitante, majestuosas, cuando se dirige desde Silao por la carretera estatal de cuota hacia la capital del estado, a la altura de Santa Teresa.

El Ayuntamiento de Guanajuato ha aprobado el cambio en el uso del suelo sobre una superficie de 36 hectáreas comprendidas entre el cerro del hormiguero y los lomeríos que conforman la cuenca entre El Cedro, Calderones y Pozuelos.


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El Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de 2008 que la administración pasada propuso, pero que no fue autorizado, previó esta superficie como reserva ecológica.
La administración vigente, carente de un POT actualizado, quiso madrugar con una autorización al vapor, sin un debate a fondo entre los miembros del ayuntamiento y la propia sociedad civil. Eso ha provocado una fuerte reacción de rechazo entre muchos guanajuateños, hartos ya de que el precario y delicado entorno natural de la cañada capitalina sea nuevamente objeto de depredación por el insaciable mercado de la vivienda.
 La Bufa y los Picachos no son cualquier montaña: son un ícono que nos proporciona identidad y sentido de pertenencia a los que vivimos en Guanajuato capital. Nuestra Bufa fue denominada así por los mineros fundadores de este real de minas por su semejanza a la Bufa de Zacatecas. Ningún zacatecano permitiría que su montaña insignia fuera estrangulada por un cerco de casas habitación, comercios, hoteles y parques urbanos, como los que se pretende desplegar alrededor de la Bufa guanajuatense.
Los intereses comerciales de los individuos no pueden ser superiores al interés general de la población. Nadie niega que se necesita con urgencia de proyectos urbanos de largo aliento que ayuden al municipio a mejorar su situación económica, social y demográfica; pero esos proyectos deben ajustarse a una estricta planeación que respete el interés de nuestra generación y de las que vienen.
No tenemos memoria histórica. Hace diez años la Universidad de Guanajuato realizó estudios de riesgo e impacto para el municipio capital, sobre la poligonal del proyecto FIPRODIMA, en Marfil. Es un área muy cercana a lo que hoy también se busca “desarrollar”. Se evidenció que esos territorios presentan riesgos muy elevados de tipo geológico, hidrológico y ecológico. El doctor John Randall demostró que es una zona atravesada por fallas geológicas peligrosas, que obligaría a una cimentación especial de cualquier edificación; el ingeniero José Ramos Salinas puso en evidencia que las avenidas pluviales pueden ser de enorme volumen, como sucedió el mismo año en que se inauguró el nuevo acceso a la ciudad y el distribuidor de Noria Alta. La doctora Carmen Cano concluyó que el impacto y riesgos ambientales serían de consideración, ya que existen especies endémicas que se verían amenazadas.
Las autoridades municipales alegan que el proyecto permitiría “dignificar” el área del Hormiguero y las faldas de la Bufa, donde se realiza el festejo popular más importante de la ciudad el 31 de julio, el “día de la Cueva”, consagrado al santo patrono San Ignacio de Loyola. Se pretende construir un “parque urbano”, lo que implica que la naturaleza va a ser nuevamente “domesticada”. Eso sería un error de enormes proporciones, al expropiarle a la fiesta su sentido prístino y campirano, de reencuentro telúrico con la tierra, con sus cerros, peñascos y laderas abruptas.
Pero la sociedad civil más joven se organiza mediante las nuevas tecnologías de la información. Ha surgido un grupo en Facebook denominado “Guanajuato somos todos” por iniciativa de los jóvenes Kanels Segura y Cecilia Barrera. Al día de ayer ya había reunido a 924 seguidores, en menos de una semana. El grupo convoca a una marcha ciudadana este domingo a las 10:00 horas. Saldrá del monumento a Sóstenes Rocha (“el caballito”) frente al Palacio de Gobierno en el Paseo de la Presa, y avanzará hacia el centro de la ciudad. Será una marcha respetuosa y apartidista, pero firme. ¡Acompáñanos vestido con camisa blanca y pantalón de mezclilla azul! Los ciudadanos no dejaremos a la autorizad hacer lo que le venga en gana. Guanajuato somos todos, y la Bufa también.



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