martes, 3 de agosto de 2010

Depredación urbana

Depredación urbana



Publicado en de Guanajuato.
La segunda marcha ciudadana que impulsó la agrupación “Guanajuato somos todos” duplicó los números de la primera. Más de mil personas marchamos el 31 de julio, día de la Cueva, exigiendo del ayuntamiento que dice gobernarnos que rectifique su decisión y eche atrás cualquier posibilidad de cambiar el uso de suelo solicitado por la constructora, relativo al predio Granja La Bufa.

Los habitantes de la ciudad de Guanajuato estamos hartos de padecer las medidas cortoplacistas e interesadas de las administraciones municipales y estatales, que han autorizado sin chistar proyectos urbanísticos que han depredado los escasos espacios naturales a nuestro alcance. Por ejemplo, no supimos reaccionar contra la ocurrencia del nuevo acceso Diego Rivera, que tasajeó los cerros del suroriente de la ciudad y que dejó una enorme cicatriz de asfalto por donde circulan unos cuantos vehículos, muchos de ellos gubernamentales, que no justifican el gasto en esa empresa faraónica. La obra, eso sí, permitió que el constructor de la carretera adquiriera con oportuna anticipación y a precios irrisorios los terrenos que hoy pretende urbanizar. El uso de información privilegiada para beneficio personal es un delito; sin embargo nada se hizo entonces ni ahora por investigar los intereses y complicidades involucradas en este turbio negocio.
Pero los guanajuateños no nos hemos movilizado para castigar un presunto delito que no podemos documentar; nos hemos manifestado para evitar la urbanización de un área natural que con total acierto se había clasificado como reserva ecológica. Abundan los testimonios técnicos que indican lo impropio que son esas cañadas y lomeríos para el asentamiento de familias, comercios y demás parafernalia del feo urbanismo de los desarrolladores de vivienda. Hasta el nombre que se rumora llevaría el complejo, “fraccionamiento El Dorado”, es horrendo y choteado. Como que quiere hacer referencia al “Guanajuato encantado” que nuestras madres y abuelas nos narraban que existía escondido en alguna parte de La Bufa.

El alcalde Guerrero ha optado por ignorarnos, negar la información que nos reprocha no poseer y viajar al extranjero por una semana. Ya ha escapado a dos rechiflas, para de inmediato insistir en su obcecación. Fuerte ha de ser el compromiso que se tiene con el particular que planteó la solicitud; tanto que el ayuntamiento se mantiene unido frente al rechazo ciudadano.
Al día siguiente de la manifestación, el alcalde publicó en su columna semanal un torpe intento de justificarse: enlista ejemplos de edificios o monumentos que han alterado la fisonomía urbana o natural de la ciudad o su entorno, y cómo la gente ha aprendido a asimilarlos con el tiempo. Aceptando sin conceder, porque algunos ejemplos son inadecuados, hay que dejar en claro que los errores del pasado no justifican los errores del presente. Si nuestros padres o abuelos no supieron oponerse a algunos bodrios urbanos, los adultos y jóvenes de hoy no tenemos por qué imitarlos. Nosotros sí sabemos decir ¡no!

Como profesor que soy, no puedo terminar sin recomendarle a nuestro alcalde que trabaje más sus habilidades para la escritura. Es triste que un profesionista que desciende de académicos ilustres cometa errores de ortografía, padezca una sintaxis incomprensible, y que lance perlas pleonásticas como afirmar que el acuerdo se tomó “por unanimidad de todo el Ayuntamiento” (¡sic!). Si alguien le redacta los artículos, debe despedirlo.
¡Vamos por 20 mil firmas! 


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