martes, 10 de agosto de 2010

Santiago Silahua

Santiago Silahua


Publicado en de Guanajuato.

La colección de monografías históricas municipales que está publicando la Comisión Estatal para la Conmemoración del Centenario y el Bicentenario en Guanajuato, ha dado a la luz la correspondiente al industrioso municipio de Silao de la Victoria. Las autoras son don jóvenes historiadoras que se han hecho cargo de la crónica local. Se trata de Paola Trujillo Hernández y Araceli Velázquez Mata. El hecho de que los jóvenes se estén haciendo cargo de la preservación de la memoria histórica de los municipios nos da muchas esperanzas de que el trabajo del cronista se consolide como una ocupación profesional y de tiempo completo. Además, encontramos que la crónica tampoco se deja en manos de una sola persona; en este caso es una pareja de jóvenes investigadoras, pero ya existen experiencias interesantes como el consejo de la crónica municipal que Herminio Martínez ha armado en Celaya. Creo que el trabajo en equipo, liderado o ejecutado por jóvenes, es el mejor camino para que la microhistoria cobre carta de naturalización en los gobiernos municipales y sus archivos.

Trujillo y Velázquez han generado una buena monografía histórica. Lo que me agradó más en su lectura es que abordan todos los temas desde una óptica diacrónica: los capítulos referidos a la hidrología, la geología, la población, la economía, la migración o la cultura, son abordados desde la historiografía, ensayando explicaciones que exploran el pasado para facilitar la comprensión del presente. Por ejemplo, cuando analizan la contaminación de aguas y suelos que tanto afecta hoy a Silao, las cronistas despliegan las circunstancias del pretérito mediato e inmediato que nos ayudan a entender los porqués de hoy. Desde las desviaciones del río Silao, la sobre explotación de los mantos freáticos, la industrialización sin planeamiento, el crecimiento poblacional, la agricultura con base en agroquímicos, etcétera, son causales que se desataron a lo largo de las pasadas décadas, incluso siglos.

Las historiadoras aprovecharon una gran cantidad de fuentes, y tratan con éxito de ser sintéticas pero certeras. Silao tiene una historia compleja que no siempre le ha sido favorable. Su situación geográfica privilegiada, nos hacen ver las autoras, también ha sido una de las causas de sus padecimientos, como la migración permanente de los sectores más ilustrados de su población, o la pérdida de soberanía por la imposición de los intereses de sus potentes vecinos: León, Guanajuato capital e Irapuato. Ha sido tierra de emigrantes ilustres: José María Liceaga, Efraín Huerta, Feliciano Peña, los Chávez Morado, Luis I. Rodríguez, el científico Vicente Fernández, el fotógrafo Romualdo García, etcétera. Pero también tierra de emigrantes netamente laborales, como los miles de silaoenses que habitan en los Estados Unidos. Pocos regresan, pero ninguno olvida.
Silao ha sido víctima de catástrofes sociales como la guerra de Reforma -de la que fue su escenario bélico final-, la Revolución -el profesor Cándido Navarro-, la cristiada, el agrarismo y otras, y también de desastres naturales como la inundación de 1976, que devastó más de la mitad de las casas del casco urbano. Me extrañó que las historiadoras no hagan suficiente referencia a esta última calamidad. Silao no fue el mismo después de la inundación.

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