martes, 2 de noviembre de 2010

Tercera llamada

Tercera llamada

Publicado en de Guanajuato.

El domingo pasado los habitantes de la ciudad de Guanajuato volvimos a salir a nuestras calles a marchar, a protestar. Marchamos por tercera ocasión, nuevamente, afanosamente, para insistirle a nuestro obcecado ayuntamiento que no vamos a permitir que abra la puerta a la urbanización masiva de las faldas de los cerros icónicos de la Bufa, los Picachos y el Hormiguero. Por tercera ocasión nos volvimos a manifestar, y volvimos a desgañitarnos para gritar: ¡Guanajuato tiene voz! ¡La Bufa no se vende! ¡Queremos la Bufa así como está!
Seguimos siendo descalificados por las autoridades y por el particular que se beneficiaría de este ataque al precario entorno natural que aún nos queda en las goteras de la ciudad. Nos niegan representación; nos tachan de desinformados y de mentirosos; para ellos somos catrines e intelectuales con intereses políticos inconfesados. Pura maldad de nuestro lado y pura bondad de parte de los que quieren encementar nuestros cerros.
600 ciudadanos en marcha

Este domingo nos dimos cuenta de que cada vez nos cuesta menos trabajo convocar a las marchas. La gente nos las pide, y se entusiasma con su participación. Con imaginación desbordada, elaboran sus pancartas, corean consignas ingeniosas, se visten de blanco o compran alguna de nuestras camisetas. Muchos mirones nos aplauden a nuestro paso, y otros se suman a la marcha, contribuyendo a la algarabía. Distribuimos materiales entre automovilistas y peatones, y siempre nos quedamos con las manos vacías, pues nos arrebatan los trípticos informativos, los panfletos, las calcomanías, los banderines y demás propaganda que cada uno de nosotros aporta y que pagamos de nuestras bolsas. No salen del erario municipal.
Es muy estimulante marchar rodeado de centenares de personas conscientes, comprometidas y entusiastas, como el millar que se desplegó apretadamente en las calles invadidas de visitantes que, curiosos, nos preguntaban el motivo de nuestra lucha, y la comprendían y compartían. Sin embargo, nos convoca el enojo. Estamos enojados con una autoridad que cree gobernar a San Garabato y no a una capital ilustrada que luce con orgullo los blasones culturales e históricos que la convirtieron en Patrimonio de la Humanidad hace 22 años.

Fue la cultura lo que salvó a esta ciudad de morirse de hambre en los años cincuenta; fue aquel movimiento cultural, civilizatorio, que encabezaron universitarios y políticos de enorme visión como Armando Olivares, Eugenio Trueba, Enrique Ruelas, José Aguilar y Maya y muchos otros. Así lo reconoció Luis Echeverría, quien vivió en esta ciudad de junio de 1947 hasta febrero de 1949, como delegado del PRI, y convivió con los protagonistas de ese renacimiento cultural. Ya como Presidente de la República gestó el nacimiento del Festival Internacional Cervantino en 1972, y aseguró su consolidación en los años siguientes.
La miopía de las autoridades municipales actuales les impide advertir lo que aquellos prohombres sí vieron: que el patrimonio cultural y natural de esta ciudad es lo único que la mantiene viva, gracias a su enorme personalidad urbana, de la que forman parte los “cerros pelones” que la adornan. No queremos seguir poblando, invadiendo esos cerros, sino ordenar el crecimiento hacia las zonas que son apropiadas. Eso es lo que exigimos, y que nuestro gobierno local deje de buscar el beneficio de unos cuantos en perjuicio de los muchos. Porque Guanajuato somos todos.



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