viernes, 10 de diciembre de 2010

Desarrollo urbano, pero sustentable

Desarrollo urbano, pero sustentable

Publicado en Milenio de León.

El movimiento ciudadano que paró en seco la intención del ayuntamiento de la ciudad de Guanajuato y de un adinerado constructor local, de urbanizar las faldas de los cerros de La Bufa, los Picachos y el Hormiguero, ha convocado la atención nacional e internacional. Los protagonistas más visibles hemos recibido, además de muchas felicitaciones, varias propuestas para vincularnos con otros movimientos, que buscan preservar distintas áreas de la geografía natural del país fuera de la avaricia del desarrollismo inmediatista. Y es que los negocios inmobiliarios están depredando espacios de gran vulnerabilidad natural y social, y esa situación está despertando conciencias de ciudadanos inquietos, que no quieren aceptar la “inevitabilidad” del crecimiento urbano sobre los precarios nichos ecológicos que aún sobreviven a nuestra devastación.


Por otra parte, es cierto que la necesidad tiene cara de hereje, y que en panza vacía no entran razones ecologistas o preservacionistas. Nuestra gente más vulnerable vive desesperada ante la ausencia de oportunidades de hacerse de un trabajo y de una vida decente. Reconozcamos que la pobreza es la peor enemiga de la ecología y de la paz social. No podemos pedir respeto al entorno natural cuando la población no puede sostenerse con los recursos que le puede otorgar la civilización urbana o rural. Es por eso tan difícil combatir la deforestación de nuestros bosques, la sobreexplotación de los mantos freáticos, la quema de llantas en las ladrilleras, la cacería furtiva de especies en peligro de extinción, el comercio de animales escasos, la saturación con basura de ríos y canales, el contrabando de marfil y de pieles exóticas, el consumo popular de huevos de tortuga, la venta de loros de Colima en nuestros cruceros, etcétera.
Para la preservación de la naturaleza y del clima global la mejor receta es garantizar el desarrollo social con carácter sustentable. Crear empleos con baja huella ecológica, con alto valor agregado y por lo mismo bien remunerados y permanentes. Cuando la panza está llena, puede uno preocuparse más de asuntos trascendentes como el calentamiento global y la separación de desechos sólidos. No hay sustentabilidad en situaciones de pobreza.

Esto explica por qué pudo florecer un movimiento preservacionista en la ciudad de Guanajuato: es una ciudad con una clase media ilustrada mejor establecida que en otras urbes de la entidad y del centro del país. Mientras que el resto del estado de Guanajuato tiene un promedio educativo de seis años, y México registra siete, este municipio capital exhibió ocho en el último conteo poblacional. Además de una panza llena, se requiere también de una cabeza llena de educación. Ese es el germen del pensamiento ciudadano crítico y ecologista.
En esta edición de Milenio, en su página 10, se publica una carta de agradecimiento de “Guanajuato somos todos” a los ciudadanos que votaron en el plebiscito del domingo. No sólo agradecemos el apoyo de ese 84% que votó por el NO al cambio de uso de suelo, sino también a los que votaron por el SÍ. Esto porque ambos conjuntos sumaron 15 mil ciudadanos conscientes que de manera voluntaria acudieron a las urnas a participar en la democracia directa, y contribuir así a la construcción de una sociedad mejor. Casi un 13% de participación sobre la lista nominal hizo que el plebiscito guanajuatense rompiera el récord nacional; cuando se realizó el plebiscito en el DF sobre el segundo piso del periférico la participación fue del 6.6%.

De igual forma agradeceremos a la autoridad municipal si sostiene su palabra de echar atrás el acuerdo del 13 de julio sobre la factibilidad del cambio de uso de suelo en “Granja La Bufa”. Mucho más agradeceremos si el ayuntamiento nos apoya para conseguir que toda la zona que rodea el nuevo acceso Diego Rivera, incluyendo cañadas, lomeríos y los cerros icónicos de la Bufa, los Picachos y el Hormiguero completos, sean declarados área natural protegida. Este será el segundo paso en nuestro andar. Los siguientes serán dirigidos hacia la constitución de un cinturón de preservación ecológica alrededor de nuestra ciudad, que amortigüe los efectos perniciosos del desarrollo urbano desordenado. Tenemos en la mira el cuidado de los cerros de Sirena, Calderones, el Meco, Aldana y muchos más, que están siendo invadidos o fraccionados de manera irregular. Todos son propiedad privada. Hay que lograr que se conviertan en áreas naturales protegidas o bien propiedad social mediante compra o expropiación. El crecimiento debemos orientarlo hacia las zonas propicias, ubicadas más bien hacia el sur plano y cercano al agua. Pero eso deben decidirlo los especialistas, consultando a la sociedad y a los usuarios o afectados. Al tiempo.



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