martes, 7 de diciembre de 2010

Triunfo ciudadano

Triunfo ciudadano

Publicado en de Guanajuato.

Al final ganamos los ciudadanos. Y ganamos por mucho. El ayuntamiento de la ciudad de Guanajuato recibió un tremendo tiro en el pie con el plebiscito al que ese mismo órgano convocó para legitimar una de las peores decisiones urbanísticas de las últimas décadas en nuestro terruño. La obcecación y el autoritarismo nos costaron caro a los guanajuateños: un millón cien mil pesos tirados a la calle y meses de confrontaciones inútiles, que nos llevaron a lastimarnos mutuamente y a desgastar la paciencia ciudadana.

¿Por qué no corrigió el alcalde a tiempo? ¿Por qué se unieron con tanta estulticia el gobierno de coalición PRI-PRD con la oposición panista? ¿Por qué tardaron tanto los partidos en darse cuenta del enorme error de cálculo del presidente municipal -tan extraño, tan fuereño- y de los síndicos y regidores que lo apoyaron hasta el final? ¿Qué pegamento los unió con tanta fortaleza, que los volvió sordos y ciegos? ¿Qué les ofreció el constructor a cambio del sospechoso entusiasmo que les despertó un proyecto tan vulnerador de uno de los espacios naturales más sensibles de la ciudad?
En el accidentado camino que hemos recorrido desde ese fatídico 13 de julio, cuando el ayuntamiento nos quiso madrugar para beneficiar los intereses de ese particular, sólo un par de regidores del PRI se bajaron del carro “desarrollista”. Y hasta muy recientemente el regidor del PRD trazó su raya, obligado por su comité estatal. De los doce regidores, siete se mantuvieron inamovibles alrededor de sus dos síndicos –un priísta y un perredista- y su temperamental alcalde.

La reacción ciudadana original, tan decidida y crítica, debió ser razón suficiente para que nuestros gobernantes municipales recularan de inmediato en su intención. Muchos creímos que con las dos primeras marchas, con su nutrida participación de ciudadanos libres y su espontaneidad, serían interpretadas con sabiduría y tacto político. Pero para nuestra sorpresa no fue así: descubrimos que votamos por un personaje colérico, intolerante, descalificador y autoritario. Ha tenido sometidos a sus colaboradores al régimen del terror con sus frecuentes amenazas de “reingeniería” de la administración, léase despidos. Cuando cosechaba cada vez más enemistades externas, creó un frente interno en su propia administración municipal, que provocó insatisfacción entre su gente.
Los regidores sí dudaron ocasionalmente, pero volvían al redil tras algún jalón de orejas del edil. También contribuyeron a la desunión de la administración con sus demandas: como Salomé clamaron por las cabezas de los bautistas a cargo de las direcciones municipales. La guerra intestina ayudó mucho a que el ayuntamiento se resquebrajara ante las críticas externas.

Los medios de comunicación serios simpatizaron desde el principio con la causa ciudadana. Nos ayudaron mucho a hacer conciencia entre nuestra gente, al darle voz al movimiento y divulgar el tema entre un público más amplio, incluso a nivel nacional. En cambio los medios chayoteros y pasteleros hicieron el ridículo más espantoso. Su público y sus anunciantes se los cobrarán caro.
Los guanajuateños acabamos de hacer historia. Le dimos una cuereada a nuestras miopes autoridades y ha quedado claro que el abuso del poder se ha topado con un enorme y poderoso dique: el NO ciudadano.


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