viernes, 14 de enero de 2011

Nomás tantito...

Nomás tantito...

Publicado en Milenio de León.

Parece que se aproxima un nuevo motivo de desavenencia entre el tozudo ayuntamiento de Guanajuato capital y su población. Ahora por la intención de afectar el único parque ecológico de la ciudad, “El Orito”, ubicado hacia el norte de la misma, precisamente en un área que los proyectistas del Gobierno del Estado planean afectar para construir el libramiento norte, una vialidad sin duda muy necesaria, pero que no justifica que se ejecute sobre uno de los pocos espacios de preservación ecológica del municipio.
El Orito fue adquirido por la autoridad municipal de Guanajuato a fines de los años noventa, gracias a que los Echánove –familia muy conocida de actores y artistas locales- le vendieron esa superficie de 142 hectáreas, con la intención de que se convirtiera en un pulmón y un área recreativa que beneficiara a la población. Desde el principio las administraciones municipales no supieron bien a bien qué hacer con el espacio, que se convirtió en los hechos en una papa caliente. Una de esas administraciones –la de Juan Antonio Valdés Fonseca- tuvo la ocurrencia de ceder parte de su superficie al “cuidado” de una empresa inmobiliaria, JARAB, propietaria del hotel y club de golf del Tiro de Guadalupe. Ese gobierno definió a las carreras un convenio (CONV-046/2006) a pocos días de entregar la administración, y pronto se evidenció que el único interés fue beneficiar al particular a costa del interés común. Ni tardo ni perezoso el nuevo “dueño” cercó las 14 hectáreas e impidió el libre tránsito. Y su compromiso de reforestar con 40 mil árboles quedó en simple promesa. El interés público perdió, y recibió a cambio una andanada de justificaciones gubernamentales. De nuevo prevaleció el interés de los pocos sobre el de los muchos.
Cualquiera que le haya dado seguimiento al caso del Orito –si usted quiere puede encontrar mucha información googleando “Orito Guanajuato”- se habrá dado cuenta de que en estos 22 años se han acumulado un sinnúmero de malos entendidos y desencuentros entre las diferentes autoridades municipales y miembros de la sociedad civil. La asociación “Amigos del Orito”, que comenzó liderada por Francisco Arroyo y que hoy dirige otro político priísta, Luis Antonio Muñoz Mosqueda, cumple un papel ornamental y de comparsa frente a la autoridad. El convenio no se ha cumplido, y las administraciones de Eduardo Romero Hicks y de Nicéforo Guerrero no lo refrendaron, por lo que en teoría debería haber quedado sin fundamento legal. En los hechos el predio de las 14 hectáreas sigue siendo manejado como propiedad privada.
El resto del predio corre ahora un riesgo mayor. Según el plano del proyecto del libramiento norte, está previsto que el solar sea atravesado por la nueva carretera, partiéndolo en dos. Desde hace mucho tiempo es posible consultar un buen mapa del parque y cómo será atravesado por el libramiento en una de las páginas del CIMAT.

El alcalde Guerrero se ha apresurado a afirmar que sí habrá afectación, pero “nomás tantito”. Ya desde junio de 2008 su predecesor panista había afirmado que el libramiento pasaría “por la parte de atrás de El Orito”, pero que no sabía si alcanzaba “a morderlo”. Ahora sabemos que no sólo lo muerde, sino que le cercena toda la sección norteña. Pero no hay problema, es “nomás tantito”.
El problema es que cuando se trata de cualquier espacio de preservación ecológica, la autoridad siempre encuentra la manera de justificar su afectación. Se sigue concibiendo a esos territorios desde la óptica utilitaria del desarrollismo, como zonas ociosas que no sirven para nada. Ninguna de las cuatro administraciones municipales pasadas ha generado un proyecto integral y viable para convertir a El Orito en un parque ecológico auto sustentado, como sucede con espacios similares en otras ciudades, como el parque Metropolitano y el área de El Palote en la ciudad de León. El tema es concebido como fuente de problemas, y la actitud oficial ha sido ignorarlo lo más posible. Los medios de comunicación y algunos ciudadanos se han ocupado de mantener abierto el tema, porque el espacio continúa siendo agredido por particulares sin escrúpulos, como los camioneros escombristas que han convertido a parte de El Orito en un basurero sin control.
Hace falta que la autoridad asuma una actitud proactiva y no reactiva ante el tema general de la necesidad de contar con un cinturón de preservación ecológica alrededor de la ciudad de Guanajuato. No es un tema menor ni una ocurrencia de parte de los ciudadanos opinantes: es una exigencia que debe plantearse cualquier ciudad consciente de su sustentabilidad en el largo plazo y la urgencia de reducir su huella ecológica. No es tema menor, ni es “nomás tantito”.


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