martes, 11 de enero de 2011

San Luis Chichimeca

San Luis Chichimeca

Publicado en de Guanajuato.

Reseñaremos ahora otra monografía histórica municipal de Guanajuato, también perteneciente a la colección que ha publicado la Comisión Estatal de Conmemoración del Bicentenario. El texto fue integrado con los aportes de un grupo de historiadores y cronistas locales sobre San Luis de la Paz, el municipio que es puerta de entrada de la Sierra Gorda, región que comparten los estados de Querétaro, Guanajuato y San Luis Potosí.

La importancia histórica de San Luis de la Paz no puede exagerarse. Desde el siglo XVI con la expansión colonial y sedentarizadora hacia el norte, este asentamiento jugó un papel vital en la pacificación de los hostiles indios chichimecas, que supieron oponer una bravía resistencia al peninsular y sus aliados nativos que importó de Mesoamérica. San Luis de la Paz se ubicó en el cogollo del conflicto que se mantuvo durante toda la segunda mitad de ese siglo lejano. Hasta que más por la cruz que por la espada, y gracias a la acción incesante de los misioneros jesuitas y otros religiosos, se logró la paz tan anhelada, que fue formalizada y perpetuada en el mismo nombre de la naciente villa, que mudaría de nombre de San Luis Xijotepec a San Luis de la Paz, gracias a esa paz alcanzada con los indios bravos de la chichimequidad. En la monografía queda muy claro el enorme orgullo que para los ludovicenses representa su origen tan cercano a los de la Nación Chichimeca, que hoy todavía es representada por los dos mil hablantes de la lengua Chichimeca-Jonaz que habitan en Misión de Arriba y en Misión de Abajo.
Los capítulos principales de la empresa monográfica que hoy referenciamos se construyeron sobre la base de los aportes escritos de varios cronistas: Fulgencio Ramírez Martínez, quien aportó efemérides que desgraciadamente se interrumpen en los setenta del siglo XX; Alberto Antonio Loyola Pérez, que diserta con abundancia y conocimiento sobre la historia y la cultura de los chichimecas, así como sobre la ruta de la plata, la fundación y la rebelión ante la expulsión de los jesuitas en 1767, además de la obra civilizatoria de éstos. La historiadora Esperanza García Flores se hace cargo del análisis del proceso de independencia y el extraordinario papel que jugó Xavier Mina en la zona. Ricardo Soltero Rodríguez aporta fragmentos y materiales históricos; Fulgencio Ramírez trabajó el ferrocarril y el florecimiento del mineral de Pozos, que en 1897 llegó a ser municipio con el nombre de “ciudad Porfirio Díaz”.

El capítulo IV detalla la cultura, la sociedad y la política locales, aunque con demasiada superficialidad para mi gusto, dado el método estadístico elegido. Los siguientes tres capítulos dedicados al patrimonio cultural padecen el mismo problema: descripciones muy pobres de edificios, tradiciones, festividades y demás elementos de almanaque, que no ayudan mucho y sí aburren. Como en otras monografías municipales, el afán de dar demasiada información sobre la situación actual -economía, demografía y gobierno sobre todo-, ahoga la riqueza de la memoria y de la reflexión sobre la identidad parroquial.

Lo más interesante de este libro es el constituirse como esfuerzo colectivo, y que supo conjuntar textos dispersos que lograron cierta unidad que facilita una suave lectura. Parece evidente que el gobierno municipal intervino en apoyo del esfuerzo, como se señala en el prólogo escrito por el presidente del ayuntamiento. Es de felicitarse este tipo de empresas culturales que se comparten entre el gobierno local y los individuos interesados. Una monografía digna de un municipio tan digno. Bien hecha, bien hecho.


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