martes, 5 de abril de 2011

León: llegar a ser, 2

León: llegar a ser, 2

Publicado en de Guanajuato.

La monografía histórica del municipio de León, Gto., a cargo del maestro Carlos Arturo Navarro Valtierra, es una de las más complejas dentro de la colección que publicó la extinta Comisión Estatal de Conmemoración del Bicentenario. No es sorprendente, porque la ciudad de León ha conservado con mucho cuidado los registros escritos de su historia, que abarca 435 años. Su archivo municipal conserva documentos desde el siglo fundacional, y no ha sufrido destrucciones como las que se padecieron en otros municipios, que vieron sus registros consumidos por las llamas o sencillamente tirados a la basura. Las diferentes revueltas y revoluciones en nuestro país han cobrado un alto precio a la memoria colectiva, en particular en los espacios provinciales.
Me detengo para agradecer a José Luis García Galiano, presidente del Instituto de Cultura de León, su amable corrección al hacerme notar que el término que describe la identidad leonesa no es “leoninidad”, sino “leonesidad”. Buen neologismo. [Más adelante, ya publicado el artículo, me di cuenta de que el concepto es antiguo en España y en Nicaragua, y se refiere a la calidad de los lugareños de las ciudades de León de esos países].
También agradezco la nota crítica que me envió Leopoldo Navarro (Tlacuilo), quien destaca la importancia de esfuerzos monográficos previos como el libro de texto “Yo vivo en León”, de Maricruz Labarthe y Adriana Ortega (Gobierno Municipal de León, 2000), “un esfuerzo que muestra gran seriedad en su investigación hasta los inicios del siglo XX, y luego se tira a la información complaciente y de relleno […] -mucho de su aporte fue investigado en los primeros noventas del siglo XX por aquel germinal Consejo para la Cultura de León- por ellas y dos historiadores a quienes ahora se suele olvidar terriblemente: Jesús Rodríguez Frausto, maestro de paleógrafos y archivistas, y Eduardo Salceda López.”
Las primeras manzanas de León

En efecto, la monografía de Arturo Navarro parte del esfuerzo de la pléyade de historiadores que han ayudado a ampliar y consolidar la conciencia histórica de los leoneses: Toribio Esquivel Obregón, Wigberto Jiménez Moreno, Antonio Malacara, Mariano González Leal y otros. El maestro Navarro logra una buena compilación del conocimiento histórico leonés, pero la ausencia de un sistema de citación impide reconocer el origen de la información, sobre todo si proviene de fuentes directas o indirectas. Como en el caso de otros cronistas, en ello reside la principal falla metodológica de las monografías. Esto no ayuda a que se conviertan en peldaños a ser aprovechados por los historiadores profesionales del futuro.

 
Wigberto Jimenez Moreno
Mariano Gonzalez Leal

Como en otros casos, la monografía de León se integró con capítulos que se habían publicado por separado. Este es un recurso válido para armar un texto comprensivo, pero se requiere de una revisión cuidadosa para evitar reiteraciones, frecuentes en el texto reseñado. La exposición es demasiado lineal en varios de los capítulos, ya que cada uno recorre la misma ruta histórica en paralelo con el resto del capitulado. Problemas de forma, no de fondo.


Me llama la atención que no se analicen con más atención algunos momentos en que León cobró un protagonismo destacado, como sucedió con el intento fallido de formación del “Estado del Centro” en tiempos de Juárez, con capital en León; también el nacimiento del sinarquismo en 1937, con repercusión nacional; el movimiento civilista de 1946 y la lucha por el municipio libre; la innovadora campaña panista de 1976, y por supuesto el movimiento político foxista de 1991. En cambio, se abunda mucho en el papel que desempeñó la ciudad en los movimientos independentista y revolucionario. Tal vez respondiendo al requerimiento general de conmemoración de los centenarios.


Calle Real de Guanajuato, hoy Madero

El libro es una buena aportación para la consolidación de la “leonesidad” a partir de la exposición de las fuertes raíces históricas, y me parece una excelente idea el énfasis en el papel que cumplieron los barrios fundadores de León: el Coecillo, San Miguel, Barrio Arriba y San Juan de Dios. Nuestras ciudades aún reflejan el espíritu de sus barrios, sin importar los vientos de la modernidad.

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