viernes, 30 de septiembre de 2011

UG: Fin de ciclo

UG: Fin de ciclo

Publicado en Milenio de León.

El martes 27 pasado, el doctor Arturo Lara López entregó el báculo de la Rectoría General de la Universidad de Guanajuato (UG) al doctor José Manuel Cabrera Sixto. Con ello culminó los ocho años de su rectorado, el segundo más longevo en la historia reciente de esta institución, que cuenta con 66 años como universidad y 279 de existencia como colegio de educación superior. Sólo el licenciado Néstor Raúl Luna (enero de 1977 a junio de 1985) le supera en tiempo de permanencia en la rectoría. También cabe destacar que desde la autonomía de 1994, Arturo Lara es el primer rector en llegar al término de su periodo completo.

El doctor Lara deja la Rectoría por la puerta grande, entregando una institución sustancialmente diferente a la que recibió. La reforma institucional que impulsó sólo es superada en importancia por el propio establecimiento de la universidad como tal en 1945, y la autonomía universitaria de 1994. Estas dos últimas fueron reformas a su estatuto legal e institucional; pero la del 2008 fue de carácter organizacional, en sus órdenes académico y administrativo. La UG de hoy es un complejo universitario multicampus, con una visión de largo plazo que aunque atiende las necesidades locales y regionales, tiene un ojo puesto en su proyección internacional.
El hoy exrector asumió la estafeta el 27 de septiembre de 2003, luego de haber competido en segunda ocasión por el cargo. Había buscado la posición cuatro años antes, en 1999, pero fue superado inopinadamente por el joven abogado Cuauhtémoc Ojeda. En 2003 volvió a competir, ahora contra el relacionista industrial Sebastián Sanzberro, rector interino, a quien pudo superar en la preferencia del entonces Colegio Directivo. Tristemente ambos exrectores, Cuauhtémoc y Sebastián, han dejado esta vida terrenal.
El rector Ojeda había intentado echar adelante la reforma institucional que llevara a la departamentalización de la universidad. En este esfuerzo se desgastó a lo largo del 2001 y el 2002, pero fueron infructuosos sus afanes. El nuevo rector Arturo Lara pareció en un inicio no interesarse en reasumir una reforma institucional que se había evidenciado llena de riesgos y con muchas resistencias internas. Esperó hasta encontrarse en una posición de fortaleza institucional, y en 2004 retomó con decisión la reforma departamental. En buena medida aprovechó el ambiente social del momento, que demandaba con cada vez más énfasis la ampliación de la oferta pública de educación superior. Esto sobre todo en la ciudad de León, donde había surgido un movimiento político-social denominado “Primero León” liderado por Pablo Álvarez Padilla y José Trueba Dávalos. Este grupo supo ejercer las presiones adecuadas ante el gobierno estatal y el federal para que la Universidad de Guanajuato se planteara con seriedad la urgencia de abrir un campus regional que catapultara su oferta en esa ciudad, que aunque ya contaba con nueve unidades universitarias, en cuanto a número de estudiantes su presencia era casi simbólica, pues atendía a apenas el 6% del total de la matrícula superior local.
Las “estrellas se alinearon” para la universidad, y el doctor Lara supo montar a la institución en esta ola social y política que se aceleró sustancialmente cuando el nuevo gobernador Juan Manuel Oliva tomó posesión en septiembre de 2006. El “gobernador de la educación” no sólo compró el ambicioso proyecto de expansión de la universidad pública, sino que duplicó los números originalmente propuestos: de dos campus regionales planteó la posibilidad de cuatro, en León, en Salamanca, en Celaya y en Guanajuato. Pero en la práctica fueron seis campus regionales, pues se agregaron las unidades de Yuriria y la de Irapuato. Y quedan en proyecto los de Salvatierra y de Pénjamo.
En el segundo periodo del doctor Lara (2007-2011) la expansión cobró un ritmo frenético no sólo en infraestructura, sino también en contratación de profesores y personal de apoyo. Los apoyos federales y estatales permitieron que el crecimiento de la matrícula no se tradujera en una caída de la calidad, o en una sobreexplotación de la plantilla académica. El nuevo modelo académico-administrativo sin duda complejizó la estructura, pero profesionalizó las funciones institucionales. La vieja universidad provinciana que no crecía, y que veía cómo su planta profesoral se avejentaba, ya no existe más. Se evaporó en algún momento de este segundo cuatrienio. Desde dentro la sensación es que el crecimiento está poniendo a prueba muchas capacidades en una institución que ya no conocemos tan bien como antes, y que incluso atraviesa por una incipiente crisis de identidad, que deberá atender el nuevo rector general.
Entretanto el doctor Lara regresa a su cubículo en el Campus Salamanca, allá en Palo Blanco. Pero tengo la impresión de que no se estará tranquilo mucho tiempo. No me sorprendería que al rato algún partido político lo seduzca, ahora que se viene la renovación de los poderes. Pero mientras le deseo una feliz reincorporación a la investigación y la enseñanza, y le envío mi reconocimiento.


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