martes, 12 de mayo de 2009

Retroceso

La reforma constitucional que se perpetró el viernes pasado en Guanajuato es un formidable paso atrás dentro del esquema de convivencia armónica entre los habitantes de esta entidad. El párrafo segundo del artículo primero –¡nada menos! de la máxima ordenanza estatal dice ahora que “para los efectos de esta Constitución y de las leyes que de ella emanen, persona es todo ser humano desde su concepción hasta su muerte natural.” Consulta el boletín.

¿Qué tiene de malo que se le reconozca calidad de “persona humana” a un cigoto? Podríamos decir que nada, pero no es así: las implicaciones legales y no legales de esta asunción absoluta son inquietantes. Al establecerse a nivel constitucional este dogma, se obliga a que la legislación secundaria se adecue, y por ende pronto veremos renacer la penalización del aborto incluso en casos de violación o de grave peligro para la madre, hoy previstos por el código penal local.

Un asunto de tanta importancia para las mujeres de Guanajuato –incluso para aquellas que combaten el aborto en todas sus formas , no debió definirse en tan poco tiempo ni con el método elegido para procurarse los votos necesarios en la Cámara. Tampoco veo correcto que diputados que iban de salida hayan determinado el asunto. ¿Por qué no se dejó el debate para después, cuando hubiesen entrado en acción las ocho diputadas suplentes del partido mayoritario? Hubiera sido más justo dejar que una mayor representación femenina tuviese a su cargo –y responsabilidad- llegar a conclusiones que las afectan directamente. Pero no: los machines seguimos definiendo hasta el uso y abuso del cuerpo de las mujeres.

Por supuesto parto de mi propia convicción personal no religiosa, que me indica que las verdades absolutas no existen, y que la libertad es un valor que no se debe definir a partir de la convicción excluyente de los pocos o los muchos. Por su naturaleza subjetiva y arbitraria, todos los valores morales son relativos. Son referentes culturales que nos permiten acotar lo “bueno” de lo “malo”, según la sociedad o tiempo histórico en que nos tocó vivir. El problema comienza cuando los sistemas de pensamiento unívoco, como las religiones, imponen sus dogmas morales –conjuntos de valores- sobre la totalidad del conjunto social. Ahí vemos el germen de la tiranía y el principio del fin de la democracia.

Lo que se ha dado por denominar “persona humana” es un concepto equívoco, porque no existe un acuerdo sobre lo que se entiende por tal cosa. Algunos pensaríamos que en la “persona” ya está comprendido lo “humano”, y por lo tanto es una definición tautológica y circular. Para evitarla, las religiones han propuesto la existencia de una entidad supra corpórea, que denominan “alma”. Los seres humanos son aquellos que tienen “alma”. Los animales y plantas no tienen. Extinguir un cigoto sería así un crimen. Más crimen es, para mí, obligar a una mujer a traer al mundo un producto no deseado.

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