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viernes, 24 de septiembre de 2021

Violencia y terror

Violencia y terror

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en:
ZonaFranca.mx Milenio León
https://15diario.com
eslocotidiano.com

La violencia criminal tiene secuestrado al estado de Guanajuato desde hace casi una década. Esta era una entidad con una larga tradición de tranquilidad social, donde incluso la Revolución y la Guerra Cristera no alteraron en demasía la convivencia comunitaria, con excepcionales episodios violentos que no se convirtieron en normalidad o recurrencia en el tiempo.

Hoy experimentamos un ambiente de terror social, motivado por ataques recurrentes entre las organizaciones criminales que buscan el control territorial de un estado que genera el 6% del PIB nacional, y que ha desarrollado un sistema muy funcional de ciudades medias de gran dinamismo. Esos cárteles delictivos ya no buscan el control de la producción y circulación de drogas enervantes entre los puntos de producción y los de consumo internacional. Ese mercado se ha reconfigurado, y los profesionales del crimen han reorientado sus objetivos a las actividades económicas de las sociedades locales. Resulta que se han reinventado como un Estado dentro del Estado, e imponen su propio sistema contributivo a los negociantes honestos, que hoy deben pagar por “protección” y derecho de piso. Esto ante la mirada atónita, impotente o cómplice de las autoridades legalmente constituidas.

El artero ataque perpetrado contra los dueños del restaurante Barra 1604 de la sufrida ciudad de Salamanca, Guanajuato, el pasado domingo 19 de septiembre, es sólo uno de los centenares de episodios de violencia que se desarrollan semana a semana en nuestra entidad. Hice el experimento de buscar los términos “ataque armado salamanca” en Google, y obtuve docenas de resultados para los años 2021, 2020 y 2019. Un volumen pavoroso de actos violentos entre los miembros de esos sicariatos, pero más aterrador cuando son dirigidos contra la sociedad civil, que usualmente es víctima inocente de los malandrines que buscan vampirizarla.

Pero resulta que ahora matan a bombazos cobardes y teledirigidos, victimando además a trabajadores honestos que se dedican a las entregas domiciliarias, un espléndido servicio social. Estoy convencido de que este nuevo tipo de ataque inaugura una nueva era en el clima generalizado de miedo comunitario. Estoy de acuerdo en que no es terrorismo, pues no se cumplen las condiciones formales: no hay motivaciones políticas, étnicas, raciales, religiosas, nacionalistas o reivindicativas, ni se ataca a objetivos indefinidos, buscando generar miedos irracionales. Fue, por lo contrario, un ataque dirigido a un objetivo concreto: los dueños del negocio. Es sencillamente un asesinato a sangre fría, premeditado y cobarde.

Se ha anunciado que la fiscalía del estado ha capturado a los presuntos autores, apenas a las 72 horas del crimen. Ojalá que en efecto se haya desplegado una investigación profesional, sin las presiones de la opinión mediática. Temo que el clima político actual no favorece un procedimiento ecuánime y sensato. Vemos cómo la federación presiona al estado para mudar la conducción de esa fiscalía, y esa coyuntura no ayuda a la procuración de justicia.

Es importante que los ciudadanos y las autoridades no nos dejemos amedrentar por la brutalidad de los criminales organizados. Como nunca, es urgente invertir recursos y talento en la construcción de estrategias efectivas de prevención y combate, sin el contaminante del discurso electorero de la clase política, más interesada en su continuidad en el poder. Es tarea para los técnicos criminalistas, los forenses de la violencia y la policía de investigación, no de los palabreros.


viernes, 30 de julio de 2021

No a la muerte

No a la muerte

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en:
ZonaFranca.mx Milenio León
http://15diario.com/diario-de-campo-no-a-la-muerte-luis-miguel-rionda.html
eslocotidiano.com

En el México del siglo XXI se está reproduciendo un fenómeno inquietante, que ya se había padecido hace cien años: la indiferencia ante la muerte. En las décadas de 1910 y 1920 nuestro país padeció una violenta revolución y varias asonadas, hasta la última de Saturnino Cedillo en 1937. Además, sobrellevó la primera pandemia de ese siglo, la llamada influenza española de 1917 y 1918, en buena medida producto de la primera guerra mundial.

Nadie sabe con certeza cuántas muertes cobraron ambos sucesos, pero sin duda fueron demasiadas, pues se reflejaron en los grandes números de los censos de población de 1910, 1921 y 1930. El tercer Censo General de Población de 1910 arrojó un total de 15 millones 160 mil habitantes de este territorio. Once años después esa cantidad había disminuido en 5.4%, al sumar solamente 14 millones 335 mil personas. A esa pérdida neta hay que sumar el crecimiento demográfico natural que se perdió en esos años, más la migración internacional de miles de mexicanos que huyeron de la violencia.

En el quinto censo general de 1930 se contó a 16 millones 553 mil mexicanos. Una recuperación del 15.5% con respecto a 1921. A partir de entonces la población inició una recuperación espectacular, producto de la paz social y el progreso económico. Las generaciones de la posrevolución heredaron un miedo endémico a la violencia y a las pestes, y eso contribuyó a la notable estabilidad que caracterizó al “milagro mexicano” y el largo decurso del desarrollo estabilizador. Durante varias décadas, fue notable el caso mexicano entre los países latinoamericanos, por su convivencia sosegada.

Eso terminó en los años noventa. México desplazó a Colombia como origen de los flujos de psicotrópicos, ya que los carteles mexicanos aprovecharon el vacío que provocó el derrumbe de los cárteles de Medellín y de Cali durante esa década. Las recurrentes crisis económicas y la depauperación de la población mexicana favorecieron la emergencia de grupos delincuenciales con alcance internacional, y con ellos llegó la violencia criminal más brutal y sanguinaria, como no se había visto en mucho tiempo en un país que había olvidado el terror en la convivencia cotidiana.

México es hoy uno de los países sin guerra más violentos del mundo. El indicador más cruento es el del número de asesinatos dolosos, que han transitado de los 10 mil 285 ultimados de 2001, a 36 mil 579 en 2020 (29 ejecutados sobre cada 100 mil habitantes; el promedio mundial es del 5.3 según el Banco Mundial); el número se ha más que triplicado en veinte años (fuente: TResearch.mx).

A las escalofriantes cifras mortales por violencia, se une la de los decesos por la plaga virulenta que nos asola desde hace 16 meses. Las cifras varían desde las oficiales de la SSA, que hace dos días sumaban 239 mil 616 decesos, hasta los cálculos basados en el “exceso de muertes” que se detectan en los registros civiles del país, y que el INEGI estimó a principios de julio en 498 mil 164 defunciones. Medio millón que se suma a los 47 mil 328 asesinados en el mismo periodo. En tiempos normales, la estadística nacional muestra que se espera poco más de un millón 70 mil decesos al año. La cifra se ha excedido en un espeluznante 50%.

No debemos normalizar la muerte. Requerimos mantener nuestra capacidad de asombro y de rechazo a la partida anticipada por causas prevenibles, como la violencia y el contagio. Los mexicanos de hoy y mañana merecemos más que el pasmo y la negación que evidencian nuestras autoridades todos los días. Recuperemos la paz, recuperemos la salud. Más nos vale…


viernes, 29 de abril de 2011

Migración mortal

Migración mortal

Publicado en Milenio de León.

Cuando en 1994 se echó a andar la “operación Gatekeeper” (portero, guardavalla) por parte del gobierno federal de Estados Unidos en el sector de la frontera mexicana más frecuentado por los migrantes indocumentados, que entonces era el de Tijuana-San Ysidro, se provocó un fenómeno indeseable: el incremento de la mortalidad relacionada con la propia acción migratoria. Cuando dicha operación se amplió a otros cruces fronterizos muy transitados en Arizona y Texas, el paso por los mismos se hizo prácticamente imposible en condiciones seguras. Los aspirantes a trabajadores internacionales debieron buscar lugares de cruce alejados de centros poblacionales, a merced de la naturaleza implacable y de criminales desalmados. Los “coyotes” o traficantes de personas incrementaron sus tarifas y eventualmente ellos mismos se convirtieron en depredadores de los migrantes. Desde entonces, el número promedio de muertes en estos intentos de cruce se ha ubicado entre los 300 y 400 anuales: prácticamente un migrante fallecido por día.
Sin embargo el flujo migratorio se mantuvo creciente: valía la pena correr el riesgo de perder la vida, ante el “sueño americano” y la promesa de recibir un “minimum wage” de entre 7 y 8 dólares la hora, más de 90 pesos mexicanos, que equivale al pago por toda una jornada en el campo nacional. Si consideramos que al año se concretan entre 250 mil y 350 mil cruces ilegales en la frontera México-EUA, la aritmética elemental nos marca que esa decisión es racional. El migrante se arriesga, pero con la conciencia de que es lejana la probabilidad de que le toque la de malas.

Pero en los últimos años se ha sumado otro motivo para que el trabajador en tránsito piense las cosas con más calma: la irrupción del crimen organizado como nuevo depredador de esos viajeros. Las carreteras de México que se dirigen hacia la frontera norte se están poblando de bandas delincuenciales que asaltan autobuses de pasajeros, o bien los trenes de carga –cargados de centroamericanos- y secuestran o amenazan a los migrantes, al punto de exterminarlos como animales. Las fosas que se han localizado en Tamaulipas y Durango, donde se ha exhumado tres o cuatro centenares de cuerpos, son un indicador alarmante de que la situación real debe ser mucho más grave. Las fosas que se han localizado son producto de “pitazos” o de confesiones, no de una investigación sistemática por parte de las fuerzas públicas. Esto me hace temer que existan muchos otros depósitos de cadáveres que no se conocen aún, y que el drama mortal de la migración se ha incrementado exponencialmente en los últimos meses.

Creo adivinar –porque no hay elementos objetivos para un cálculo realista- que son ya miles las víctimas de este asalto sistemático. Quiero creer que sólo a una minoría de los damnificados se le ha privado de la vida: la mayor parte la ha librado pagando la extorsión, o bien uniéndose a las bandas delincuenciales, que emprenden auténticas “levas” para alimentar sus huestes, pues su vez han sido diezmadas por el ejército, la marina y las policías honestas –si es que existen-. La arraigada cultura del silencio y el miedo a la denuncia ocultan la verdadera dimensión de esta tragedia nacional. Las familias en las comunidades de origen no suelen denunciar la desaparición de sus parientes por miedo a represalias. Ello es evidente por la lentitud en que han respondido esas familias a los llamados oficiales a colaborar en la identificación de los cuerpos. Estos serán identificados sólo en una mínima proporción, estoy seguro.
Fosas clandestinas en Durango

El Estado mexicano y las naciones centroamericanas deben promover la integración de un padrón de desaparecidos que se alimente de denuncias generadas a nivel de las comunidades originales. Su administración podría estar a cargo de organizaciones de derechos humanos, para evitar el miedo a las filtraciones de las fuerzas del orden. Incluso yo pensaría en una posible colaboración con las agencias del gobierno de los Estados Unidos, que cuentan ya con un padrón detalladísimo de trabajadores inmigrantes, tanto documentados como indocumentados. Con el cruce de información nacional e internacional podría dilucidarse el tamaño real del problema, y emprender una búsqueda sistemática y permanente de los desaparecidos, migrantes o no, para devolverle al ciudadano común algo de su perdida confianza en la seguridad de nuestras calles y carreteras. No basta combatir a los criminales; también hay que atender con oportunidad las secuelas sociales de esta guerra sin fin.
Milenio-León: al 12 de abril ya eran 57 los guanajuatenses desaparecidos


martes, 12 de abril de 2011

Emplazados por la Paz

Emplazados por la Paz

Publicado en de Guanajuato.

La manifestación que se desarrolló el miércoles 6 en la Plaza de la Paz de Guanajuato capital convocó a más de un centenar de personas, que de manera voluntaria acudimos al llamado del poeta morelense Javier Sicilia, un clamor general para gritar ¡Ya basta! ¡Estamos hasta la madre de la violencia!

Nadie nos lideró en el grupo de manifestantes. Otra vez, como sucedió con el movimiento de defensa de La Bufa, el arranque fue difícil al no existir una conducción. Nadie sabía bien a bien qué hacer, incluso a ninguno se nos ocurrió traer un altavoz. Eduardo Lachica tuvo que correr a su casa para traer uno. Todos improvisamos mensajes en cartelones que nos compartimos para que todos pudiesen expresar por escrito una demanda. Poco a poco se fue dando el orden y la participación, y fueron tal vez dos docenas de oradores los que ocuparon el zócalo del monumento a La Paz: chavas y chavos, señoras y señores, unos leyeron la carta de Sicilia, otros leyeron textos propios o poemas. Fue una lluvia de ideas y sentimientos, llenos de coraje y de dolor por tanto muerto, tanto desperdicio, tanta estupidez.

Al terminar las dos horas de manifestación, se recolectaron nombres y direcciones electrónicas entre los asistentes, para que el esfuerzo no quedase trunco. Gracias a la iniciativa de estudiantes de humanidades de la UG, ha estado circulando un borrador de una carta que se dirigirá a los diputados del Congreso del Estado, y que signaremos quienes asistimos a la demostración pública. Por su trascendencia, me permito citar algunos párrafos, que advierto bien pueden cambiar en la versión final:
“A ustedes, señores diputados de todos los partidos, dirigimos este envío. Decirles lo que gritamos emocionados, con enojo o con rabia, pero también con alegría por vernos ahí reunidos, preocupados por la República que somos todos, también los desaparecidos, los mutilados, desamparados, los que ya no están.
“Se dijo –por ejemplo- que podíamos empezar por nosotros mismos, en el interior de cada uno, evitar el odio, reflexionar y darle una sonrisa al desconocido. Ser más amigables con los demás.
“Otra voz se oyó hablar en contra de la corrupción de la clase política en general, como los principales responsables de la tragedia nacional, así como de la estrategia fallida del Ejecutivo Federal en la llamada ‘guerra contra el narcotráfico’ al sacar a los militares a la calle, pues en los hechos – las demasiadas muertes- se evidencia la equivocación y el aumento de la violencia.

“En esa misma sintonía alguien propuso que sería bueno sabotear las elecciones, y no delegar más la representación y la responsabilidad de los ciudadanos en los partidos políticos pues estaba claro que éstos no son parte de la solución sino del problema.
“Se propuso por parte de alguien estudiar la posibilidad de legalizar o regular el uso de la droga y exigir a los norteamericanos una cooperación efectiva en el problema, parar la venta de armamento en aquel país y la no intromisión en asuntos de política interna.
“Lo anterior fue una muestra del debate ciudadano y popular que, insistimos, no siempre fue convergente en las posturas pero aun así pudimos escucharnos con respeto y dignidad.

“Pero una cosa sí, todos queríamos: ¡NO MÁS! ¡No más muertos cotidianos del tipo que fueran, culpables o inocentes! ¡No más desaparecidos, torturados, cercenados! ¡No más barbarie! ¡No más miedo, zozobra, angustia por no saber qué pasará a familiares y amigos cuando salen! ¡No más corrupción e impunidad de las autoridades y funcionarios públicos!”
A ver cómo reaccionan nuestros representantes populares cuando la reciban.

viernes, 8 de abril de 2011

Paz, ¡pero ya!

Paz, ¡pero ya!

Publicado en Milenio de León.

El miércoles fue un día de movilización nacional. Cerca de una cincuentena de marchas y manifestaciones a todo lo largo del territorio nacional puso en evidencia que la sociedad civil concientizada está harta de la cruenta guerra entre el Estado mexicano y los carteles de la delincuencia organizada. Los que participamos en las protestas, lo hicimos con la clara expectativa de hacer oír nuestro rechazo a la violencia, tanto la institucional como la criminal. Hicimos coro al “¡ya estamos hasta la madre!” de Javier Sicilia, al “si no pueden, ¡renuncien!” de Alejandro Martí, y al “¡no tienen madre!” de Nelson Vargas.



La sociedad civil mexicana está exasperada por la violencia. Casi cuarenta mil muertos son un precio excesivo para justificar una guerra que no se puede ganar. El mismo secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna, vaticina que la violencia en nuestro país comenzará a disminuir en al menos siete años. ¡Siete años! ¿Y cuántos muertos más? ¿Cien mil? ¿Doscientos mil? Es demasiado, es inaceptable, es inmoral.
La esperanza reside en la sociedad movilizada. Entre uno y dos centenares de ciudadanos acudimos este miércoles a la Plaza de la Paz, en Guanajuato capital. Un lugar emblemático: la antigua Plaza Mayor de esa ciudad que mudó de nombre en 1898 cuando se levantó ahí el monumento a la Paz, de Jesús Contreras, como símbolo del agradecimiento de la población local a la paz porfiriana que tanto benefició a Guanajuato, estado que fue torturado cruelmente por la violencia del siglo XIX. Es un monumento precioso: una columna de mármol, de orden jónico, es coronada por una altiva mujer broncínea de pechos desnudos, que se posa sobre un orbe sostenido por hojas de olivo y por rechonchos querubines que contemplan la hermosa plaza. Abajo un soldado, tal vez Marte, observa abrumado a la multitud, empuñando su sable sin hoja. Dicen que se la robaron; otros creen que su vacío es a propósito.

La violencia en México nos ha hecho perder el sentido del asombro. Las pavorosas cifras de muertos, descuartizados, descabezados, desaparecidos, secuestrados, mutilados, violadas, asaltados y extorsionados nos son indiferentes, de lo abultadas que nos las presentan los medios. Ya se ha convertido en ejercicio morboso el llevar la contabilidad de la matanza. Sólo los que han perdido a un ser querido, a un amigo, a un familiar, han probado el dolor en su real dimensión, y la impotencia que provoca el terriblemente ineficiente sistema de procuración de justicia mexicano. Nuestras policías no previenen el delito, pues se ocultan del mismo por temor a ser victimados ellos mismos. Tampoco investigan ni persiguen con eficiencia, pues carecen de profesionalización. Décadas de abandono de la fuerza pública nos han pasado la terrible factura de su incompetencia, su corrupción y su indolencia. Ser policía o soldado en México es como un bachiller que aspira a ingresar en la universidad del delito.

El gobierno del presidente Calderón debe reevaluar con urgencia sus estrategias, pues es demasiado evidente que equivocó el camino desde el inicio, desde que azotó al avispero de la delincuencia sin tener preparadas las contramedidas, las respuestas inteligentes que desarmaran las muy esperables respuestas de la violencia criminal. Se debió tejer con antelación un acuerdo nacional e internacional en torno al desvergonzado lavado de dinero que instituciones poderosas ejercitan en beneficio del narcotráfico. Se debió contener el flujo de armas provenientes del norte, comprometiendo al gobierno norteamericano a cambiar su política sobre las armas de asalto. Se debió haber depurado y profesionalizado a las policías, emulando el modelo colombiano. Nunca se debió involucrar al ejército, pues un mazo nunca cumplirá la función de un martillo. Es decir, se debió recurrir antes al seso que al machete.

La desesperación del gobierno federal, la cómoda tibieza de los gobiernos estatales y la inoperancia de los municipales contribuye mucho a la sensación de desconcierto generalizado. Y los criminales, como los animales de rapiña, perciben el miedo y atacan al consternado. Eso explica la exasperación de los ciudadanos comunes, que se radicalizan y mientan madres. ¡Estamos hasta la madre!, vocifera Sicilia. Y miles lo coreamos.

Nadie va a querer que esta pesadilla se prolongue por siete años. Ni siquiera por dos años. No tenemos tanto tiempo, pues el país se nos descose y se subleva. Es tiempo de pensar en medidas radicales, aunque no gusten a los gringos.


viernes, 1 de abril de 2011

Servicio militar: ¿opción para los NiNi’s?

Servicio militar: ¿opción para los NiNi’s?

Publicado en Milenio de León.

El gobernador de Chihuahua César Duarte ha provocado el escándalo nacional al atreverse a proponer una herejía: promover que los muchachos que ni estudian ni trabajan, los denominados “NiNi’s”, puedan optar por realizar un servicio militar activo, ampliado y remunerado. Políticos y opinadores de todas las tendencias se han abalanzado a declarar que la propuesta del chihuahuense busca reprimir a esos jóvenes, o darle la vuelta al problema de la violencia y del desempleo.

En lo personal me sorprendió la idea, que de inicio me sonó descabellada e imprudente. Pero he estado reflexionando e investigado sobre experiencias similares en otros países, y veo hoy las cosas de manera diferente. En Argentina el servicio militar (SM) obligatorio desapareció en 1994. Hoy día es voluntario y remunerado, y los soldados –ya no son conscriptos- pueden permanecer hasta 10 años bajo las armas, y pueden incluso llegar a ser suboficiales. En España el SM no existe desde 2001, ante la creciente cantidad de “objetores de conciencia” que se negaban a reclutarse. En Perú el SM es obligatorio para los varones por dos años. En Israel tanto hombres como mujeres deben prestar SM obligatorio por tres años los chicos y 22 meses las chicas, con la opción de quedarse en el ejército y hacer carrera militar, ya con paga.
El mejor ejemplo internacional desde mi punto de vista es Colombia. Visité ese país en noviembre pasado, acompañando a los diputados locales guanajuatenses Ramón Hernández (PAN) y Eduardo Ramírez (Convergencia). Fuimos en misión oficial a invitación de la Asamblea del Departamento de Caldas, un congreso local. De entre lo mucho que nos llamó la atención, destacó el tema de la seguridad pública y el servicio militar. En la calle uno podía observar a jóvenes policías, casi adolescentes, que se ocupaban del control del tráfico y de la vigilancia del orden. Preguntamos a nuestros amabilísimos anfitriones y nos explicaron cómo el SM colombiano fue una de las estrategias más exitosas para ganarle la batalla al crimen organizado.

La ley colombiana del Servicio Militar Obligatorio de 1993 mandata que éste podrá prestarse en el ejército, en la armada, en la fuerza aérea, en la policía nacional –que no existe en México- y el INPEC (Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario), en las siguientes formas y modalidades: a) como Soldado Regular, durante 22 meses, b) como Soldado Campesino, durante 18 meses, c) como Soldado Bachiller, durante 12 meses, d) como Auxiliar de Policía, durante 18 meses, e) como Auxiliar de Policía Bachiller, durante 12 meses, y f) como Auxiliar Bachiller del INPEC,7 durante 12 meses.
El artículo 10 reza que “Todo varón colombiano está obligado a definir su situación militar a partir de la fecha en que cumpla su mayoría de edad, a excepción de los estudiantes de bachillerato, quienes definirán cuando obtengan su título de bachiller. La obligación militar de los colombianos termina el día en que cumplan los cincuenta años de edad.- La mujer colombiana prestará el servicio militar voluntario, y será obligatorio cuando las circunstancias del país lo exijan y el Gobierno Nacional lo determine, en tareas de apoyo logístico, administrativo, social, cultural o de defensa de la ecología y el medio ambiente, y en general, de las actividades que contribuyan a la modernización y al desarrollo del país y tendrán derecho a los estímulos y prerrogativas que establece esta Ley no importando la modalidad en que se preste el servicio. […] Los soldados, en especial los bachilleres, además de su formación militar, y demás obligaciones inherentes a su calidad de soldado, deberán ser instruidos y dedicados a la realización de actividades de bienestar social a la comunidad y en especial a tareas para la preservación del medio ambiente y conservación ecológica.”

La impresión que me llevé de esos jóvenes garbosos que vigilan las calles colombianas fue que prestaban su servicio con responsabilidad y entusiasmo. Al terminar su SM muchos de ellos optan por incorporarse al ejército o la policía nacional, que además les garantizan educación y remuneración. El SM es una vacuna contra la ignorancia y el desempleo. Hoy día, el SM mexicano sirve para poco más que nada: es una institución agonizante, que en algún tiempo fue fuente de corrupción para los militares. Creo que la idea del gobernador no debe tirarse a la basura, y yo propondría emular la experiencia colombiana para revigorizar nuestro SM y convertirlo en una estrategia para la paz social y el desarrollo de nuestros jóvenes.

viernes, 28 de enero de 2011

Hillary en Guanajuato

Hillary en Guanajuato

Publicado en Milenio de León.

Unas cuantas horas, pero muy intensas, permaneció la canciller norteamericana Hillary Clinton en Guanajuato capital. Llegó con una hora de retraso al Aeropuerto Internacional de Silao, y media hora después, a las 13:30, ya se estaba dando un delicado abrazo con la canciller mexicana Patricia Espinoza, en la Alhóndiga de Granaditas. Muy pocos guanajuateños se dieron cuenta con anticipación del arribo, y el mero día sólo algunos sabían por qué la ciudad amaneció ocupada por soldados y policías federales. El miedo no anda en burro, y a muchos nos dio el “síndrome de Ciudad Juárez”. La triste verdad es que ya pocos mexicanos nos sentimos seguros en la cercanía de sardos y gendarmes.
Foto: AFP, EL Economista. En el AIG.

Hillary se dejó venir, según los opinadores prime time, para realizar una especie de “operación cicatriz” como resultado de la docena de cables de la embajada de los Estados Unidos en México filtrados por WikiLeaks, el sitio campeón de la transparencia internacional. Los cables diplomáticos son lo que deben ser: comunicaciones internas donde se dice la verdad cruda, al menos la verdad desde la percepción de la embajada emisora. En la política abierta es inusual hablar con verdades, y cuando éstas brotan suelen hacer estragos, como fue el caso. El presidente Calderón se sintió agraviado de forma personal por ciertas afirmaciones del embajador Pascual, y eso congeló la relación con el representante extranjero.

Al parecer, Hillary desempolvó una tibia invitación que le había expresado hace unos meses su contraparte mexicana y se dejó venir en visita relámpago. Las palabras elogiosas que pronunció en el austero pero magnífico patio de la Alhóndiga evidenciaron su deseo de congraciarse con el gobierno mexicano, y desplegó su pegajosa simpatía. A su entrada al histórico edificio una quincena de parroquianos, algunos de ellos estudiantes de la Universidad de Guanajuato, habían podido lanzarle gritos tanto de bienvenida como de reclamo por la violencia en que vivimos desde que se declaró la guerra a las mafias de las drogas. El hecho es llamativo, porque los guanajuatenses no solemos ser aspaventosos en nuestras expresiones públicas, pues tenemos más gusto por la grilla de cámara, a la florentina. Tal vez por eso nuestra ciudad fue elegida para recibir la delicada visita: es uno de los entornos urbanos que todavía conserva buena parte de su tranquilidad y placidez provincianas. No había demasiado peligro de que la visitante fuese importunada con airadas protestas públicas, pintas groseras y demás arsenal de las hordas de protestantes callejeros que depredan las calles del Distrito Federal y otras capitales. No, acá hasta pudo pasearse por Sopeña y el Jardín de la Unión, y comer en el Teatro Juárez (¿le habrá recordado al Teatro Ford de Washington, donde fue asesinado Lincoln?).

Dicen por ahí que Chava Santacruz, el jeque de los guías de turistas del terruño, todavía no se lava la mano con que condujo a la dama de hierro. Otros más dicen que tampoco se las han lavado el alcalde cuevanense y el gobernador panza verde. Ambos lucieron como adolescentes que cortejaban a una alta y güera quinceañera, la más apetecible de la secundaria.

La visita terminó donde debía hacerlo: en Los Pinos, con una hora y media de secretos diálogos con el presidente Calderón. Seguro que ahí se dijeron sus verdades, pero también seguro que volvieron a pesar más los reclamos del imperio. La guerra civil en la que estamos atorados sólo puede destrabarse con el apoyo de los mismos que ocasionaron el problema.
En fin, Hillary visitó Guanajuato y admiró las pequeñas pero enormes maravillas de una ciudad irrepetible, inconcebible y deslumbrante. Nada en Gringolandia iguala sus piedras, túneles, cerros y la colorida algarabía de casas y edificios que parecen derrumbarse sobre la cañada retacada. Mrs. Clinton: regrese otro día.


viernes, 24 de diciembre de 2010

Desánimo nacional

Desánimo nacional

Publicado en Milenio de León.

Afirma el historiador Lorenzo Meyer en su colaboración de ayer para el periódico Reforma y el local Correo, que: “El desmoronamiento del sindicalismo, la creciente actividad de los cabilderos -y del dinero- del sector empresarial sobre los dos grandes partidos, la influencia de grupos de interés no económico pero extremadamente conservadores como la derecha religiosa y otros factores similares han dado por resultado que los procesos electorales de los últimos tres decenios en [Estados Unidos] no funcionen como instrumentos de defensa de los intereses materiales de las clases bajas y medias.” Perfectamente podemos sustituir el contenido de los corchetes por “México”. En ambos países el avance de los movimientos políticos de derecha ha provocado un empobrecimiento de las clases medias y un sobre enriquecimiento de las minorías más pudientes. En México, como en Estados Unidos, hemos acumulado tres décadas, toda una generación, durante la cual las perspectivas de progreso para los más pobres sencillamente han desaparecido. 30 años de estancamiento social, que ha producido -al menos en México- un desánimo generalizado, un cinismo que nos ha conducido a la actual situación de violencia social y crimen organizado.
También ayer pude ver en el canal del movimiento “Mexicanos primero” en YouTube, el avance de un largometraje documental que saldrá el año que viene, que se llamará “¡De Panzazo!”, bajo la conducción de Juan Carlos Rulfo y Carlos Loret de Mola. Búsquenlo, no tiene desperdicio, al igual que el resto de materiales que ha subido ese movimiento cívico.


En el video se aborda, dolorosamente, la tragedia educativa que padece nuestro país desde los años setenta. Una educación de cuarta categoría, en un mundo que avanza con una velocidad asombrosa hacia la consolidación de las sociedades del conocimiento y la información. Las encuestas internacionales nos confirman el desastre: nuestros niños y adolescentes leen, pero no comprenden; hacen cuentas, pero carecen de razonamiento matemático; hablan un lenguaje empobrecido que se limita a 200 ó 300 términos, aderezados con las inefables vulgaridades; y aunque no saben inglés, contaminan su pobre español con pochismos. Somos un pueblo inculto, incivilizado, y por lo mismo estamos condenados a no salir del círculo vicioso de la pobreza y la delincuencia.
Al iniciar las vacaciones uno cuenta con más tiempo para leer buenos artículos, como el de Meyer, o ver buenos documentales, como el de “Mexicanos primero”, o asistir a ver buen cine, como la película “Infierno”. Pero todos esos materiales nos regresan con brutalidad a la realidad social de desastre que nos rodea; una realidad que la chamba cotidiana se ocupa de mantenernos un tanto inconscientes. Al menos a mí me sucede que las urgencias en la oficina me enajenan de la vorágine de inseguridad, pobreza y desánimo que ahoga a nuestro país. Formo parte del conjunto de suertudos que cuenta con empleo digno y permanente, con seguridad social y cierta protección ante el futuro. Pero también soy consciente de que me ubico en una clase media en retracción constante, con claras amenazas de caer en la pobreza.

México no está abriendo senderos de esperanza para sus jóvenes. A la generación del “bono demográfico”, que hoy llega a sus años veinte y treinta, no le ofrece empleo seguro ni -mucho menos- digno. Lo más que el país ofrece a sus chavales son más años de estancia en la educación media o superior, pero son años sin calidad educativa, que responden más al credencialismo que al desarrollo efectivo de competencias, conocimientos y actitudes de alto rango. Nuestros jóvenes no son competitivos en el mercado internacional; no están a la par de los miles de ingenieros que exporta la India, ni de los técnicos y científicos que desarrolla China, Chile, Corea o Brasil; no tienen las capacidades de abstracción de los jóvenes canadienses, japoneses, norteamericanos o norteuropeos. Nos estamos quedando muy atrás de nuestra competencia regional y global. Nos hemos condenado a ser consumidores de la ciencia y la tecnología ajenas, y a seguir exportando mano de obra barata y poco calificada a nuestros socios de Norteamérica. El círculo vicioso de la ignorancia, la pobreza, el desánimo y la violencia nos tiene amarrados a la mediocridad como país. Y nuestra clase política no muestra atisbos de conciencia, de capacidad y de arrojo para romper los aros de la cadena que nos tiene amarrados. Un buen comienzo sería romper con los monopolios que nos ahogan, entre ellos el sindicalismo educativo oficialista. Propiciar la renovación de los liderazgos sindicales en la SEP y en los estados, permitiendo la competencia y acabando con los sindicatos nacionales. La educación no puede continuar siendo el rehén de grupos de interés político. El costo ya ha sido enorme.

viernes, 2 de julio de 2010

Nubes de tormenta

Nubes de tormenta



Publicado en Milenio de León, y en Gurú político
Terrible periodo preelectoral éste que termina: un magnicidio político en Tamaulipas, campañas crispadas por audioescándalos telefónicos, secuestro de políticos encumbrados, recomposición de alianzas políticas, más un secretario de gobernación que sólo sabe acumular broncas innecesarias… en fin, todo un mundo de problemas que no pudo ser eclipsado por un mundial de futbol que sólo nos confirmó nuestra vocación para los sueños y las decepciones.
Las elecciones locales del domingo serán especiales por este ambiente cargado de malas energías. La política hace agua, y amenaza con hundirse si el crimen organizado logra imponer su chantaje sobre la clase que cree gobernar este país. La violencia afecta a cada vez más amplias capas de la población, y toca ahora incluso a los líderes que gozan de protección cotidiana, como fue el caso del desdichado candidato Rodolfo Torre Cantú. Sus Gards de Corps fueron ultimados junto con él, y quedaron tendidos al pie de su camioneta blindada. “Nadie es intocable”, parece ser el mensaje del hampa mexicana. Sólo el presidente Calderón goza de un impresionante aparato de seguridad, cada vez más irritante para los que lo constatan. Él es el único mexicano no millonario que puede pasear tranquilo por todo el país.
El martes pasado, muy tempranito, observamos de nuevo por la tele la desesperación de un presidente prisionero de sus decisiones iniciales y de su compromiso partidario. Su renovado llamado al diálogo tuvo un dejo de angustia, pero no tanto por no saber cómo proceder ante la violencia imparable, sino por las anunciadas derrotas de su partido ante las urnas de este domingo. El mensaje fue un claro madruguete electoral, como el que vimos la semana anterior cuando anunció la desaparición inmediata del impuesto de tenencia en la adquisición de vehículos, y como lo volvimos a ver el miércoles siguiente con el “improvisado” anuncio de la “simplificación” en el pago de impuestos. En estas semanas la prioridad de su gestión no fue el combate a los grupos delictivos, sino la operación de salvamento que se implementó desde la presidencia para paliar una potencial debacle electoral. Lástima Margarito…
Los mexicanos hemos carecido de presidentes con ánimo de estadistas. Al llegar al poder, los candidatos ganadores no pueden desprenderse de esa piel primigenia, y elevar sus miras por encima de los hombros de su compromiso partidario. Aunque compran el discurso de que son mandatarios que buscan el bien de todos sus gobernados, caen en la tentación de renovar su militancia cuando se acercan los comicios. Ya vimos a un Vicente Fox en campaña, y ahora a un Felipe Calderón con gran protagonismo mediático. Ernesto Zedillo intentó un tímido alejamiento de su partido, pero pronto fue obligado a regresar al redil de la tradición. Y sus antecesores fueron promotores abiertos de los candidatos que ya antes habían palomeado. Ningún estadista, pues.
Con sincera preocupación, cruzo los dedos ante lo que puede suceder el domingo. Tengo miedo de que los hampones aprovechen el desconcierto y los pleitos entre los políticos para volver a establecer su predominio por medios violentos. No creo que salgan a la calle a liquidar a los votantes; más bien creo que procurarán enviar mensajes a los eventuales ganadores de las contiendas, de tal manera que les quede claro quién manda en el pueblo. La presencia del ejército en las calles no ayudará a que los ciudadanos acudan a votar; más bien lo contrario. La gente del común está aprendiendo a temerle a los uniformes, porque ya son demasiados los casos de sicarios que se disfrazan de militares, o bien los propios soldados que abusan de su poder, llegando incluso a masacrar a familias inocentes.
Interpreto que estamos experimentando una de las peores crisis políticas recientes, como la de 1994, también aderezada con violencia y miedo. Entonces vivimos el mismo ambiente de temor, aunque entonces la violencia la propició el movimiento armado de Chiapas, el absurdo asesinato de Colosio, y la ambición desmedida de la clase política, que fue capaz de prohijar el asesinato de Francisco Ruiz Massieu. A 16 años volvemos a lo mismo, aunque ahora con un actor más desalmado, los mafiosos, y mucho más muertos. Sálvese quien pueda.

viernes, 18 de junio de 2010

Mensaje agorero

Mensaje agorero



Publicado en Milenio de León, y en Gurú político.

El lunes pasado el presidente Calderón hizo publicar una larga declaración, al parecer de su propio puño, sobre sus razones para justificar el mantenimiento de la sangrienta “guerra” contra el crimen organizado. Al otro día se trasmitió un mensaje a la Nación por los medios electrónicos. Ambos me mueven a las siguientes reflexiones:



El presidente está obnubilado. No acepta voltear a ver otra opción diferente que la del enfrentamiento armado, a pesar de los más de 22 mil cadáveres de ciudadanos mexicanos que se han acumulado. Pronto representarán a la mitad de los soldados norteamericanos caídos en una guerra de verdad, de enorme crueldad, como fue la de Vietnam. Acusa a sus críticos de defender la idea de rendirse ente el hampa, y dejarle el campo libre. Creo que el presidente se equivoca: los más serios analistas que han criticado su estrategia no han propuesto tal cosa, sino que se analicen estrategias alternas, desde la posible legalización parcial hasta el combate cibernético e inteligente a los hampones financieros que lavan los capitales de los capos tanto en México como en Estados Unidos. Hay que pegarles donde les duele, no donde están blindados por el hambre de sus mesnadas.
El presidente está obcecado. El tono autoritario y grandilocuente que empleó en la televisión lo mostró más necio que inteligente. Justifica con los mismos argumentos de hace tres años y medio una decisión que el sentido común aconsejaría reevaluar. El ejército, la marina y las policías federales fueron lanzados sin un plan estratégico a combatir un monstruo de humo, que goza de las ventajas de la guerrilla junto con las del poder económico de sus dólares y el poder político que han sabido comprar. Las evidencias de que incluso la secretaría federal de Seguridad Pública ha sido infiltrada han circulado en los medios, y lo han hecho más profusamente las pruebas en contra de las policías de diferentes ámbitos. Nada puede detener a los cañonazos de cincuenta mil pesos… mensuales.
El presidente está desesperado. Se le oyó con voz angustiada, temblorosa y quebrada por los nervios. ¿Confiará en sus allegados? ¿Realmente ignora los señalamientos de posible corrupción en los mandos mayores de la SSP? Con un secretario que se hace construir una casa de 15 millones de pesos, yo tendría mis resquemores. ¿Seguirá confiando en el ejército y sus mandos superiores? ¿Por qué ha cobrado tanto protagonismo la Marina y sus fuerzas especiales y de inteligencia? ¿Son más confiables? Y si es así, ¿podemos temer que sean el último reducto de la confianza presidencial? ¿Por qué emboscaron tan fácilmente a la Policía Federal en Zitácuaro? La respuesta obvia es que sigue habiendo filtraciones desde el interior de las corporaciones.
El presidente pide auxilio a los mexicanos. Y es que no encuentra más de quién echar mano. Pero los mexicanos estamos hartos de la violencia, la inseguridad y la corrupción policiaca. Mientras que el Estado se desvanece en las calles de nuestras ciudades, el crimen cobra presencia efectiva, y es capaz de tomar pueblos y regiones enteras para aislarlas del territorio nacional. Ahí está Oaxaca y la zona Triqui, donde el asesinato es cotidiano e impune. Los periodistas siguen padeciendo la desprotección de un Estado que no se atreve a tocar ciertos espacios.
El presidente se siente incomprendido. Y me temo que pronto se sentirá víctima de la ingratitud de sus gobernados, al estilo Salinas de Gortari. Reitera demasiado cómo sus antecesores, incluido su exjefe Fox, permitieron que el problema creciera hasta hacerse incontrolable. Nos recuerda que él tomó una decisión histórica y responsable, y que nos advirtió que costaría tiempo, recursos y vidas humanas -tal vez quiso emular a Winston Churchill cuando, ante la guerra, le prometió a su pueblo “sangre, sudor y lágrimas”-. Pero muchos mexicanos creemos que la inseguridad sólo ha empeorado, en perjuicio del ciudadano inocente, y que la crisis económica que no termina de superar nuestro país le garantiza a los capos miles, tal vez millones de posibles nuevos reclutas, dispuestos a matar, a asaltar y a traficar por sólo un par de miles de pesos a la semana.
El mensaje no nos dio esperanzas. Nos volvió a anunciar lo mismo que en enero de 2007, y eso es desesperante. Insiste en que el sacrificio nos toca a los mexicanos, pero no menciona nunca a los gringos consumidores de drogas, lavadores de dinero y traficantes de armas de alto poder. La lucha sólo se librará en México. Y en los Estados Unidos sólo seguirán las tímidas redadas sobre ínfimos traficantes de esquina. La guerra también les debería costar muertos a ellos. Al cabo que ya están acostumbrados a sacrificar a sus jóvenes en guerras sin sentido.

sábado, 12 de junio de 2010

Frontera sangrienta, de nuevo…

Frontera sangrienta, de nuevo…


Publicado en Milenio de León.

Publicado en Eje Central, El Poder de las IdeasCEINPOL

Desde hace varios años los estudiosos de la migración internacional hemos venido denunciando que la frontera México-Estados Unidos se ha venido transformando en una auténtica zona de guerra. Así ha sucedido al menos desde que en 1994 se inauguró la infausta operación Guardián (Gatekeeper) en California, que fue rápidamente emulada por las operaciones “Interferencia” y “Salvaguarda” (Safeguard) en Arizona, y “Río Grande” y “Hold the line” en Texas. Docenas de organizaciones civiles de ambos países han denunciado sistemáticamente los abusos, las vejaciones y la violencia que se ejercen contra los trabajadores migratorios que intentan atravesar la frontera. Antes de ese año podían hacerlo por los espacios más seguros y habitados, pero ahora son prácticamente impenetrables; los lugares de paso se han corrido hacia páramos desiertos donde fácilmente pueden ser víctimas de atraco, abandono, violación, asesinato y abuso de la patrulla fronteriza.

Desde 1995 hasta 2009 se acumularon más de 5,500 decesos de migrantes mexicanos o centroamericanos en esa frontera de sangre. Equivale a más de 20 veces el número total de muertos producto del muro de Berlín en sus 28 años de existencia. Muchos de ellos ni siquiera pueden ser identificados, por lo que sus familias jamás sabrán de su desdichada suerte. El presupuesto que los Estados Unidos dedican al cuidado de su frontera sur se ha sextuplicado y el número de agentes se ha incrementado hasta los 22 mil 200, según su artículo en Wikipedia. Un verdadero ejército, que representa el cuerpo de policía más numeroso de esa nación. Sólo dos mil de ellos cuidan la frontera con Canadá.

Pero resulta que las enormes inversiones que ha realizado el país del norte en muros, vallas, alta tecnología de vigilancia, miles de nuevos agentes fronterizos, armamento y equipamiento sofisticado, etcétera, el flujo humano es casi imposible de detener. Cada año más de medio millón de aspirantes a trabajador migrante atraviesan la frontera de una manera o de otra. Y eso ha colocado a las autoridades migratorias de los Estados Unidos en una situación sumamente comprometida, pues no pueden justificar los enormes desembolsos de dinero público en una tarea sin fin. Los propios agentes de la migra están bajo esa situación de presión permanente. Tuve oportunidad de constatarlo personalmente durante un recorrido de una semana que la Embajada de los Estados Unidos en México nos brindó a una docena de académicos mexicanos. Recorrimos algunas de las instalaciones de la migra en los estados de Texas, Nuevo México y Arizona. En el enorme centro de detención de Nogales, Arizona, algunos agentes nos dieron, orgullosos, una demostración de sus armas “no letales” y sus técnicas de sometimiento de los “delincuentes” que traspasan la frontera. Nos comentaron que tienen autorizado el uso de esas armas, así como de las letales cuando su vida está en riesgo. Otro dato que me impactó es que alrededor del 60% de sus agentes en los sectores de su frontera sur tienen origen mexicano, es decir son chicanos o bien naturalizados. Todos los paisanos dicen que son los peores.

Esta última semana los mexicanos hemos sido impactados por dos asesinados brutales cometidos por agentes de esa guardia fronteriza. Un hombre indefenso y maniatado de 32 años en Tijuana, y un niño de 14 en Ciudad Juárez. Ambos casos fueron, para fortuna de la justicia, videograbados mediante teléfonos celulares, aparatos que se confirman como los mejores defensores de los derechos humanos. El abuso en ambos casos es demasiado evidente: en el primero los 20 agentes golpearon y electrocutaron por turnos a su víctima, y en el segundo el oficial, que sometía en el vado del río Bravo a un chico adolescente, se sintió amenazado por las piedras de otro niño que había logrado escapar, y le disparó en varias ocasiones hasta que le atinó a la cabeza. Ningún agente estaba en peligro de perder la vida, y sin embargo mataron sin piedad a sus víctimas.
La frontera se vuelve a teñir de sangre, pero cada vez más por sangre emanada de migrantes inocentes victimados por miembros abusivos de la patrulla fronteriza, que ya puede ser considerada como una de las peores amenazas de la frontera. El año pasado asesinaron a cinco migrantes, y en este, que va a la mitad, ya acumulan 17, según cifras de la SRE, instancia que todavía duda en presentar una nota diplomática al gobierno del vecino país. Hay que hacer algo…


viernes, 30 de abril de 2010

Día sin trabajo

Día sin trabajo

Publicado en Milenio de León.

Publicado en Eje Central, El Poder de las IdeasCEINPOL


El acceso al trabajo decentemente remunerado es uno de los derechos más pospuestos en México. Cientos de miles, millones de jóvenes y no tan jóvenes fracasan en sus intentos por lograr un empleo digno y seguro. Priva el desempleo, el subempleo, el autoempleo y el pseudoempleo, y sólo los suertudos acceden al sector formal. Sólo 14.5 millones de trabajadores están dados de alta en el Seguro Social (IMSS), y de ellos un 12% no son permanentes (www.empleo.gob.mx, datos a enero de 2010). Esos mismos registraron un promedio salarial diario de 237.20 pesos, o sea 19 dólares.
La población Económicamente Activa suma 44 millones 412 mil personas, y sólo el 44.4% de ellos cotiza ante el IMSS. El resto se la ingenia para sobrevivir.
En 30 años el salario mínimo se ha deteriorado tanto, que hoy suena ridículo que una familia viva con 52 pesos diarios. Y cada año su ajuste nunca es suficiente para reponer la inflación del año anterior, ya que por una absurda costumbre se plantea el incremento a partir de la expectativa siempre optimista y oficialista del año por venir; y nunca le atinan. Hoy día un profesor, un empleado, un obrero o un profesionista no puede ganar lo que se acostumbraba en los años sesenta y setenta, tiempos cuando la emergente clase media mexicana se daba ciertos lujos, hoy impensables: cambiar de carro cada par de años, mejorar la casa o departamento o bien mudarse a algo mejor, viajar en vacaciones… ¡ahorrar!
El día del trabajo será inevitablemente triste: no hay trabajo, no hay progreso familiar, no hay esperanza para los jóvenes.
Y luego nos preguntamos por qué se desató la violencia en México.

viernes, 9 de abril de 2010

Nota Roja

Nota Roja



Publicado en Milenio de León.


Publicado en Eje Central, El Poder de las IdeasCEINPOL


Publicado en 15Diario.


En la jerga del periodismo la “nota roja” es la información que hace referencia a hechos violentos, criminales o perversos; que de preferencia involucren a una o más muertes de personas inocentes, y mejor con sangre de por medio. Es uno de los géneros que más vende, como bien saben los voceadores o estanquilleros. El morbo (DRAE: “Enfermedad; interés malsano por personas o cosas; atracción hacia acontecimientos desagradables”) es uno de los sentimientos humanos más comunes, y exhibe una de nuestras facetas animales que por rupestre tendemos a negar. Por supuesto el morbo tiene mucho qué ver con nuestro instinto de supervivencia: la violencia y la muerte ajenas nos atraen porque los reconocemos como parte de la lucha natural por la vida. Somos consumidores habituales de sangre, aunque sea de manera virtual.
Hace apenas una década, la nota roja en México transitó de su sitial tradicional en las páginas finales de los diarios y hebdomadarios, a las planas principales. El crimen organizado y los cárteles de la droga mexicanos, que en los años ochenta y noventa se consideraban marginales y subordinados a los intereses de sus patrones colombianos, fueron cobrando un protagonismo social y económico que los convirtió en nuevos y potentes actores en muchas regiones. Se implantó en los hechos una entente cordiale entre los agentes del Estado mexicano y los cárteles. Pero eso cambió radicalmente cuando en enero de 2007 el presidente Calderón le declaró la guerra al crimen organizado y desató la peor matanza que hayamos vivido en México en tiempos de paz.
El enorme volumen de material para la nota rojo provocó que perdiera novedad y regresara a las páginas interiores de los diarios, sin importar las tragedias humanas involucradas. El morbo público se vio saturado por tantos asesinatos, ejecuciones, degüellos y desmembramientos. Nos hemos acostumbrado a la violencia y el terror.
En una coyuntura como la actual, terrible y desalmada, parece inexplicable que una desgracia particular como la acontecida a la familia Gebara Farah haya llamado tanto la atención nacional. Una pequeña e inocente niña con problemas de habla, con carita angelical –güerita, delicada y simpática como la de los querubines en los cromos religiosos , cautivó a los mexicanos y provocó una tremenda ola mediática, primero en torno a su desaparición, y luego por el hallazgo lamentable de su cuerpo exánime.

El caso Gebara Farah se está convirtiendo en la gran telenovela nacional. Las cadenas de la comunicación han explotado al máximo los elementos que surgen día a día: las torpes declaraciones de los “investigadores”, ávidos de protagonismo, más los dislates del procurador; las contradicciones entre los miembros de la familia, los celos del marido, la caradura de la señora, las insinuaciones o acusaciones sin sustento; el oportunismo de algunos, la ineptitud de muchos, la ignorancia de todos…
Ante nuestros ojos atónitos, se desarrolla un thriller mucho mejor que los de Agatha Christie. Se nos plantea el mejor de los misterios de la literatura negra: “¿Quién mató a Paulette?” ¿Fue la madre, el padre, las nanas, el amante… o fue un simple accidente? –y este desenlace le quitaría lo seductor al caso.
La nota roja clásica revive así en los medios de comunicación. Las masacres pierden interés cuando se convierten en hechos regulares, casi cotidianos. A muy pocos medios les importó el terrible asesinato del matrimonio salmantino Monroy Macías, muertos a cuchilladas -treinta para él, cincuenta para ella- el viernes pasado, a manos de tres adolescentes lunáticos. Vendía más el tema del hallazgo del cadáver de la pequeña. Esa sí era nota.
Vivimos en un mundo regido por la percepción, por la pretensión y la imaginación. Las tragedias sólo adquieren dimensión de tales cuando los medios que rigen sobre la atención pública encuentran elementos cautivantes, seductores o de plano morbosos. La mercancía de la información, que depende más de su envoltura que de su contenido real. Queremos historias, más que datos. Y no cualquier historia: una que haga vibrar fibras emotivas como la ternura, la belleza o la inocencia. Nadie se enternece al saber de muertes por docenas, como los 24 descuartizados que lleva el año en Michoacán, o el montón de torsos y cabezas en Guerrero, los centenares de torturados, entambados o “pozolizados” en el país… Ya no son nota roja… son crónica de sociales.