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viernes, 18 de noviembre de 2011

Blake, ¿qué pasa?

Blake, ¿qué pasa?

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en Milenio de León.

El deceso del secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, cayó como relámpago en cielo despejado sobre el escenario político nacional. Más que por su intrínseco carácter de suceso lamentable, por la circunstancia pasmosa de ser el segundo titular de esa secretaría en el mismo sexenio presidencial y en con apenas tres años de distancia, casi exactos, entre ambos accidentes aéreos. Es inevitable que los mexicanos racionales nos hagamos preguntas sobre lo que está sucediendo en las altas esferas del país. Las teorías de los accidentes azarosos, siempre aceleradas y voluntariosas, nos hacen levantar la ceja. No podemos evitar sumar dos más dos y sospechar –con ese “sospechosismo” con el que nos caracterizó Creel a los mexicanos— que pudo haber mano negra o al menos ineptitudes detrás de estas desgracias.

A las pocas horas la Presidencia de la República, por voz de mi querida amiga Alejandra Sota Mirafuentes –a quien lamento verle pasar por estos tristes deberes-, emitía un comunicado donde no se cerraba a posibilidad alguna: “En este momento se están evaluando todas las posibles causas que hayan propiciado este muy lamentable incidente. Por respeto a las víctimas y a sus familiares, el Gobierno Federal agradecerá a la opinión pública que sean las investigaciones correspondientes por las autoridades las que clarifiquen estos lamentables hechos.” Muy bien, pero apenas cuatro días después la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, por voz de su trémulo secretario, ya afirmaba que se trató de un “accidente” provocado por la densidad de la niebla y la baja altura. Puede consultarse la conferencia de prensa en esta dirección electrónica: sct.gob.mx/uploads/media/SCT-Conferencia_de_prensa_151111.pdf 

 Nótese que se empleó en diez ocasiones el término “accidente” y sólo en una el concepto “incidente”, correctamente preferido por la Presidencia.

Por supuesto, yo no estoy calificado para desmentir a los técnicos que dieron argumentos a esta versión. Pero sí tengo algunas entendederas y las mismas se niegan a concebir la posibilidad de que un helicóptero en perfecto estado mecánico –según los mismos reportes—, con los mejores pilotos del país, y dotado de la mejor tecnología de geolocalización –altímetros, radares, GPS y demás— pueda chocar de frente contra una ladera chaparra, casi despejada de vegetación y a apenas tres mil metros sobre el nivel del mar. La tecnología moderna permite conducir esos aparatos “por instrumentos”, además de que suelen ascender a alturas muy seguras para evitar cualquier riesgo innecesario. Sencillamente no lo entiendo.

No abogo por ninguna teoría de la conspiración, pero sí me molesta la premura con la que las autoridades responsabilizadas de las comunicaciones del país, y las que tienen el deber de cuidar de la seguridad personal del gabinete presidencial, emitieron hipótesis en las que por casualidad nunca hay responsabilidades de ningún tipo: todo es perfecto, todos hicieron lo debido, nadie metió la pata. Me voy a permitir citarme a mí mismo, en un artículo que publiqué a pocos días del “accidente” de Juan Camilo Mouriño, hace tres años (“Bajas de guerra”, Correo, 7/11/2008):

“Por supuesto que todos pensamos de inmediato en que se trataba de un evidente ataque de los criminales que han mantenido en jaque al Estado mexicano desde hace casi dos años. Me imaginé que los embates de Morelia y este ‘atentado’ estaban relacionados. También quise ver algún vínculo entre este suceso y la muerte del exsecretario de Seguridad Pública, Ramón Martín Huerta, sacrificado en circunstancias que se parecen en demasía a las que ahora vemos. Ni modo: los mexicanos somos asiduos creyentes en las conspiraciones. Pero no se nos puede culpar porque un ligero vistazo a la historia nacional nos exhibe múltiples ejemplos de ‘accidentes’ que resultaron demasiado convenientes para algún actor político o social interesado. Como somos herederos de una larga travesía de impunidades y sucesos nunca clarificados a cabalidad, no es inexplicable que nos prestemos a las teorías más arcanas sobre maquinaciones y confabulaciones que se esconden detrás de los sucesos de alto impacto.”

“Conforme se han dado a conocer más detalles [del avionazo de Mouriño], parecería afianzarse la hipótesis del accidente. Sin embargo, el propio presidente Calderón en su mensaje del martes [4 de noviembre de 2008] fue en extremo cuidadoso en la selección de los términos con los que se refirió al suceso: ‘desgracia’, ‘percance’ y otros que transparentaron su voluntad de no eliminar ninguna alternativa, incluida la del atentado. Fue el secretario Luis Téllez el primero en referirse al hecho como un ‘accidente’, apenas un día después del mismo.”

Pregunto ahora: ¿Son coincidencias?

Apenas el 4 de noviembre el secretario de Gobernación había participado en las exequias del asesinado alcalde de La Piedad, y se conmovió hasta las lágrimas al abrazar al más pequeño de los huérfanos que dejó el joven munícipe Ricardo Guzmán. Así lo declaró el encargado de despacho, Juan Marcos Gutiérrez, al periódico tijuanense El Mexicano (Nota “Temía Blake morir y dejar a sus hijos”, 17/11/2011).

Da mucha tristeza ver cegada la vida de jóvenes como Blake, Mouriño y Martín Huerta, sin que sus muertes sirvan de algo, ni siquiera para que el gobierno mexicano reconozca que posee una pésima flotilla aérea, que refleja el mal estado generalizado de las cosas públicas en el país.

viernes, 18 de junio de 2010

Mensaje agorero

Mensaje agorero



Publicado en Milenio de León, y en Gurú político.

El lunes pasado el presidente Calderón hizo publicar una larga declaración, al parecer de su propio puño, sobre sus razones para justificar el mantenimiento de la sangrienta “guerra” contra el crimen organizado. Al otro día se trasmitió un mensaje a la Nación por los medios electrónicos. Ambos me mueven a las siguientes reflexiones:



El presidente está obnubilado. No acepta voltear a ver otra opción diferente que la del enfrentamiento armado, a pesar de los más de 22 mil cadáveres de ciudadanos mexicanos que se han acumulado. Pronto representarán a la mitad de los soldados norteamericanos caídos en una guerra de verdad, de enorme crueldad, como fue la de Vietnam. Acusa a sus críticos de defender la idea de rendirse ente el hampa, y dejarle el campo libre. Creo que el presidente se equivoca: los más serios analistas que han criticado su estrategia no han propuesto tal cosa, sino que se analicen estrategias alternas, desde la posible legalización parcial hasta el combate cibernético e inteligente a los hampones financieros que lavan los capitales de los capos tanto en México como en Estados Unidos. Hay que pegarles donde les duele, no donde están blindados por el hambre de sus mesnadas.
El presidente está obcecado. El tono autoritario y grandilocuente que empleó en la televisión lo mostró más necio que inteligente. Justifica con los mismos argumentos de hace tres años y medio una decisión que el sentido común aconsejaría reevaluar. El ejército, la marina y las policías federales fueron lanzados sin un plan estratégico a combatir un monstruo de humo, que goza de las ventajas de la guerrilla junto con las del poder económico de sus dólares y el poder político que han sabido comprar. Las evidencias de que incluso la secretaría federal de Seguridad Pública ha sido infiltrada han circulado en los medios, y lo han hecho más profusamente las pruebas en contra de las policías de diferentes ámbitos. Nada puede detener a los cañonazos de cincuenta mil pesos… mensuales.
El presidente está desesperado. Se le oyó con voz angustiada, temblorosa y quebrada por los nervios. ¿Confiará en sus allegados? ¿Realmente ignora los señalamientos de posible corrupción en los mandos mayores de la SSP? Con un secretario que se hace construir una casa de 15 millones de pesos, yo tendría mis resquemores. ¿Seguirá confiando en el ejército y sus mandos superiores? ¿Por qué ha cobrado tanto protagonismo la Marina y sus fuerzas especiales y de inteligencia? ¿Son más confiables? Y si es así, ¿podemos temer que sean el último reducto de la confianza presidencial? ¿Por qué emboscaron tan fácilmente a la Policía Federal en Zitácuaro? La respuesta obvia es que sigue habiendo filtraciones desde el interior de las corporaciones.
El presidente pide auxilio a los mexicanos. Y es que no encuentra más de quién echar mano. Pero los mexicanos estamos hartos de la violencia, la inseguridad y la corrupción policiaca. Mientras que el Estado se desvanece en las calles de nuestras ciudades, el crimen cobra presencia efectiva, y es capaz de tomar pueblos y regiones enteras para aislarlas del territorio nacional. Ahí está Oaxaca y la zona Triqui, donde el asesinato es cotidiano e impune. Los periodistas siguen padeciendo la desprotección de un Estado que no se atreve a tocar ciertos espacios.
El presidente se siente incomprendido. Y me temo que pronto se sentirá víctima de la ingratitud de sus gobernados, al estilo Salinas de Gortari. Reitera demasiado cómo sus antecesores, incluido su exjefe Fox, permitieron que el problema creciera hasta hacerse incontrolable. Nos recuerda que él tomó una decisión histórica y responsable, y que nos advirtió que costaría tiempo, recursos y vidas humanas -tal vez quiso emular a Winston Churchill cuando, ante la guerra, le prometió a su pueblo “sangre, sudor y lágrimas”-. Pero muchos mexicanos creemos que la inseguridad sólo ha empeorado, en perjuicio del ciudadano inocente, y que la crisis económica que no termina de superar nuestro país le garantiza a los capos miles, tal vez millones de posibles nuevos reclutas, dispuestos a matar, a asaltar y a traficar por sólo un par de miles de pesos a la semana.
El mensaje no nos dio esperanzas. Nos volvió a anunciar lo mismo que en enero de 2007, y eso es desesperante. Insiste en que el sacrificio nos toca a los mexicanos, pero no menciona nunca a los gringos consumidores de drogas, lavadores de dinero y traficantes de armas de alto poder. La lucha sólo se librará en México. Y en los Estados Unidos sólo seguirán las tímidas redadas sobre ínfimos traficantes de esquina. La guerra también les debería costar muertos a ellos. Al cabo que ya están acostumbrados a sacrificar a sus jóvenes en guerras sin sentido.

viernes, 7 de mayo de 2010

¿Panzas verdes o rozadas?

¿Panzas verdes o rozadas?



Publicado en Milenio de León.

Publicado en 15Diario

El deporte organizado, profesionalizado y comercializado es uno de los componentes simbólicos más destacados de la civilización liberal-consumista. Desde los orígenes del capitalismo, muy pocas actividades gregarias han recibido un tratamiento similar: tal vez podríamos mencionar a las religiones y sus iglesias, la política institucionalizada, o los medios de comunicación masificados. El deporte profesional les iguala e incluso supera en poder de convocatoria social, capacidad para recaudar recursos, y fuerza de seducción mediante símbolos icónicos y personajes semidivinos. El futbol profesional en México, América Latina y Europa posee ese enorme encanto social que le permite distraer a los millones de hinchas y fanáticos, que se suman a una causa compartida que cada vez se antoja más virtual y menos real.
Los “clubes” deportivos son fieles a su origen incluso desde su epíteto: un “club” es, literalmente, un gran garrote que era empuñado por los miembros de una cofradía, para simbolizar su unión inquebrantable.

Era un conjunto solidario que defendía –ya sea mediante el deporte o mediante la guerra- las posiciones de un villorrio o de un cantón regional. La competencia entre clubes comarcanos nació de manera natural, como una serie de escaramuzas sin más objeto que reiterar la fuerza del conjunto local, que debía humillar al visitante. Pero como no podía sostenerse por mucho tiempo un ceremonial destructivo, debió dársele reglas y arbitraje, cuya autoridad debía ser observada por todos. La violencia se transformó en deporte, que canalizaba el instinto humano de territorialidad hacia una actividad constructiva, no destructiva como antaño.
El deporte y los clubes profesionales canalizan fuerzas sociales que de otra manera encontrarían desfogues virulentos. La antropología y la sociología del deporte, así como la etología –ciencia del comportamiento animal- nos han enseñado que muchas fuerzas profundas provenientes de nuestro ser animal logran ser canalizadas no por la práctica del deporte –lo que sería lo más recomendable , sino por la afición pasiva al deporte espectáculo, mediático y comercial. No es un fenómeno exclusivo de las sociedades modernas y capitalistas: ya griegos y romanos hacían uso del enorme potencial como entretenimiento y enajenación del deporte profesionalizado. Los deportistas griegos, en particular los olímpicos, recibían la admiración fanática y paladas de dinero por parte de sus hinchas, quienes los deificaban e identificaban con su orgullo localista.
Es sumamente interesante para alguien ajeno al fenómeno comercial del deporte como yo –mi esposa agregaría que también soy ajeno al resto de variantes del deporte observar la efervescencia social que se desata cada año en la ciudad de León, cuando se inicia la liga de ascenso a la primera división del futbol profesional mexicano. Cada año, desde hace ocho, la sociedad panza-verde exuda esperanza en cantidades industriales. Los corrillos se llenan de sesudos análisis y la renovada convicción compartida por todos: “ahora sí lograremos el ascenso” –nótese el plural-, y a los rivales se les encuentran cien mil quebrantos en comparación a los siempre jóvenes y talentosos esmeraldas.
Cada año la fiesta es seguida por la decepción para una afición merecedora de mejores causas, que se irrita ante una derrota para ellos inexplicable, y comienza a elucubrar una injusticia perpetrada por árbitros bajo nómina de Televisa, u otras maquinaciones a cargo de otros monstruos anti-leoneses.
Mi hijo Allende estudia la licenciatura en León. Es fiel seguidor de felinos futboleros melenudos o calvos pues es “panza” y es “puma”. Le repito la máxima de Gómez Morín: “que no haya ilusos, y no habrá desilusionados”. El deporte profesional es ingrato, es traicionero y no tiene compromisos. Si por alguna hazaña el León logra el ascenso en el partido de regreso, no me sorprendería que el dueño venda de inmediato la franquicia.
Nunca he asistido a un partido de futbol profesional, pero sí a partidos llaneros, donde los equipos, esos sí, son representativos de la manada a la que pertenecen, y defienden sus colores y su territorio con el coraje de las jaurías cazadoras. Ese es el auténtico deporte gregario, solidario y constructor de identidades.
A los hinchas panzas verdes, mis paisanos, les recomiendo la lectura de un libro de mi querido maestro Andrés Fábregas, antropólogo chiapaneco que se avecindó en la muy chiva Guadalajara: “Lo sagrado del rebaño. El futbol como integrador de identidades”. Lo publicó el Colegio de Jalisco en 2001 (ISBN 968-6255-58-3). Puedes leer una reseña aquí.

viernes, 23 de abril de 2010

El crimen del celibato

El crimen del celibato


Publicado en Milenio de León.

Publicado en 15Diario

"El celibato no es esencial para el sacerdocio; no es una ley promulgada por Jesucristo."
Papa Juan Pablo II, julio de 1993

El celibato, el voto de soltería y castidad entre los sacerdotes católicos, está generando una de las más serias crisis por las que ha atravesado la milenaria iglesia romana. Las acusaciones de pederastia y de práctica disimulada del sexo y la paternidad, han colocado a la antes incólume institución en una situación de enorme incomodidad, que obliga a revivir la vieja discusión sobre la viabilidad y la justificación del celibato. ¿Es ético y posible exigirle a un conjunto de hombres y mujeres sanos a renunciar a las relaciones maritales, a cambio de profesar un ministerio? Me parece que todo indica que no.

Desde el siglo IV, a partir del Concilio de Nicea (año 325), se impuso a los oficiantes cristianos el voto de castidad y la renuncia al matrimonio y la posibilidad de formar una familia. ¿Cuáles fueron las razones? ¿Se consideró que el sexo, implícito en la unión de una pareja, es intrínsecamente malo y que socaba la fe del religioso? ¿Era una forma de alejarse del pecado original y purificar el alma? No: la verdad es que la iglesia cristiana, crecientemente poderosa en un decadente imperio romano, estaba más preocupada por preservar sus bienes materiales, que se veían amenazados por la práctica de los primeros clérigos de heredar sus propiedades a sus mujeres y descendientes. Era sencillamente una medida pragmática, no teológica, que le permitió a la iglesia cristiana convertirse en uno de los estamentos más poderosos del mundo post romano. Nunca iglesia alguna lograría acumular la cantidad de bienes que consolidó la cúpula católica, a tal grado que se convirtió en un grave problema para las economías europeas. Los monarcas pronto tomarían medidas para apropiarse de los enormes capitales, en buena medida improductivos, de la corporación. En México lo vivimos con la “consolidación de los vales reales” en 1804, y durante la reforma con la enajenación de los bienes “en manos muertas”.

Dado que el celibato es antinatural, los clérigos católicos “obedecieron pero no acataron”. Por cientos de años hubo mil formas de evitarlo, al menos en su componente sexual. No había cura sin una o más “sobrinas”, incluso “sobrinos”. Las instituciones educativas fueron espacios para el abuso sexual sobre los pupilos influenciables. La hipocresía fue la regla, como nos lo enseñaron los curas de la independencia, Hidalgo, Morelos y Matamoros. Pero el objetivo principal se cumplió: la iglesia preservó sus bienes, sin importar que concubinas e hijos naturales quedaran en el desamparo. Eso es lo que ilustró el caso del padre Maciel: los legionarios no van a soltarle un quinto a los hijos y mujeres del fundador. Sólo les han pedido perdón. Y el perdón no cuesta nada.

La historia da abundantes muestras de las paradojas del celibato y la castidad sacerdotales. Saco ejemplos del internet: En el año 385 el Papa Siricio abandonó a su esposa para poder convertirse en Papa. De inmediato se decretó que los sacerdotes ya no pueden dormir con sus esposas. A partir de entonces durmieron con las amantes. En el 401 San Agustín de Hipona, que gozó de una juventud libertina, escribió que “nada hay tan poderoso para envilecer el espíritu de un hombre como las caricias de una mujer”. Hipocresía pura.

En el año 567 el segundo Concilio de Tours determinó que todo clérigo que sea hallado en la cama con mujer será excomulgado. Pero sólo se prohíbe lo que se practica. A fines de ese siglo el papa Pelagio II aplicó la sabia política de no meterse con sacerdotes casados, en tanto no heredaran la propiedad de la iglesia a sus esposas o hijos.

El papa Gregorio “el Grande” aseguró que todo deseo sexual es malo en sí mismo. Pero en Francia los documentos del siglo VII demuestran que la mayoría de los sacerdotes eran hombres casados. En el siguiente siglo San Bonifacio informó al Papa que en Alemania casi ningún obispo o sacerdote es célibe.
En el año 836 el Concilio de Aix-la-Chapelle admite que en los conventos y monasterios se han realizado abortos e infanticidio. San Ulrico, un obispo sabio, argumenta que la única manera de purificar a la Iglesia es permitir a los sacerdotes que se casen.

En el año 1045 el Papa Bonifacio IX se dispensó a sí mismo del celibato y renunció al papado para poder casarse. Una hermosa historia de amor, al estilo del rey Eduardo VIII de Inglaterra en 1936.
En 1074 el Papa Gregorio VII aseguró que toda persona a ser ordenada debe hacer primero un voto de celibato: "Los sacerdotes deben primero escapar de las garras de sus esposas". En 1095 el Papa Urbano II hizo vender a las esposas de los sacerdotes como esclavas y sus hijos fueron abandonados.
En el año 1123 el papa Calixto II, durante el primer Concilio de Letrán, decretó que los matrimonios clericales no eran válidos. Pero existían. El decreto fue confirmado por el papa Inocencio II en el segundo Concilio de Letrán de 1139.

En el siglo XVI el obispo Pelagio se quejaba de que las mujeres todavía eran ordenadas y administran confesiones. En el siglo XV el 50% de los sacerdotes eran hombres casados, aceptados por la gente. El Concilio de Trento (1545 a 1563) definió que el celibato y la virginidad son superiores al matrimonio.
En 1517 la reforma de Martín Lutero permitió que los pastores luteranos pudieran tomar mujer en matrimonio y criar una familia.

En 1930 el papa Pío XI definió que el sexo puede ser bueno y santo, pero no entre los sacerdotes. En 1962 durante el Concilio Vaticano II, con Juan XXIII el “Papa bueno”, se definió que el matrimonio es equivalente a la virginidad. En 1966 el Papa Pablo VI dio dispensas al celibato. En 1980 se realizó en Estados Unidos la ordenación como sacerdotes católicos de pastores anglicanos y episcopales casados; en 1994 y 2009 sucedió lo mismo en Canadá e Inglaterra.


viernes, 9 de abril de 2010

Nota Roja

Nota Roja



Publicado en Milenio de León.


Publicado en Eje Central, El Poder de las IdeasCEINPOL


Publicado en 15Diario.


En la jerga del periodismo la “nota roja” es la información que hace referencia a hechos violentos, criminales o perversos; que de preferencia involucren a una o más muertes de personas inocentes, y mejor con sangre de por medio. Es uno de los géneros que más vende, como bien saben los voceadores o estanquilleros. El morbo (DRAE: “Enfermedad; interés malsano por personas o cosas; atracción hacia acontecimientos desagradables”) es uno de los sentimientos humanos más comunes, y exhibe una de nuestras facetas animales que por rupestre tendemos a negar. Por supuesto el morbo tiene mucho qué ver con nuestro instinto de supervivencia: la violencia y la muerte ajenas nos atraen porque los reconocemos como parte de la lucha natural por la vida. Somos consumidores habituales de sangre, aunque sea de manera virtual.
Hace apenas una década, la nota roja en México transitó de su sitial tradicional en las páginas finales de los diarios y hebdomadarios, a las planas principales. El crimen organizado y los cárteles de la droga mexicanos, que en los años ochenta y noventa se consideraban marginales y subordinados a los intereses de sus patrones colombianos, fueron cobrando un protagonismo social y económico que los convirtió en nuevos y potentes actores en muchas regiones. Se implantó en los hechos una entente cordiale entre los agentes del Estado mexicano y los cárteles. Pero eso cambió radicalmente cuando en enero de 2007 el presidente Calderón le declaró la guerra al crimen organizado y desató la peor matanza que hayamos vivido en México en tiempos de paz.
El enorme volumen de material para la nota rojo provocó que perdiera novedad y regresara a las páginas interiores de los diarios, sin importar las tragedias humanas involucradas. El morbo público se vio saturado por tantos asesinatos, ejecuciones, degüellos y desmembramientos. Nos hemos acostumbrado a la violencia y el terror.
En una coyuntura como la actual, terrible y desalmada, parece inexplicable que una desgracia particular como la acontecida a la familia Gebara Farah haya llamado tanto la atención nacional. Una pequeña e inocente niña con problemas de habla, con carita angelical –güerita, delicada y simpática como la de los querubines en los cromos religiosos , cautivó a los mexicanos y provocó una tremenda ola mediática, primero en torno a su desaparición, y luego por el hallazgo lamentable de su cuerpo exánime.

El caso Gebara Farah se está convirtiendo en la gran telenovela nacional. Las cadenas de la comunicación han explotado al máximo los elementos que surgen día a día: las torpes declaraciones de los “investigadores”, ávidos de protagonismo, más los dislates del procurador; las contradicciones entre los miembros de la familia, los celos del marido, la caradura de la señora, las insinuaciones o acusaciones sin sustento; el oportunismo de algunos, la ineptitud de muchos, la ignorancia de todos…
Ante nuestros ojos atónitos, se desarrolla un thriller mucho mejor que los de Agatha Christie. Se nos plantea el mejor de los misterios de la literatura negra: “¿Quién mató a Paulette?” ¿Fue la madre, el padre, las nanas, el amante… o fue un simple accidente? –y este desenlace le quitaría lo seductor al caso.
La nota roja clásica revive así en los medios de comunicación. Las masacres pierden interés cuando se convierten en hechos regulares, casi cotidianos. A muy pocos medios les importó el terrible asesinato del matrimonio salmantino Monroy Macías, muertos a cuchilladas -treinta para él, cincuenta para ella- el viernes pasado, a manos de tres adolescentes lunáticos. Vendía más el tema del hallazgo del cadáver de la pequeña. Esa sí era nota.
Vivimos en un mundo regido por la percepción, por la pretensión y la imaginación. Las tragedias sólo adquieren dimensión de tales cuando los medios que rigen sobre la atención pública encuentran elementos cautivantes, seductores o de plano morbosos. La mercancía de la información, que depende más de su envoltura que de su contenido real. Queremos historias, más que datos. Y no cualquier historia: una que haga vibrar fibras emotivas como la ternura, la belleza o la inocencia. Nadie se enternece al saber de muertes por docenas, como los 24 descuartizados que lleva el año en Michoacán, o el montón de torsos y cabezas en Guerrero, los centenares de torturados, entambados o “pozolizados” en el país… Ya no son nota roja… son crónica de sociales.

martes, 16 de marzo de 2010

Ética política

Ética política

Publicado en el de Guanajuato, en iGeTeO y en EjeCentral.
No quisiera unirme al coro de opinadores que se han escandalizado por la conducta exhibida por los diputados federales y los líderes partidistas en el match de la semana pasada. Pero ni modo, me siento tentado de opinar. Creo que ese circo era natural en un entorno nacional donde el reclutamiento de las élites políticas se basa más en la zalamería y la apariencia que en las capacidades efectivas tanto profesionales como de ejercicio cotidiano del diálogo respetuoso. Salvo notables y escasas excepciones, tenemos una clase política oportunista y ambiciosa, centavera y corrupta. Pesa más el interés personal o de grupo que el de la nación y de los mexicanos. No hay amplitud de miras, sino un egoísmo ramplón.
Seré ingenuo y diré que un diputado federal debería pensar primero en lo que más conviene a sus 250 mil representados; luego puede ver por el interés del resto de los mexicanos; seguido podría atender el interés de su partido, y sólo hasta el final, porque sí se vale, pensar en lo que le conviene como persona. Ese es el orden que la ética política privilegiaría, si los actores del poder realmente fueran profesionales de su oficio. Pero en México seguimos pensando como Gonzalo N. Santos, que la moral sólo es un árbol que da moras.
Los insultos, incluso los golpes, no son extraños en muchos congresos del mundo. Pero el mal de muchos no es excusa para padecerlo sin hacer algo por evitarlo. La mentira consuetudinaria no es justificable, sobre todo si los mentirosos se desnudan entre sí, exhibiendo la mugre que ha acumulado en sus almas. Por supuesto, en política, como en la vida diaria, en ocasiones es necesario mentir para lograr un propósito moralmente superior; pero es injustificable mentir con reiteración cuando se sabe que el cómplice tampoco tiene palabra de honor, ni honor.
La democracia es sólo un sistema para la representación y el gobierno, pero no garantiza efectividad ni equidad en el ejercicio del poder. Para que la democracia incluya la gobernabilidad y el desarrollo, hay que construir ciudadanía y una cultura política altamente participativa. La vigilancia ciudadana, junto con una creciente ética que los controles y contrapesos impongan sobre la clase política, son las mejores vías para que nuestro sistema sea realmente efectivo y funcional. Desgraciadamente no veo que estos componentes estén presentes en el escenario nacional, sobre todo porque el sistema educativo básico y medio sigue en manos de los peores representantes del autoritarismo y la falsedad. No se está construyendo ciudadanía a partir de la escuela, y en las familias prevalecen los valores tradicionalistas del machismo y irresponsabilidad, que desgraciadamente son semilla fértil en el alma de los chicos.
Los partidos políticos deben reconocer que su función no es servir de agencia de colocaciones, sino constituirse en academias formadoras de profesionales de la política dialogadora y respetuosa. El reclutamiento de sus cuadros debería responder a la premisa del servicio público como apostolado, no como canonjía palaciega y lacayuna.

viernes, 29 de enero de 2010

Otra reforma política, ya chale…

Otra reforma política, ya chale…


Publicado en Milenio de León,
y en iGeTeO.

En el tratamiento de los asuntos públicos, es impresionante el gusto que tenemos los mexicanos por las reuniones de trabajo, los foros, los comités y las comisiones. Es viejo el adagio político mexicano que dicta: “si quieres que un asunto no se resuelva, crea una comisión”. Y es de una pertinencia clara en los momentos actuales.
El presidente Calderón envió a la consideración del congreso una iniciativa de reforma política –la segunda que habría en su administración- antes del fin de año, y la respuesta del legislativo, a través del Senado, fue abrir un selecto foro de consulta sobre el tema. De nuevo presenciamos el interminable desfile de las mismas caras de siempre: los opinadores, los académicos y los santones eternos, a los que siempre hay que invitar a predicar sobre el tema. Por supuesto, se acompaña con trasmisión televisiva en vivo o diferida, para exaltar el ego de los elocuentes disertantes. Los políticos de todo signo hacen cara de entender algo de lo que pregonan los intelectuales orgánicos, y agitan afirmativamente sus cabezas: hay que ir a fondo con la reforma, no hay que permitir que el presidente haga de las suyas, hay que salvar a la República y a sus preciosos partidos políticos.
La política se convierte de nuevo en el arte del pavoneo, la pasarela, y la grandilocuencia, y se deja de lado el fondo del asunto: que hay suficientes iniciativas en la hielera del congreso, que incluyen siempre sesudas exposiciones de motivos, donde se pueden encontrar las ideas más valiosas para afinar o reformar la reforma calderoniana. Pero no, ese sería trabajo de gabinete, sin las luces de las cámaras y el pulular de micrófonos y audiograbadoras. No hay glamur en el análisis de lo existente; siempre es mejor convocar a nuevos encuentros chispeantes, llamativos, fashion. La tarea legislativa real es agotadora, infame e ingrata. Nadie gana capital político batiendo con sudor las iniciativas acumuladas. Es mucho mejor dar la nota con foros esplendentes que convoquen a la prensa y los medios electrónicos. Eso sí da beneficios pingües para el legislador protagónico, que necesita lucir públicamente su fino traje de diseñador, así como su peinado envaselinado y refulgente con corte y tinte de estilista. La política es imagen, es pretending, pero no sustancia.
No nos hagamos tontos. Ningún legislador tiene intención de prestar oídos a los arrogantes cicerones del foro del Senado. Saben que la decisión final es su prerrogativa, y no la van a compartir. En todo caso buscarán obtener beneficios políticos personales y de partido a cambio de apoyar tal o cual propuesta de sus líderes. Y hasta ahí.
En esta ocasión no he dado seguimiento a las participaciones de los santones en el foro, y es por pura flojera lo confieso. El canal del Congreso los trasmite, a veces en vivo. Pero ya me fastidié de tanto rollo sin destino. Recuerdo los foros para la refinería de PEMEX, para seleccionar los consejeros electorales, y otros más que ya borré de mi disco duro mental. Eran tan frecuentes los rebuznos de los diputados y senadores, tratando de lucirse a costillas de los invitados a los foros, que he desarrollado aversión hacia estos eventos de pacotilla.
Bien haría el Congreso nacional en dejarse de este tipo de estrategias de dilación, y abocarse el estudio de las iniciativas existentes en el archivo. Por supuesto, teniendo como eje la iniciativa presidencial. Los opinadores podremos coincidir en que la propuesta del ejecutivo es limitada, desequilibrada e incluso interesada en reforzar el presidencialismo. Pero es un excelente motivo para legislar positivamente en favor del cambio de rumbo, pero un cambio sin dedicatorias, que busque reforzar los equilibrios y las potestades entre los poderes. Los legisladores tienen un abanico amplísimo de posibilidades, pero me parecen anonadados por los ignotos alcances del asunto, incluso si se deja a nivel de la propuesta presidencial. El fantasma de la Reforma del Estado sigue recorriendo los pasillos de San Lázaro y las arcadas de Xicoténcatl, espantando a los parlamentarios ladinos con sus cadenas a rastras y sus amenazas de suprimir ventajas partidistas y privilegios personales.
Todos son reformistas hasta cuando les conviene. Después se aferran a sus alforjas. Humana condición.

viernes, 22 de enero de 2010

El desastre haitiano

El desastre haitiano


Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en Milenio de León; en CEINPOL, y en iGeTeO.
La tragedia de Haití es un choque para las conciencias de la hipocresía occidental. Es inconcebible que ante un desastre natural, que estoy seguro era previsible aunque no predictible, una población de diez millones de seres humanos padezca circunstancias que se antojan propias de la edad media, o bien de los rincones más apartados del áfrica subsahariana. En un territorio de casi 28 mil kilómetros cuadrados, más chico que el del estado de Guanajuato, se amontona un conjunto de individuos empobrecidos que en su mayor parte tienen ingresos de entre uno y dos dólares al día. La renta per cápita –la riqueza creada por el país dividida entre su número de habitantes- es de apenas 791 dólares, mientras que la de México es de 10 mil 500 dólares, que de por sí es baja. La esperanza de vida es de 57 años, 20 menos que la de México.
No hay opciones productivas: la agricultura de subsistencia ha depredado el entono natural; la industria no existe, excepto la textil y sólo bajo demanda; los servicios son elementales. Los haitianos se habían acostumbrado a mantener una economía de precariedad eterna, sustentada sobre todo en las aportaciones de la comunidad internacional. El gobierno haitiano recibe el 60% de sus ingresos de subsidios del exterior. Esto creó un estímulo perverso: ¿para qué buscar opciones locales para el sustento, si es más fácil ejercer de pordiosero continental? Suena feo, pero en la práctica es lo que estaba pasando.
La desgracia suele pegar con especial rudeza a los desposeídos. No es fortuito: quien tiene los medios puede optar por buscar espacios más seguros, protegerse, prever riesgos, educarse y estar en mejores condiciones para enfrentar las desgracias. El pobre vive donde puede y como puede, sin tiempo ni energía para la prevención, la acumulación de algunos excedentes –lo que más comúnmente llamamos ahorro-, y para abrir sus horizontes mediante la educación y el cuidado de la salud. A los prósperos sólo el azar más estricto les llega a pegar. Pero suele suceder que muchas, si no es que la mayoría, de las tragedias naturales o provocadas por el hombre son previsibles. La ciencia nos ha enseñado a prever –no a predecir- el futuro, y con ello evitar los riesgos o al menos prepararnos mejor para enfrentarlos, si no podemos rehuirlos.
Me refiero a casos como el de Japón, California, o incluso México, países que han sido azotados por terremotos de grandes proporciones, con miles de muertos. A pesar de la destrucción, los países con un Estado fuerte, o con una Sociedad que sabe organizarse cuando falla aquél –como sucedió en México en 1985-, sobreviven bien a las secuelas de estos accidentes. En esto reside la diferencia entre lo que sucedió el 12 de enero pasado, y lo acontecido en la ciudad de México hace 25 años (con entre 10 mil y 30 mil muertos), en Loma Prieta hace 21 (63 muertos), y en Kobe hace 15 (6 mil 500 muertos). En México hubo sociedad civil, en California hubo prevención y atención estatal, y en Japón sólo la fuerza del sismo derrotó a la sociedad más previsora del mundo.
En Haití nos encontramos con una sociedad sin conciencia cívica, desesperada y violenta; regida por un Estado en ciernes, parasitario y manipulado por los intereses del exterior. El país no ha tenido el tiempo ni la oportunidad de cuajar una formación política estable, propia y soberana. El historial de intervenciones extranjeras, golpes de estado y dictadorzuelos nativos -quién no recuerda a los folclóricos Papá Doc y Baby Doc- ha sido larga y perniciosa. Todavía en el 2004 se registró un golpe de estado, seguido por la intervención de las Naciones Unidas, que organizaron apresuradamente unas elecciones en el 2006 que fueron asesoradas y apoyadas por el IFE mexicano. Haití se ha dado un modelo político semipresidencialista, a la francesa, que se antoja demasiado sofisticado para un pueblo poco acostumbrado a regirse mediante el voto. Es por eso que no se ve por ninguna parte al presidente Préval: porque él es jefe de Estado, no de gobierno. Y el primer ministro Bellerive no cuenta con recursos para mantener el orden. No sorprende que el ejército de Estados Unidos haya tomado el control de Haití: están acostumbrados a hacerlo. Ahora al menos es por una buena causa. Ojalá que sólo se queden ahí el tiempo necesario para levantar un nuevo Estado, incluso una nueva sociedad, a partir de las cenizas del desastre. Pero no más, por favor.

martes, 5 de enero de 2010

Diálogo de Sordos

Diálogo de Sordos


Publicado en el de Guanajuato, y en 15Diario de Monterrey.

La reciente reforma en el Distrito Federal que permite los matrimonios entre personas del mismo género, ha abierto un nuevo frente de debate que complejiza el de por sí atiborrado coro de disputas que se alza hoy en México. Interpreto que la medida, más que atender una justa demanda por parte de un importante sector de la población, tiene como objetivo real responder a la ofensiva que los sectores políticos conservadores han emprendido en la materia del derecho a la vida desde la concepción. Los legisladores locales del PAN, con el apoyo de muchos del PRI, han reformado 17 constituciones estatales para incluir el reconocimiento de este derecho a los no natos.
De inicio me manifiesto a favor de la reforma concretada en el DF, ya que la institución denominada “matrimonio” es un simple contrato avalado por una comunidad política -en el caso del fuero civil- o religiosa. No es más que eso. Desde un punto de vista antropológico e histórico, la función social del matrimonio es preservar los lazos de unión entre conjuntos humanos que buscan establecer alianzas. También tiene una función económica que busca definir y preservar las vías de la herencia y la acumulación de bienes a lo largo de las generaciones.
Cuando se afirma que la función principal de este vínculo legal es la procreación, se cae en lo que la lógica formal denomina “falacia ecológica”: pretender que todos los miembros de un conjunto comparten las características que supuestamente definen al grupo, que frecuentemente no son más que prejuicios o preconcepciones. Es algo así como afirmar “todos los mexicanos son informales; tú eres mexicano, luego tú eres informal”. La premisa inicial es una generalización que no tiene sustento. A lo que voy es que pretender que el matrimonio es el instrumento que regula la procreación, porque así lo ha determinado alguna iglesia, religión o estado, es imponer criterios morales uniformes a una sociedad que se caracteriza por una creciente diversidad de valores.
Nuestra sociedad ha heredado el modelo del matrimonio de la tradición judeo-cristiana. Pero eso no quiere decir que sea el único o mejor modelo de matrimonio. En otras sociedades o momentos históricos han existido matrimonios grupales, homosexuales, endogámicos, avunculados –donde el tío materno ejerce el rol formal de jefe de la familia-, etcétera. Al lector le recomiendo echar un ojo a la literatura antropológica sobre los diferentes sistemas de parentesco y matrimonio que existen en las sociedades humanas: los textos de Claude Lévi-Strauss -recientemente fallecido-, R.R. Radcliffe-Brown, Ira Buchler o Robin Fox.
Nuevamente nos encontramos con otro motivo para la confrontación de visiones morales, que con frecuencia es infructuosa. De nuevo el pensamiento unívoco pretende que la totalidad de cuerpo social se restrinja a un solo modelo de conducta social. Me entristece que no se establezca un debate serio y plural antes de aprobar una iniciativa legal de este calado, ya sea de derecha o de izquierda. Así fue con la reforma de los 17, y lo es ahora con el mayoriteo en el DF. Estoy de acuerdo con la reforma, pero no lo estoy con los modos.

martes, 8 de diciembre de 2009

Llegan los años diez

Llegan los años diez


Publicado en el de Guanajuato, y en 15Diario de Monterrey.

Es increíble, pero ya pasaron diez años de cuando el mundo entero esperaba ansioso el arribo del tercer milenio de la era cristiana. Las personas siempre vemos con supersticiosa angustia las cifras redondas, o bien las que contienen cierta uniformidad o analogía, como sucede con el anuncio del inminente fin del mundo “según la mitología maya” el 21 de diciembre de 2012: números análogos, pero del calendario gregoriano, no del maya. En fin, que como un suspiro pasó esta primera década del siglo XXI, y hoy se halla uno diez años más viejo, con varios familiares y amigos queridos ausentes para siempre, y con las imborrables huellas del tiempo en el rostro, pelo y estómago. Pero tal vez también hayamos encontrado nuevas formas de ver pasar esta vida.
Dentro de unos días entraremos a la segunda década de este siglo, que poco a poco está dejando de ser nuevo. Comenzaremos a vivir en los años “diez”, que hace cien años acarrearon pena, guerras y desgracias al mundo y a nuestro país: una revolución sangrienta que segó la vida a un millón de mexicanos; una guerra mundial que despidió del mundo a 25 millones más; una epidemia de influenza que mató a todavía más gente, pues calculan que produjo una mortalidad de alrededor de 50 millones a nivel global. Década oscura aquélla, que ojalá no se repita. Pero mucho se habla de situaciones paralelas entre ese entonces y hoy día. 46 millones de pobres en México, depauperados por una crisis que nadie puede controlar, y bajo la amenaza de nuevas pandemias universales, aderezado todo con un clima de violencia social desatado por la infausta guerra contra el narcotráfico. Todo ello nos lleva a temer que los fatídicos dieces en la historia de México –si consideramos también la década equivalente del siglo XIX y la guerra insurgente- pueden volverse a presentar en la nueva centuria.
Nos preparamos para el festejo navideño y el fin de otro año más. Y lo hacemos en medio de la incertidumbre social y económica. Nadie tiene seguro el empleo –a menos de pertenecer a un sindicato charro-, y todos nos preguntamos cuándo saldremos de la interminable crisis. Cuándo terminará la inseguridad y la masacre cotidiana de centenares de mexicanos a manos de polis o de malandrines –aunque a veces son lo mismo-. Ya ni en los tranquilos pueblos del Bajío se vive tranquilo, pues no falta el matarife que extermine a familias completas.
Tiempos muy inquietos y alarmantes son estos. Nada anuncia mejora inmediata, pues nuestro país ha venido desperdiciando la mejor oportunidad de su historia para salir de la pobreza, en buena medida debido a nuestra incapacidad de escucharnos los unos con los otros. Nuestra inauguración en la democracia no facilitó la construcción de un proyecto compartido de Nación, pues todos se creen poseedores de la única verdad. No supimos convertir a la política en herramienta para el progreso económico y social. Y eso nos condena a la desventura en los malhadados años diez.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Diez y siete

Diez y siete

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en Milenio de León.
Son los estados cuyos legislativos han aprobado reformas constitucionales en respuesta a obvias presiones que ejercen los sectores más conservadores del país sobre los dos institutos políticos más importantes, el PRI y el PAN. Diez y siete constituciones que han adoptado la premisa -falsa desde mi punto de vista- de que el respeto a la vida se traduce en el reconocimiento de la calidad humana a un cigoto en mitosis reproductora. Diez y siete congresos que han legislado al vapor un asunto de enorme trascendencia para un número igual de sociedades regionales, que se pretenden modernas, informadas y tolerantes.
El 14 de septiembre pasado Denise Maerker puso en evidencia en un artículo para el El Universal que el PRI, a pesar de asumirse con ideología socialdemócrata y de pertenecer a la Internacional Socialista, ha dado un viraje radical hacia la derecha en el tema de la penalización del aborto. Eran 15 los estados que entonces habían modificado sus constituciones; sólo faltaban dos para promover su asunción a reforma federal. Cito a Maerker: “De 187 legisladores priístas que han sido invitados a pronunciarse sobre iniciativas que implican la penalización de las mujeres por interrumpir sus embarazos: 172 han votado a favor, 15 en contra y 3 se han ausentado. En el 60% de los 15 estados en los que se ha modificado recientemente la constitución para ‘garantizar la protección de la vida desde la fecundación’ el PRI gobierna y tiene mayoría en el Congreso local.”
La antropóloga Marta Lamas declaró recién que en los años ochenta el PRI había apoyado iniciativas muy liberales sobre el tema de la libertad femenina de decisión sobre su cuerpo. Mucho tiempo antes que en el DF, en estados como Yucatán se había abierto la posibilidad de que la mujer optara por interrumpir su embarazo por motivos socioeconómicos. Y en general en las entidades gobernadas por ese partido los códigos aceptaban varias excepciones dentro de la prohibición del aborto en gestaciones avanzadas.
Curiosamente en Guanajuato ese partido evitó montarse -hasta donde pudo- en la ola nacional. La iniciativa fue presentada en el congreso local por la bancada panista, y en la sesión del 8 de mayo fue rápida y apretadamente aprobada por el 70% de los diputados, porcentaje necesario para modificar la constitución. En diez minutos los 23 representantes del PAN, más la diputada del PT (!) y dos diputados priístas -una mujer y un hombre, que después serían expulsados- garantizaron ese mínimo. Cuatro priístas, los tres perredistas y los dos verdes abandonaron la sesión. Un diputada priísta se ausentó.
En el diario de debates llama la atención que casi todos los diputados panistas “adornaron” sus votos con expresiones como “a favor de la vida, del embrión y de la mujer, ¡sí!”; “por la mayoría de mujeres que sí quieren la vida, ¡sí!”; “a favor de la vida, por todas las que la aman, ¡sí!” -emitidas todas por varones-. En cambio los tres opositores -dos de ellos mujeres- sólo pronunciaron un parco “sí”. Supongo que en algo les remordió la conciencia.
No es extraño que el PAN asuma la posición “Pro-Vida”, pues desde sus orígenes ha comulgado con la posición de la iglesia católica y los grupos conservadores sobre este tema. Se trata de una visión fundamentalista que se basa en el dogma de que la “persona humana” existe desde la fecundación. Esto es totalmente debatible, pues este concepto es definido así desde la vieja noción de que el “Hombre” fue creado a imagen y semejanza de Dios. Y no se puede exterminar lo divino. Pero si aceptamos la noción más científica y antropológica de que el ser humano es un animal más, que construye su “humanidad” desde lo social y no desde lo biológico, podemos sostener la convicción de que la “persona” sólo existe en función de su vínculo efectivo con la sociedad. Lo “humano” y el valor denominado “derecho a la vida” son relativos a momentos históricos concretos y a sociedades específicas. No existen como “valores universales” pues admiten demasiadas excepciones, incluso en nuestra propia realidad occidental y contemporánea.
Pero por supuesto, esta es una simple opinión personal. Pero la hubiera defendido en los debates que nunca se dieron. Las mayorías, incluso las artificiales, siempre se asumen como posesionarias de la única verdad. Así lo creyeron fascistas y comunistas.

martes, 10 de noviembre de 2009

Aniversarios

Aniversarios

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en el de Guanajuato, en 15 Diario de Monterrey, y en CEIPOL.
En los últimos tres años de la década que acaba, los aniversarios están cayendo sobre nosotros como gruesas gotas de aguacero intempestivo. Todo parece haber ocurrido hace cincuenta, cien, doscientos, o hace cuatrocientos años. Por supuesto es una impresión subjetiva, basada en que la memorabilia reciente ha referenciado eventos de gran trascendencia, como el telescopio de Galileo que hace 400 años rasgó los secretos de un universo que se quería inmutable y divino, y que resultó cambiante e imperfecto. O bien los 200 años de la “guerra de independencia” española, que se festejó el año pasado para rememorar la valiente respuesta del pueblo ibérico contra la invasión napoleónica, que en otro lares había sido aceptada sin mayores estertores populares por su aparente carácter de “liberadora” de los pueblos europeos oprimidos por las monarquías.
Ese mismo año, y relacionado con el anterior aniversario, el gobierno del Distrito Federal se ocupó de festejar los 200 años de la intentona del Ayuntamiento de la ciudad de México de independizar la colonia de la ocupada España, que resultó en la destitución violenta del virrey Iturrugaray el 15 de septiembre, y el asesinato del regidor Primo de Verdad, primer mártir de la independencia mexicana.
Por supuesto, el 2 de octubre de 2008 marcó de nuevo la traumada conciencia política de nuestro país. Ya suman 40 los años transcurridos, y los que conservamos el recuerdo del momento -yo no olvido una fotografía que circuló en la prensa con docenas de zapatos abandonados por los aterrados manifestantes, algunos de ellos muertos en la balacera indiscriminada creemos que jamás podrá cerrarse una herida que como esta, tardó en sangrar.
Este año de 2009, ya agonizante, fue fértil en aniversarios gozosos o penosos. Hace 200 años nació Edgar Allan Poe, mi escritor favorito en lengua inglesa, que definió el romanticismo oscuro de una época convulsa en un país que no terminaba de inventarse a sí mismo. Y en el mismo año nacieron Nicolai Gogol y Charles Darwin; el primero fue uno de los cuentistas rusos de tipo costumbrista que mejor retrataron a una sociedad rusa predominantemente rural que abandonaba el feudalismo y que se modernizaba penosamente imitando a Europa. El segundo, un científico naturalista que con la publicación -hace cien años- del libro El Origen de las Especies se convirtió en el pensador que más ha transformado nuestra concepción del papel que, como seres humanos, jugamos en el amplio espectro de la naturaleza y el tiempo enorme, retirándonos de la soberbia mística que nos hizo creer sublimes, hechos a imagen y semejanza de Dios.
Nos acercamos ahora al año de los bicentenarios, y de nuevo tendremos momentos para la rememoración de personajes y sucesos que nos definen como herederos de tiempos pasados que permitieron, como sentenció el filósofo medieval Bernardo de Chartres, ser “como enanos sobre hombros de gigantes.”

martes, 8 de septiembre de 2009

Rechazo a la mentira

Rechazo a la mentira


Publicado en el de Guanajuato.

Una de las instituciones mexicanas que padece más descrédito público es el Congreso, tanto el federal como los estatales. Yo no lo invento: lo señalan reiteradamente las encuestas sobre confianza en las instituciones, como la de Consulta Mitofvski de agosto pasado. Muchas son las causas, pero me parece que la principal es la carencia de vinculación efectiva entre los representantes y sus representados, lo que se acentúa en el caso de los que llegan a la curul por el sistema de representación proporcional. A esto se suma la imposibilidad de forjar una carrera legislativa de manera continua, sino salteada, por la anacrónica no reelección.
Cuando el (la) diputado(a) o el (la) senador(a) protesta el cargo, con frecuencia carece de vocación y/o conocimientos para la labor parlamentaria; no pocos consideran que el tránsito por el legislativo es un precedente necesario para la forja de una carrera política prometedora, que luego se corona con alguna posición ejecutiva. Esta circunstancia explica por qué se acepta con tanta facilidad la movilidad de los integrantes de ese poder; nadie pierde el sueño por pedir licencia a la menor oportunidad de saltar a otra posición más apetecible, usualmente en el ejecutivo. Esta circulación permanente provoca que la curva de aprendizaje del quehacer legislativo sea enorme, ya que cuando el titular se ha familiarizado con los procedimientos, deja la curul en manos de su suplente, quien por supuesto llega a aprender cómo se cocinan las iniciativas. El resultado está a la vista de cualquiera: baja productividad del legislativo, iniciativas nunca procesadas, comisiones que sesionan poco o nunca, ausentismo crónico, prácticas poco éticas en el manejo de los recursos asignados a los representantes, etcétera.
Es por eso tan explicable la reacción de enojo público al conocerse la voluntad de al menos ocho diputados federales de solicitar licencia apenas a días de tomar posesión, a fin de dar paso a caballos negros que por angas o mangas no convenía que aparecieran como titulares, muchos por la cuota de género. No es nada nuevo, pero al menos ahora sí hubo una repulsión más o menos amplia. Me alegra.
Y una nota sobre otra mentira, la del caso “Juanito”: según una encuesta de María de las Heras, un 66% de los ciudadanos de Iztapalapa considera que Rafael Acosta debe renunciar para dar paso a Clara Brugada. Además, un 77% opina que no tiene capacidad personal para gobernar. Y de los que manifestaron haber votado por el PT, casi la mitad reconocen que lo hicieron respondiendo a la convocatoria de AMLO. Es impresionante la capacidad de movilización que posee el exjefe de gobierno en esa demarcación. La democracia es el imperio de las mayorías, y en Iztapalapa fue claro que esas colectividades actuaron con espectacular disciplina cuando se definió esta singular estrategia. El riesgo que no se calibró con suficiencia fue que el polichinela terminaría creyéndose la mentira.

viernes, 28 de agosto de 2009

¡Salvemos a Juanito!

¡Salvemos a Juanito!

Publicado en de León.

El caso “Juanito”, el vernáculo Rafael Acosta, está devolviéndole mucha de su dignidad perdida a la acción política en nuestro país. Su actual actitud pragmática, cínica incluso, no es diferente a la de los personeros más insignes del liderazgo político nacional, incluyendo al propio AMLO, quien quiso abusar de la aparente ingenuidad y estulticia del oscuro candidato del PT para abrirle la puerta trasera del poder a la defenestrada Clara Brugada. Desde la pasmosa “toma de protesta” de “Juanito” se evidenció que el autoproclamado adalid de las causas justas no confiaba demasiado en la sinceridad del polichinela de Iztapalapa. Lo hizo jurar dos veces para remachar su compromiso de renunciar en caso de ganar la elección delegacional. Las fuerzas pejistas actuaron como debieron y desviaron el apoyo histórico del PRD en la delegación más castigada del DF, en favor de este personaje hermético. El triunfo no fue sorpresivo, incluso para los perredistas perdedores. El capital político personal que acumuló López Obrador en esta delegación durante sus seis años en el gobierno del DF volvió a actuar con eficacia, y ungió con la victoria a un personaje que parece extraído de Los Supermachos o Los Agachados de Rius, y que navegó durante la campaña bajo la bandera del bobalicón, pero fiel a la causa superior del presidente legítimo.
A muchos nos irritó la maniobra por burda, por ofensiva a la dignidad del candidato sacrificable, y al final de cuentas por soberbia ante los poderes públicos del Distrito Federal, de la delegación Iztapalapa, y del propio Tribunal Electoral federal. Todos recibieron del Peje su respectiva dosis de ordenanzas: “Juanito” de renunciar sin chistar, el Jefe de Gobierno de aceptar la renuncia y presentar la propuesta de la Bruganda ante la Asamblea de Representantes, y ésta de aprobar la sustitución, culminando así la burla a las instituciones.
Nadie sospechó, excepto tal vez el propio AMLO, de la voluntad asnal del candidato. Pero el hecho es que a cinco semanas de asumir el cargo, “Juanito” hace planes y más planes, da entrevistas donde despliega una insospechada locuacidad, y vuela alto en el avión de la imaginación. Ya puso condiciones a su renuncia, y pronto se le ocurrirán más excusas para no dejar el suculento hueso, con sus casi 80 mil pesos de sueldo mensual neto. Un presupuesto anual de casi tres mil millones de pesos, similar al que se ejerce en el municipio de León -pero para el doble de habitantes-, representa una capacidad de maniobra que es imposible de ignorar. “Juanito” sueña ya con la jefatura de gobierno del DF, y de ahí brinca a la candidatura presidencial. Nada es demasiado grande para este “ex actor de ficheras, ex desnudista, ex luchador, madreador profesional, comerciante ambulante” como reportó Milenio el 16 de junio pasado. Dice: “Me dedico al comercio, a productos de temporada en la calle, en la casa, tengo una pequeña nevería, tengo puestos en tianguis, soy comerciante ambulante”. Parece payo pero estudia la prepa abierta: no es tan cerril como aparenta.
La política mexicana ha exhibido muchos personajes de vodevil a lo largo de la historia, pero sin duda la circunstancia de “Juanito” lo hace único: el de haberse prestado para un montaje burdo, que lo hizo pasar ante la nación entera como un vulgar títere de líderes maniobreros y tramposos. Pero resulta que el pelele está resultando respondón y sagaz, poniendo en un brete a los curros ladinos que le quisieron engatusar. Aunque será difícil que “Juanito” se salga con la suya, sin daños mayores al menos, su reacción le ha devuelto la dignidad usurpada. Está evidenciando sentido de la política real, donde nada es cedido sin recibir algo a cambio. Y es posible que le dé una sopa de su propio chocolate al líder que lo humilló públicamente, al hacerle ver que incluso una persona simple tiene la chispa y el ingenio suficientes como para voltearle el chirrión por el palito a la soberbia de los paladines iluminados.
Por cierto, los usuarios de Facebook no dejen de buscar el grupo ¡Salvemos a Juanito! que ya tiene 131 miembros. Se trata de “un grupo que desea defender los derechos politicos -y de autoestima- de Juanito. Él ya fue electo legalmente como delegado en Iztapalapa y no debe renunciar”. ¿Cómo ven?

viernes, 7 de noviembre de 2008

Bajas de guerra

Los lamentables fallecimientos del joven secretario de gobernación, Juan Camilo Mouriño; el recién estrenado secretario Técnico de la Comisión de la Reforma Penal, José Luis Santiago Vasconcelos, y los otros funcionarios y trabajadores de la Secretaría de Gobernación, ha significado un shock que será difícil de asimilar para la sociedad mexicana. Cuando oí la noticia de la voz de mi esposa, me encontraba concentrado en la elaboración de un informe urgente. No dí crédito: me sentí pasmado y opté por abandonar el informe. Encendí la radio y para mi asombro se confirmó lo que en un primer momento creí que era un posible rumor. Estoy seguro de que esa misma sensación fue la que experimentamos muchos de los mexicanos que nos manteníamos informados sobre las urgencias que atendía esa secretaría, sobre todo en materia de seguridad, pues se acercaba el plazo perentorio marcado por el gobierno federal para reportar avances sustantivos en el combate a la delincuencia organizada.
Por supuesto que todos pensamos de inmediato en que se trataba de un evidente ataque de los criminales que han mantenido en jaque al Estado mexicano desde hace casi dos años. Me imaginé que los embates de Morelia y este “atentado” estaban relacionados. También quise ver algún vínculo entre este suceso y la muerte del exsecretario de Seguridad Pública, Ramón Martín Huerta, sacrificado en circunstancias que se parecen en demasía a las que ahora vemos. Ni modo: los mexicanos somos asiduos creyentes en las conspiraciones. Pero no se nos puede culpar porque un ligero vistazo a la historia nacional nos exhibe múltiples ejemplos de “accidentes” que resultaron demasiado convenientes para algún actor político o social interesado. Como somos herederos de una larga travesía de impunidades y sucesos nunca clarificados a cabalidad, no es inexplicable que nos prestemos a las teorías más arcanas sobre maquinaciones y confabulaciones que se esconden detrás de los sucesos de alto impacto.
Conforme se han dado a conocer más detalles, parecería afianzarse la hipótesis del accidente. Sin embargo, el propio presidente Calderón en su mensaje del martes fue en extremo cuidadoso en la selección de los términos con los que se refirió al suceso: “desgracia”, “percance” y otros que transparentaron su voluntad de no eliminar ninguna alternativa, incluida la del atentado. Fue el secretario Luis Téllez el primero en referirse al hecho como un “accidente”, apenas un día después del mismo.
Al escuchar la grabación que compartió el secretario de Comunicaciones con el público nacional, llama mucho la atención que los pilotos no reportaran emergencia alguna. Me parece que ese es un primer indicio de que el evento tuvo un desenlace abrupto, instantáneo y posiblemente provocado. No es creíble que un avión moderno, con 10 años de uso, se venga abajo así nomás. No había mal tiempo, ni vientos, ni obstáculos a la visibilidad. Se nos ha informado que el avión se encontraba dando el último viraje para atacar una pista del aeropuerto de la ciudad de México, y que estaba cumpliendo estrictamente las instrucciones del personal controlador de vuelos. ¿Entonces qué pasó?
Mi temor es que pronto se aduzca la explicación más facilona en estos casos: “fue un error humano”, nos dirán. Es decir, que el piloto se confundió, se norteó, se ofuscó, o tal vez estornudó sobre los controles y desquició el sistema electrónico. Con la tecnología que cargan esos jets modernos, dudo mucho que el elemento humano sea causa fundamental de estos “accidentes”. O bien dirán que fue un error en el mantenimiento, que un mecánico olvidó apretar la tuerca fundamental del sistema de viraje de las alas, y a lo mejor por eso “se reventó el chicote” que las controla. No me estoy pitorreando: lo digo en serio. Tengo la sospecha de que se nos dará una explicación absurda, pues de lo que se trata es de atajar los rumores y preservar la imagen de los altos funcionarios como intocables para el crimen organizado.
Al mismo tiempo, a diario conocemos de la acumulación de asesinatos de servidores públicos de menor nivel relacionados con la seguridad pública: directores, comandantes, agentes, que son masacrados por pistoleros armados hasta con lanzagranadas. Ellos reciben una muerte menos glamorosa, pero igual de deplorable e injusta. Es posible que las muertes de aquéllos funcionarios no se sumen a la enorme lista de bajas en esta guerra, pero no puedo dejar de pensar que ellos también fueron sacrificados en batalla.

viernes, 17 de octubre de 2008

La UG y los estertores del cambio

La “colmena” está alborotada. Las convocatorias, casi simultáneas, para elegir a los directores de división y los de departamento de los cuatro campii de la Universidad de Guanajuato, están causando reacciones encontradas tanto de entusiasmo -sobre todo entre los que han apuntado en el proceso como de desazón y duda, en particular entre el personal de apoyo. La vieja institución se agita en una especie de estertor provocado por la reforma institucional, ajustada a los tiempos acelerados y perentorios que se fijaron en la ruta crítica de la nueva ley orgánica. Como todo movimiento, estas agitaciones tienen puntos benéficos y otros perjudiciales; entre los primeros podemos señalar la sacudida de viejos usos y esquemas de trabajo que condujeron a la centralización y la ineficacia corporativa. También señalaría la renovación generacional que es esperable de esta transformación. Los procesos de selección y concurso se han descentralizado y hay más actores involucrados que los que eran posibles en el viejo modelo de escuelas, facultades e institutos. Los liderazgos académicos naturales deberán aquilatarse y aprovecharse si se quiere transitar por la vía de la actualización funcional, y tengo esperanza de que en la ponderación pese más el proyecto que plantee cada candidato, que la “experiencia” del mismo, pues con frecuencia se confunde antigüedad con sapiencia.
Entre lo negativo señalaría que, como en todo proceso de competencia, siempre salen a relucir las mezquindades humanas en forma de descalificaciones gratuitas -como las que se escuchan en los pasillos y nunca de forma abierta-, los prejuicios sociales -de género, de edad, de nacionalidad, de ideología-, el interés egoísta de preservar espacios de poder, y la llana envidia personal. Esos factores inducen mucho “ruido” en estas renovaciones, y el verdadero riesgo es que los tomadores de decisiones les presten oídos. Todo psicólogo de las organizaciones sabe de estos fenómenos, que pesan tanto en las corporaciones sometidas al cambio.
Me preocupa que se haya decidido traslapar los procesos de selección divisionales y departamentales, pues ambos se pueden contaminar mutuamente o bien generar situaciones futuras de incompatibilidad entre autoridades unipersonales. En toda organización existen discordias personales. Bien puede suceder que un director de división tenga que trabajar con uno o varios directores de departamento que no comparten su visión y proyecto. Por ello opino que los divisionales, cuando están definidos, deben poder opinar sobre la elección de sus subalternos departamentales, pues de otra forma se prohijarían conflictos futuros. Otro efecto del mecanismo seleccionado es que los candidatos que se registraron para buscar conducir las divisiones, están imposibilitados, por el traslape de los tiempos, para optar por una dirección de departamento. Algunos de los que hoy son directores de unidad quedarán fuera del juego por esta razón. Afortunadamente el dispositivo actual es temporal, pues la ley orgánica prevé que sean los consejos divisionales -que aún no existen- los que propongan al rector de campus los candidatos a directores de departamento, propiciando así la intervención de los representantes de los docentes y los estudiantes de la división, así como el director de la misma.
Sesenta y tres autoridades unipersonales deben ser seleccionadas, antes de poder dar inicio a la integración de las autoridades colegiadas: los consejos de división, de campus y el general universitario, en los que intervendrán representantes electos por los profesores y los estudiantes, y en el caso del último consejo, un representante del personal administrativo. Con ello la reforma institucional culminaría, y podríamos así avanzar en la necesaria reforma académica orientada a responder mejor a los requerimientos educativos de las regiones y sectores sociales. El año próximo yo esperaría que estuviésemos discutiendo, al interior de cada campus regional, sobre mejores modelos de enseñanza, nuevas estrategias y temáticas de investigación, renovadas modalidades de extensionismo social y cultural, y sobre nuevos programas de licenciatura y posgrado que respondan mejor a las exigencias de un entorno postindustrial.
La universidad pública estatal se está expandiendo numérica y geográficamente. Hasta el momento ha logrado mantener la calidad certificada de la gran mayoría de sus actuales programas. Hace poco pude consultar el ranking de las cien mejores universidades mexicanas que publicó Camila Villegas en la revista Selecciones hace pocos meses (www.selecciones.com.mx/content/openContent.do?contentId=21665), donde se ubicó a la UG en el lugar 28, detrás de instituciones tan prestigiosas como la UNAM, el ITESM, el IPN, la UIA, la UAM, la UAG, el ITAM, la UANL, la UDLA, la lasallista, la UVM, la UdeG y otras pocas. Entre las universidades públicas estatales ocupó el lugar 11. Sin embargo hay otras mediciones, como las de la SEP, que la ubican entre las cinco mejores estatales del país. Estas evaluaciones se pueden mejorar con la acentuación de las medidas que se han aplicado desde que se obtuvo la autonomía en 1994: mejora en la planta profesoral, modernización de la infraestructura, evaluación externa permanente, estímulos a la productividad, incentivos a la competitividad, planeación de largo plazo, atención a la pertinencia social, internacionalización creciente, incremento de becas estudiantiles, fomento de la investigación vinculada a la docencia, y un dinámico programa de extensión artístico-cultural complementado con el extensionismo social y productivo. Rubros que habrá que recuperar en el Plan de Desarrollo Institucional 2011-2020.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Candidatos divisionales


Dio inicio la fase intermedia de la reorganización académico-administrativa de la Universidad de Guanajuato con la convocatoria a seleccionar los titulares de las 13 Divisiones -número cabalístico- que conformarán los cuatro campus de esta institución. Una pléyade de 35 profesores se inscribió como aspirante. Ayer y hoy someten sus respectivos proyectos a las comunidades académicas pertinentes. Y como siempre: hay de todo, como en botica. Muchos de ellos, la mayoría, tienen un perfil académico consolidado y con conocimientos validados de la realidad institucional. Pero hay otros que no, y que lo evidencian en sus CV y en proyectos débiles y retóricos. Espero que los rectores y el colegio directivo sepan dilucidar esas diferencias, que yo, atrevido, juzgo evidentes.
Me arriesgaré a opinar públicamente sobre algunos de los que considero como los mejores prospectos a esos cargos, y lo hago desde la comodidad que me da mi calidad de profesor llano, sin mayores responsabilidades o compromisos personales o institucionales. Por supuesto, las divisiones que mejor conozco y que por lo mismo son sobre las que más me interesa opinar, son las de ciencias sociales y humanas. Y comienzo con las del campus Guanajuato. En la de Ciencias Sociales hay tres candidatos, todos ellos actuales directores de unidad. Algunos de muy reciente arribo a tal responsabilidad, por lo que me parece temprano juzgar sus capacidades de conducción. Los tres tienen doctorado, lo que es excelente. Pero confieso que se me vienen a la mente otros nombres de profesores, hoy sin cartera, que eventualmente hubiesen sido mejores cartas que los directores aspirantes. Pero la realidad es que todos aquéllos tuvieron razones personales de peso para no buscar su registro. Leyendo los proyectos de los tres, me parece que el que más me satisface es el del doctor Corona, aunque seguido de cerca por el de la doctora Cervera. El doctor Crawford, muy habituado a la esquematización, no da mucho lugar a percibir el sentido humanista y de pertinencia social que deben tener las propuestas, desde mi punto de vista.
También en Guanajuato, pero en la división de Derecho, Política y Gobierno, sin duda alguna me inclino por el perfil y ofertas del doctor Manuel Vidaurri Aréchiga, académico joven y talentoso que se ha destacado en todos los retos que ha enfrentado en su vida pública. Él garantiza la continuidad de los proyectos que desató el rector Guerrero, y tiene la energía y el buen sentido necesarios para un buen liderazgo. Dejaría la Procuraduría de los Derechos Humanos con más activos que pasivos en sus casi ocho años de desempeño, durante los que se confrontó con numerosas autoridades arbitrarias y atrabancadas, como algunas de las que todavía padecemos en el estado y en los municipios. Me congratulo de su decisión de regresar plenamente a la academia –que nunca abandonó, me consta-, y espero verle en esta nueva responsabilidad. ¡Hay que trabajar para arrancar pronto el Departamento de Estudios Políticos y de Gobierno, Manuel!
En León tampoco hay opciones: la división de Ciencias Sociales y Humanidades debería ser conducida por uno de los profesores más valiosos de nuestra área, el doctor Juan Russo Foresto. Se trata de un politólogo de origen Italo-argentino, con una trayectoria impresionante tanto en el ámbito latinoamericano como en el europeo. Es un líder académico que se ha especializado en el actualísimo tema de la calidad de la democracia. Lo conozco desde el 2004, cuando impartió una conferencia en Guanajuato -a invitación mía, me enorgullezco en decirlo-. Desde entonces soy un admirador suyo, y con el tiempo pude convencerlo de participar en un concurso de oposición para ocupar una de las dos plazas que abriríamos en León para arrancar la licenciatura en Sociología. La otra plaza la ganó Leonardo Valdés, el actual consejero presidente del IFE. Ambos eran investigadores consolidados, con nivel II en el Sistema Nacional de Investigadores. Sin duda nuestra universidad se enriqueció con ese par de contrataciones. Desgraciadamente no los supimos aprovechar, pues ambos debieron lidiar con un oscuro y nefasto personaje que pronto desbarató el espléndido equipo humano que habíamos logrado integrar para las ciencias sociales leonesas. En fin, dejo el anecdotario siniestro y reafirmo que no tengo duda de que Juan será un excelente director divisional, no sólo por su perfil y proyecto, sino por su calidad humana y su don de gentes.
En Celaya la división de Ciencias Sociales y Administrativas debería ser conducida por maestro y doctorante Ricardo Contreras Soto, un colega antropólogo que se ha destacado como el mejor estudioso de las diferentes manifestaciones de la cultura popular y cotidiana de sectores sociales como los migrantes, los indígenas, los jóvenes y las contraculturas, así como sobre la historia cultural de Celaya y su región. No conozco a nadie con tanta tinta en su pluma: es prolífico en sus publicaciones como pocos. Su proyecto me pareció bastante mejor que el de su rival, y mucho más académico. Ricardo no sólo es un experto en la investigación social y cultural, también ha aplicado los métodos de las disciplinas de la administración a muchos rubros de la vida productiva de Celaya y Guanajuato. Su enfoque ecléctico me ha sorprendido en muchas ocasiones con hallazgos insospechados a partir de centenares de entrevistas y trabajo de campo que realiza con sus numerosos discípulos. Es otro líder nato, por su personalidad y disciplina personal.
Esos son mis observaciones a los candidatos de mi área. Son mis momios, ni modo. Del resto no me atrevo a decir poca ni mucha cosa por desconocimiento, pero a todos les deseo lo mejor, por nuestro propio bien.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Guerra sin esperanza

De inicio me declaro asombrado, azorado y en…corajinado por lo que sucedió este lunes 15 en la hermosa plaza Melchor Ocampo de Morelia. Pobre gente. Nunca creí ver sucesos así en mi patria. A fines de los años setenta viví en París, y recuerdo cómo era frecuente escuchar las historias del terrorismo de la ETA española, de los palestinos, o del ERI irlandés. En Francia estaban muy frescos los recuerdos de la guerra de Algeria, colonia que logró su liberación en buena medida apoyándose en el terrorismo. El miedo era una característica del ciudadano europeo común. Pero era impensable que una situación similar pudiese presentarse en México; al menos eso creía yo. Acá teníamos algunas guerrillas, secuestros políticos y baja criminalidad. En treinta años nuestro país cayó en un hoyo profundo de violencia social imparable, y ahora padecemos de los mismos problemas que aquejaron a Colombia en los ochenta. Nunca lo hubiera creído. Estoy pasmado y enojado.
Sobre el 15 de septiembre, confieso que nunca me ha gustado “dar el grito” entre las multitudes. Siempre he tenido una aversión innata hacia el gentío, donde el individuo es neutralizado por la enajenación colectiva del evento del que se trate. Por eso prefiero observar la festividad, acompañado de mi esposa e hijos, desde la lejanía de la azotea, o bien desde la comodidad del sofá ante la tele más grandota de la casa. Ya tuve mis buenos festejos callejeros en la juventud, y es tiempo de ser apaciguado. Me da mucho placer ver de lejos la romería y sin embargo sentirme parte de la misma. La emoción del grito siempre será la misma. Pero hoy veo con tristeza que muchos de mis paisanos no tendrán más remedio que imitarme, y recluirse en casa a partir de ahora. El terror a las multitudes va a ser la nota a partir de ahora, y con justa razón. La locura se ha apoderado de los malosos, y ya no se limitan a asesinar con saña a policías, a cómplices o a rivales: ahora van sobre la población, despedazándola con granadas de fragmentación.
El régimen del terror es la peor circunstancia en que puede vivir un pueblo. La historia nos ha dejado múltiples ejemplos. Los mexicanos tendremos miedo ahora de salir al mandado, pues capaz y se les ocurre a los maleantes masacrar a algunos parroquianos inocentes, para que “aprendan”. La guerra declarada por el Estado mexicano contra el crimen organizado está pasando una factura extrema: nunca se nos dijo que habría tantas bajas entre la población civil, o que perderíamos la confianza de andar por nuestras calles y plazas. Los más de tres mil muertos que arrastra esta guerra es una factura extremadamente cara, y da la impresión de que es el Estado, y no los mafiosos, el que la va perdiendo. Parece que se agitó un colmenar sin tener las protecciones para ello, y ya no sabemos cómo deshacernos de las avispas.
Estoy prácticamente seguro de que no se encontrará a los culpables del atentado de Morelia, mucho menos a los que lo concibieron, pues de seguro los perpetradores materiales fueron sólo esbirros a sueldo de los verdaderos asesinos. Los sistemas nacionales de inteligencia preventiva y de procuración de justicia, enanos ante los nuevos retos, se están viendo incapaces de adelantarse –el primero- y perseguir –el segundo- los golpes de los criminales de alto impacto. Y sumémosle la acción sospechosa de ciertos jueces que liberan a los pocos narcos consignados. Estamos cosechando décadas de abandono del sistema nacional de seguridad pública, y de ineficiencias e incluso corrupción de los administradores de justicia, y no será en un sexenio que se componga esta situación, por más buena voluntad que tengan los líderes no corruptos del país. Realmente estamos metidos en un brete.
Estamos en medio de una guerra que no se puede ganar. Las condiciones estructurales de la economía y la política internacionales promueven los intensos flujos de drogas y sustancias ilegales entre los países productores y los consumidores. Es la ley del libre mercado: cuando hay demanda, habrá oferta en la misma proporción. Y si el flujo se declara ilegal, entonces surgirán los proveedores clandestinos que acompañarán su acción con la violencia que se requiera, pues es mucho, muchísimo el dinero involucrado. Así no se puede hacer gran cosa. A la manera del niño holandés del cuento, quisimos tapar la fuga del bordo con nuestro dedo, y ya tenemos metido el brazo hasta el hombro y dentro de poco nos puede arrastrar la corriente de la inundación. La solución verdadera es hacer que el bordo sea innecesario. ¿A qué me refiero? A que deberíamos plantearnos con seriedad la necesidad de emprender acciones que socaven las raíces del comercio ilegal de estupefacientes, y para ello nada mejor que la legalización del comercio de esas sustancias. Es en serio. Otra solución sería mudarnos de región geográfica para ya no ser vecinos del mayor consumidor de narcóticos del mundo, y limitarnos así a controlar nuestro propio consumo. Esto es irreal evidentemente, pero no así la primera solución, que además debe plantearse a nivel global como un acuerdo entre naciones, para evitar que persistieran los “paraísos” regionales de la prohibición.
Hoy día el consumo de alcohol a nivel mundial es sólo un problema de salud individual y pública, pero no es una fuente de violencia y criminalidad; tampoco de corrupción. Y no lo es porque en la mayor parte del orbe su consumo es legal. El alcohol fue prohibido en los Estados Unidos entre 1919 y 1933 y los resultados fueron catastróficos. Con la legalización las mafias criminales debieron dedicarse a otras actividades, incluso a “blanquear” sus negocios. Algo similar podría suceder con la legalización de las drogas. Recordemos que hace menos de cien años eran legales en todo el mundo -Freud y muchos intelectuales eran heroinómanos o cocainómanos por ejemplo- y no causaban mayor problema. Fue a partir de las guerras mundiales cuando los ejércitos propagaron su uso y abuso. Luego los gobiernos prohibieron el consumo y distribución. Y ahora vivimos las consecuencias.

viernes, 22 de agosto de 2008

Seguimos adelante…

Ya lo saben, desde el miércoles pasado fui excluido por el pleno del Consejo Universitario de la UG como candidato a Rector del campus Irapuato-Salamanca. De 106 consejeros, sólo 31 consideraron que mi oferta era plausible. A éstos les manifiesto mi agradecimiento sincero. Para el resto debí haber evidenciado demasiadas limitaciones en mi proyecto o en mi persona, y no me otorgaron su voto. En fin, así son todas competencias: muchas veces no nos conducen al resultado que deseamos, pero lo que importa es participar en ellas.
Envío una felicitación cordial a mi buen amigo y colega René Jaime Rivas, quien sí supo aglutinar las voluntades de los consejeros. Estoy seguro de que sabrá realizar una excelente gestión durante los cuatro años que se avecinan. Es un hombre bueno, con gran capacidad y don de gentes, lo que le hace un líder natural. Yo me uniré a sus esfuerzos desde la posición académica que ocupo en el Departamento de Estudios Multidisciplinarios-Campus Sur, que formará parte del nuevo Campus Irapuato-Salamanca. Habrá que trabajar duro para que la nueva instancia universitaria cumpla las expectativas que está despertando en los municipios donde tenemos o tendremos presencia; las sociedades locales demandan servicios educativos de alto nivel pero accesibles para todos, y nuestra universidad tiene las capacidades para hacerlo.
Cambio de tema, y ahora les comento a los pacientes lectores que en nuestro departamento universitario, ubicado en Yuriria, recibimos el día de ayer la visita de una delegación de México-americanos provenientes de Chicago, quienes acudieron por invitación de la Fundación Comunitaria del Bajío y su directora general Adriana Cortés Jiménez, para que conocieran –o reconocieran-- la región centro-sur de Guanajuato. Se trató de ocho líderes sociales o académicos, algunos con vínculos personales con el sur de Guanajuato. La Fundación tiene interés en despegar un programa de desarrollo autogestivo en algunas comunidades de Irapuato, de Dolores Hidalgo y del eje Yuriria-Moroleón-Uriangato a partir del próximo año. Se trabajará con familias de migrantes tanto en sus localidades de origen como en las de destino, y también se involucrará a activistas y académicos de Pennsylvania, aprovechando el nexo que tenemos Adriana y un servidor con los doctores Laura González y Víctor García, de la Indiana University of Pennsylvania, estudiosos que han trabajado por muchos años sobre la problemática de los migrantes guanajuatenses en diversas regiones de los Estados Unidos.
La Fundación Comunitaria del Bajío busca promover un acercamiento vigoroso entre las organizaciones civiles de paisanos en el vecino país, para que participen y apoyen proyectos concretos de creación de oportunidades productivas en las comunidades del centro-sur guanajuatense. Adriana Cortés es una experta en found-rising y en diseño de estrategias de desarrollo local, y nos ha convocado para que la Universidad de Guanajuato, en concreto su Campus Sur, se involucre en un proceso de largo plazo mediante la participación activa de los profesores y estudiantes de nuestras licenciaturas en Gestión Empresarial y en Enseñanza del Inglés, quienes plantearían los proyectos específicos de desarrollo comunitario a ser fondeados por las organizaciones México-americanas. Por supuesto, se busca involucrar a los gobiernos estatal y municipales, por lo que se sostuvieron encuentros con el secretario de Desarrollo Social estatal Juan Carlos López, y con los alcaldes de Irapuato Mario Turrent, y de Yuriria Gerardo Gaviña, quienes se avinieron a participar incluso con fondos públicos, apoyándose sobre todo en programas federales y estatales como el “tres por uno”. Por nuestra parte, aunque la universidad no puede comprometer financiamientos, sí podemos ofrecer el esfuerzo de estudiantes y profesores, los primeros mediante el servicio social universitario, y los últimos con el planteamiento de proyectos de investigación a ser fondeados por el Concyteg o el Conacyt. A los académicos, mexicanos y México-americanos, nos tocará generar los conocimientos pertinentes sobre el fenómeno migratorio, así como detectar las posibles vías para facilitar el desarrollo comunitario.
Compartimos el día con líderes sociales como Oscar Chacón, director ejecutivo de la National Alliance of Latin American and Caribbean Communities; Luis Gutiérrez y Juan Francisco Orozco, directores ejecutivo y de desarrollo de Latinos Progresando; María Pesqueira, presidenta de Mujeres Latinas en Acción; Robert Ramos, director ejecutivo del Chicago Youth Boxing Club; y Silvia Rivera, administradora de Radio Arte 90.5 FM. Junto con ellos acudieron los académicos Sylvia Puente, del Institute for Latino Studies de la University of Notre Dame, y el antropólogo y buen amigo mío Víctor Ortiz, director del Latino and Latin American Studies de la Northeastern Illinois University. Les expusimos nuestro incipiente proyecto de incubación de empresas, en el que se han involucrado varios de nuestros estudiantes de Gestión Empresarial. Ellos serán nuestra cabeza de playa para intervenir en las comunidades con los programas de la Fundación.
Por cierto, la Fundación Comunitaria del Bajío es presidida por dos irapuatenses distinguidos: Armando Sandoval Pierres y Juan Miguel Alcántara, dos expolíticos de signo contrario, pero unidos por su compromiso social y calidad humana. Pero sin duda el alma de esta organización de la sociedad civil ha sido Adriana, desde su establecimiento en 1997. Con su red FODICOM (Fortalecimiento al Desarrollo Integral de Comunidades de Emigrantes) la FCB ha podido ayudar a 39 comunidades con altos índices de migración. Ahora, desde el sur, podremos añadir algunas más en los próximos cinco años, horizonte temporal que nos hemos dado para ver florecer los proyectos específicos que buscaremos impulsar entre familias de migrantes de Yuriria, Moroleón y Uriangato. Si logramos el éxito en esta alianza entre sociedad civil, empresarios, gobierno y academia, podríamos marcar una línea de acción digna de imitarse. Ya te mantendremos al tanto, resignado lector.