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viernes, 22 de octubre de 2021

Policías de nuevo...

Policías de nuevo...

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en:
ZonaFranca.mx Milenio León
http://15diario.com/hemeroteca/15diario/hemeroteca/
eslocotidiano.com

La penetración del crimen organizado en las corporaciones de seguridad en Guanajuato sigue imparable. Las recurrentes limpias en las policías municipales que se han implementado desde 2012, no han logrado el objetivo de blindar los conjuntos garantes de seguridad pública contra la seducción del poder económico de los cárteles del crimen. Los controles de confianza en el reclutamiento de los elementos policiacos no han tenido reflejo en la mejora de los estándares éticos del desempeño de la función. Las realidades se imponen, y la tentación corruptora devasta la mística de servicio: agentes con sueldos mensuales de entre diez y catorce mil pesos brutos —siete y diez mil netos— sucumben cuando se les ofrecen “gratificaciones” que les duplican el ingreso. Las prestaciones tampoco ayudan a mejorar su situación inmediata, y los seguros de riesgos profesionales son de risa: entre cien a doscientos mil pesos por pérdida de vida, incluyendo gastos funerarios.

Aunque las autoridades del ramo se nieguen a reconocerlo, no se ha podido consolidar una carrera policial profesionalizada que atraiga a jóvenes egresados de secundaria, o mejor aún, bachilleres que puedan desplegar un plan de vida satisfactorio, con la seguridad de construir un futuro tranquilo para su familia. Que yo sepa, no se cuenta con programas de acceso a habitación de interés social, seguro de gastos médicos —fuera del ISSSTE—, fondos de ahorro, servicio civil de carrera, organización sindical, y otros estímulos y defensas de los derechos gremiales. El resultado es una fuerte inestabilidad laboral y una clara ausencia de espíritu de grupo. Ya hemos visto intentos de manifestación de inconformidades por parte de elementos policiales, que son ignorados o reprimidos por una estructura que no es jerárquica y de cadena de mando, sino autoritaria e intolerante.


Los recientes sucesos en Juventino Rosas, los Apaseos y en León confirman lo anterior. Son las mismas historias que hemos escuchado en la década transcurrida: infiltración soterrada de los corporativos de seguridad, policías delincuentes, cooptación de autoridades, operativos escénicos e inoperantes, etcétera. La solución siempre es el machetazo simple: toma de instalaciones, despidos generalizados, desarme —siempre hay pérdida y tráfico de armamento—, algún arresto, y el desplazamiento temporal por parte de la policía estatal, la guardia nacional y/o el ejército.


Como el mando único nunca funcionó, habrá qué ver la solución que se implemente ahora. Las investigaciones nunca llegan muy lejos, y se opta por remendar el modelo previo. Pero las condiciones estructurales se mantienen intocadas: los grupos del crimen organizado siguen actuando, y sus capitales fluyendo en las sociedades locales; se une la ausencia de un modelo sólido de formación policial, la carencia de estímulos a la carrera en seguridad pública, la persistencia de la práctica de la tortura como instrumento de investigación, el cambio constante de líderes —oficiales y jefes—, la austeridad crónica en el avituallamiento, y la lentitud en la modernización de recursos y estrategias a todos los niveles.

El panorama no pinta bien en el corto y mediano plazos. Los manotazos sobre la mesa sólo evidencian el arrebato en la toma de decisiones, y la carencia de prospectiva. Se reacciona ante lo apremiante y no ante lo importante. Me parece obvia la falta de diagnósticos finos a nivel de suelo, pues sólo hasta el cambio en las administraciones municipales se descubre la basura debajo del tapete local. Así no se puede construir una estrategia efectiva que nos restituya la tranquilidad perdida, en una entidad victimada por tirios y troyanos, tanto por los malandros como por los agentes de la ley.


viernes, 16 de julio de 2021

Retorno con riesgos

Retorno con riesgos

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en:
ZonaFranca.mx Milenio León
http://www.15diario.com/diario-de-campo-retorno-con-riesgos-luis-miguel-rionda.html
eslocotidiano.com

El gobierno federal, a través de la SEP, ha anunciado el inminente regreso a clases presenciales en el sistema educativo nacional. En consecuencia, el resto del sistema educativo se apresta a dicho retorno. Como profesor de educación superior, reconozco que me alegra la perspectiva de volver a interactuar de manera presencial con mis alumnos, mis colegas y mi comunidad. Sin embargo, me siento preocupado por algunas consideraciones, que deseo compartir. 

Primero, el ritmo de la vacunación nacional ha sido lento e inestable. Al 13 de julio se había vacunado a 35.7 millones de personas, de los 86.5 millones de adultos mayores de 18 años del país. Pero del total de vacunados, sólo 21 millones (58.7%) han recibido esquemas completos (https://bit.ly/2UNMNAD). Sin embargo, un 40% de la población de 18 años o más ha recibido al menos una dosis. Los docentes han sido inoculados con la vacuna china Cansino, cuya efectividad documentada por la Secretaría de Salud es del 65.28% (https://bit.ly/3xKSv4z). Es decir, que la población adulta aún se encuentra en situación vulnerable, particularmente los jóvenes de entre 18 y 30 años, el conjunto objetivo de la educación superior. 

Segundo, se nos ha informado a los profesores de educación superior que el retorno será bajo un modelo “híbrido” de impartición de clases. Es decir, que parte de las sesiones serán presenciales, con grupos de no más de diez alumnos, y que el resto podrá participar a la distancia, pues la sesión se trasmitirá en vivo. Me preocupa la operatividad de tal modelo, que será un reto para garantizar la participación segura de los profesores y los alumnos. Además, la tercera ola de la pandemia está afectando sobre todo a los jóvenes, que aún no están protegidos y que son proclives a una mayor movilidad. Los profesores —vacunados y todo— que tenemos padecimientos crónicos nos veremos de nuevo expuestos a posibles contagios de nuevas cepas más virulentas. 

Tercero, que muchas actividades complementarias que se suspendieron desde el año pasado —laboratorios, vinculación, prácticas profesionales de campo, etcétera— se retomarán, y aún con las precauciones establecidas abrirán espacios de riesgo para los involucrados. Además, la movilidad urbana se reactivará, exponiendo a los alumnos y los profesores al contacto cercano con los usuarios del transporte colectivo. 

Cuarto, la dimensión de la pandemia ha sido sistemáticamente minusvalorada por parte de las autoridades nacionales. Finalmente, la Secretaría de Salud federal reconoció que existe un exceso de defunciones en el país entre los años 2020 y 2021 de 353 mil 858 casos, asociados al COVID (https://bit.ly/3hHzx9x). Esa “cifra oscura” refleja el fracaso de la estrategia nacional de contención de la epidemia, que por cierto no va a ser evaluada ni cambiada por consideraciones políticas. La ignorancia y la soberbia nos han pasado una terrible factura a los mexicanos. 

Sin más fundamento que mi sentido común, creo que lo mejor hubiera sido esperar al inicio del año próximo, cuando alcancemos —si lo logramos— el 80% de la vacunación que la OMS recomienda para alcanzar la inmunidad de rebaño (https://bit.ly/3ktHFMR). Con la actual tercera ola encima, el retorno de millones de niños y jóvenes a las actividades presenciales en los espacios precarios de nuestra infraestructura educativa podría provocar un desastre demográfico similar al de la influenza de 1917-1918, cuando medio millón de mexicanos perdió la vida.

viernes, 11 de junio de 2021

Elecciones 2021: todos ganan

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en:
ZonaFranca.mx Milenio León
http://15diario.com/
eslocotidiano.com

El miércoles 9 de junio se realizaron los cómputos distritales y municipales de las elecciones realizadas el domingo 6. El siguiente domingo se verificaron los cómputos estatales en las 15 entidades con elección para gubernaturas.

La buena noticia es que nadie ganó todo ni perdió todo. Pero eso no quiere decir que las cosas se mantuvieron como antes. La polarización discursiva impulsada por la 4T y sus rivales no tuvo efectos disuasivos sobre el electorado: el 52.7% de los mexicanos acudió a votar, lo que fue un récord para unas elecciones intermedias. En 2015 la cifra nacional había sido del 47.7%; en 2009 fue de 44.8% y en 2003 de 41.3%. Aunque vale la pena recordar que, en 1997 –cuando el PRI perdió el control sobre el legislativo– el 57.7% de la lista votó, y en 1991, con padrón electoral nuevecito, lo hizo el 66%. Para un país donde el voto no es obligatorio –formalmente sí lo es, pues lo ordena la Constitución en su artículo 36 fracción III–, es un gran mérito que más de la mitad de sus ciudadanos acudan sin coacción alguna a manifestar sus preferencias políticas. Es un vaso medio lleno.

El gran ganador de este proceso electoral fue sin duda el Instituto Nacional Electoral (INE), así como los organismos electorales locales, todos ellos amenazados de desaparición por los caudillos de la 4T, incluyendo el presidente de la república. Su excelente desempeño técnico despejó esos nubarrones. Los mecanismos de información previa, como el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) y los conteos rápidos, funcionaron a la perfección –excepto en Guerrero y otras entidades con organismos locales muy castigados en lo presupuestal–, y reforzaron la certidumbre y la confianza ciudadanas. Un millón 465 mil ciudadanos colaboraron en las casi 163 mil casillas instaladas en el país. ¡Sólo 32 no pudieron instalarse! Ello por la resistencia de pobladores en comunidades de usos y costumbres, o acosadas por la violencia.

Morena y sus aliados consolidan presencia territorial nacional, al hacerse de once gubernaturas de las quince en disputa. Pero no pudo preservar seis alcaldías clave de la Ciudad de México. Sólo conservó siete de las 16. La coalición Va por México y el partido Movimiento Ciudadano no avanzaron demasiado en la Cámara de Diputados federal, pero se convirtieron en factor real de oposición, que será muy importante para imponer un dique a las pretensiones centralizadoras y radicales del programa de largo plazo de la 4T, que parecían llevar hacia un modelo autoritario basado en una concepción clasista y sectaria del poder público. Las dos coaliciones lograron números cercanos en sus votos: Va por México (PAN, PRI y PRD) sumó 39.7%, y Juntos Haremos Historia (Morena, PT y PVEM) un 42.8%. El resto de los 49 millones 107 mil 9 votos (17.5%) se repartió entre el MC, los tres partidos que no lograron superar el 3% de votación, los nulos y los candidatos no registrados.

El INE sometió a recuento a casi el 60% de los paquetes electorales integrados en las casillas. En 11 de los 300 distritos se fueron a recuento total. Tal vez se exageró, pero sin duda esta medida –agotadora para los consejos distritales– aportó más certidumbre sobre los resultados. El propio presidente López Obrador debió reconocer que estas elecciones fueron libres y justas, “no como antes” (¡!). En Guanajuato, mi estado, fue el caso del distrito 10 de Uriangato.


A nivel local la situación fue variopinta. En Guanajuato, el IEEG estuvo a punto de descarrilar por sus problemas de coordinación de procesos clave como el registro y seguimiento de las candidaturas. Con todo, sus 68 consejos funcionaron bien y sólo tres municipios requirieron recuentos por las pequeñas diferencias en los resultados del primer y segundo lugares: Santiago Maravatío (27 votos del independiente sobre el candidato del PRI-PRD), Huanímaro (271 votos del candidato Verde sobre el de Morena) y Silao (280 votos del candidato de Morena sobre el del PAN). El mapa político se volvió a redefinir, ahora con 18 alternancias en 46 municipios, pero lejos de las 24 alternancias de 2018 y las 33 de 2015.

El PAN pasó de gobernar 25 municipios a 22, pero con trece perdidos y diez ganados, entre ellos cuatro que gobernaba Morena. El PRI se movió de once a diez, ocho ganados en coalición con el PRD. Morena mantuvo Salamanca –su plaza fuerte gracias a los petroleros–, y logró Doctor Mora y el industrial Silao, pero va a dejar de gobernar en Acámbaro, Apaseo el Alto, Comonfort y San José Iturbide. El PRD triunfa en dos municipios que no gobernaba antes: Tierra Blanca y Xichú. Movimiento Ciudadano conquistó Pueblo Nuevo –con la dinastía Solórzano– y Moroleón ¬–con la hija de la candidata asesinada Alma Rosa Barragán–. Nueva Alianza conserva Villagrán. RSP logra Jaral del Progreso y San Diego de la Unión. Y un independiente en Santiago Maravatío.

En cuanto a la constitución de la nueva LXV Legislatura local, según el PREP el PAN confirmó e incluso amplió su carácter hegemónico al ganar 21 de los 22 distritos con el 41.8% de los votos, contra 22.7% de Morena, 10.3% del PRI-PRD, 3.7% del PRI, 4.6% del PVEM y 4.5% de MC. Morena ganó el distrito 14 de Salamanca con el 35.8% de los votos, contra 32.7% del PAN. En el Congreso local el PAN contará con sus 21 diputados de mayoría, sin ninguna posición de representación proporcional (RP). Como segunda fuerza encontrará a Morena con su curul de mayoría y seis de RP. Posiblemente otras cuatro diputaciones se asignarán al PRI, dos al PVEM y dos a MC, para completar las 36 curules. El PAN sumó 800 mil 445 votos del millón 914 mil 182 votos contabilizados en el PREP.

La micropolítica pone en evidencia el mosaico que es en realidad México…


viernes, 15 de noviembre de 2013

Ampliación de periodos municipales

Ampliación de periodos municipales


Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en:
ZonaFranca.mx Milenio León
http://15diario.com/hemeroteca/15diario/hemeroteca/2013-11-15/rionda15.html
eslocotidiano.com


El Congreso del Estado de Guanajuato convocó a un foro de discusión y análisis sobre las ventajas o inconvenientes de la ampliación del periodo de los gobiernos municipales a cuatro años. Acudí con la representación del Instituto Guanajuatense de Estudios y Ciencias Políticas (IGECIP), a petición de su presidente, la regidora Beatriz Manrique Guevara. Esta es la opinión que compartí en dicho evento…Dentro de la reforma política que urge en México y sus entidades, un punto esencial es superar los viejos atavismos que hemos acumulado en contra de elementos de la vida política que son comunes en muchos países, entre ellos la reelección de autoridades y representantes, y la dotación a sus gestiones de periodos que les permitan un desempeño basado en la acumulación racional de experiencia, para así profesionalizar el oficio público.
Mesa de análisis, Congreso de Guanajuato


¿Por qué en nuestro país está prohibida la reelección de cualquier autoridad electa, así como de los legisladores? No es suficiente señalar a la bandera de la revolución maderista en 1910, y del Plan de Tuxtepec de 1876, porfirista, y su demanda de “sufragio efectivo y no reelección”. Era claro que la no reelección demandada se refería al presidente de la República, luego de las ocho reelecciones de Porfirio Díaz. La tentación de perpetuarse en el poder había corrompido el sentido político de la reelección, que en países como los Estados Unidos y muchos otros se emplea como recurso para la rendición de cuentas ante el ciudadano, dado el obligado escrutinio final mediante el voto popular. El sistema electoral mexicano estaba sometido a las veleidades de los poderosos locales, y el presidencialismo respondió a la necesidad de preservar la unidad nacional ante las tendencias centrífugas de los regionalismos.

Una reforma política en 1933 les arrebató a los diputados federales y los senadores la posibilidad de buscar la reelección consecutiva, pero amplió sus periodos de dos a tres años, y de cuatro a seis años respectivamente. La intencionalidad parecía clara: reforzar el control presidencial sobre la clase política nacional, y divorciarla de cualquier dependencia hacia los electores. A partir de entonces, el político que buscara mantenerse vigente estaría obligado a deber lealtad al partido político y por su medio al presidente de la República, y en el ámbito local a los gobernadores.

En cuanto a éstos, los gobernadores, su reelección fue prohibida desde la Constitución de 1917, y su periodo se mantuvo en cuatro años, hasta 1943, cuando se amplió a seis años. En Guanajuato, el primer gobernador electo para cubrir un sexenio fue Ernesto Hidalgo, que fue defenestrado en 1946 como resultado de la masacre del 2 de enero en León. El resto de su periodo fue cubierto por tres gobernadores interinos: Nicéforo Guerrero, J. Jesús Castorena y Luis Díaz Infante, hasta septiembre de 1949, cuando tomó posesión el primer gobernador que culminaría exitosamente su sexenio, José Aguilar y Maya.

En 1946 entró en vigor una profunda reforma política y electoral nacional, que arrebató el manejo y control de la mecánica electoral y la elaboración de los padrones de los electores de manos de los gobiernos municipales, y federalizó el proceso. Se buscaba restarle poder a los alcaldes, que hasta entonces habían contado con una gran capacidad de chantaje ante los gobernadores y el mismo presidente de la República, dada su capacidad de influir, o incluso determinar, los resultados electorales a nivel local.

Sobre los periodos de los gobiernos municipales, la constitución guanajuatense de 1917 ordenó periodos de dos años, hasta 1952, cuando comenzaron los trienios, a iniciarse el primer día del año y terminar en el último día del tercer año. En el resto del país sucedía lo mismo.

Coahuila, Hidalgo, Nayarit y Veracruz son entidades que han ampliado los periodos de los gobiernos municipales a cuatro años. El actual secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, siendo gobernador de Hidalgo promovió la ampliación a cuatro años, por lo que es previsible que vea con simpatía la posibilidad de ampliar esta reforma desde su actual encargo.

En lo personal, considero que la medida tiene el beneficio obvio de reforzar la profesionalización de la función pública municipal, pero tiene una seria contrariedad: que representará la desincronización de los procesos electorales locales, ya que la renovación de autoridades y representantes no coincidirían entre sí. Podría considerarse la ampliación de los periodos de los diputados locales y federales, pero no me parecería conveniente ampliar los periodos sexenales de gobernadores y senadores.

Uno de los objetivos de la reforma electoral federal de 2007 fue el sincronizar los calendarios comiciales en el país, para evitar el cansancio electoral a los ciudadanos, y reforzar la participación, que se ve disminuida cuando se convoca a elegir a las autoridades locales. No sé cómo se resolverá este inconveniente en los estados que ya ampliaron los periodos municipales, pero creo que es un tema que no se puede obviar en el caso de Guanajuato, una entidad que ha logrado conjuntar sus fechas electorales en un solo día cada tres años.


viernes, 8 de noviembre de 2013

Seguridad, el tema recurrente

Seguridad, el tema recurrente

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en:
ZonaFranca.mx Milenio León
http://15diario.com/hemeroteca/15diario/hemeroteca/2013-11-15/rionda15.html
eslocotidiano.com


Mis pocos lectores me deben perdonar por hacer reseñas frecuentes sobre los eventos académicos en los que participo. Mi oficio profesoral me obliga a compartir estas actividades universitarias, que juzgo importantes como ejercicios eruditos sobre temas de interés para nuestra sociedad. Por eso, comento que el día de ayer 7 de noviembre se desarrolló en la ciudad de Guanajuato un foro nacional dedicado al tema de “Estructura social y seguridad”, a iniciativa de la rectoría del campus local de la Universidad de Guanajuato. En 19 mesas de trabajo y un panel, con un promedio de cinco participantes en cada uno, académicos locales, nacionales y extranjeros desbrozaron la cuestión de la seguridad ciudadana –concepto más amplio que el de “seguridad pública”¬- desde muy diferentes puntos de vista: juventud, organizaciones, política, ciudadanía, grupos vulnerables, etcétera.

Fue un día muy intenso, que comenzó con la conferencia inaugural del académico catalán doctor Manuel Ballbé Mallol, con su interesante exposición sobre “Seguridad humana: una visión diferente”.

No me extrañó que esta actividad haya partido de la iniciativa del rector del Campus Guanajuato, el doctor Luis Felipe Guerrero Agripino, siendo él mismo un destacado abogado penalista experto en temas de seguridad ciudadana, como lo ha evidenciado en su desempeño profesional y en las publicaciones que ha alumbrado. Él ha sido sensible hacia un ámbito tan complejo de la vida social como lo es la seguridad en vidas y bienes de las personas, tan afectado en tiempos recientes por la eclosión de la violencia social y criminal de la última década. Nunca se harán suficientes esfuerzos por conocer y analizar los intríngulis de esta problemática que ha significado un trauma nacional, y que ha marcado a toda una generación de mexicanos, que ya han perdido la capacidad de vivir con tranquilidad y confiar en sus semejantes. Gran parte de las ciudades y el campo mexicanos viven la angustia de la inseguridad, con el miedo a ser víctimas de delincuentes cada vez más jóvenes y crueles.

En Guanajuato, los feminicidios y la criminalidad común están al alza, aunque las autoridades se esfuercen en negar lo obvio. Reconozco que todos partimos de percepciones subjetivas para explicar una realidad que por lo nueva es todavía ignota. Hacen mucha falta muchas cosas para poder revertir esta tendencia, entre ellas la moralización y profesionalización de las corporaciones de seguridad y de procuración y administración de justicia. Pero aquí quiero destacar la que compete a la comunidad académica: realizar trabajo de investigación social, legal y criminológica sobre este asunto, con fundamento en metodologías científicas y la aplicación del método comparativo, para tomar perspectiva y generar conocimiento que pueda ser aprovechado por los tomadores de decisiones y diseñadores de políticas públicas.

En la mesa que coordiné, sobre las organizaciones políticas y la seguridad, participaron algunos colegas que destaco por mi cercanía personal: el maestro Rodrigo Martínez Sandoval, quien nos visitó desde Tijuana, es un reconocido erudito en temas de políticas públicas y educativas, además de una amplia carrera como servidor público. También nos acompañó el doctor Luis Lauro Garza, de la Universidad Autónoma de Nuevo León; académico prestigiado, editor y periodista, y como don Rodrigo también es un amplio conocedor de la dinámica que afecta la frontera norte.

Los locales fuimos tres: los doctores Juan Antonio Rodríguez, director del Departamento de Estudios Sociales del Campus León de la UG; el doctor Alex Caldera Ortega, coordinador de Desarrollo Académico del mismo campus, y el que escribe estas líneas. El primero es estudioso de las élites empresariales del centro de México, y el segundo es experto en políticas públicas. Ellos expusieron un trabajo relativo a la seguridad ciudadana en Aguascalientes y Guanajuato.

A mí me tocó exponer un análisis sobre cómo abordan esta temática los tres principales partidos políticos en sus documentos básicos, donde encontré contrastes interesantes: con muy diferente grado de amplitud y profundidad, cada partido se define sobre la seguridad en sus declaraciones de principios y sus programas de acción política, pero impacta cuando comparamos sus dichos con sus hechos; el PAN, por ejemplo, es el más escueto en sus documentos, pero fue el partido que encumbró al presidente que más atención y recursos le ha dedicado al tema de la seguridad.

El PRD, en cambio, es el más prolijo y más concreto, pero fue incapaz de resolver la situación de violencia e ingobernabilidad en Michoacán, y ha sufrido para mantener bajo control el escenario de violencia en el Distrito Federal. El PRI, en una situación intermedia en sus declaraciones de acción y principios, tiene ahora el reto de recuperar la seguridad perdida sin caer en excesos represivos o en silencios demagógicos ante la crisis que aún se vive en gran parte del país. En fin, que cada uno de los participantes en el foro buscamos aportar un grano de arena a la reflexión necesaria sobre una materia tan enredada como dolorosa.


viernes, 11 de noviembre de 2011

Reclutamiento de consejeros

Reclutamiento de consejeros

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en Milenio de León.

El día de hoy, viernes 11, culmina el plazo para que los ciudadanos interesados en participar en las elecciones federales de 2012 y 2015 en calidad de consejeros electorales del IFE en los 300 distritos del país, presenten sus autopropuestas, o bien sean candidateados por organizaciones ciudadanas. Quienes fungimos como consejeros locales tenemos la obligación de analizar con todo el cuidado necesario los expedientes de los aspirantes, siempre con el apoyo de los partidos políticos, para encontrar los mejores perfiles ciudadanos que nos permitan armar consejos distritales que garanticen una supervisión eficaz y honesta de los procesos comiciales por venir. Los consejeros electorales no organizamos la operatividad electoral, pero sí la acompañamos, damos opinión y tomamos decisiones que la afectan para bien o para mal. Es por eso que debemos contar con ciudadanos y ciudadanas que no solamente gocen de prestigio social, sino que también posean habilidades, conocimientos y experiencia que los habiliten para las tareas, siempre arduas y exigentes, que la ley asigna a los consejos distritales.

México atraviesa por circunstancias políticas delicadas. El sistema representativo no ha cumplido las expectativas del común de la ciudadanía, en mi opinión por la enorme dificultad para la construcción de acuerdos, debido a la circunstancia de “gobierno dividido” que experimentamos hoy día: un poder ejecutivo bajo el control de un partido político determinado, y un legislativo con mayoría opositora. Nuestro diseño institucional básico fue concebido bajo la lógica del predominio de un partido hegemónico; no fue ideado para la nueva realidad pluripartidista en que vivimos. La competitividad creciente que experimentamos desde 1997 nos llevó en 2006 al borde de una crisis institucional, cuando los dos candidatos presidenciales punteros culminaron con menos del 0.6% de diferencia entre sus cifras de votos. Para el 2012 podríamos revivir esa circunstancia, por lo que más que nunca se requiere que el árbitro electoral esté preparado para enfrentar con oportunidad y eficacia las eventualidades que se presenten desde el ámbito distrital. Lo vivimos en el 2006: fueron los consejos distritales los que cargaron con el mayor desafío al momento de cuantificar los votos emitidos, recontar los paquetes que así lo ameritaron, y soportar la andanada de estrategias que implementaron los partidos para favorecer sus intereses.

Afortunadamente ahora contamos con nuevas herramientas legales para afrontar los retos de la elección por venir. Las reformas de 2007 incluyeron la posibilidad –artículo 295 del Cofipe- de que se recuenten los votos de una casilla cuando la suma de votos anulados sea superior a la diferencia entre el candidato más votado y el ubicado en segundo lugar. También se haría en el caso de las “casillas zapato”, es decir, de aquéllas donde todos los votos se emiten en favor de un solo partido. Y si el resultado distrital evidencia una diferencia entre el primero y el segundo lugares de menos del 1%, se procedería al reconteo general de las casillas, si así lo solicita el segundo. Con ello se le da mayor confiabilidad a los resultados a nivel distrital, y nos evitaremos los interminables debates de hace seis años.

Los consejeros distritales pronto se encargarán de supervisar la contratación de los capacitadores-asistentes electorales (CAE’s) y sus supervisores (SE’s). Luego acompañarán al personal de la junta distrital en los recorridos de campo para verificar las ubicaciones físicas de las casillas. Verificarán las secciones de atención especial, y también las diferentes etapas del reclutamiento de funcionarios de casilla y su capacitación. Existe un calendario preciso de las actividades a realizar por parte de los consejeros distritales, y representa una importante carga de trabajo. Por eso buscamos personas comprometidas, entusiastas y “entronas”. En contrapartida se ofrece una dieta modesta, pero sobre todo el placer de aportar un enorme grano de arena al edificio inconcluso de la democracia mexicana.

viernes, 28 de octubre de 2011

Consejeros distritales para el IFE

Consejeros distritales para el IFE

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en Milenio de León.

El martes pasado sesionó el Consejo Local del IFE para el estado de Guanajuato, con el objetivo único de emitir una convocatoria abierta a la ciudadanía e invitarla a participar en el proceso de selección de nuevos consejeros distritales, para las 14 demarcaciones federales en la entidad. Cada consejo distrital debe conformarse con el vocal ejecutivo -haciendo las funciones de consejero presidente-, el vocal secretario –haciendo de secretario del consejo-, seis consejeros propietarios, seis suplentes, los representantes de los partidos políticos y los vocales distritales del Registro Federal de Electores, el de Capacitación y el de Organización. Se requiere de 168 consejeros distritales, que supervisen y acompañen los procesos comiciales a celebrarse el próximo 1 de julio, que nos permitirán renovar la presidencia de la República, el Senado y la Cámara de Diputados.
Acordamos con los representantes de los partidos políticos que a esta convocatoria se le daría una amplia difusión entre organizaciones de la sociedad civil, universidades, colegios de profesionistas y en las cada vez más poderosas redes sociales en el internet. Además se publicará en diarios de la entidad, y se difundirá en los medios de comunicación masiva a nuestro alcance.
¿Quiénes pueden participar? Cualquier ciudadana o ciudadano con sus derechos políticos a salvo, con su credencial de votar vigente, con evidencia de haber residido en los dos últimos años en la entidad, no haber sido candidato a cargo de elección popular en los últimos tres años, no ser o haber sido dirigente de algún partido político en los últimos tres años, gozar de buena reputación social, no haber sido condenado por delito doloso, y contar con los conocimientos o experiencia en la materia electoral. Algunos de estos requisitos son subjetivos, pero siempre hay manera de verificar su cumplimiento. Para ello se solicitará la presentación de un currículo vital completo, con evidencias documentales de todo aquello que permita evidenciar su conocimiento en la materia, una cara de exposición de motivos, así como otras documentales que se detallan en la convocatoria, entre ellas algunas declaraciones juradas.
 Debe ser claro que no buscamos a cualquier ciudadana o ciudadano, sino a aquellos que hayan evidenciado un auténtico compromiso cívico con causas sociales, medioambientales, de defensa de los derechos humanos, así como en la vigilancia del voto democrático. No se demanda virginidad política, pero sí lejanía en el mediano plazo –últimos tres años- de partidos políticos, candidatos o causas que puedan comprometer su independencia de criterio ante los actores de la competencia que se avecina. También se exige compromiso de tiempo y esfuerzo, pues el trabajo no es poco, y la “dieta” dista de ser atractiva. Los “busca chambas” harán mejor en buscar en otro lado.
 Cuidaremos la equidad de género, la participación de jóvenes y adultos mayores, el equilibrio entre experiencia y novatez, la presencia de algunos líderes sociales o de opinión, la variedad profesional y en general la buena voluntad y el entusiasmo en los seleccionados.
Deseamos armar equipos ciudadanos distritales de alto calibre que contribuyan a consolidar el prestigio de la institución, el IFE, que en las últimas fechas ha sido atacado, calumniado y difamado por los monopolios de los medios masivos de comunicación, que fueron tan afectados económicamente por la reforma del 2007. México debe superar ya la fase procedimental de su democracia, y avanzar cada vez más hacia etapas más sustantivas, que tienen que ver con el desarrollo social, la justicia y la seguridad ciudadana. El descrédito en el que ha venido cayendo la política en nuestro país no ha sido culpa de los árbitros, sino de los jugadores, y hay que montar dispositivos ciudadanos que supervisen de cerca a partidos y candidatos, que han monopolizado el poder y fundado una oligocracia excluyente.
El IFE puede ser una de las puertas que nos permitan a los ciudadanos participar con efectividad en las decisiones que nos afectan.
Sirva esta colaboración como una sincera invitación a todos aquellos que crean tener algo que aportar en la lucha por la verdadera democracia.
Acude a la oficina distrital del IFE y solicita copia de la convocatoria. O bien consulta la página electrónica del instituto. Espero que nos acompañes.

martes, 2 de agosto de 2011

Salvador Rocha Díaz, in memoriam, 3/3

Salvador Rocha Díaz, in memoriam, 3/3

Este artículo, el tercero y última de una serie, no quiso ser publicado por el periódico de Guanajuato. Recibí en cambio una carta del jefe de Recursos Humanos, Humberto Ramírez, comunicándome que: "[...] a partir del 01 de Agosto del presente año su participación en nuestras páginas del Periódico Correo que muy gentilmente colabora con el contenido: DIARIO DE CAMPO ya NO será publicada; Esto atiende a necesidades de reestructura y reorientación del perfil en los contenidos."
Yo nunca fui empleado del periódico, ni recibí pago alguno por los 380 artículos con los que colaboré desde octubre de 1998.
Hay personas con heridas aún abiertas por los sucesos lamentables que acontecieron en el gobierno estatal de Guanajuato en 1984. No quise lastimar a nadie con este testimonio sobre una persona extraordinaria. Pero todavía padecemos la autocensura en los medios.
Va la culminación de esta serie...

Salvador Rocha Díaz participó en el gobierno estatal de Enrique Velasco Ibarra como su Secretario General de Gobierno, y posteriormente en el interinato de Agustín Téllez Cruces. Le tocó enfrentar una difícil situación de descomposición política local y vacío de poder.
Colaboró en la Secretaría de Gobernación como director general de Asuntos Jurídicos. Dejó este cargo para ocupar un ministerio numerario en la Suprema Corte de Justicia de la Nación a partir del 4 de octubre de 1988. Su experiencia de hombre público se ampliaba así al poder judicial, adicionándose a sus actuaciones anteriores en los poderes legislativo y ejecutivo.
Salvador Rocha solicitó una licencia a la Suprema Corte a partir del 26 de septiembre de 1991 luego de que, por instancia presidencial, aceptó la invitación de Carlos Medina Plascencia para participar en su administración como Secretario de Gobierno, dentro de la difícil circunstancia de una transición política y un inédito cogobierno.
Sus nociones estaban maduradas por años de ejercer el arte de la polémica, el cultivo de la escritura y el asiduo paseo por la lectura. Todo ello engarzado en una vida personal intensa que le proporcionó un gran sentido cosmopolita y universal, pero en curiosa convivencia con un orgullo regionalista por su profundo amor al terruño.
Fue un político pragmático que detestaba la inmovilidad, el diletantismo o la demagogia. Pero su sentido de lo práctico no se oponía a su profundo idealismo ‑al fin y al cabo era un poeta‑ y al imperio de su sensibilidad. Con igual efectividad lo vi enfrentarse a los obstáculos para concretar el establecimiento de la General Motors en Silao, como involucrarse en la publicación de libros artísticos o históricos, la programación académica de un coloquio cervantino o confrontar a la estructura centralizada del FIC. Dentro de su esquema mental convivieron la economía con la cultura, la seguridad pública con la educación cívica, los servicios públicos con el desarrollo social. Todo ello envuelto en un gran sentido de la honorabilidad que le obligaba a despreciar y combatir la corrupción, mal crónico en el gobierno.

En términos ideológicos yo le habría clasificado como un liberal, en el sentido de haber sido una persona totalmente ajena al conservadurismo. Varias de sus convicciones lo acercaban a la izquierda, como su identificación con las necesidades de las mayorías populares, su reconocimiento del derecho de la mujer sobre su cuerpo, su respeto a los homosexuales y otras minorías, y la democracia no como simple procedimiento, sino como permanente acción educativa.
Hombre polifacético e hiperactivo, un personaje polémico que lo mismo despertaba amplias simpatías como radicales antipatías. Fue abogado defensor de causas polémicas, pero siempre asumiéndolas con un gran profesionalismo y compromiso con el cliente. Sin duda construyó una importante fortuna personal, pero nunca fue ostentoso ni manirroto. Nunca se negó placeres, y en un libro inédito de su autoría -que me obsequió- donde reflexionaba sobre la mejor manera de envejecer, aconsejaba al lector que, después de cumplir 40 años de edad, había qué preocuparse por hacer todo aquello que por falta de tiempo o dinero nos habíamos ahorrado: aprender a tocar un instrumento, lanzarse en paracaídas –como él en efecto lo hizo-, realizar el viaje anhelado, tener la aventura soñada, aprender a hablar aquélla lengua que nunca pudimos estudiar, etcétera. De otra forma, cuando el individuo no sale de su rutina cotidiana, se esclerotiza y envejece más rápidamente. Él puso en práctica su teoría, y siempre tuvo un carácter juvenil y juguetón. Así lo quiero recordar.
Aunque no podría creer que él lo haga, le deseo que descanse en paz.

martes, 26 de julio de 2011

Salvador Rocha Díaz, in memoriam, 2/3

Salvador Rocha Díaz, in memoriam, 2/3

Publicado en de Guanajuato.

Salvador Rocha Díaz nació en San Miguel de Allende el 21 de diciembre de 1937. Fue hijo de don Manuel Rocha Lassaux ‑prominente abogado y político local, el primer diputado de oposición del país‑ y de la señora Carmen Díaz Sautto. Cursó sus estudios primarios y secundarios en su ciudad natal. Estudió la preparatoria en la ciudad de México en el muy conocido CUM ‑Centro Universitario México‑, entre 1952 y 1953, de donde egresó con el grado de bachiller en humanidades. Los estudios profesionales los realizó en la Facultad de Derecho de la UNAM entre 1954 y 1958. Se tituló el 9 de septiembre de este año con la tesis El carácter accesorio de la fianza, que obtuvo mención honorífica por parte del jurado.
Realizó cuatro estudios de postgrado: un diplomado de primer ciclo en la Facultad Internacional para la Enseñanza del Derecho Comparado en Estrasburgo, Francia, en 1963; un diplomado de segundo ciclo en la misma facultad en 1964; un diplomado en estudios superiores de derecho comparado, en la misma facultad en 1965, y una especialidad en derecho fiscal en la Escuela de Derecho de la Universidad Panamericana en 1981.
Su ejercicio profesional en la abogacía lo comenzó en el despacho del conocido jurista y poeta leonés Xavier de San Martín, personaje que influyó profundamente en la visión filosófica y estética del joven practicante Rocha Díaz. A partir de 1959, ya recibido, ejerció en la firma Rocha y Hegewish abogados, bufete del que fue fundador, socio y director.
Desde 1964 ejerció la cátedra en diversos centros académicos, como la Facultad de Derecho de la UNAM (1964-1982), donde impartió diversas materias de derecho civil. También ha sido profesor titular en la Universidad Iberoamericana (1967-1974). Fue profesor visitante en el St. Mary's University of San Antonio, Texas, en la Escuela de Derecho de Hermosillo, Sonora, así como en la Universidad de California-Los Ángeles.
Fue miembro activo de la Barra Mexicana-Colegio de Abogados desde 1959, y en ella ha llegado a formar parte de su Consejo Directivo (1972-1976). También fue miembro de la Inter-American Bar Association desde 1960, y también perteneció a su Consejo Directivo (1975-1988). Fue miembro del Consejo Asesor de Euroforum, Centro Europeo para el Desarrollo de la Empresa, hasta septiembre de 1988.
Sus publicaciones abordaron temas de técnica jurídica y análisis constitucional. Sobresalen los libros: Los contratos aleatorios (Porrúa, 1968); Municipio Libre: autonomía fiscal y democracia (Porrúa, 1983); Técnica legislativa (obra colectiva, Porrúa, 1988); La renovación nacional a través del Derecho. La obra legislativa de Miguel de la Madrid (obra colectiva, Porrúa, 1988); Las reformas constitucionales iniciadas por el Lic. Miguel de la Madrid Hurtado (CNOP, 1988); Legislación en materia de control de cambios (con Leonel Péreznieto, ed. Harla, 1989); Estudios jurídicos y otros escritos (ed. Harla, 1991), y El derecho mexicano hacia la modernidad (obra colectiva, IIJ-UNAM, Porrúa, 1991). Por otra parte, publicó al menos 29 artículos especializados en técnica jurídica, en revistas prestigiadas de esta disciplina.
Se inscribió como miembro del PRI el 19 de junio de 1961. Participó en varias actividades partidistas, pero su vida política se activaría fuertemente cuando en 1982, a los 45 años, fue propuesto por el PRI como candidato a la diputación federal del IX distrito de Guanajuato, donde se ubicaba San Miguel de Allende, su terruño. Obtuvo el triunfo y ejerció la diputación en la LII Legislatura hasta 1985. Ese sería su primer cargo de elección. Como mencionamos antes, la Senaduría que ejerció entre 1994 y 2000 sería el segundo.
Continuaremos la próxima semana…


martes, 19 de julio de 2011

Salvador Rocha Díaz, in memoriam, 1/3

Salvador Rocha Díaz, in memoriam, 1/3

Publicado en de Guanajuato.

Salvador Rocha Díaz, prominente abogado y talentoso político guanajuatense, murió este domingo pasado. Escribo estas líneas a manera de modesto homenaje personal, en mi nombre y en el de mi padre, a quien le unió una estrecha amistad y ciertas complicidades intelectuales. Tuve la fortuna de haber colaborado con don Salvador cuando fue Secretario de Gobierno por segunda vez, entre 1991 y 1992, durante los 16 primeros meses de la administración del gobernador interino Carlos Medina Plascencia. Yo fui uno de sus dos asesores, y a pesar de mi juventud de entonces me hizo cargo de grandes responsabilidades, que siempre le agradecí porque me dieron la oportunidad de crecer como servidor público. Dejó el cargo debido a crecientes diferencias con el gobernador, y regresó al ejercicio de su profesión, en la que siempre fue muy exitoso. En 1994 contendió por una Senaduría guanajuatense que obtuvo con gran holgura de votos (53%). Eso le animó al año siguiente a buscar la candidatura del PRI a la gubernatura estatal, pero sin éxito. Se la ganó Ignacio Vázquez Torres, quien se evidenció rápidamente como un candidato anacrónico, que fácilmente fue opacado por la energía y el carisma de Vicente Fox, quien se quedó con el cargo. Como comentó públicamente el periodista Arnoldo Cuéllar, Rocha Díaz pudo haber sido mal candidato, pero sin duda hubiera sido un espléndido gobernante.
Salvador Rocha era dueño de una inteligencia deslumbrante y de una cultura cuidadosamente trabajada a lo largo de una intensa vida llena de intereses muy diversos y una gran curiosidad intelectual. Cuando colaboré con él con frecuencia me convocaba a su oficina, ya tarde y acercándose el final de una jornada laboral que él extendía a 12 o más horas, únicamente para charlar conmigo sobre temas que nada tenían que ver con el trabajo: sus lecturas, sus gustos artísticos, su amplio conocimiento de la comunidad artística y cultural nacional, sus viajes y sus encuentros con culturas muy diversas, etcétera. No pocas veces concebimos proyectos culturales, que a veces pudimos concretar. A veces las charlas terminaban hasta después de la media noche, pero nunca significaron para mí fatiga alguna, a pesar de que don Salvador llegaba siempre temprano a la oficina.
Recuerdo cuando dimos la batalla para acercar el Festival Internacional Cervantino a las demandas y necesidades de la comunidad guanajuatense. Había una sensación generalizada de que el FIC se regía por prioridades centralistas que con frecuencia ofendían y abusaban de las instancias locales. Me tocó redactar un documento que recogió las convicciones compartidas por las diferentes instituciones locales, como la Universidad de Guanajuato, el Ayuntamiento, los prestadores de servicio, el Instituto Estatal de Cultura y las diferentes instancias del Gobierno del Estado con las que el FIC tenía necesidad de relacionarse para garantizar un desarrollo adecuado del evento. Don Salvador le entregó el documento a doña Mercedes Iturbe, directora general del FIC, quien reaccionó con una indignación fuera de proporción y renunció escandalosamente al puesto. La comunidad intelectual nacional quiso culpabilizar al “obtuso gobierno panista de Guanajuato” de la inminente decadencia, si no es que desaparición, del encuentro cultural más importante de América Latina. Salvador Rocha se movilizó, y convenció a muchos de esos artistas y personajes de la cultura que nada había más alejado de la realidad. Tuvo mucho éxito, e incluso logró que un joven abogado de sus cercanías, también músico y experto en ópera, Sergio Vela, fuese nombrado director general del FIC.
El nuevo director del FIC procuró acercarse a los sentires locales, y por sugerencia de Rocha mudó su residencia a Guanajuato. El Gobierno del Estado, también por intermediación del Secretario de Gobierno, adquirió de la familia Lambert la casa de la plaza de San Francisquito, donde todavía hoy se ubican las oficinas locales del FIC. Con la renuncia de Rocha Díaz se vino abajo la intención de mudar completamente la dirección del FIC a la ciudad de Guanajuato. Vela pronto se regresó al DF, y el FIC continuó tan centralizado como siempre. Sólo la directora de planeación del FIC, Adriana Camarena, cuñada de don Salvador, se mudó definitivamente a Guanajuato capital, donde ha hecho su vida y su familia, hoy viuda del entrañable don Guille Rocha.
También me tocó apoyar a don Salvador en el rescate del Coloquio Cervantino Internacional, en su sexta edición. El gobernador Medina no tenía interés alguno en apoyar un evento que no alcanzaba a comprender. Además, las diferencias ideológicas del gobernador con don Eulalio Ferrer, viejo español republicano, y con Enrique Hagen, el director del Museo Iconográfico del Quijote, dificultaban el lograr un acuerdo. Don Salvador entró al quite y convenció al gobernador de financiar el evento. Yo me hice cargo de coordinar dicho apoyo, y con la participación de la Universidad de Guanajuato se salvó el coloquio, e incluso el propio museo, pues don Eulalio llegó a amenazar con llevarse su colección quijotesca de Guanajuato.

Continuaremos…

viernes, 10 de junio de 2011

100 años de historia de los partidos

100 años de historia de los partidos

Publicado en Milenio de León.

Hoy día se presenta mi libro “Cien años de historia de los partidos políticos en Guanajuato”, bajo el sello editorial del Instituto Electoral del Estado de Guanajuato (IEEG), y con los comentarios de mi colega Leonardo Valdés Zurita, consejero presidente del Instituto Federal Electoral. La presentación tendrá lugar en el Auditorio General de la Universidad de Guanajuato, en su edificio central en Guanajuato capital. El evento comenzará a las 17:00, y el IEEG obsequiará un ejemplar del libro a cada persona que se registre en el vestíbulo. Al final de la presentación se desarrollará una mesa de discusión con la participación de líderes nacionales de los partidos, que debatirán sobre su oferta política de cara a las elecciones de julio del año próximo. El investigador de la UNAM Lorenzo Córdova Vianello moderará esta mesa. Finalmente fue el periodista Arnoldo Cuéllar Ornelas quien moderó la mesa con los líderes políticos.
El libro de mi autoría tiene ya una vieja historia propia: algunas de sus secciones fueron parte de mi tesis de doctorado, que defendí en 1997 en el CIESAS de Guadalajara. En 1998 el IEEG publicó el libro “Orígenes y Evolución de los Partidos Políticos en el Estado de Guanajuato”, y en 2008 la “Reseña Histórica de los Partidos Políticos en Guanajuato”. El primero fue una versión tijereteada de mi tesis, que nunca me satisfizo pues se integró con el más puro sistema de “tijera y engrudo” por parte de un trabajador del instituto, que por poco me birla mis créditos autorales. Afortunadamente el doctor José Ángel Córdova Villalobos, entonces presidente del IEEG, corrigió a tiempo el desaguisado y el libro salió bajo mi nombre.
El año pasado la Comisión para el Fortalecimiento del Régimen de Partidos Políticos del IEEG, bajo la presidencia del doctor Santiago Hernández Ornelas y la secretaría del licenciado Álvaro Chávez López, me convocó a retomar el texto, pulirlo y actualizarlo con la información más reciente de los partidos políticos, en particular los que se han unido al concierto político en las últimas dos décadas. Así lo hice durante intensos ocho meses de ese año, durante los cuales pude entrevistar a una docena de líderes de todos los partidos, actualizar la información, mejorar la estructura y la presentación del texto, hasta generar un documento del que me siento muy orgulloso, así como agradecido con el IEEG y la comisión mencionada.

Afirmo en el libro que desde hace mucho tiempo en Guanajuato se ha practicado una política sofisticada, alérgica en general a los métodos violentos y cerriles que abundan en latitudes más sureñas o norteñas. Con algo de humor cínico se afirma que los guanajuatenses de todos los colores gustan de la política “florentina”: cortés, hermética y ladina. Ni violenta ni pedestre, pero sí marrullera y retorcida. Ejercer la política en Guanajuato requiere malicia, preciosismo, doble lenguaje y semblante de jugador de póker. Y nunca sobra un poco de cultura y estudios, en particular de derecho o administración. Como en el resto del país, la “ronda de las generaciones” de la política ha impuesto ritmos de cambio que transformaron en estos últimos cien años las maneras de competir por el poder: primero por la fuerza de las armas, luego por la fuerza del partido, más adelante por la fuerza de la movilización y la capacidad de chantaje, hasta arribar a la fuerza electoral y de atracción de sufragios. Hoy día también cuenta mucho la fuerza del dinero, la presencia en medios, el desgaste en el gobierno y la renovación de la esperanza. Todo ello sin importar el partido del que se trate.
La larga tradición de partidos y movimientos conservadores o de franca derecha en la entidad, contrasta con la escasez y flaqueza de las corrientes sociales progresistas o de izquierda. Entre ambos paradigmas ideológicos se movieron los cenáculos autodenominados “revolucionarios”, que conformaron la tendencia oficialista (PNR-PRM-PRI) y que durante décadas compitieron entre sí bajo las banderas de los grupos “verde” (obregonistas primero y cardenistas después) y “rojo” (laboristas y callistas). Décadas de confrontaciones, que comenzaron en 1920 y terminarían medio siglo después (se dice que con el “verde” Torres Landa en 1961, con el “rojo” Moreno en 1967 o con el incoloro Ducoing en 1973), le dieron sabor y color a la política maquiavélica guanajuatense. Competencia que sólo recobraría intensidad con los “colorados” del PDM en los ochenta y los “azules” del PAN en los noventa.
Rica es sin duda la historia política del siglo XX en Guanajuato. Mi libro, a pesar de su amplitud, sólo rasguña la superficie de un periodo que merece ser más trabajado por todo un equipo de historiadores. Estoy seguro de que pronto me acompañarán en la aventura los jóvenes cronistas de los partidos que están surgiendo ante la urgencia de rescatar la memoria de nuestros institutos políticos. Te invito a que nos acompañes, al menos en esta presentación formal.

martes, 3 de mayo de 2011

Educación y lectura

Educación y lectura

Publicado en la revista mensual Opinión y Desarrollo.

No cabe duda que el reto principal que enfrentó nuestro país en los cien años que van desde 1910 hasta 2010 fue el de llevar la educación y la lectura a las posibilidades reales de la mayoría de los mexicanos. En aquel año inicial, el 72.3% de los mexicanos mayores de seis años –el criterio de edad que prevalecía entonces- no sabía leer ni escribir. Esta capacidad estaba reservada para los citadinos, predominantemente hombres y de clase media o alta. Tres cuartas partes de los mexicanos, casi todos habitantes del medio rural y con prevalencia femenina, estaban excluidos de la lectura. 9 mil 541 escuelas primarias atendían a sólo 657 mil 843 educandos, cuando existía una población total de 15 millones 160 mil personas. ¿Pará qué educar a los trabajadores, si sólo deben conocer lo básico de su oficio? ¿Para qué educar a las mujeres -54% de los analfabetas- si terminarán casándose y haciéndose cargo de los menesteres de su género?
El salto cuantitativo en este siglo ha sido espectacular: según el censo de 2010 sólo el 6.9% de la población de más de 15 años no tiene la habilidad de la lectoescritura. No es un logro menor si consideramos que los números absolutos son realmente espectaculares: de 2 millones 992 mil instruidos en 1910, se llegó a más de 72 millones 205 mil cien años después. Una población letrada 24 veces superior.
Ahora bien, en los últimos 20 años la tasa de analfabetismo se redujo casi a la mitad, pero hemos llegado a la fase de los “rendimientos marginales decrecientes”, que implica que cada vez costará más trabajo y más recursos alfabetizar a los rezagados, mayoritariamente ancianos y habitantes de regiones apartadas o marginales. Un día me dijo un funcionario del INEA que ese resabio de ignorancia sólo lo acabará el tiempo, “cuando se mueran los analfabetas”. Cruel, pero parece ser cierto.
El censo de 2010 arrojó un promedio nacional de escolaridad de 9.1 grados, 1.3 grados más que diez años antes. Somos ya una población que inicia su preparatoria. Eso debería implicar que los mexicanos no sólo sabemos leer y escribir, sino que además dominamos el pensamiento abstracto: las matemáticas básicas, la lógica formal, las artes de la geometría, el álgebra y la trigonometría. También deberíamos conocer lo elemental de las tradiciones humanísticas y de las artes. Es decir que según lo que implica la estadística deberíamos poseer la capacidad para comprender y solucionar problemas cotidianos de cierto grado de complejidad haciendo uso consuetudinario de las herramientas que nos proveyó la educación formal. Pero muchos recursos de evaluación con los que contamos hoy día[1] nos dicen que no es así: que el mexicano mayoritario todavía no hace uso cotidiano de conocimientos equivalentes al primer grado de la preparatoria. Bueno, ni siquiera de la habilidad elemental para leer, y mucho menos para escribir de manera aceptable. Lo constatamos de manera lastimosa en los frecuentes gazapos de lectura que comete la lideresa del sindicato magisterial cada vez que tiene que leer discursos que evidentemente no ha escrito, prueba evidente de que nuestra educación básica está en las peores manos posibles.
Mejor echémosle un ojo a la información objetiva. La prueba PISA, por ejemplo, que “no mide qué tanto pueden reproducir lo que han aprendido, sino que indaga lo que se denomina competencia (literacy); es decir, la capacidad de extrapolar lo que se ha aprendido a lo largo de la vida y su aplicación en situaciones del mundo real, así como la capacidad de analizar, razonar y comunicar con eficacia al plantear, interpretar y resolver problemas en una amplia variedad de situaciones.”[2] Se aplicó en 2009 a muestras representativas de estudiantes de entre 15 y 16 años en 65 países. Ese año la prueba hizo especial énfasis en la competencia de la Lectura. En México se aplicaron los 190 reactivos del cuestionario a 38 mil 250 estudiantes de mil 535 escuelas. 52% de los estudiantes fueron mujeres y 48% hombres. 72.6% estudiaban el bachillerato y el resto la secundaria. El 72% de ellos cursaba el primer grado de la preparatoria, que como vimos es el promedio educativo de nuestro país. 89.3% de esos estudiantes acudían a escuelas públicas y el resto a privadas. 87% se encontraban en el medio urbano. Entre las conclusiones de esa evaluación comparada podemos destacar las siguientes:
  • México concentra entre 40% y 50% de los estudiantes en los niveles bajos (40.1% en Lectura, 47.4% en Ciencias y 50.8% en Matemáticas), lo que significa que no están preparados para realizar las actividades que exige la vida en la sociedad del conocimiento. México se ubica en una situación inferior a la que presenta Chile; mejor a la de Brasil, Argentina y el promedio de países de América Latina (Promedio AL); y similar a la que presenta Uruguay.
  • Son reducidas las proporciones de jóvenes mexicanos que alcanzan los niveles altos: 5.7% en Lectura, 3.3% en Ciencias y 5.4% en Matemáticas. En este aspecto, y en particular en Lectura y Ciencias, las cifras de México son inferiores no sólo a las de Chile, sino también a las de Uruguay, Brasil y Argentina.
  • Las proporciones de jóvenes mexicanos ubicados en los niveles más bajos de Lectura varían de manera importante entre las entidades federativas: de 20.2% para el Distrito Federal hasta 66.1% para Chiapas. El Distrito Federal, la entidad con mejores resultados, logra porcentajes similares a los de España, con una relación 20-80 (Bajo desempeño-Alto desempeño). Aguascalientes, Chihuahua y Nuevo León tienen una relación 30-70, similar a la de Chile y mejor que la de Uruguay, cuya relación es 40-60. Oaxaca y San Luis Potosí presentan una distribución similar a la de Argentina, Brasil e Indonesia, donde la relación es 50-50. Chiapas y Guerrero, que son las entidades con los resultados más bajos del país, tienen una relación 65-35 semejante a la de Perú y Panamá, y mejor que la de Azerbaiyán y Kirguistán.
  • En México, la puntuación en Lectura se mantuvo casi igual entre 2000 y 2009 (422 y 425 puntos). El informe interpreta que este resultado es positivo, si se tiene en cuenta que durante esos nueve años la tasa de cobertura de la población de 15 años se incrementó 14%. Otros países que mantuvieron las puntuaciones promedio en 2009 respecto de 2000 fueron Estados Unidos, la Federación Rusa e Italia. Estos países tienen una cobertura casi de 100%. Perú es la nación que más avanzó en Lectura entre 2000 y 2009: aumentó 43 puntos. Le siguen Chile, Indonesia y Polonia, con 39, 31 y 21 puntos, respectivamente.
Ante el aparente estancamiento o avance minúsculo en las competencias de la lectura en México, el informe PISA 2009 llega a la conclusión de que:
México necesita formar lectores capaces de procesar y darle sentido a lo que leen; capaces de comprender las relaciones explícitas e implícitas entre diferentes partes de un texto, de llegar a inferencias y deducciones, e incluso de identificar suposiciones o implicaciones. Necesita lectores que puedan relacionar el contenido de los textos que leen con su propia experiencia y sus conocimientos previos, para establecer juicios sobre su contenido y calidad. Lograr que nuestra sociedad forme lectores competentes implica, sin duda, seguir trabajando para que todos los niños y jóvenes tengan fácil acceso a una variedad de libros y materiales de lectura. Pero también implica reforzar las prácticas de enseñanza en las aulas para que, usando esos materiales, sea posible desarrollar competencias lectoras de mayor complejidad.
Los resultados de la prueba PISA son alarmantes, pero objetivos. En cambio, los números que se manejan en el ámbito oficial suelen ser engañosos. Por ejemplo, los censales. Los 72 millones de mexicanos que en 2010 declararon saber leer y escribir practican realmente poco esa habilidad. Las cifras de circulación de periódicos en el país siempre ponen en evidencia la escasa cultura de la lectura en México: nuestro periódico de mayor circulación, El Universal, tira la tercera parte de ejemplares que El País en España.[3] Hace poco el secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, declaró que “según la Encuesta Nacional de Lectura del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en promedio los mexicanos leemos 2.9 libros al año, los españoles 7.7 y los alemanes leen 12 al año.”[4] En lo personal dudo mucho que el mexicano promedio lea tanto: casi tres libros al año sería magnífico, un libro cada tres meses, ¡sensacional! Pero lo dudo mucho. Creo que los encuestados en el 2006 por el Conaculta[5] les mintieron a los encuestadores.
Por lo contrario, opino lo mismo que ha sostenido el siempre agudo Guillermo Sheridan: “Las estadísticas avasallan. Demuestran con alevosía y ventaja, sin mostrar forma alguna de clemencia ni resquicio para el anhelado error metodológico, que al mexicano (el 99.99 por ciento) no le gusta leer. Es más, no sólo no le gusta leer, no le gustan los libros ni siquiera en calidad de cosa, ni para no leerlos ni para nada, vamos, ni para prótesis de la cama que se rompió una pata.”[6] Los que nos dedicamos profesionalmente a la enseñanza –en mi caso a la de nivel superior- padecemos cotidianamente el disgusto por la lectura que emanan nuestros estudiantes, incluso de posgrado: siempre te piden que les armes antologías con las fracciones de lectura a realizar durante el curso, una manera criminal de cercenar y simplificar el pensamiento de los autores a trabajar. Cuando leen, no comprenden, y mucho menos son capaces de hacer una reseña de lectura; prefieren copiarse mutuamente o fusilarse algún texto del internet. Sus capacidades para la redacción, la ortografía y la sintaxis son realmente limitadas. Y es una tortura intentar explicarles cómo se elabora un ensayo académico. Por supuesto, siempre hay excepciones; pero son sólo eso: excepciones.
Grabiel Zaid sintetizó los resultados más llamativos de la encuesta del Conaculta:
[…] dos de cada tres entrevistados declaran leer lo mismo o menos que antes, a fines del 2005. Sólo el 30% declaró leer más. El 13% dice que jamás ha leído un libro. Y cuando se pregunta a los que no están en ese caso cuál fue el último libro que leyó, la mitad dice que no recuerda. El 40% dice que ahora lee menos. También un 40% dice que nunca ha estado en una librería. Dos años antes, en la Encuesta nacional de prácticas y consumo culturales, también de Conaculta, el 37% dijo que nunca había estado en una librería.
Al 40% que dijo leer menos se le preguntó a qué edad leía más. El 83% (del 40%) dijo que de los 6 a los 22 años, o sea la edad escolar. Si de los entrevistados se escoge a los que tienen de 23 a 45 años (o sea los beneficiarios del gran impulso educativo), los números empeoran. El 45% (en vez del 40%) declara leer menos, de los cuales casi todos (90% en vez de 83%) dicen que leían más cuando tenían de 6 a 22 años. Queda claro que leían libros de texto, y que no aprendieron a leer por gusto.
Los entrevistados que no leen dan varias explicaciones, la primera de las cuales (69%) es que no tienen tiempo. Pero el conjunto de los entrevistados considera que la gente no lee, en primer lugar, por falta de interés o flojera. Sólo el 9% dice que por falta de tiempo. […]
Un aspecto interesante de la encuesta es que muestra claramente que el interés (o desinterés) de los padres en la lectura se reproduce en los hijos. Habría que medir esto, no sólo en los hogares, sino en las escuelas y universidades. Una encuesta centrada en el mundo escolar, seguramente mostraría que los maestros no leen, y que su falta de interés se reproduce en los alumnos, por lo cual multiplicar el gasto en escuelas y universidades sirvió para multiplicar a los graduados que no leen.[7]
La lectura o su ausencia tienen también implicaciones políticas. Yo vivo en una entidad muy conservadora: Guanajuato. Y el conservadurismo también se evidencia en el permanente miedo al libro y a la lectura. En las familias del Bajío no se fomenta el hábito de leer, pues en no pocas de ellas se considera peligroso acercarse a materiales escritos que podrían desorientar a las mentalidades más jóvenes. Los libros se relacionan sólo con dos espacios: la iglesia y la escuela. En casa el libro es sólo parte de la ornamentación de la sala, y se le escoge por su tamaño y color. Ahora bien, en el primer espacio mencionado las familias guanajuatenses son cuidadosas de sólo adquirir los textos recomendados por el párroco en librerías autorizadas, y repeler las influencias de los evangelizadores protestantes, que tienen  fama de lectores ávidos pero anárquicos. En el segundo espacio, el escolar, los libros de texto oficiales son censurados por los pater familias, o bien “complementados” con textos alternos que son más acordes con la ideología familiar. Esto último sobre todo en los colegios particulares, que abiertamente imparten educación “moral” –religiosa- a los educandos.
No es de sorprender que eventualmente se desplieguen manifestaciones públicas de rechazo a los libros oficiales en Guanajuato, como ocurrió en agosto de 2006 con el libro “Competencias Científicas I”, de editorial Norma, que fue cuestionado por “organizaciones civiles” y por el propio gobierno del estado por su contenido “explícito” en educación sexual.[8] Después, en octubre de 2009, resurgió la intolerancia bajo la forma una asociación de padres de familia denominada “Suma tu voz”. El líder Alberto Guerra afirmó: “Expresamos nuestro apoyo a la educación sexual basada en valores y nos manifestamos en contra de imposiciones ideológicas y sin perspectiva de familia”. Y siguió: “rechazamos las imposiciones ideológicas en educación sexual tanto en primaria como en secundaria a través de los libros de Ciencias I, Biología y Cívica y Ética para segundo y tercer grado de secundaria”. Acto seguido procedieron a la quema pública de libros en la plaza principal de León.[9] Yo escribí entonces:
Dijo el filósofo alemán Heinrich Heine: ‘donde se queman libros, se termina quemando personas’. Eso fue en 1820. Un siglo más tarde Alemania, la nación más civilizada de Europa, cayó en una profunda depresión moral y económica luego de la ‘Gran Guerra’ de 1914-1918, que perdió y por lo que se le obligó a pagar onerosos cargos a sus vencedores. Los alemanes cedieron a la tentación del pensamiento autoritario y en 1933 apoyaron el ascenso del partido Nazi y de su líder, el lunático Adolfo Hitler. Este personaje retomó la tradición que había inaugurado la Santa Inquisición siglos antes y arremetió contra los símbolos objetivados de la cultura y la sabiduría humanas: los libros. El 10 de mayo de ese año, los camisas pardas tomaron por asalto las bibliotecas alemanas y quemaron decenas de miles de libros de filósofos, poetas, pensadores, y literatos, a quienes se consideró peligrosos para el régimen excluyente.
Leo en el sitio electrónico de la Deutsche Belle que ese fue el detonante para la persecución y la expulsión de científicos e intelectuales de Alemania. Según el historiador Michael Grüttner, de esta manera comenzó su decadencia como nación privilegiada por la ciencia, pues en pocos años emigraron 24 premios Nobel de Alemania y Austria hacia los Estados Unidos.
Cuando una sociedad acepta e incluso promueve la quema de libros, está avanzando rápidamente hacia la intolerancia y el autoritarismo, así como al atraso moral. La exclusión de otras formas de pensar es una de las manifestaciones más patentes del pensamiento unívoco, ese que no acepta más forma de ver las cosas que la suya propia, y por lo mismo busca imponerla al resto de la sociedad.[10]
La lectura y la escritura como hábitos de vida son los caminos para la educación y la cultura, pero también son garantes de una mentalidad abierta, tolerante y flexible. Sin un afianzamiento de las habilidades de abstracción, nuestro pueblo seguirá amarrado a la ignorancia y a la pobreza. Seguiremos exportando brazos al extranjero, no mentes ni competencias, como lo hace Corea, la India y crecientemente China. El país atraviesa por una crisis de valores elementales de convivencia, y eso explica en parte la violencia brutal que se ha desatado. Y es que el crimen es producto de la mezcla fatal del hambre con la ignorancia: un retorno hacia nuestra animalidad.


[1]              Como las encuestas y evaluaciones que aplica el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (http://www.inee.edu.mx/). La más útil para entender nuestra situación relativa es la prueba PISA (por sus siglas en inglés), “Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes”.
[2]              Informe “México en PISA 2009”. México: Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. 2010. Pp. 13-14. Es consultable en la página electrónica del INEE.
[3]              José Pérez-Espino, “La prensa en México: la transparencia no llega”, 10 de diciembre de 2004. http://www.almargen.com.mx/
[4]              Noticieros Televisa. 26 de agosto de 2010. http://www2.esmas.com/noticierostelevisa/mexico/nacional/199011/mexicanos-leen-2.9-libros-al-ano
[5]              Se puede consultar la Encuesta Nacional de Lectura 2006 en: http://www.oei.es/pdfs/encuesta_nacional_lectura_mexico.pdf
[6]              Sheridan, Guillermo. “La lectura en México/1”, en Letras Libres No. 100, abril de 2007.
[7]              Zaid, Gabriel, “La lectura como fracaso del sistema educativo”, en Letras Libres No. 95, noviembre de 2006.
[8]              Nota de Martín Fuentes “Maestros no pidieron el libro Competencias Científicas I”, en periódico Correo, 8 de agosto de 2006.
[9]              Nota de Gisela Chavolla, “Queman libros de Biología”, periódico Correo,  5 de octubre de 2009.
[10]             Luis Miguel Rionda, columna “Diario de campo”, periódico Correo, 6 de octubre de 2009.