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viernes, 7 de octubre de 2011

UG: Inicio de ciclo

UG: Inicio de ciclo

Publicado en Milenio de León.

El 27 de septiembre pasado tomó posesión como Rector General de la Universidad de Guanajuato el doctor José Manuel Cabrera Sixto. Su designación por parte de la Junta Directiva de la institución se dio luego de un proceso que inició el 10 de junio anterior, cuando la comisión especial del Consejo General Universitario emitió la convocatoria para el registro de aspirantes a ocupar esa posición. Cuatro se registraron, tres de ellos rectores de campus, y Manuel, entonces secretario académico de la universidad. Y aunque el Consejo General juzgó que los cuatro cubrían el perfil necesario, pronto se hizo evidente que dos de los candidatos tenían más bonos a su favor.

Pareció que los dos punteros representaban a dos modelos diferentes por los que podría optar la institución: el de la continuidad de la vía academicista y expansiva que había consolidado el rector saliente, o el del énfasis en los vínculos con el exterior de la institución, a fin de reforzar su vocación social y solidaria. Dos buenas opciones, tal vez no incompatibles. Sólo se trataba del menor o mayor énfasis hacia la dimensión interna o hacia la externa. La primera vía también era más cientificista; la segunda más social y humanística. Incluso política. En lo personal, yo no podía negar la cruz de mi parroquia y ante la Junta manifesté mi opinión favorable hacia la segunda, personificada por un joven abogado con grandes capacidades de comunicación y liderazgo. Pero como opción alterna manifesté mi reconocimiento a las capacidades y experiencia del exsecretario académico, quien por cierto fue el único que renunció a su cargo, con el riesgo de quedarse chiflando en la loma en caso de no ser escogido. Su proyecto también me había sorprendido gratamente, pues sin duda fue el más consistente como documento de trabajo.
El rector Cabrera ha iniciado su gestión de manera discreta, sin aspavientos. No ha hecho movimientos radicales entre los colaboradores que heredó, excepto en las tres principales posiciones de la administración central. Pero me sorprendió, también gratamente, que haya echado mano de dos estudiosos del campo de las ciencias sociales para hacerse cargo de las máximas responsabilidades académicas en la institución: el doctor Manuel Vidaurri y la maestra Rosa Alicia Pérez-Luque. Explico mi sorpresa. En nuestra universidad hasta hace poco había existido una costumbre muy sana: los rectores se hacían acompañar por un secretario o secretaria general proveniente de algún campo del conocimiento ubicado en las antípodas del propio. Eso le daba equilibrio a la máxima conducción institucional. Pero este uso fue roto por el último rector, quien se acompañó en sus primeros seis años de una bioquímica y en los dos restantes de un físico, siendo él mismo ingeniero mecánico. Esta preeminencia de los académicos de las ciencias naturales y exactas en la conducción universitaria acentuó la tendencia tecnocrática de la institución, y dejó en segundo término su trascendental componente humanístico. Hay que recordar que fueron las humanidades las que rescataron a la universidad y a la ciudad de Guanajuato de una profunda crisis en los años cuarenta y cincuenta.
Manuel Cabrera corrige ese error al colocar al abogado Vidaurri y a la historiadora Pérez-Luque en la primera línea de las decisiones estratégicas. Por supuesto también premia a quienes le apoyaron desde un principio, pero en carambola de tres bandas logra congraciarse con una de las comunidades internas más relevantes y críticas, y aprovecha la experiencia y prestigio de Vidaurri como exprocurador estatal de los Derechos Humanos durante ocho años. Los dos Manolos integrarán un dúo dinámico con alta complementariedad weberiana: el científico y el político. El carácter reposado y reflexivo del primero, se integrará bien con la hiperactividad y la elocuencia del otro. Una dupla similar habíamos visto con el rector y abogado Cuauhtémoc Ojeda y su secretario general y médico Éctor Jaime Ramírez.

Creo que el nuevo rector se inicia con el pie derecho, con decisiones que unen y no dividen. Le tocará el reto de conducir una institución que pretende crecer sin perder calidad, sino incluso incrementarla. Por lo pronto la vara quedó muy alta para el nuevo rector: si para el 2020 se busca ser la universidad número 100 en el ranking mundial, supongo que para el 2005 ya deberíamos estar entre las 200 ó 300 mejores. Según el ranking web de las mejores universidades del mundo, hoy estamos en el lugar 1,324. Hace un año estábamos en el 1,836. ¿Lo lograremos?

viernes, 30 de septiembre de 2011

UG: Fin de ciclo

UG: Fin de ciclo

Publicado en Milenio de León.

El martes 27 pasado, el doctor Arturo Lara López entregó el báculo de la Rectoría General de la Universidad de Guanajuato (UG) al doctor José Manuel Cabrera Sixto. Con ello culminó los ocho años de su rectorado, el segundo más longevo en la historia reciente de esta institución, que cuenta con 66 años como universidad y 279 de existencia como colegio de educación superior. Sólo el licenciado Néstor Raúl Luna (enero de 1977 a junio de 1985) le supera en tiempo de permanencia en la rectoría. También cabe destacar que desde la autonomía de 1994, Arturo Lara es el primer rector en llegar al término de su periodo completo.

El doctor Lara deja la Rectoría por la puerta grande, entregando una institución sustancialmente diferente a la que recibió. La reforma institucional que impulsó sólo es superada en importancia por el propio establecimiento de la universidad como tal en 1945, y la autonomía universitaria de 1994. Estas dos últimas fueron reformas a su estatuto legal e institucional; pero la del 2008 fue de carácter organizacional, en sus órdenes académico y administrativo. La UG de hoy es un complejo universitario multicampus, con una visión de largo plazo que aunque atiende las necesidades locales y regionales, tiene un ojo puesto en su proyección internacional.
El hoy exrector asumió la estafeta el 27 de septiembre de 2003, luego de haber competido en segunda ocasión por el cargo. Había buscado la posición cuatro años antes, en 1999, pero fue superado inopinadamente por el joven abogado Cuauhtémoc Ojeda. En 2003 volvió a competir, ahora contra el relacionista industrial Sebastián Sanzberro, rector interino, a quien pudo superar en la preferencia del entonces Colegio Directivo. Tristemente ambos exrectores, Cuauhtémoc y Sebastián, han dejado esta vida terrenal.
El rector Ojeda había intentado echar adelante la reforma institucional que llevara a la departamentalización de la universidad. En este esfuerzo se desgastó a lo largo del 2001 y el 2002, pero fueron infructuosos sus afanes. El nuevo rector Arturo Lara pareció en un inicio no interesarse en reasumir una reforma institucional que se había evidenciado llena de riesgos y con muchas resistencias internas. Esperó hasta encontrarse en una posición de fortaleza institucional, y en 2004 retomó con decisión la reforma departamental. En buena medida aprovechó el ambiente social del momento, que demandaba con cada vez más énfasis la ampliación de la oferta pública de educación superior. Esto sobre todo en la ciudad de León, donde había surgido un movimiento político-social denominado “Primero León” liderado por Pablo Álvarez Padilla y José Trueba Dávalos. Este grupo supo ejercer las presiones adecuadas ante el gobierno estatal y el federal para que la Universidad de Guanajuato se planteara con seriedad la urgencia de abrir un campus regional que catapultara su oferta en esa ciudad, que aunque ya contaba con nueve unidades universitarias, en cuanto a número de estudiantes su presencia era casi simbólica, pues atendía a apenas el 6% del total de la matrícula superior local.
Las “estrellas se alinearon” para la universidad, y el doctor Lara supo montar a la institución en esta ola social y política que se aceleró sustancialmente cuando el nuevo gobernador Juan Manuel Oliva tomó posesión en septiembre de 2006. El “gobernador de la educación” no sólo compró el ambicioso proyecto de expansión de la universidad pública, sino que duplicó los números originalmente propuestos: de dos campus regionales planteó la posibilidad de cuatro, en León, en Salamanca, en Celaya y en Guanajuato. Pero en la práctica fueron seis campus regionales, pues se agregaron las unidades de Yuriria y la de Irapuato. Y quedan en proyecto los de Salvatierra y de Pénjamo.
En el segundo periodo del doctor Lara (2007-2011) la expansión cobró un ritmo frenético no sólo en infraestructura, sino también en contratación de profesores y personal de apoyo. Los apoyos federales y estatales permitieron que el crecimiento de la matrícula no se tradujera en una caída de la calidad, o en una sobreexplotación de la plantilla académica. El nuevo modelo académico-administrativo sin duda complejizó la estructura, pero profesionalizó las funciones institucionales. La vieja universidad provinciana que no crecía, y que veía cómo su planta profesoral se avejentaba, ya no existe más. Se evaporó en algún momento de este segundo cuatrienio. Desde dentro la sensación es que el crecimiento está poniendo a prueba muchas capacidades en una institución que ya no conocemos tan bien como antes, y que incluso atraviesa por una incipiente crisis de identidad, que deberá atender el nuevo rector general.
Entretanto el doctor Lara regresa a su cubículo en el Campus Salamanca, allá en Palo Blanco. Pero tengo la impresión de que no se estará tranquilo mucho tiempo. No me sorprendería que al rato algún partido político lo seduzca, ahora que se viene la renovación de los poderes. Pero mientras le deseo una feliz reincorporación a la investigación y la enseñanza, y le envío mi reconocimiento.


martes, 18 de mayo de 2010

Día del estudiante 2010

Día del estudiante 2010





Publicado en de Guanajuato.


Publicado en Eje Central, El Poder de las IdeasCEINPOL

Cuando converso con mis estudiantes en la Universidad de Guanajuato me sigue impactando cómo impera el desconocimiento sobre el origen del “Día del estudiante”. Se ha impuesto la “tradición” de celebrarlo en mayo -nadie sabe por qué- y con un programa tan previsible como superficial: misa, desfile, bailongo grupero y reventón etílico hasta madrugar. Pachanga pura pues.

Sobre el origen del día del estudiante he escuchado versiones confusas y erróneas: que dizque el “padre Pollo” lo impuso; o bien que así se ensalza la primavera; hay quien dice que debe corresponder al día del maestro; o que dizque equivale al spring brake gringo... Nada más lejos de la realidad. Hay que aclarar que el día del estudiante se conmemora en México el 23 de mayo. Pero como cae en domingo se adelantó para el miércoles, a la mitad de la semana. El 21 se celebra el día del estudiante politécnico y el 17 el día del estudiante técnico.
En otros países varían fecha y motivo: en Argentina se celebra el 21 de septiembre desde 1902, al arranque de la primavera austral y en recuerdo del educador Domingo Sarmiento. En Venezuela se realiza el 21 de noviembre, en recuerdo del levantamiento estudiantil de 1957 en contra de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. En Panamá se celebra el 27 de octubre, desde 1948, por razones que desconozco. Existe también el Día Internacional del Estudiante, decretado por la ONU en 1941 en conmemoración del asesinato a manos de soldados nazis de nueve estudiantes en Praga, el 17 de noviembre de 1939.
La Federación de Estudiantes de Guadalajara -los célebres “Tecos”- conmemoran el 23 de octubre como día del estudiante “autonomista” en recuerdo de su movimiento opositor de 1933 al establecimiento de la educación socialista callista.
La iglesia católica promueve la adoración del santo adolescente italiano Domingo Savio, estudiante de San Juan Bosco, quien murió en 1857 ejemplificando las virtudes beatíficas del alumno dócil y consagrado al estudio. Muchos estudiantes católicos lo han adoptado como su santo patrono, particularmente en periodo de exámenes.
El 23 de mayo en México se deriva de la conmemoración de la represión que sufrieron varias docenas de estudiantes de la escuela de Medicina de la Universidad Nacional de México el 23 de mayo de 1929, en la Plaza de Santo Domingo, que se manifestaban a favor de la libertad de cátedra y la autonomía universitaria. Era un movimiento que buscaba preservar a la universidad pública libre de las presiones de los gobiernos post revolucionarios, que quisieron imponer la ideologización de la educación superior. Vid artículo de Renate Marsiske, del Centro de Estudios sobre la Universidad, UNAM.

Octavio Rodríguez Araujo, académico de la UNAM, explica el alcance de ese movimiento:
“La autonomía de la UNAM […] no fue una graciosa concesión de las autoridades gubernamentales. Fue una lucha, de estudiantes y profesores en México, una conquista resultado de la petición estudiantil del 23 de mayo de 1929, petición precedida de movimientos y huelgas, por parte de los estudiantes, y de represión por parte del gobierno. Esta lucha fue contra la intromisión del gobierno en la vida universitaria y en la orientación de sus planes de estudio, intromisión que inhibía el pensamiento libre y, por lo mismo, la libertad de cátedra en una lógica de pluralidad y universalidad de corrientes de pensamiento. Era, para decirlo en términos de ahora, la lucha contra el pensamiento único y oficial de quienes detentaban el poder. Por eso, precisamente, la lucha por la autonomía comprendía principalmente un binomio indisoluble: autogobierno de los universitarios y libertad de cátedra (y de investigación).”

viernes, 5 de marzo de 2010

Informes universitarios, 3

Informes universitarios, 3

Publicado en Milenio de León.
El viernes pasado emitió su primer informe anual el Rector del Campus Celaya Salvatierra de la Universidad de Guanajuato, el maestro Juan Miguel Ramírez Sánchez. Se trata del más pequeño de los cuatro campii regionales en cuanto a su matrícula y número de profesores. Pero esta nueva institución recoge la tradición acumulada por la antigua Escuela de Contabilidad y Administración de Celaya -la ESCACE-, la Escuela de Enfermería y Obstetricia de Celaya, y la Unidad de Estudios Superiores de Salvatierra. A partir de ese basamento se definieron las dos divisiones académicas que integran el campus, y se proyectó ampliar su oferta con nuevos programas de licenciatura como el de ingeniería civil y psicología clínica, con lo que se dan pasos firmes para que la actual división de Ingenierías y Ciencias de la Salud evolucione hacia dos nuevas divisiones con vocación profesional bien delimitada.
Con casi dos mil estudiantes y once programas educativos de licenciatura y dos de posgrado, el Campus Celaya Salvatierra atiende los crecientes requerimientos del oriente y el sureste de la entidad. Casi un 30% de sus estudiantes gozó de algún tipo de beca, que les permite mantenerse en los estudios a pesar de las presiones de la crisis económica. Estos apoyos se vinculan al desempeño académico del alumno, por lo que no son dádivas, sino estímulos al trabajo académico. Un 75% de su matrícula en licenciatura cursa un programa de calidad certificada.
El campus vio reforzada la potencialidad de su comunidad académica gracias a la contratación de nueve profesores con doctorado y seis candidatos a doctor. Se unen a la planta previa de 42 profesores de tiempo completo. Además, logró incrementar su número de profesores en el Sistema Nacional de Investigadores de uno a cinco.
Este campus tiene ante sí el reto de atender una región amplia y diversificada. Hoy día ya cuenta en Celaya con un nuevo y amplio edificio académico recién inaugurado, su biblioteca y mucho espacio para continuar creciendo. Además, pronto iniciarán la construcción de otro edificio similar en Salvatierra, donde se tienen 15 hectáreas que donó el municipio. Ojalá un día veamos nacer otro subcampus en Acámbaro, e incluso en alguno de los municipios de la cuenca del Río Laja. Esta es un área donde la Universidad de Guanajuato carece aún de alguna unidad, con excepción de la Escuela de Nivel Medio Superior de San Luis de la Paz.
Los cuatro campii de la UG, casi sin quererlo, han emprendido un vuelo propio que les llevará a adquirir con el tiempo una personalidad propia, acorde con el entorno inmediato al que sirven e incluso al temperamento cultural de sus habitantes. Los cuatro están creciendo a un ritmo apresurado, que busca recuperar el terreno perdido ante alternativas educativas con menor compromiso social. Seguimos siendo la entidad con menor oferta de educación pública superior con relación a la población demandante, y ese es un lastre que impide la formación de capital humano de alto registro, como el que hoy día exige la sociedad del conocimiento, fundada en una economía de servicios y de información.
En mi espacio laboral, el Campus León, vemos con optimismo las alternativas que nos plantea el futuro de mediano plazo. Aunque la crisis económica le ha pegado fuerte a la capacidad del estado mexicano para emprender proyectos culturales y educativos de envergadura -y como ejemplo podemos ver los desangelados festejos del bicentenario-, quiero pensar que la inteligencia priva al final del camino. Vimos hace poco más de dos meses cómo la cámara de diputados federal enmendaba el recorte presupuestal a las universidades públicas, y destinó diez mil millones de pesos para fortalecerlas. No es Jauja, pero se invierte en educación.
Ya nos anuncian la inminente presencia de la UNAM en el municipio leonés, lo que enriquecería sensiblemente nuestras opciones. Su compañía nos viene bien, pero el Campus León de la UG busca confirmar a la universidad estatal como líder en el concierto público de la entidad. Pero sin importar la adscripción, los universitarios deseamos mantenernos en la brega para contribuir a sacar adelante a este lastimado país; y para eso debemos mejorar nuestro desempeño educativo general.

viernes, 26 de febrero de 2010

Informes universitarios, 2

Informes universitarios, 2



Publicado en Milenio de León.

Como profesor universitario me siento comprometido con mi vocación y mi institución. Por eso quiero continuar compartiendo con los pacientes lectores de Milenio León mis impresiones sobre los sucesos de mi casa de estudios.
Los cuatro rectores de los campus regionales de la Universidad de Guanajuato han emitido sus respectivos informes anuales de labores. Este miércoles tocó a René Jaime Rivas del Campus Irapuato-Salamanca-Yuriria; ayer a José Luis Lucio Martínez, rector del Campus León, donde laboro, y hoy a Juan Miguel Ramírez Sánchez del de Celaya-Salvatierra.
Para los cuatro ha sido su año de arranque, a veces difícil por las inercias que arrastra la comunidad universitaria -resistencia o miedo al cambio sobre todo-, la falta de recursos y en ocasiones por el desconocimiento de la lógica de la nueva organización académico-administrativa. Pero también ha sido un año de logros y crecimiento: la ampliación sustancial de la matrícula en el nivel superior y el posgrado; la contratación de más de 70 nuevos profesores de tiempo completo con un alto grado de habilitación académica -doctorado-; la construcción frenética de nuevas instalaciones que den cabida a esa creciente comunidad; la actualización y certificación de los programas educativos; la aplicación de un modelo de control administrativo descentralizado y certificado para poder rendir los recursos siempre insuficientes, y la aspiración compartida de transformar a nuestra universidad en la mejor de su tipo en el país.
René Jaime destacó el espectacular crecimiento del 36% en la matrícula de su campus. No sorprende, porque la región que atiende, desde Irapuato hasta Moroleón, tiene un enorme rezago en servicios públicos de educación superior. Las viejas unidades preexistentes -la FIMEE, Enfermería de Irapuato y el ICA- se veían imposibilitadas de crecer por la estrechez y decadencia de sus instalaciones. Hoy día cuentan con tres enormes campus, dos de ellos totalmente nuevos en Salamanca y en Yuriria, con 20 hectáreas cada uno, a los que se une el campus de El Copal, con más de cien hectáreas, más el predio de La Garrida, que habría que aprovechar también. Les sobra espacio y población. Y sus indicadores de desempeño son excelentes, ya que la mayoría de sus programas están certificados, la mayoría (69%) de sus 143 profesores de tiempo completo tiene doctorado, y 53 son miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI). El campus tiene vocación hacia las ingenierías y el desarrollo de tecnologías, tanto para el ámbito industrial como en el agropecuario. Sus investigadores trabajan en más de cien proyectos de investigación aplicada. Pero el reto seguirá siendo el crecimiento: su matrícula de 2,660 alumnos deberá multiplicarse por cuatro al año 2020, para atender a diez mil estudiantes.
Sobre el Campus León, José Luis Lucio subrayó la vocación de esa unidad hacia el ámbito de la salud, aunque también destaca por las ciencias básicas y las sociales. Señaló el compromiso de la institución con la ciudad más importante del estado y su región de influencia, para que los profesionistas egresados y los proyectos de investigación de los profesores estén vinculados con las necesidades del desarrollo social y económico. Se trata de otro campus de excelencia, ya que el 59% de la matrícula de licenciatura, el 63% de la de maestría y el 92% del doctorado cursan programas certificados por su calidad. Laboramos ahí 152 profesores de tiempo completo, la mitad de ellos con doctorado y más de un tercio (57) somos miembros del SNI. Sus investigadores lograron financiamiento por diez millones de pesos el año pasado. Se atiende a 3 mil 817 alumnos, 80.4% de ellos en licenciatura y el resto en posgrado. Esa matrícula creció 12.6% en un año. También aquí el reto es seguir creciendo, pues la UG sólo atiende al 6% de la matrícula en licenciatura y 14% de la de posgrado del municipio de León. La meta numérica también es de diez mil estudiantes al 2020. El rector Lucio prometió que la nueva oferta será innovadora y pertinente a las necesidades regionales, y que comprenderá campos nuevos de conocimiento que contribuyan a redondear las opciones de las que podrá gozar la juventud leonesa. Pero la próxima semana continuaremos con el tema...


viernes, 11 de diciembre de 2009

Los nuevos expertos sociales

Los nuevos expertos sociales


Publicado en Milenio de León.

Hace algunos años, digamos 15 ó 20, el estado de Guanajuato era un campo olvidado para las ciencias sociales nacionales. Este espacio social del centro de México sólo había llamado la atención de historiadores y de algunos economistas. Muy pocos sociólogos, etnólogos, psicólogos sociales o politólogos habían desarrollado estudios de corte científico social sobre la compleja dinámica comunitaria de esta entidad y de sus regiones y municipios. Había habido algunos esfuerzos aislados por instaurar una tradición local en este campo, y la más destacada fue el efímero Colegio del Bajío (1980-1989), fundado por don Wigberto Jiménez Moreno, a quien había sucedido en 1986 doña Guadalupe Rivera Marín, la hija del gran pintor Diego. Este centro de estudios superiores fue liquidado por una decisión política del entonces gobernador, Corrales Ayala, afectado por la simpatía de doña Guadalupe hacia el Frente Democrático Nacional.
La Universidad de Guanajuato (UG) había experimentado un boom en el campo de las humanidades en la primera parte de los años cincuenta, gracias a la sensibilidad de los rectores de entonces y del gobernador Aguilar y Maya. Pero después se cayó en un desinterés incomprensible. La huelga universitaria de 1977 alimentó los prejuicios contra las ciencias sociales debido al protagonismo de profesores y alumnos de la Escuela de Filosofía y Letras. Y se cayó en un marasmo que impidió el desarrollo natural de las disciplinas sociales en el estado. Fue hasta 1989, con la fundación del Centro de Investigación en Ciencias Sociales de la UG (CICSUG) que se retomó la estafeta caída. Otras instituciones académicas, como la Universidad Iberoamericana, hicieron intentos por establecer programas de estudios sobre la sociedad local. Pero la acción se limitaba a la investigación académica, y no se formaron recursos humanos competentes para desarrollar estudios sociales o proyectos de intervención social.
Esto cambió radicalmente en el 2004, cuando se abrió una ventana de oportunidad gracias al interés de una asociación civil y de la propia institución. La primera fue la agrupación “Primero León”, encabezada por don Pablo Álvarez Padilla (q.e.p.d.), Franz Ignacio Espejel y el exsecretario de educación José Trueba Dávalos. Ellos supieron ejercer la presión social y política necesaria para que el gobierno estatal y la universidad asumiesen como prioritario abrir un nuevo campus multidisciplinario en León, donde no sólo se cultivaran las disciplinas tradicionales vinculadas a la salud, y las más recientes de la física, sino también las ciencias sociales. Y la universidad estatal fue sensible a la demanda.
Se inauguraron ese año las licenciaturas en Sociología, Antropología Social y Trabajo Social. También se abrieron opciones leonesas de programas preexistentes: Desarrollo Regional y Administración Pública, que la UG ya impartía en Salvatierra y Guanajuato. Poco tiempo después se abrió la licenciatura en Cultura y Arte, con el estreno de las instalaciones universitarias en el Forum Cultural Guanajuato. Así, casi de golpe, seis programas de reciente factura se ofrecieron a la sociedad leonesa y guanajuatense en general. Hoy día suman ya 658 estudiantes dentro de las seis opciones anteriores, que desde enero aglutina la División de Ciencias Sociales y Humanidades del Campus León de la UG.
Esta semana egresó la segunda generación (2005-2009) de las licenciaturas en Sociología, Antropología social, Desarrollo Regional y Trabajo Social. Son 13, 11, 12 y 23 chicos que deberán insertarse en un mercado de trabajo que aún no está “domesticado”, pues los empleadores públicos y privados no conocen todavía las habilidades y competencias con que estos conocedores de lo social han sido provistos. Y déjenme asegurar que son muchas esas aptitudes: comenzando con que conocen los métodos para hacerse de información pertinente y confiable sobre problemáticas de alto impacto social, como la pobreza, la violencia social, el suicidio, la migración, las relaciones de género, la dinámica poblacional, el análisis político, la administración gubernamental, la gestión y creación culturales, la educación y sus procesos sociales, y un largo etcétera.
Nuestros egresados podrán optar por dos caminos principales: incrustarse profesionalmente en un mercado de trabajo al que todavía hay que “educar” y convencer de las capacidades con que fueron formados; o bien dedicarse a perfeccionar y profundizar en sus habilidades para la docencia y la investigación, y continuar formándose en posgrado. Ambas vías tienen sus ventajas y desventajas. Pero sin duda será nuestra sociedad regional la que saldrá beneficiada por la participación de estos nuevos especialistas en la resolución de sus problemas más acuciantes. ¡Felicidades y bienvenidos, nuevos colegas!

martes, 1 de diciembre de 2009

Universidades bajo asedio

Universidades bajo asedio


Publicado en el de Guanajuato, y en 15Diario de Monterrey.

La educación superior en México, tanto pública como privada, atraviesa por una situación esquizofrénica, en particular en lo relacionado con su vínculo con el Estado. Me explico: existen abundantes estudios de gran calidad, generados por instancias como la UNESCO, el Banco Mundial o la OCDE, que han puesto en evidencia el enorme poder que tienen como catalizadores del desarrollo la educación superior y la innovación científica. Esto no es un misterio, ni se pone en duda cuando se debaten las causas de nuestra postración económica desde hace 30 años. El gobierno mexicano lo reconoce en el discurso, pero cuando se trata de evidenciarlo con recursos, se muestra reticente y avaro. La iniciativa de presupuesto de egresos que envió el presidente Calderón prevía un recorte de 6.2% al presupuesto de las universidades públicas. Como más del 85% del gasto de esas instituciones se compone de gasto no programable –salarios y prestaciones-, ese recorte significaría en los hechos un decremento de dos quintos de su gasto de inversión en infraestructura, nuevos proyectos, capacitación, extensión y muchos otros ámbitos de acción y crecimiento. Hubiera sido un recorte no limitado a la grasa, sino que llegaría al hueso.
Por su parte las instituciones privadas enfrentan una retracción en la demanda de educación superior que se inició hace más de diez años. Todas esas universidades han debido competir en condiciones desfavorables, debido a la crisis económica y la restricción de la capacidad de las familias de clase media. En términos reales, sus colegiaturas se han congelado, si no es que disminuido. Por ejemplo el Tec de Monterrey ofrece convenientes planes de crédito, no conocidos hace poco tiempo. El gobierno no tiene un programa efectivo de estímulo a la oferta privada, más que el de ahogar a la oferta pública.
Lo contradictorio de la actitud oficial ha sometido a las instituciones a una dinámica perversa: por un lado se impone la necesidad de expandir la oferta para retener a una creciente población de jóvenes adultos que podrán demandar acceso un mercado de trabajo deprimido; pero por otra se restringen los apoyos financieros y humanos, además de someter a la comunidad académica nacional a un esquema de evaluación brutal y desconsiderada, basada en la convicción de que los educadores son inevitablemente deshonestos.
El Estado mexicano ha renunciado a la posibilidad de impulsar con decisión la formación de recursos humanos de alta calidad. Se ha impuesto la lógica elemental de las “ventajas comparativas”, que reconoce competitividad en la oferta de mano de obra barata con bajísima calificación. Así se evidencia en la política de atracción de maquiladoras e industrias golondrina.
Afortunadamente los diputados y senadores evitaron la sinrazón del recorte a las universidades, y restituyeron casi en su totalidad el presupuesto necesario para que la educación superior pública pueda mantener o incrementar sus estándares. Pero la intentona puso en evidencia que nuestros políticos carecen de visión de largo plazo, y que sólo reaccionan a las exigencias de lo contingente. Lástima.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Un nuevo campus universitario

Un nuevo campus universitario



Por: © Luis Miguel Rionda ©



Publicado en Milenio de León.

El miércoles 25 se inauguró en el municipio de Yuriria un espléndido edificio que albergará la Unidad Sur del Campus Irapuato-Salamanca de la Universidad de Guanajuato. Se anunció que el inmueble y las instalaciones significaron más de 126 millones de pesos, y que en ellas podrán trabajar en lo inmediato siete profesores de tiempo completo y 212 estudiantes de siete licenciaturas. Sin duda es una obra con calidad de primer mundo, donde por su amplitud y comodidad se antoja mucho estudiar, dar clase o investigar. Yo mismo laboro en un edificio idéntico, inaugurado hace apenas dos años en el Campus León, donde nos apretujamos los 543 estudiantes, una quincena de profesores de tiempo completo, y como medio centenar de trabajadores administrativos y de apoyo, incluyendo la Rectoría de nuestro campus. Eso quiere decir que en Yuriria estarán bastante cómodos, hasta que logren reclutar el millar y pico de estudiantes que pretenden acomodar en más de una docena de programas académicos existentes o por abrir.
Al evento inaugural concurrieron representantes de los tres órdenes de gobierno: el gobernador Juan Manuel Oliva, la presidente municipal Ángeles Lopez “La Güera”, y la directora de Educación Superior de la SEP, Sonia Reinaga. También participó el secretario ejecutivo de la ANUIES, Rafael López Castañares. Por supuesto acudió casi toda la plana mayor de la universidad, liderados por el Rector General, los rectores de los cuatro campii, y el director del nivel medio superior. Alrededor de un millar y medio de personas llenaron el amplio patio central del recinto, entre políticos, académicos, diputados, periodistas, clubes de servicio, fuerzas vivas locales, y estudiantes propios y ajenos.
Me alegró mucho el estreno de esta instalación porque debo presumir que, junto con el maestro Artemio Guzmán, colaboré en la definición y apertura de lo que en un tiempo denominamos Campus Sur; esto fue durante los años del 2006 al 2008. Nuestro Rector, el doctor Arturo Lara, había logrado convencer a los presidentes municipales de Moroleón, Yuriria y Uriangato de trabajar juntos, y apoyar la instalación de una unidad de la Universidad de Guanajuato en esa región, tan abandonada por la educación superior pública. Pronto contó con la simpatía del gobernador Oliva, que ha convertido en distintivo de su gestión la multiplicación de la oferta educativa superior.


Es de justicia rememorar que la administración municipal yuririense del doctor Guillermo Zavala Alcaraz -hoy diputado local- había dado los primeros y más contundentes pasos hacia este fin. Fue él quien concretó la donación del amplio terreno en la colina, y logró hacer colaborar a los alcaldes Anastacio Rosiles de Uriangato y Adrian Sánchez Contreras de Moroleón. Las administraciones siguientes de Gerardo Gaviña en Yuriria, Rafael Zamudio en Moroleón y Carlos Guzmán en Uriangato, sostuvieron el compromiso de sus predecesores y consolidaron el proyecto. Eso nos permitió abrir nuestras primeras inscripciones en julio de 2007, en las instalaciones rentadas de la Escuela Preparatoria Federal por Cooperación Lázaro Cárdenas, en medio de las expectativas de los lugareños.
Los tres municipios originales poseen una población en edad escolar pertinente de 21 mil 700 chicos. Pero su egreso efectivo del bachillerato es de 900 jóvenes, que se incrementan a casi mil 500 si incluimos el egreso de Salvatierra, a tiro de piedra del nuevo campus. Se busca también recibir estudiantes del norte michoacano: Cuitzeo, Santa Ana Maya, Copándaro, Zinapécuaro, Puruándiro, incluso la misma Morelia, pues se busca competir con calidad ante la universidad nicolaíta. Recuerdo que un colega de su Facultad de Derecho me comentó que de los 7 mil estudiantes de esa facultad, alrededor de un décimo procedían del sur de Guanajuato.
Ojalá pronto se concrete el buen deseo que expresó el gobernador en su mensaje: que las nuevas instalaciones de Yuriria pronto se asuman como un campus independiente de Salamanca, para acercar aún más la atención a las necesidades regionales concretas. Entre ellas está la atención al lastimado entorno natural del sur guanajuatense, y por eso me pareció un gran acierto que el gobernador insistiese en la apertura prometida de la licenciatura en Gestión Ambiental, anunciada en la colocación de la primera piedra el 24 de mayo de 2007. Fue un reto interesante que espero recoja el rector del Campus Irapuato-Salamanca, el maestro René Jaime Rivas, a quien también felicito por el suceso. Lo mismo sucede con la vocación turística de la región, tan desaprovechada.
La ubicación del nuevo campus, para quien quiera consultarla en Google Maps, es +20° 13' 4.74", -101° 6' 6.20"



martes, 17 de noviembre de 2009

El Desarrollo Regional y la AMECIDER

El Desarrollo Regional y la AMECIDER


Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en el de Guanajuato.
El viernes pasado culminaron cuatro días de trabajo académico del XIV Encuentro Nacional de la Asociación Mexicana de Ciencias para el Desarrollo Regional (AMECIDER). Más de 300 ponentes y cien asistentes se reunieron desde el martes 10 en las cómodas instalaciones con que cuenta la Universidad de Guanajuato en el Forum Cultural de León, donde se ubica su Departamento de Estudios Culturales. La organización corrió cargo de la propia asociación y de la División de Ciencias Sociales y Humanidades del Campus León de la UG.
Los estudios e investigaciones regionales tienen una tradición relativamente reciente en nuestro país. México inició su trayectoria como país independiente heredando dos modelos de organización política altamente centralizados: primero, el arquetipo proveniente de la península ibérica, donde la guerra contra los moros obligó a una concentración del poder en las manos de los monarcas de Castilla, región que acaparó las capacidades del naciente estado español y ahogó las autonomías regionales. Segundo, el esquema imperial de los aztecas, que controlaban con mano férrea territorios de extrema variación cultural. Por eso fue tan absurdo que el país que nació en 1821 se diera una constitución federalista en 1824, imitando el modelo norteamericano sin considerar el propio; así lo hizo ver el diputado constituyente Fray Servando Teresa de Mier en su famoso “discurso de las profecías”, donde aseguró que el federalismo en los Estados Unidos unió lo dividido y en México dividiría lo ya unido.
Por la fuerza de los hechos el centralismo se impuso durante todo el siglo XIX y por supuesto en el XX. Las regiones se mantuvieron debilitadas por el poderoso presidencialismo imperial mexicano, así como por una ideología nacionalista que negó el componente local dentro de la matriz cultural “nacional”. Ser regionalista equivalía a ser considerado retrógrado y reaccionario.
Pero la formación nacional mexicana ha madurado y necesariamente ha reconocido la importancia de las regiones y su desarrollo. Al menos desde los años setenta han surgido movimientos sociales y políticos que reivindican la importancia de la región para sostener un modelo nacional viable. El desarrollo regional se convirtió en una estrategia sobre la que comenzaron a voltear gobiernos y actores sociales. La academia no podía ser la excepción.
La página electrónica de la AMECIDER señala como antecedente de esa asociación un encuentro de académicos regionalistas realizado en 1975 en la ciudad de Guanajuato: el Primer Coloquio Internacional sobre Desarrollo Urbano y Regional. A partir de 1994, año de su fundación, la AMECIDER ha venido realizando sus encuentros anuales en diferentes lugares del país.
La Universidad de Guanajuato no ha sido insensible a la necesidad de estudiar y estimular el desarrollo regional. Desde 1999 cuenta con la licenciatura en Desarrollo Regional, que se ofrece en Salvatierra y en León. Mediante los cuerpos profesorales de la División de ciencias Sociales y Humanidades del Campus León se continuará estudiando las características particulares del desarrollo de México, Guanajuato y sus regiones.

viernes, 25 de septiembre de 2009

No aprendemos

No aprendemos

Por: © Luis Miguel Rionda ©
Publicado en de León.
También en 15Diario, cotidiano electrónico.

Desde que la crisis global nos regresó a nuestra cruel realidad de subdesarrollo fiscal, el gobierno mexicano se mantiene sumergido en una paranoia presupuestal que ha contaminado la atención a cuestiones de mayor importancia. No es raro, ya que para atender cualquier prioridad se debe contar con el recurso suficiente. Una de esas cuestiones nodales es la educación, y muy en particular la educación superior y la investigación científica. Mal que bien, los mexicanos contamos ya con un promedio de entre ocho y nueve grados de educación, lo que quiere decir que el ámbito básico de la instrucción está atendido, más o menos. Pero debido a la transición demográfica por la que atravesamos desde hace una década, hoy día la presión de la demanda está sobre la educación media superior -la preparatoria pues- y la superior.
Cientos de miles de jóvenes aspiran cada año a ingresar a estos servicios educativos, y un enorme porcentaje queda fuera, al menos de la oferta pública. Es por ello que en estos años recientes hemos presenciado un auténtico boom de la educación privada, concretada en liceos y universidades particulares que por el afán de captar a estos miles de clientes potenciales, han expandido sus capacidades a costa de disminuir la calidad. Es el fenómeno de las universidades “patito” y los institutos-hongo, que pululan en cocheras, casas habitación acondicionadas y cualquier espacio donde se pueda abrir un “plantel”.
El Estado mexicano ha exhibido dos caras contradictorias frente al problema: por un lado impulsa a las universidades e institutos públicos -excepto los macrocefálicos- a expandir su oferta, seduciéndolos con la promesa de apoyos y financiamientos. Pero por otra parte ante las incidencias económicas se aplican políticas restrictivas de presupuesto a las mismas universidades, como vemos hoy día. El secretario Alonso Lujambio, académico y universitario de vocación, tuvo que anunciar para este año un 1% de recorte, que para un conjunto de instituciones que dedican más de un 90% de su presupuesto a gasto corriente y etiquetado significa una enormidad: un décimo de su gasto programable, ese que permite expandir la oferta, abrir nuevos programas, realizar investigación, hacerse de infraestructura, etcétera.
Se sabe que en el proyecto de presupuesto federal 2010 que presentó el presidente Calderón se prevé un recorte adicional de 6.2% al gasto en educación superior e investigación científica. Esa proporción llega al hueso: significará detener de plano los proyectos de crecimiento en cantidad y en calidad dentro del sector. Habrá que dejar para mejores tiempos la posibilidad de que nuestro país forme más capital humano de alto registro, a la manera como lo hacen naciones en desarrollo como la India, China, Corea, Brasil o Chile, que invierten en educación superior e investigación cantidades sustanciales que les han permitido convertirse en potencias tecnológicas. La India exporta ingenieros, China está por lanzar su primera expedición tripulada a la luna, Corea lidera la creatividad mundial en electrónicos y automotores, Brasil exporta aviones civiles y de guerra de alta tecnología, Chile cuenta con la clase media más ilustrada del continente gracias a uno de los mejores sistemas educativos del mundo.
Mientras tanto el gobierno mexicano le dice a la mejor universidad de habla hispana del mundo, la UNAM, que se ajuste el cinturón. Insinúa que las universidades públicas son dispendiosas, en contraste con las privadas –recordemos que Calderón se formó en la Libre de Derecho-. Por ello la administración ha mantenido una dificultosa relación con la ANUIES. Hace unos meses recurrió al chantaje y les recordó las universidades que les había apoyado con 600 millones de pesos para cumplir sus obligaciones fiscales. No producen, están politizadas y pagan demasiado a sus profesores y trabajadores, dicen en la presidencia.
No pongo en duda que en muchas universidades públicas existen problemas de eficiencia y calidad. Precisamente esos problemas deben ser atendidos mediante el reforzamiento financiero de los mecanismos de estímulo institucional, como los programas emprendidos por la SEP y el CONACyT en los últimos tres lustros: PROMEP, PIFI, PNPC, Fondos Mixtos, etcétera. No hay mejor inversión que en educación básica y superior, así como en investigación científica, como han puesto en evidencia los estudios comparativos disponibles sobre la vinculación desarrollo-educación. México se prepara para volver a echarse atrás en este ámbito, y mantenernos así en el sótano del capital humano. Seguiremos siendo un país de maquila, ignorancia y migración.

viernes, 20 de marzo de 2009

La ANECPAP ataca de nuevo


Del jueves 5 al sábado 7 pasados, la Asociación Nacional de Estudiantes de Ciencia Política y Administración Pública (ANECPAP) realizó su primer encuentro regional en la Universidad de Guanajuato, con el apoyo de la nueva División de Derecho, Política y Gobierno. La organización estuvo a cargo del comité local “Euquerio Guerrero”, en particular Juan Pablo Arce, Juan Pablo Quiroz y Luz María Chimal. En el edificio central se concentraron entre 300 y 400 chicos que provenían de buena parte del país –por eso no entendí lo de “regional”-. Se reúnen de vez en vez para debatir los temas políticos y sociales del momento, y en esta ocasión dedicaron el encuentro a la cuestión de “El municipio, célula política y administrativa de nuestra federación”.

Los chavos me invitaron a participar con una conferencia, misma que no puede concentrar en el tema señalado por no ser mi especialidad. Lo bueno es que sobre la materia los chavos ya habían escuchado disertaciones excelentes como la de Enrique Cabrero y Carlos Moreno Jaimes. Como me tocó ser el conferencista de salida, el sábado y después del medio día, buena parte de los pibes se había acomodado en las cómodas butacas a reposar la desvelada de la juerga nocturna anterior. Quise hablarles sobre la perspectiva electoral de este año desde el ámbito local. Un tema soporífero que sin duda ayudó a muchos a reposar la pupila.
Pero comencé platicándoles mis experiencias personales con la ANECPAP. Recordé que en 1996 tuve mi primer contacto con la asociación en un congreso en Toluca. Ahí coincidimos con el doctor Pedro Ferraz de Abreu, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts, fundador y presidente del Centro de Investigación en Tecnología de la Información para la Democracia Participativa (CITIDEP), organismo con sedes en Lisboa y Boston que congrega a cerca de un centenar de investigadores de siete u ocho países. Desde entonces me uní al CITIDEP, y también lo hicieron algunos de los entonces líderes de la ANECPAP, como Alejandra Sota Mirafuentes, hoy Coordinadora de Estrategia y Mensaje Gubernamental de la Presidencia de la República. La ANECPAP y el CITIDEP mantuvieron comunicación un tiempo, pero el problema de una asociación estudiantil es que está formada por estudiantes, y esta condición es por definición efímera –bueno exceptuando a los “fósiles”-. Ha sido difícil mantener la colaboración, pero en marzo de 2001 logramos realizar una mesa de trabajo en el VI Encuentro de la ANECPAP, en Guanajuato, que fue coordinado por Iovana Rocha. Nos trajimos a Pedro Ferraz desde Lisboa y armamos una mesa con otros investigadores del CITIDEP capítulo México. Las intervenciones todavía pueden encontrarse en la página electrónica del CITIDEP.
Luego participé en otro encuentro de la ANECPAP en Aguascalientes, y todavía conservo la amistad de los entonces estudiantes, hoy colegas, como el doctor Jesús Aguilar López profesor de la UAA. En fin, que ha sido muy placentero mantenerse cerca de este tipo de encuentros juveniles, tan necesarios y tan entretenidos.
Aunque lo intenté, no limité mi participación a las anécdotas. Debí socializar mis inquietudes sobre las nuevas circunstancias de la reforma electoral federal y local. También insistí sobre los pendientes que aún se presentan para lograr avances e el ámbito de la confiabilidad de los árbitros electorales, en particular los actuales métodos de selección de consejeros electorales, las enormes carencias en cuanto a material humano con que se enfrenta el proceso de reclutamiento y capacitación de funcionarios de casilla, el enorme gasto que representa mantener a 33 burocracias electorales en el país, los abusos de los partidos cuando se trata de beneficiar a sus arcas y a sus líderes, la inconsistencia de haber concentrado tanto esfuerzo del IFE en el monitoreo de los medios electrónicos mientras que su consejo general dictamina sobreseimientos increíbles, etcétera. Sin duda, el sistema electoral mexicano no pasa por sus mejores tiempos.
Los chavos de la ANECPAP son inquietos, inquisitivos y discutidores. Muchos son muy estudiosos y de seguro formarán parte de la generación de líderes del porvenir inmediato. Los saludo dondequiera que ahora estén y les deseo que se formen con solvencia para que rescaten al país del agujero en el que lo hemos metido.

viernes, 10 de octubre de 2008

UVEG: Ciencias sociales virtuales


Fui invitado por un despacho consultor, Earned Value, a participar en un grupo de enfoque dedicado a “identificar las necesidades que la educación superior deberá satisfacer en los próximos años, en materia de competencias profesionales que los egresados de las áreas de Ciencias Sociales y Humanidades, y de Artes deberán poseer para desempeñarse con éxito”. Los resultados del estudio servirán para que la Universidad Virtual del Estado de Guanajuato (UVEG) pueda definir sus estrategias de crecimiento y oferta en este campo del conocimiento. Una docena de estudiosos acudimos al centro universitario Vinculación con el Entorno (VEN) de la Universidad de Guanajuato, en Silao, para interactuar con el apoyo de la última tecnología para la toma de decisiones ejecutivas. Me pareció una experiencia muy interesante, pues es muy reconocible que una institución de enseñanza superior, antes de definir su oferta, pida el apoyo de expertos en esta área específica para planear su desarrollo futuro en la materia. Y es más importante por el hecho de que la UVEG se plantea como instancia incluyente de las porciones de la población que carecen de un acceso efectivo y práctico a la educación escolarizada.
Las ciencias sociales, las humanidades y las artes son ámbitos del conocimiento tradicionalmente considerados “marginales”, “subjetivos”, “adjetivos”, “teóricos”, “interpretativos” y, para colmo, prescindibles por intrascendentes. Prueba de ello es la escasez crónica de programas de educación superior referentes en Guanajuato. Si contrastamos la situación de nuestro estado en cuanto a formación de especialistas en estudios sociales, políticos, económicos y culturales, con la de vecinos como Jalisco, Michoacán, Querétaro, San Luis o Aguascalientes, podemos percibir fácilmente el enorme grado de rezago relativo. En esas entidades existen desde hace tiempo numerosos programas superiores y de posgrado que han permitido formar una masa crítica muy importante de académicos e investigadores que han acumulado un acervo destacado de conocimiento sobre las realidades de esas sociedades regionales. Con esa sapiencia, se facilita enormemente el diseño y la definición de estrategias de desarrollo social, así como de políticas públicas y privadas para garantizar la pertinencia de la acción de los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil, los partidos políticos e incluso de las empresas y el sector privado emprendedor.
Las ciencias sociales, las humanidades y las artes deben acompañar el desarrollo armónico de un pueblo. Sin ellas no se establece plenamente la conciencia de grupo, la identidad cultural y la solidaridad hacia los conjuntos vulnerables. La ignorancia siempre será mala consejera, y peor cuando acompaña la ejecución de acciones de gobierno o de intervención social, pues sin el conocimiento previo y objetivo de la situación prevaleciente, el ejecutante se arriesga al fracaso o a la intrascendencia de sus acciones. Ejemplos abundan, y no tengo espacio para detallar algunos que he testimoniado.
Mi casa de estudios, la Universidad de Guanajuato, tiene una larga tradición en el ámbito de las artes y las humanidades. Tradición por cierto en mucho debida al interés personal del gobernador José Aguilar y Maya, allá en los años cincuenta. Pero en las ciencias sociales apenas se cuenta con unos pocos programas recientes. Somos muy pocos todavía los profesores e investigadores realmente formados en este campo. Es por ello que debe ser muy bienvenida esta iniciativa de la UVEG, ya que contribuiría a acercar a la población interesada y demandante de conocimiento en estos campos, tan poco apreciados por el resto de las instituciones educativas de la entidad. Afortunadamente el cultivo del saber académico en materias sociales, culturales y artísticas no es demasiado oneroso: sólo demanda vocación, ganas de trabajar duro en el estudio, inquietudes intelectuales, habilidades para la comunicación oral y escrita, espíritu tan abierto a las diferencias como crítico hacia lo establecido. Las ciencias sociales son forjadoras de conciencia crítica, y por ende ayudan a fortalecer la propia materia de su estudio: los vínculos comunitarios.
La UVEG podrá cubrir un “nicho de mercado” -como dicen ahora los tecnócratas- que está poco atendido. Se abre un “área de oportunidad” -para seguir con la jerga yuppie- que puede ser una alternativa interesante para los jóvenes y no tan jóvenes que deseen hacerse de una formación intelectual que es muy demandante y plena de retos, pero también con grandes satisfacciones potenciales. Las ciencias sociales y la humanidades tienen aplicaciones prácticas en nuestra vida cotidiana de las que somos muy poco conscientes, ya que estamos acostumbrados a pensar sólo en función de las profesiones liberales –abogados, contadores, ingenieros, médicos, etcétera-, cuyos campos de trabajo están saturados. Nuestra comunidad requiere en cambio de expertos en el análisis prospectivo de problemáticas sociales que nos afectan profundamente el día de hoy: la violencia social y la delincuencia; la desintegración social y familiar; la crisis de valores éticos y culturales; los impactos de la modernización y la globalización; las causas y consecuencias de las migraciones internas e internacionales; la salud pública y las nuevas pandemias; los aprietos de la democracia liberal y la falta de legitimidad de los gobernantes; el impacto social sobre el medio ambiente natural; la gerontología y el abandono social de los viejos; los límites de la sociedad postindustrial, etcétera. Es mucha materia para el estudio, la reflexión y el diseño de estrategias, con fundamento en la metodología científico social y humanística. Pero somos muy pocos los formados profesionalmente en este campo. Con la UVEG, habrá mejores perspectivas al futuro, gracias a la virtualidad y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

viernes, 3 de octubre de 2008

Enseñar a investigar

Los días de ayer y hoy se desarrolla el Coloquio “Enseñar a investigar en la complejidad contemporánea”, que impulsa la Universidad de Guanajuato en las instalaciones de su Facultad de Derecho. Se estará discutiendo sobre los problemas concretos con que se enfrenta el docente-investigador para formar o confirmar la vocación investigativa que de forma natural subyace en todos los estudiantes. Desgraciadamente, cuando los chicos llegan a la educación superior traen consigo arrastrando años de una enseñanza autoritaria, desmotivadora de la generación de conocimiento crítico e innovador. Somos herederos de una tradición escolástica y conductista que privilegia la memorización de conocimientos que son considerados “consagrados” por la tradición de la palabra publicada; es decir, que el promedio de nuestros docentes nunca se atrevería a sembrar en las mentes de sus alumnos la sombra de una crítica hacia la tradición académica -científica o no- que se eterniza en las aulas. A todos nosotros se nos impuso durante nuestra infancia y adolescencia la idea errada de que no hay nada nuevo bajo el sol y que no se puede cuestionar lo establecido por la costumbre y la rutina. Prueba de ello es que en las aulas mexicanas no se fomenta, sino que se evade, el debate abierto sobre temas que son considerados tabúes, o al menos poco apropiados, como el de la sexualidad humana, la religión, la política y muchos temas o personajes de la historia real de nuestro país. Al chico se le prepara para convertirse en un trabajador calificado, pero nunca crítico ni consciente de su realidad. De esta manera, la educación no se transforma en recurso para la liberación -a la manera como lo concebía Paulo Freire-, sino para la perpetuación de las relaciones de dominación social.
La investigación es una actitud y una práctica. Desde que nacemos, somos criaturas cuestionadoras y curiosas: todo lo queremos saber, todo lo queremos comprender. Y muchas de las preguntas inocentes de los niños ponen en aprietos a los adultos, ya deformados por los prejuicios y por los conocimientos considerados “válidos” y tradicionales. Con el tiempo, el niño abandona su curiosidad natural y se convierte en un ser conformista y reprimido. Devolverle a un joven estudiante esas facultades, tanto tiempo combatidas por un sistema alienante, es un reto que debemos confrontar con pocas herramientas los profesores-investigadores en el nivel superior. ¿Cómo lograr que se reviva el natural instinto cuestionador en los alumnos? Eso estaremos discutiendo en este evento universitario.
No es fácil enseñar a investigar a muchachos que tienen la impresión de que poco o nada pueden aportar al conocimiento científico y a la tecnología que el mismo genera. México es un país consumidor, y no generador de ciencia y técnica. El gobierno invierte poquísimo en estas actividades, y los empresarios prácticamente nada. Nuestro sistema productivo prefiere comprar el know-how antes que generarlo. Por ello, la educación se ha preocupado poco por formar capital humano proclive a la investigación y la construcción de ciencia. ¿Para qué, si todo marcha tan bien si aceptamos nuestro papel pasivo ante la innovación del conocimiento? ¿Para qué arriesgarse a crear profesionales inquisitivos, críticos y analíticos, que luego pueden dedicar sus aptitudes cuestionadoras hacia la censura del sistema imperante? Un pueblo ignorante y conformista es más cómodo de gobernar, más fácil de engañar, más sencillo de esquilmar.
El epistemólogo Gastón Bachelard identificaba como el principal “obstáculo epistemológico” para la generación de saber científico el llamado “conocimiento ordinario”, que se caracteriza precisamente por su tendencia conservadora y acrítica. La experiencia y los juicios que vamos construyendo a lo largo de la vida tienden a esclerotizarse y a establecerse como verdades inmóviles. Eso es lo peor que puede sucederle a nuestra capacidad de avance hacia nuevos y más válidos conocimientos, particularmente en la ciencia. Hay que evitar caer en ese conformismo. Y hay que hacerlo mediante el fomento de la mentalidad inquisitiva, cuestionadora y de curiosidad permanente que debe caracterizar a los sabios verdaderos. Eso es lo que hay que buscar con nuestros jóvenes estudiantes, antes de que terminen de caer en el inmovilismo intelectual. Yo le he apostado a una técnica sencilla: desde la clase primera “moverles el tapete” a los chicos con quienes he compartido los quince cursos que he impartido sobre metodología de la investigación. Lo hago aprovechando mi formación antropológica, que me permite cuestionarles muchos de los tabúes y prejuicios con los que la cultura “ordinaria” ha condicionado su conducta. Por ejemplo, les lanzo ideas inquietantes como que el tabú del incesto es un constructo cultural, inexistente en el estado de naturaleza; o que la religión es un recurso también cultural para ordenar conductas y justificar un orden establecido; o que mucho de nuestra conducta cotidiana está determinado por nuestra obsesión por el sexo; o que el matrimonio romántico es un invento de la sociedad capitalista; o que el ser humano no nace como tal, sino que se hace; o que… etcétera. ¡Se arman unos debates bien sabrosos! Cuando se les cuestiona sobre elementos de su vida diaria que son considerados imbatibles, inamovibles, los muchachos comienzan a dudar, y con la duda les nace la curiosidad, y con la curiosidad viene el deseo de aprender cosas nuevas, y con ello florece la actitud científica. Así puede vencerse la molicie y la flojera mentales con las que nos educaron nuestros viejos maestros para domesticar nuestro instinto más humano: preguntar, investigar, conocer. De ahí, el paso siguiente es mucho más fácil, el de aprender los métodos y técnicas con que las ciencias nos han provisto desde la revolución de Copérnico, de Galileo y de Gutenberg: la experimentación, la comparación, la verificación y la democratización del conocimiento. Y así la verdad en efecto nos hará libres.