Etiquetas

4T Aborto Academia Agua Alteridades América Latina AMLO Antropologia social Bicentenario Campañas electorales Candidatos independientes Catolicismo Ciencia política Ciencia y Tecnología Ciencias Sociales Ciudad de Guanajuato Ciudadanía Conacyt Conmemoraciones Corrupción Covid19 Coyuntura Cuba Cultura Cultura política Cultura popular y tradiciones Delincuencia organizada Democracia Democracia participativa Deporte Derechos humanos Derechos políticos Desarrollo regional Desarrollo social Desastres naturales Ecología Educacion Educacion superior Elecciones Estado de Guanajuato Estudiantes Ética EUA Familia Federalismo Función pública Globalización Gobernadores Gobernanza Gobierno federal Guanajuato Historia política Historiografía Homosexualidad Identidad cultural IEEG IFE IGECIP impuestos Indigenas y pueblos originarios INE Intolerancia Izquierda Juventud La Radio Lengua y lenguaje León Libros Medio ambiente Medios de comunicación Memoria México Migración Momias de Guanajuato Mujeres y feminismo Mundo Municipios Nacionalismo Nuevas TIC OPLEs Organismos autónomos Partidos políticos Patrimonio PEMEX Personajes Población Poder judicial Poder legislativo Politica internacional Posmodernidad Redes sociales Reforma electoral Salamanca Salud pública Seguridad pública Seguridad social SEP Sindicalismo Socialismo Sociedad civil SOMEE Teatro universitario Terrorismo Tribunal electoral PJF UNAM Universidad de Guanajuato violencia política Violencia social Yo y mi circunstancia
Mostrando las entradas con la etiqueta Conmemoraciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Conmemoraciones. Mostrar todas las entradas

viernes, 31 de julio de 2020

La Cueva de San Ignacio

La Cueva de San Ignacio

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en:
ZonaFranca.mx Milenio León
http://15diario.com/hemeroteca/15diario/hemeroteca/2013-11-15/rionda15.html
eslocotidiano.com

Hoy es Día de la Cueva en Guanajuato capital. Se cumplen 404 de celebrar esta fiesta y verbena dedicada al entonces beato Ignacio de Loyola. La referencia religiosa es pretexto para que media ciudad se traslade al cerro del Hormiguero y los bajos de la Bufa y los Picachos, donde se come y se bebe en familia en carpas improvisadas, se acude a misa en la gruta de cantera, y se comercia con chucherías, ropa, comida, golosinas y bebida, en el éxtasis de la música para el bailongo.


El sentido original de la fiesta hace referencia a la cueva del pueblo de Manresa, España, donde Ignacio vivió varios meses de 1522 en ejercicio de recogimiento y meditación, y también redactó sus Ejercicios espirituales, fuente de inspiración para las generaciones de la contrarreforma religiosa europea. Ese movimiento religioso que respondió a las fuerzas revisionistas que cundían en el norte europeo y que cuestionaban la corrupción del catolicismo ortodoxo, y le contraponían la sobriedad en sus formas y modos. La contrarreforma respondió con lo contrario: la exuberancia del pensamiento que se canalizó mediante el barroco y su intento de reflejar lo divino en la materialidad del arte.

Desde tiempos tan lejanos, la ciudad minera recrea su vocación jesuítica y su gusto por lo frondoso en esta fiesta de la abundancia y la alegría. El Día de la Cueva es la verbena principal para una villa con innumerables fiestas religiosas. La convivencia ayuda a confirmarle a la principal montaña de esta ciudad escabrosa su primacía en la magia del imaginario colectivo. La fiesta de La Bufa, nuestra Bufa, similar a la de Zacatecas, pero diferente por esta aura de hechizo y sortilegio que emana de su Cueva encantada, espacio para misas blancas y negras, con su estatua de cantera de San Ignacio, que siempre amanece descabezada y pintarrajeada por vándalos impíos.


En esta ocasión se cumplen diez años de cuando La Bufa convocó a la movilización ciudadana en defensa de sus espacios naturales, tan sagrados para quienes habitamos bajo su mirada protectora. Miles de guanajuateños levantamos la voz en reacción contra la intención del ayuntamiento de entonces, de autorizar la urbanización de sus bajos y cañadas. El Día de la Cueva de ese año marchamos más de mil enojados residentes para exigir el respeto a esos espacios ancestrales, y en el llano del Hormiguero cantamos el himno de Guanajuato, “Tierra de mis amores”, del inolvidable cuevanense Jesús Elizarrarás.


El enojo social impulsó al entonces alcalde —surgido de una inusual coalición PRI-PRD— a solicitar la realización del primer y único ejercicio de democracia directa que hemos experimentado en nuestro estado, el plebiscito del 5 de diciembre de ese año. Los opositores ganamos la votación con 84% de los 12 mil 547 sufragios emitidos, con una participación del 12.84% de la lista nominal municipal.

La identidad cultural de los pueblos y villas del Bajío se basa mucho en su arraigada religiosidad, consecuencia de un modelo colonizador que impuso a la fuerza los valores del catolicismo rural y conservador de los pueblos españoles, que vivieron en carne propia la violencia de la reconquista, los conflictos con el Moro y la persecución de los herejes. La contrarreforma de San Ignacio sigue viva en el ethos regional guanajuatense.

Jorge Ibargüengoitia lo sabía, y por el Día de la Cueva rebautizó a nuestra peculiar ciudad minera: Cuévano. Por eso somos cuevanenses.



viernes, 22 de noviembre de 2013

Olvidos intencionados

Olvidos intencionados

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en:
ZonaFranca.mx Milenio León
http://15diario.com/hemeroteca/15diario/hemeroteca/2013-11-15/rionda15.html
eslocotidiano.com

Algo sucede con las identidades ideológicas de nuestros gobernantes, que en estos tiempos parecen diluirse en un pragmatismo pasmoso y lamentable. Y es que en la política se inventaron los referentes de “izquierda” y “derecha”, incluso el debatible “centro” para tener una mínima claridad sobre las posturas axiológicas de los personajes públicos. Es importante definirse en lo teórico para darle pistas a los gobernados o representados sobre el tipo de oferta programática que pueden esperar de su clase política, organizada en partidos que tienen la obligación de asumir posiciones claras sobre los temas fundamentales que afectan al común. Precisamente esa es la función de los llamados documentos básicos de los institutos políticos: los principios de doctrina, que luego deben traducirse en un programa de acción.

Pero nos encontramos con el hecho de que esos documentos definitorios luego son destinados al descanso eterno del archivero, y los hombres y mujeres en el poder optan por las mudanzas ideológicas en función de la coyuntura, sobre todo electoral.

¿A qué me refiero con este rollo? A las actitudes mudables de los gobiernos emanados de los partidos políticos. Por ejemplo el gobierno federal, hoy bajo la égida del Partido Revolucionario Institucional (PRI): ¿cuál es su ideología? Acabamos de ver cómo minusvaloró la trascendencia de un aniversario más de la Revolución Mexicana. Esto a pesar de que en el arranque mismo de su declaración de principios afirma orgulloso que “Nuestro origen surge de los grandes valores sociales de la Revolución Mexicana”. ¿En serio? Al menos en apariencia da otra impresión: que el nuevo gobierno ha querido apartarse de esos valores, como el nacionalismo revolucionario (nuestras principales empresas siguen cayendo en manos extranjeras: bancos, minas… ¡hasta la cerveza!), la justicia social (recuerden la Reforma Laboral), la soberanía (ya se declaró muerta la doctrina Estrada y se tolera el espionaje extranjero), la economía mixta (¿alguien se acuerda de ella?), el mercado tutelado por el Estado (para ello se le dio un Buen Fin), el petróleo es nuestro (al menos sí del Sindicato y de los ordeñadores de ductos), y la tierra es de quien la trabaja (o la renta, o la compra, como las trasnacionales agroindustriales).

Desde la administración de Carlos Salinas hasta la actual, incluyendo obviamente a los dos sexenios panistas, el Estado mexicano se ha desprendido de su herencia revolucionaria. Lo ha hecho de manera callada, pues la simbología del movimiento social más importante de América Latina es todavía muy poderosa. Hasta los gobiernos del Partido Acción Nacional revindicaron la parte que les toca del alzamiento popular: su fase y contenido maderista. No fueron indiferentes, y en particular la administración calderonista impulsó los festejos del centenario de la Revolución, aunque trivializando sus símbolos (¿recuerdan el horrendo “Coloso”, hoy arrumbado?).

¿Por qué se minusvaloró este 103 aniversario? Oímos cómo el secretario de Gobernación declaraba sobre la aparente cancelación del desfile deportivo– que muchos consideran ya tradicional: “no se puede cancelar lo que no se ha programado”. No se programó, pero al cuarto para las doce organizaron un desfile castrense, que aparentó ser una salida apresurada al mundo de críticas que ya se avizoraba.

Hay hechos que dicen más que mil palabras. La Revolución, sus significados y la falta de cumplimiento de sus metas les provocan cada vez más incomodidad a los gobernantes. Quieren sustituir en el imaginario colectivo el peligroso mensaje revolucionario por la moderación del reformismo. No estaría mal si ese gradualismo nos condujera en el mediano plazo a los mismos objetivos que buscaría un rompimiento violento con el ancien régime, pero al parecer son reformas que van en otra dirección: precisamente en contra de los valores justicieros que clamó la Revolución.

Avanzamos lentamente hacia las terribles injusticias y desequilibrios que describieron analistas como John Kenneth Turner en 1908 y Andrés Molina Enríquez en 1909, en las vísperas del estallamiento del hartazgo popular. A 103 años, ¿no estamos parados sobre una olla de presión similar? La violencia social ya se evidenció en 1994 en Chiapas, y desde 2006 hasta la actualidad en Michoacán, la frontera y gran parte del país. Y es que la violencia es el último recurso de los desesperados, como fue para los sans-culottes en Francia de Luis XVI, o para los peones rurales y “pelados” urbanos del México porfirista.

No olvidemos. Para eso sirven los aniversarios: para recordar…