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martes, 24 de mayo de 2011

Premio Wigberto Jiménez

Premio Wigberto Jiménez

Publicado en de Guanajuato.

Don Wigberto Jiménez Moreno fue un destacado historiador y antropólogo leonés (1909-1985), que a pesar de –o tal vez debido a- su formación casi autodidacta descolló en el competido ámbito nacional de los estudios históricos y arqueológicos. Don Luis González y González, quien fue parte de una generación posterior de estudiosos de la historia matria y patria, escribió una semblanza del maestro para la Academia Mexicana de Historia, de donde tomo estos datos. Yo fui discípulo de don Luis, de quien tomé algunos cursos entre 1983 y 1985, por lo que me concibo como nieto intelectual de don Wigberto, a quien leímos por invitación de nuestro maestro. Don Luis tenía una especial estima por la obra de don Wigberto, y le reconocía haber sido un pionero de la historia regional y étnica.

Recordaba don Luis que “Si se le decía maestro a Jiménez era porque enseñó en cosa de doce instituciones de educación: en su juventud, en la secundaria y en la normal de León. Desde el quinto lustro de su vida en el Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, y desde que cumplió treinta años, la UNAM, la Escuela Nacional de Antropología e Historia, el México City College y la Universidad Iberoamericana. A partir de 1960 fue muy solicitado como maestro en las universidades de Texas, Illinois, Minnesota, Wisconsin, Arizona y Los Ángeles. Sus exposiciones orales o conferencias, cuya duración siempre excedía con mucho a la normal, eran frecuentes y muy frecuentadas.”
Desgraciadamente don Wigberto no fue muy amigo de la pluma, a pesar de su enorme capacidad expositora. Escribió poco y difuso, pero algunos de sus textos son referencia obligada para quienes desean profundizar en el conocimiento de la historia del Bajío. Por ejemplo, el “Brevísimo resumen de historia antigua de Guanajuato” publicado en 1933 –y republicado en otras fechas posteriores-, y otro más, “La colonización y evangelización de Guanajuato en el siglo XVI” de 1944, son textos ineludibles para comprender la colonización y descolonización nativa y europea de estos territorios. Hoy que se ha puesto de moda en nuestro estado rescatar y abrir al público algunos de los mil 400 sitios arqueológicos que salpican su territorio, estos textos cobran nueva actualidad.

Concluye don Luis: “Del inquietísimo profesor Jiménez Moreno, que esparció de viva voz y por escrito numerosos datos e interpretaciones de la vida mexicana, se han derivado numerosas interpretaciones históricas escritas por los oyentes y lectores de tan ocurrente maestro. En 1982 fundó El Colegio del Bajío, y tres años después, cuando el colegio establecido en León, Guanajuato, despegaba, la muerte lo separó de él.”
De habérsele permitido florecer, El Colegio del Bajío habría sido el segundo centro de investigación social y humanística establecido en las entidades de la República, sólo después de El Colegio de Michoacán, fundado en 1979 por el propio Luis González. La grilla política condenó a la institución leonesa a su desaparición en 1988, quedando cercenado el legado de don Wigberto. El estado de Guanajuato estaba en deuda con él, y el premio nacional que lleva su nombre, instituido en 2008, es una manera de ayudar a pagarla. Felicito a Carlos Armando Preciado por la publicación de su libro “Clase política, elecciones y estructuras legislativas Guanajuato 1833-1853” por ediciones La Rana, trabajo ganador en 2009.

Presentan Convocatoria Premio Nacional Wigberto Jiménez Moreno 2011

 Ve la nota en ZonaFranca.


martes, 10 de agosto de 2010

Santiago Silahua

Santiago Silahua


Publicado en de Guanajuato.

La colección de monografías históricas municipales que está publicando la Comisión Estatal para la Conmemoración del Centenario y el Bicentenario en Guanajuato, ha dado a la luz la correspondiente al industrioso municipio de Silao de la Victoria. Las autoras son don jóvenes historiadoras que se han hecho cargo de la crónica local. Se trata de Paola Trujillo Hernández y Araceli Velázquez Mata. El hecho de que los jóvenes se estén haciendo cargo de la preservación de la memoria histórica de los municipios nos da muchas esperanzas de que el trabajo del cronista se consolide como una ocupación profesional y de tiempo completo. Además, encontramos que la crónica tampoco se deja en manos de una sola persona; en este caso es una pareja de jóvenes investigadoras, pero ya existen experiencias interesantes como el consejo de la crónica municipal que Herminio Martínez ha armado en Celaya. Creo que el trabajo en equipo, liderado o ejecutado por jóvenes, es el mejor camino para que la microhistoria cobre carta de naturalización en los gobiernos municipales y sus archivos.

Trujillo y Velázquez han generado una buena monografía histórica. Lo que me agradó más en su lectura es que abordan todos los temas desde una óptica diacrónica: los capítulos referidos a la hidrología, la geología, la población, la economía, la migración o la cultura, son abordados desde la historiografía, ensayando explicaciones que exploran el pasado para facilitar la comprensión del presente. Por ejemplo, cuando analizan la contaminación de aguas y suelos que tanto afecta hoy a Silao, las cronistas despliegan las circunstancias del pretérito mediato e inmediato que nos ayudan a entender los porqués de hoy. Desde las desviaciones del río Silao, la sobre explotación de los mantos freáticos, la industrialización sin planeamiento, el crecimiento poblacional, la agricultura con base en agroquímicos, etcétera, son causales que se desataron a lo largo de las pasadas décadas, incluso siglos.

Las historiadoras aprovecharon una gran cantidad de fuentes, y tratan con éxito de ser sintéticas pero certeras. Silao tiene una historia compleja que no siempre le ha sido favorable. Su situación geográfica privilegiada, nos hacen ver las autoras, también ha sido una de las causas de sus padecimientos, como la migración permanente de los sectores más ilustrados de su población, o la pérdida de soberanía por la imposición de los intereses de sus potentes vecinos: León, Guanajuato capital e Irapuato. Ha sido tierra de emigrantes ilustres: José María Liceaga, Efraín Huerta, Feliciano Peña, los Chávez Morado, Luis I. Rodríguez, el científico Vicente Fernández, el fotógrafo Romualdo García, etcétera. Pero también tierra de emigrantes netamente laborales, como los miles de silaoenses que habitan en los Estados Unidos. Pocos regresan, pero ninguno olvida.
Silao ha sido víctima de catástrofes sociales como la guerra de Reforma -de la que fue su escenario bélico final-, la Revolución -el profesor Cándido Navarro-, la cristiada, el agrarismo y otras, y también de desastres naturales como la inundación de 1976, que devastó más de la mitad de las casas del casco urbano. Me extrañó que las historiadoras no hagan suficiente referencia a esta última calamidad. Silao no fue el mismo después de la inundación.

martes, 6 de julio de 2010

Chamacuero histórico

Chamacuero histórico



Publicado en de Guanajuato.
La sexta entrega de las monografías históricas que está publicando la Comisión Estatal del Bicentenario en Guanajuato, se dedicó al municipio de Chamacuero de Comonfort. El texto, abundante y muy bien documentado, es producto de la colaboración de un joven aficionado a la historia, Leonardo López-Eguía, con el doctor en ingeniería Federico Groenewold Alexandri, avecindado en esa ciudad desde hace muchos años, y personaje muy activo en la sociedad chamacuerense. El primero era aún menor de edad cuando se aproximó al maduro intelectual nacido en 1938 en la ciudad de México, para proponerle reunir el conocimiento histórico existente sobre su municipio en un libro monográfico. La empresa parecía imposible para un chico sin experiencia, quien “no sólo tomó la responsabilidad de hacer el libro, sino que me involucró en su empresa, pidiéndome ayuda, asesoría y exigiéndome revisiones gramaticales, de redacción y estilo”, confiesa el doctor Groenewold en el prefacio escrito en 2005.

Llama mucho la atención que esa colaboración aparentemente dispar haya obtenido un producto tan destacable. En contraste con las otras obras ya analizadas en esta columna, la información que se despliega en este libro de 300 nutridas páginas es fundamentalmente histórica. Incluso cuando se proporcionan datos de tipo fisiográfico, hidrológico o edafológico, los autores siempre hacen referencia a la historia local. Desde el inicio hacen explícita su renuncia a “cualquier sentimentalismo o pasión que pueda distorsionar la imagen que se va a proyectar”, y en efecto el texto no deja mucha chance a la emoción, aunque sí expone opiniones personales basadas en los hechos concretos. Sólo en el largo capítulo final, la “domesticación de Chamacuero”, que en parte se fundamenta en textos ya publicados antes por el doctor Groenewold, se evidencian las filias y fobias políticas del autor. Es evidente que gran parte de los hechos de la contemporaneidad chamacuerense fueron testimoniados por este coautor, a quien la política no le es ajena.
Los autores tejen con éxito los elementos de la microhistoria local con los procesos que se desarrollaban en la región y el país. Por supuesto esto también es debido a la escasez de fuentes documentales locales. Entre muchos depositorios, trabajaron con los del Archivo General de la Nación y con el fondo Chamacuero de El Colegio de Michoacán, institución ésta que se ha convertido en referencia documental de consideración.
El texto es cuidadoso y busca fundamentar sus asertos con la bibliografía adecuada. Es llamativo que las referencias a historiadores, antropólogos, arqueólogos, politólogos y demás especialistas sea tan actual y pertinente. La monografía, con un poco más de cuidados académicos, podría ser presentada como tesis de maestría sin ningún problema. Es de felicitar al municipio de Comonfort -nombre impuesto del que se duelen los autores- cuente ya con un esfuerzo de sistematización histórica, que de seguro va a apoyar nuevos esfuerzos que tengan propósitos más especializados, para que la microhistoria de la tierra natal del notable historiador y político José María Luis Mora, muerto en París en 1850.


martes, 29 de junio de 2010

Moroleón y sus 200 años

Moroleón y sus 200 años


Publicado en de Guanajuato.
La quinta monografía histórica municipal que ha llegado a mis manos gracias a la cortesía del maestro Isauro Rionda Arreguín, presidente de la Asociación de Cronistas del Estado de Guanajuato y asesor de la Comisión Estatal del Bicentenario, corresponde al municipio de Moroleón.

En contraste con las anteriores monografías reseñadas en esta columna, en esta ocasión la factura del libro estuvo a cargo de un grupo de compiladores, que conjuntaron información de carácter ambiental, geológico, orográfico, hidrográfico, climático, flora y fauna, político, demográfico, de salud, de servicios públicos e infraestructura. Proporciona información cultural y deportiva, como los campeones deportivos que han salido de este municipio, como el futbolista Ever Guzmán, compañero de Giovanni Dos Santos y Carlos Vela en el equipo sub-17 campeón del mundo en el 2005.
La monografía se intitula “Moroleón, sus inicios… y 200 años de laboriosidad compartida”. El título reivindica el histórico orgullo local por la asiduidad al trabajo de los moroleonenses, que les llevó a convertir a su municipio en foco de desarrollo del sur de Guanajuato. La industria y el comercio de textiles han convertido a Moroleón en un referente nacional que atrae a comerciantes y empresarios de otros lugares del país -Chiconcuac o La Lagunilla-, y del extranjero -Corea-. Y su pujanza ha empujado a sus vecinos Uriangato y Yuriria, a conformar un eje urbano que promete dinamizar todo el sur guanajuatense.
Es hasta el capítulo XIII que inicia la exposición histórica, con síntesis de textos precursores como son los de los cronistas locales Jesús López López, Alfonso Ortiz y Cayetano Andrade. Se incluye una abundante selección fotográfica, valiosa en sí misma, además de varios documentos históricos reproducidos en facsimilar. El acento se coloca en los personajes singulares, los prohombres que han contribuido al desarrollo de lo que un día se conoció como Congregación del Moro o de Uriangato, que creció hasta desbordar su matriz histórica.
Como complementos se anexan textos muy interesantes de otros autores: de Nicolás Ruiz Rodríguez sobre la tradición del rebozo, basamento histórico de la actual actividad textil; otro de Artemio Guzmán López sobre el héroe liberal Tomás Moreno, y uno más del estudioso danés Ulrik Vangstrup con el título “Moroleón, la pequeña ciudad de la gran industria”, que hace un juego de palabras con el libro clásico de la antropóloga Patricia Arias, “Guadalajara, la gran ciudad de la pequeña industria”.
La monografía de Moroleón proporciona una buena visión panorámica del municipio, su desarrollo y su estado actual. No toca temas polémicos como el conflicto territorial con Uriangato, o la delicada situación de la industria textil después de los brutales efectos del Tratado de Libre Comercio. Como otras monografías, teje mucho sobre el tema religioso y la acción de clérigos y hombres santos en la historia del condado. Alegra mucho la vista del hermoso rostro de María Luisa I, reina de los festejos del primer centenario de la municipalidad en 1945, enmarcada en el simbólico rebozo de Moroleón.

martes, 22 de junio de 2010

San Pancho en la Historia

San Pancho en la Historia



Publicado en de Guanajuato.
Reseñaremos ahora la recién publicada monografía histórica municipal de San Francisco del Rincón, Guanajuato, por parte de la Comisión Estatal para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución. Este ejemplar se denomina “San Francisco del Rincón, una historia”, y es producto de la pluma del cronista local J. Jesús Zamora Corona.

Durante demasiado tiempo el conocimiento de la historia de México se limitó a los grandes hitos de la “historia patria”, que refuerzan la identidad y el nacionalismo. Pero desde hace unas cuatro décadas ha cobrado fuerza la propuesta que don Luis González y González emitió en 1973 en su libro clásico “Invitación a la microhistoria”, publicado en la colección SepSetentas. En su texto don Luis convocaba a la construcción de la “historia matria” de pueblos y municipios, como él lo hizo en 1968 con su microhistoria de San José de Gracia, Michoacán. Decía que “La microhistoria nace del corazón y no de la cabeza como la macrohistoria” y que “su madera es más de poeta que de científico”.

En efecto, las monografías históricas que he venido reseñando -por invitación del maestro Isauro Rionda Arreguín, coordinador de la colección- confirman esta característica. Pero de las cuatro monografías que llevamos, la de don Jesús Zamora es la más historiográfica de todas. Hay más oficio de historiador, con un manejo más sistemático y profesional de sus fuentes documentales y archivísticas. Creo que el autor hizo bien en sólo dedicar pocas páginas a la contextualización geográfica y económica del pujante municipio de “San Pancho”, para pasar de inmediato a historiarlo desde los tiempos más lejanos hasta el siglo XX.
Con acierto el autor renuncia desde el principio a una imposible “objetividad” en la búsqueda de la verdad histórica, y reconoce que lo que intenta ofrecer “no es la historia de San Francisco, sino una historia, una versión de lo bueno, malo y regular de lo que ha acontecido.” Sin embargo, en general su texto es parco en calificativos, y evita caer en la alabanza acrítica que es tan frecuente en otros cronistas. Y eso se agradece, pues deja al lector construir su propio juicio.
El libro se va a convertir pronto en una referencia obligada para los que busquen conocer mejor a San Pancho, o que quieran incidir en su mejor gobierno y desarrollo. Aborda temas de gran interés para el municipio como la educación, la política -las elecciones históricas-, la industria del sombrero, las tradiciones, la seguridad pública, el crecimiento urbano… Todo con una abundante documentación de respaldo. Un excelente recorrido, que logra el objetivo de dibujar una sociedad con la caracterología de los pueblos del Rincón y el foco regional leonés.
Sólo lamenté que entre los francorrinconenses ilustres no haya incluido al licenciado Rafael Rangel Hurtado, nacido en ese terruño el 31 de octubre de 1888, y quien fue gobernador de Guanajuato entre 1937 y 1938, y senador entre 1940 y 1946. Fue un impulsor decidido de la educación y estableció la primera escuela pública de San Pancho.

lunes, 24 de mayo de 2010

Monografías, primero Celaya

Monografías, primero Celaya





Publicado en de Guanajuato.

Ante la aparente superficialidad con que se pretende celebrar el centenario y bicentenario en estas tierras del Bajío, es un respiro saber que existen algunos proyectos con más contenido, tanto histórico como educativo. La Comisión Estatal para la Conmemoración de ambos sucesos acaba de iniciar la publicación de una colección de monografías históricas municipales de Guanajuato. Con esta iniciativa se remedia una inexplicable ausencia en nuestra entidad: no contamos con monografías históricas de la totalidad de los 46 municipios, menos aún de una colección que establezca criterios más o menos homogéneos para que los cronistas locales puedan exhibir las microhistorias de sus regiones y localidades.
Sólo los municipios “importantes” cuentan con monografías históricas, y las existentes son de muy extrema variedad en cuanto a calidad, criterio histórico, veracidad y alcances. Los memoriosos de los pueblos y ciudades pueden ser creativos en extremo, al grado de confundir la verdad histórica con las leyendas que pululan en los villorrios.
La colección a destacar aquí ha gestado su primer producto mediante la pluma del probado escritor de Cañada de Caracheo, Herminio Martínez, hoy cronista de Celaya. Y el libro con que inaugura la colección se llama “Las raíces del viento. Monografía, crónica e historia de Celaya.” Son 200 páginas bien escritas, plenas de información que debe alimentar la conciencia e identidad de los celayenses del siglo XXI.


Herminio es un escritor consagrado, con numerosos reconocimientos nacionales e internacionales. Su maestría en la novelística histórica, así como en la poesía y la narrativa de vuelos estéticos, le facilitan guiar al lector por un bosque de datos que bien puede espantar al neófito. No ahorra información, pero sí la presenta como lo haría un buen chef de cuisine comprometido tanto con el paladar como con la nutrición provechosa. Es un pedagogo nato. Además, su pluma lo obliga a darle a la literatura un papel protagónico dentro de su historia local, y así vemos aparecer poesías, sonetos, corridos y demás versadas populares y cultas, sobre hechos y gentes locales. El arte de la lírica va de la mano de la narrativa histórica.
El coordinador de la colección, el maestro Isauro Rionda Arreguín, promete que todos los municipios tendrán su monografía en este mismo año. Para ello se han comprometido los miembros de la Asociación de Cronistas del Estado, que están ansiosos por contribuir a las conmemoraciones con su aporte de sabiduría localista. Su trabajo no ha sido –todavía- ponderado en suficiencia, pues los festejos se han asumido con una óptica comercial y simplista, donde los personajes se traducen a caricaturas: ridículos polichinelas que se pasean por centros comerciales, y pronto en la feria del Disney-tenario del Bajío.

Los dolorosos procesos de independencia y de revolución social dejaron heridas hondas en la memoria colectiva de pueblos, ranchos y ciudades. Celaya todavía exhibe con orgullo las cicatrices urbanas de la batalla entre villistas y obregonistas. Lo mismo del paso de las huestes de Hidalgo, o de los bandoleros que asolaron la región. Las monografías ayudarán a recuperar la noción de lo propio, nuestra herencia. Recordar que todavía somos mexicanos, y no gringos de segunda.


viernes, 27 de marzo de 2009

Historia política y política de la historia


Una de las materias que imparto en la Universidad de Guanajuato se denomina “Historia Política Regional”. La ofrecí por primera vez hace nueve años, y ahora la he propuesto como seminario semestral dentro de la Maestría en Historia del Departamento homónimo de la UG, Campus Guanajuato. Trabajo muy a gusto con dos espléndidos estudiantes fuereños: Victoria Moreno, de Chicago, y Oscar A. Reyes, periodista de Querétaro. Tenemos el objetivo de comprender a la historia política como la aproximación al pasado desde el punto de vista de la construcción y los usos del poder social, más que como la narrativa de de hechos protagonizados por los poderosos. Para ello aprovechamos herramientas analíticas y empíricas provenientes no sólo del campo de la historiografía, sino también de la sociología y la antropología políticas.
Esta semana suspendimos nuestras sesiones para poder acudir a un curso intensivo que nos está brindando el profesor Jordi Canal, un especialista de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) de París, de gran reconocimiento internacional por sus estudios en historia política europea. Quien haga una búsqueda en internet se encontrará abundantes materiales y referencias a este notable historiador. El periódico El País reporta que sus últimos libros son «Los éxodos políticos en España, siglos XV-XX» (2007), «Una historia política del carlismo, 1876-1939» (2006), y con Gilles Pécout y Maurizio Ridolfi, «Sociétés rurales du XXe siècle» (2004).
El cuerpo profesoral y los estudiantes de la maestría acompañamos las sesiones del estudioso, pero estuvieron abiertas al público en general, que en efecto acudió. El doctor Jordi expuso con notable sencillez las nuevas aproximaciones teóricas y metodológicas de la historia política, esa disciplina que se ha alejado tanto de sus viejas raíces grandilocuentes y panegiristas de los poderosos -la “historia de bronce” de la que hablaba don Luis González y González-, como también de las innovaciones introducidas en los cuarenta y cincuenta por la escuela francesa de los Anales -Marc Bloch, Lucien Fevre- y sus enfoques sociales, primero de corte materialista y luego concentrado en las ideas. La historia política actual se hace nuevas preguntas acerca de los actores de la acción política, tanto los comunitarios -movimientos sociales- como individuales –el liderazgo-. De esta manera se ejercen acercamientos a fenómenos como el nacionalismo, las tiranías, las democracias, las conflagraciones -guerras civiles, rebeliones o revoluciones-, buscando la comprensión cualitativa, interpretativa, de los resortes causales de sus comportamientos incidentales o estructurales. Es una historiografía que hace uso intenso de la hermenéutica y el análisis de discurso. Al menos así lo entendí de parte del expositor. Y creo que no es una búsqueda errada o inútil, ya que la historia como objeto no existe; lo que sí tiene existencia objetiva es el recuerdo, las interpretaciones, las percepciones y los registros. Y éstos, aunque con base material, “padecen” el mismo problema de las remembranzas: son también interpretaciones, glosas o registros de visiones interesadas. La historia política, al tratar con una de las expresiones más representativas de nuestra humanidad: la política como arte y ciencia de la convivencia sin violencia, debe lidiar con las polarizaciones y la competencia entre adversarios.
La historiografía ha experimentado y padecido en carne propia los usos y abusos del poder social. Sin embargo, la revolución científica en este campo del conocimiento ha permitido sustraerle de su nicho parcializado original, y le ha colocado en una situación de mayor distancia e independencia respecto a los sujetos estudiados. La objetividad, el rigor, el método y la teoría contemporáneos permiten configurar una nueva escuela historiográfica que abandone los intereses inmediatistas o partidarios, en favor de los objetivos de largo plazo en la construcción del conocimiento histórico. El poder social como objeto de estudio, y los movimientos populares, conjuntos sociales y elites dirigentes como sujetos de la investigación, todos ellos inmersos en un entramado significativo de lazos de solidaridad –sociabilidad los llama Jordi Canal- o relaciones de competencia, son ahora los destinatarios privilegiados de la atención del estudioso, que renuncia así a la tradición romántica de las historias ególatras del pasado. Por cierto hay una tarea pendiente: construir la historia política de la historiografía, donde hay mucho qué decir.

viernes, 1 de agosto de 2008

Historia antigua de Guanajuato

Este miércoles tuve el gusto de participar en la presentación de un libro del maestro José Luis Lara Valdés, etnohistoriador de la Universidad de Guanajuato, ante la comunidad del campus Sur en la ciudad de Yuriria. El texto publicado bajo el sello de la misma casa de estudios, en su colección Historia General de Guanajuato, se denomina "Historia Antigua de Guanajuato: Disertaciones", y en él se aglutinan tres lustros de trabajo ininterrumpido de este especialista, que ha dedicado sus afanes a compendiar, a mejorar y a dar sentido al disperso conocimiento existente acerca de las sociedades llamadas prehispánicas en lo que hoy es el territorio del estado de Guanajuato. Buena parte de sus afanes, José Luis los ha canalizado en la integración de grupos de trabajo sobre este tema entre profesores del nivel medio superior y superior de la Universidad de Guanajuato. En ese sentido, se ha convertido en el heredero y continuador de la vocación principiada por nuestro maestro, Alfredo Pérez-Bolde, quien nos inició a muchos en el estudio sistemático de las culturas mesoamericanas. José Luis ha retomado la estafeta, pero le ha dado un sesgo afortunado hacia el examen historiográfico de los conjuntos nativos de la región guanajuatense, territorio que dentro de la tradición de la ortodoxia antropológica es identificada como zona de frontera entre las áreas culturales de Mesoamérica y Aridoamérica, linde oscilante y dependiente del comportamiento de las variables climático-ecológicas.


El inquieto y prolífico José Luis se ha dedicado a estudiar y a enseñar lo que todavía llamamos, por comodidad, "Historia antigua de Guanajuato". Sin ser arqueólogo, se ha aficionado al lenguaje altamente técnico de los excavadores del pasado lejano y ha acompañado a la breve comunidad arqueológica que labora o ha laborado sobre los indicios materiales que, para nuestra sorpresa, abundan en estos suelos tan transitados. Con sus estudios en paralelo, José Luis se ha transformado en un etnohistoriador bastante solvente, que concurre con otros especialistas de las ciencias sociales en el escrutinio de lo que el antropólogo Eric Wolf -quien por cierto también discurrió sobre El Bajío hace medio siglo- llamó "la historia de los pueblos sin historia".

Al igual que el concepto "México", lo que hoy denominamos "Guanajuato" es una realidad imaginaria que hemos construido histórica y políticamente desde nuestra visión contemporánea de sociedad mestiza que busca definir una identidad, y encuentra pocos referentes comunes en el pasado. Varios especialistas han discutido con pertinencia el asunto de la construcción de la nación en México, como lo hizo Octavio Paz, David Brading, Enrique Florescano, Ricardo Pérez Montfort y otros. El concepto "México" fue inventado en función de un sistema ideológico de dominación colonial, y posteriormente de un sistema de dominación criollo. La idea de México, la ciudad de los aztecas y capital del virreinato, se vertió sobre el resto del territorio y dio pie al nacimiento del esquema simbólico identitario que sustentó lo que los jesuitas en el siglo XVIII y los insurgentes del siglo XIX denominaron "México", el país, el referente de un nuevo nacionalismo. El concepto "Guanajuato" evolucionó de forma muy similar, aunque sin tanta contundencia como el epíteto nacional. El nombre del real de minas que engarzó el desarrollo regional durante los siglos coloniales, se convirtió en la denominación de la nueva intendencia de Guanajuato en 1786. No hubo mayores referentes culturales, sólo necesidades administrativas y políticas. Su ulterior reconocimiento como estado federado, o bien como departamento, siguió la misma lógica.

El libro del maestro Lara tiene dos valores intrínsecos: el de generar conocimiento científico que nos ayuda a sofisticar nuestra visión del pasado regional, y el de llamar la atención de la comunidad más amplia sobre la urgencia de atender y cuidar de los depósitos aún sobrevivientes de vestigios materiales de las culturas pretéritas. Nuestra sociedad mercantilista ve el hallazgo de sitios arqueológicos como nuevas oportunidades para la atracción de turismo y su explotación económica. Nuestros zafios gobernantes no son la excepción, y celebran alegres cuando una nueva "ruina" es abierta al público depredador. En poco tiempo tendremos conciertos de cantantes famosos en Cañada de la Virgen, y shows esotéricos equinocciales en El Monolito de Victoria o en Plazuelas. Pero mejor no les demos ideas.

El libro recorre la literatura y la creciente tradición científica sobre esta difícil materia y la expone sin mayores concesiones. El resultado es un excelente recuento crítico de la labor de múltiples especialistas, historiadores, viajeros y diletantes, desde el siglo XVI hasta la actualidad, que entre todos ayudan a dibujar el inconcluso y fragmentario panorama de nuestro conocimiento sobre las realidades históricas y culturales previas a la colonización española. El pasado lejano es un rompecabezas del que restan pocas piezas, y muy maltratadas, que además ha sido tergiversado por interpretaciones subjetivas. Por ello, a lo que nos convoca José Luis es a ejercitar la hermenéutica histórica, ya que debemos interpretar los documentos -tomados éstos en el más amplio sentido del término- y las evidencias con que contamos, es decir los registros líticos, cerámicos, escultóricos, arquitectónicos y de paisaje ecológico-cultural. La "construcción de la historia" que anuncia el autor será un terreno fangoso, carente de certidumbres, y por lo mismo imposible de ser completado o incluso clarificado con suficiencia.

Hoy, que en la ciudad de Guanajuato es día de la Cueva de San Ignacio, vale la pena recordar que precisamente en esa zona de la Bufa se han encontrado herramientas líticas y otros vestigios de ocupación humana pretérita. Así nos lo da a conocer el profesor Lara en su libro, y qué mejor oportunidad para reflexionar sobre nuestro pasado más lejano. Si le interesa el texto adquiéralo pronto, porque el tiro de la edición fue incomprensiblemente breve.