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viernes, 17 de septiembre de 2021

Patrimonio cultural en riesgo, de nuevo

Patrimonio cultural en riesgo, de nuevo

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en:
ZonaFranca.mx Milenio León
https://15diario.com/diario-de-campo-patrimonio-cultural-en-riesgo-de-nuevo-luis-miguel-rionda.html
eslocotidiano.com

La identidad cultural de los pueblos y naciones se concreta mediante símbolos materiales que, por razones con frecuencia accidentales, son vinculados con los mitos de origen de una comunidad específica de personas. Son elementos totémicos que el inconsciente colectivo asocia con una imagen de sí mismos, siempre especial y grandilocuente. Un ejemplo son los llamados símbolos patrios, en particular el escudo nacional con el águila y la serpiente, que hace referencia directa al mito de origen de la fundación de Meshíko-Tenochtítlan.

En la ciudad de Guanajuato no somos indiferentes a esta necesidad identitaria. Tenemos símbolos muy preciados, como nuestra peculiar imagen urbana, nuestros edificios históricos –como la Alhóndiga de Granaditas–, el festival cervantino, la universidad y otros. Pero hay uno que destaca entre todos: el depósito de cuerpos áridos naturales que descansa en el panteón civil de Santa Paula, mejor conocido como Las Momias de Guanajuato. Hoy dignas habitantes del segundo museo más visitado del país.

Como símbolo de identidad, las Momias son un elemento muy delicado del imaginario colectivo de los 170 mil guanajuateños que habitan el municipio capital. Por ello es de enorme importancia que los gobernantes asuman un especial cuidado y respeto cuando toman decisiones que pueden afectar la esencia de este distintivo.

En 2010 un gobierno municipal tuvo la ocurrencia de impulsar un proyecto de crecimiento urbano que habría alterado el entorno de otro símbolo local: el cerro de La Bufa. La aventura terminó mal para ese ayuntamiento, que debió recular ante la fuerza de la reacción social que se opuso a ese despropósito, que concluyó con un plebiscito en el que 84% de los consultados le dijeron No al proyecto, que se había presentado como una gran alternativa para impulsar el desarrollo económico local.

La actual administración municipal insiste en la idea de construir un nuevo museo para albergar los 123 cuerpos áridos. Para ello ha obtenido la autorización de la legislatura local saliente para endeudar el municipio con más de 70 millones de pesos, y con ello financiar un adefesio moderno en el que se puedan recibir más visitantes y reforzar así la precaria economía del gobierno local, como ineficiente recaudador que es.

Se trata sin duda de una nueva agresión a la identidad cultural de esta sufrida ciudad, siempre víctima de las ocurrencias de los demagogos del desarrollismo. Como referente cultural, las Momias pertenecen a un contexto físico e histórico específico. Es por ello que su actual ubicación, como museo de sitio, es la mejor locación posible. Sólo requiere su dignificación permanente, acorde con su importancia histórica e identitaria.

Estoy seguro de que el nuevo edificio vendrá acompañado de una visión banal, mercantilizada y morbosa sobre este repositorio de restos humanos, que la fortuna quiso que se preservaran como un registro de una humanidad de tiempos idos. Me temo que se integre un museo de espantos, a la manera de los parques temáticos gringos, sin ningún respeto para el trasfondo cultural de estos cuerpos. Ya se han dado muestras de esta concepción mercantil con su abusiva exhibición en ferias comerciales. La indignidad es evidente en casos como la momia femenina a la que pasean en una jaula rodeada de cadenas, a la que le han apodado “la bruja”. Esta suerte es la que les espera en el nuevo espacio, que seguramente se aderezará con recursos de iluminación y sonido que refuercen la experiencia “espeluznante” que buscan los turistas zafios.

La sociedad organizada local ha reaccionado de manera crítica, y se ha manifestado de manera física y virtual contra esta nueva ocurrencia. Es triste constatar la regularidad con la que gobernantes provincianos con mentalidad pseudo empresarial intentan monetizar los íconos de la cultura comunitaria. Pero en su pecado llevarán la penitencia. Al tiempo.




viernes, 31 de julio de 2020

La Cueva de San Ignacio

La Cueva de San Ignacio

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en:
ZonaFranca.mx Milenio León
http://15diario.com/hemeroteca/15diario/hemeroteca/2013-11-15/rionda15.html
eslocotidiano.com

Hoy es Día de la Cueva en Guanajuato capital. Se cumplen 404 de celebrar esta fiesta y verbena dedicada al entonces beato Ignacio de Loyola. La referencia religiosa es pretexto para que media ciudad se traslade al cerro del Hormiguero y los bajos de la Bufa y los Picachos, donde se come y se bebe en familia en carpas improvisadas, se acude a misa en la gruta de cantera, y se comercia con chucherías, ropa, comida, golosinas y bebida, en el éxtasis de la música para el bailongo.


El sentido original de la fiesta hace referencia a la cueva del pueblo de Manresa, España, donde Ignacio vivió varios meses de 1522 en ejercicio de recogimiento y meditación, y también redactó sus Ejercicios espirituales, fuente de inspiración para las generaciones de la contrarreforma religiosa europea. Ese movimiento religioso que respondió a las fuerzas revisionistas que cundían en el norte europeo y que cuestionaban la corrupción del catolicismo ortodoxo, y le contraponían la sobriedad en sus formas y modos. La contrarreforma respondió con lo contrario: la exuberancia del pensamiento que se canalizó mediante el barroco y su intento de reflejar lo divino en la materialidad del arte.

Desde tiempos tan lejanos, la ciudad minera recrea su vocación jesuítica y su gusto por lo frondoso en esta fiesta de la abundancia y la alegría. El Día de la Cueva es la verbena principal para una villa con innumerables fiestas religiosas. La convivencia ayuda a confirmarle a la principal montaña de esta ciudad escabrosa su primacía en la magia del imaginario colectivo. La fiesta de La Bufa, nuestra Bufa, similar a la de Zacatecas, pero diferente por esta aura de hechizo y sortilegio que emana de su Cueva encantada, espacio para misas blancas y negras, con su estatua de cantera de San Ignacio, que siempre amanece descabezada y pintarrajeada por vándalos impíos.


En esta ocasión se cumplen diez años de cuando La Bufa convocó a la movilización ciudadana en defensa de sus espacios naturales, tan sagrados para quienes habitamos bajo su mirada protectora. Miles de guanajuateños levantamos la voz en reacción contra la intención del ayuntamiento de entonces, de autorizar la urbanización de sus bajos y cañadas. El Día de la Cueva de ese año marchamos más de mil enojados residentes para exigir el respeto a esos espacios ancestrales, y en el llano del Hormiguero cantamos el himno de Guanajuato, “Tierra de mis amores”, del inolvidable cuevanense Jesús Elizarrarás.


El enojo social impulsó al entonces alcalde —surgido de una inusual coalición PRI-PRD— a solicitar la realización del primer y único ejercicio de democracia directa que hemos experimentado en nuestro estado, el plebiscito del 5 de diciembre de ese año. Los opositores ganamos la votación con 84% de los 12 mil 547 sufragios emitidos, con una participación del 12.84% de la lista nominal municipal.

La identidad cultural de los pueblos y villas del Bajío se basa mucho en su arraigada religiosidad, consecuencia de un modelo colonizador que impuso a la fuerza los valores del catolicismo rural y conservador de los pueblos españoles, que vivieron en carne propia la violencia de la reconquista, los conflictos con el Moro y la persecución de los herejes. La contrarreforma de San Ignacio sigue viva en el ethos regional guanajuatense.

Jorge Ibargüengoitia lo sabía, y por el Día de la Cueva rebautizó a nuestra peculiar ciudad minera: Cuévano. Por eso somos cuevanenses.