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viernes, 5 de noviembre de 2021

Nostalgias del ayer

Nostagias del ayer

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en:
ZonaFranca.mx Milenio León 15diario.com eslocotidiano.com MexicoSocial.org

El viernes 29 de octubre pasado, en su conferencia mañanera desde Campeche, el presidente de la república López Obrador emitió unas declaraciones muy inquietantes. Han sido la expresión más evidente de sus vínculos ideológicos con visiones políticas y sociales anacrónicas, previas a la eclosión del ecologismo, el feminismo moderno, los derechos humanos de tercera generación, el respeto a los animales como seres sintientes, la socialdemocracia y otros paradigmas producto de las crisis sistémicas posteriores al quiebre del 68. Cito algunos párrafos llamativos:

¿Qué hizo el neoliberalismo o qué hicieron los que diseñaron para su beneficio la política neoliberal, qué hicieron? Una de las cosas que promovieron en el mundo para poder saquear a sus anchas fue crear o impulsar los llamados nuevos derechos. Entonces, se alentó mucho, incluso por ellos mismos, el feminismo, el ecologismo, la defensa de los derechos humanos, la protección de los animales. Muy nobles todas estas causas, muy nobles, pero el propósito era crear o impulsar, desarrollar todas estas nuevas causas para que no reparáramos, para que no volteáramos a ver que estaban saqueando al mundo y que el tema de la desigualdad en lo económico y en lo social quedara afuera del centro del debate. Por eso no hablaba de corrupción, se dejó de hablar de explotación, de opresión, de clasismo, de racismo.

Entonces, agencias internacionales que apoyaban el modelo neoliberal, que es un modelo de pillaje donde corporaciones se apropian de bienes nacionales, de bienes del pueblo, estas mismas corporaciones financiaban, y lo siguen haciendo, a grupos ambientalistas, defensores de la libertad. […] Referencia aquí. 

Me pareció alarmante que el líder de una de las sociedades y economías más grandes del mundo, país que forma parte del decil más alto entre los 195 que integran la ONU, emita juicios tan temerarios sobre las mejores causas del progresismo internacional. Esos reproches los esperaría de algún radical de la derecha más desvelada, aldeana e ignorante, pero no de un adalid de la izquierda nacional.

Yo crecí en una familia de izquierda liberal, simpatizante de la revolución cubana y del régimen de Salvador Allende. Me formé en instituciones públicas donde se fomentaba el conocimiento de las corrientes ideológicas críticas de los autoritarismos y los imperialismos. Experimenté la emergencia de los nuevos paradigmas del progresismo mundial en los años setenta, tanto en Europa como en México, y me involucré tempranamente en movimientos ecologistas y solidaristas. Me ha entusiasmado el proceso reciente de expansión de los derechos humanos y el compromiso con los conjuntos sociales vulnerados. 

Por eso no puedo comulgar con una visión social paternalista, políticamente clientelar, e intolerante ante el pensamiento divergente.

El solidarismo caritativo, propio de una mentalidad cortoplacista e insustancial, pudo ser aceptable durante el periodo premoderno; tipo “Ley de pobres” inglesa del siglo XVII, paradigma del subsidio a la penuria. Repartir dinero sin crear las oportunidades para generar condiciones de independencia de los sujetos de atención es irresponsable; más en un mundo complejo que demanda actitudes proactivas ante los ingentes problemas del siglo XXI: deterioro ambiental y climático, desarrollismo sin integración, discriminación multidimensional, violencia real y simbólica, exclusión estructural, etcétera. Urgencias que demandan líderes con visión global e ilustrada, con sensibilidad social sin sensiblerías, y una actitud que facilite la unidad y la integración de los diferentes y disidentes.

No necesitamos discursos de discordia que segmenten aún más a nuestro atormentado país.


viernes, 6 de enero de 2012

El POT guanajuateño a consulta

El POT guanajuateño a consulta

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en Milenio de León.

 El día de ayer los miembros de la directiva de la asociación “Guanajuato Somos Todos” (GST), encabezados por nuestro presidente el arquitecto Salvador Flores Fonseca, nos apersonamos en las oficinas de la Presidencia Municipal de Guanajuato capital para entregarle al encargado de despacho de la alcaldía, el abogado Gabino Carbajo Zúñiga, un escrito donde nuestra agrupación solicita formalmente al ayuntamiento que se amplíe el plazo de la consulta pública a la que se está sometiendo el Programa de Ordenamiento Territorial (POT).  Contextualizo: el mencionado programa, o más bien su carencia o falta de actualización, fue una de las causales del malestar ciudadano que se expresó en el movimiento de oposición al cambio de uso de suelo en el predio Granja La Bufa de esa ciudad capital durante el año 2010. El instrumento normativo vigente, el Plan de Desarrollo Urbano de 1994, le había asignado un uso de área de preservación ecológica y parque urbano a toda esa zona, que sería afectada por la construcción de una moderna carretera en 2005, despertando el fenómeno de la especulación con uso de información privilegiada por parte de los potenciales “desarrolladores”.

El asunto de La Bufa puso en evidencia la importancia de contar, como lo prevé la ley, con un ordenamiento actualizado y consensuado entre la autoridad y los ciudadanos. Luego del plebiscito del 5 de diciembre de 2010, la autoridad municipal entendió al fin la trascendencia de este tema para garantizar un buen gobierno. Pero el conflicto había polarizado a los actores sociales locales, muchos de los cuales se ubicaron en franca oposición a la voluntad del ayuntamiento pluripartidista capitalino. El ayuntamiento acordó trabajar en un nuevo POT, y contratar especialistas para tal fin. Sin embargo el cuerpo edilicio, y en particular su presidente, el licenciado Nicéforo Guerrero, le había perdido la confianza a las instituciones locales que hubieran podido desarrollar el nuevo POT, como el Colegio de Arquitectos o la propia Universidad de Guanajuato, a las que consideró parciales en el debate social de 2010. Por ello el edil decidió confiar la faena a su Alma Mater, la UNAM, que aceptó entrar al quite por medio de su Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad, bajo la conducción de la reconocida especialista Alicia Ziccardi.

El trabajo de elaboración del POT se desarrolló durante el segundo semestre del año 2011, fue entregado al Instituto Municipal de Planeación a fines de octubre y se abrió una consulta pública a partir del 7 de diciembre y hasta el 20 de enero. Desde un principio los miembros de GST opinamos que dicho plazo era absolutamente insuficiente, sobre todo por abarcar el periodo vacacional de fin de año. La complejidad de un documento de más de 500 páginas con 66 planos, donde se abordan temas que exigen la atención de especialistas para su interpretación, impone contar con un plazo temporal más amplio. De otra forma estaríamos cayendo en una nueva simulación de “consulta ciudadana”, a la que son tan afectos los gobiernos autoritarios.

  En nuestra misiva le solicitamos al ayuntamiento una ampliación de la consulta hasta el 29 de febrero, al menos, y que se coloquen en sitios estratégicos de la ciudad ejemplares impresos de la carta síntesis, para que todos puedan analizarla al detalle. En cuanto a nuestro grupo, varios miembros han detectado situaciones particulares que inquietan y que hacen pensar que los consultores no contaron con suficiente información de campo que les permitiera corroborar los usos actuales y reales que tienen superficies que sólo los interesados o los conocedores pueden saber de primera mano. Fue poco el tiempo y pocos los recursos económicos con los que contó el equipo de la UNAM, que realizó una labor muy profesional, a no dudar. Pero su calidad de “fuereños” les dificultó mucho conocer a fondo las realidades sociales, históricas y factuales que experimenta la mancha urbana de nuestro municipio. Lo óptimo habría sido que la tarea se hubiese encomendado a los urbanistas guanajuatenses. Pero la política pesó más que la razón.

Por la actitud evidenciada por el encargado de despacho, creemos que sí se ampliará el plazo para la consulta, pero nos advirtió que se haría cuidando que la misma no se empalme y contamine con los procesos electorales. Totalmente de acuerdo: el armado del POT debe ser una labor técnica y social, y nunca político-partidista. Ojalá que los guanajuateños demostremos que al final podemos ponernos de acuerdo en lo importante.

viernes, 4 de noviembre de 2011

La Bufa, de nuevo

La Bufa, de nuevo

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en Milenio de León.
 Publicado en 15Diario.

El sensible tema de la presunta urbanización del enorme predio denominado “Granja La Bufa” en el municipio de Guanajuato volvió a ser debatido en la sociedad local desde que el 25 de octubre pasado se constituyó la “Fundación Ing. Salvador Rodríguez Neri A.C.”, bajo la presidencia del nieto de este prohombre del árbol, el también ingeniero Rubén Rodríguez Nieto. La fundación estableció un consejo ciudadano que estará al cargo de la vigilancia de una “servidumbre ecológica” que la familia Rodríguez Nieto decidió otorgar sobre una superficie de casi 160 hectáreas en una poligonal que abarca el predio uno de “Granja La Bufa”, donde se ubican los emblemáticos cerros de La Bufa y Los Picachos. En el sitio electrónico de la agrupación “Rescatando Los Picachos” se encuentran los detalles de los objetivos sociales de la asociación, sus miembros y una ortofotografía de la poligonal involucrada en la servidumbre.

Los objetivos de la naciente fundación son loables y totalmente bienvenidos como uno más de los esfuerzos necesarios para preservar una zona que actualmente tiene definido un uso de suelo de preservación ecológica, con una enorme importancia cultural e histórica para nuestra comunidad, y que últimamente ha estado en la mira de los especuladores urbanos, que quieren beneficiarse de la reciente construcción del nuevo acceso Diego Rivera. Ojalá los otros dueños de Granja La Bufa siguieran el mismo camino de esta familia guanajuatense, y otorgaran al menos la misma servidumbre ecológica sobre sus terrenos.

Desgraciadamente causó mucha suspicacia al saberse que la propia familia Rodríguez Nieto posee otra superficie, de alrededor de 70 hectáreas, sobre las que ya existe un cambio de uso de suelo a categoría H0, que es la densidad urbana más baja que prevé la ley. La lectura inmediata que muchos hicimos fue que podría existir una intención soterrada de intercambiar la servidumbre ecológica sobre los cerros, por el reconocimiento de este nuevo uso de suelo en el terreno alterno, con lo que se abría la puerta a una eventual urbanización, con base en presuntos derechos adquiridos. Esto podría desencadenar que el resto de los propietarios, incluida la constructora Azacán, demandaran un trato similar para sus respectivas superficies.

  Los actores políticos y los medios de comunicación que más atacaron al movimiento social que surgió para impedir la urbanización de los bajos de La Bufa se relamieron los belfos, y volvieron a lanzar sus improperios contra los grupos más visibles, en particular contra la asociación Guanajuato Somos Todos (GST), responsable de las movilizaciones más nutridas y efectivas contra el proyecto urbanizador. Se quiso evidenciar la “incongruencia” que exhibía GST al haber participado algunos de sus miembros más visibles en el nuevo consejo ciudadano de la fundación. Los ataques llegaron incluso hasta la burla y la descalificación personales.

GST emprendió una labor de información hacia la sociedad guanajuateña. El sábado 29 participamos en espacios informativos de las tres estaciones principales de la localidad –dos canales de TV y una radiodifusora- para exponer nuestra posición formal como asociación comprometida con el cuidado y preservación de nuestro municipio. Dejamos claro que le damos la bienvenida a la nueva fundación y a su iniciativa voluntaria, pero subrayamos que no aceptaremos nunca que en la zona se permita un desarrollo urbano cualquiera, pues éste sería el gatillo que dispararía la especulación. Insistimos en la urgencia de contar con programas de ordenamiento territorial y ecológico actualizados, consensuados y autorizados, que mantengan el actual uso de suelo de preservación ecológica, y que la autoridad y la ciudadanía los respeten. Seguiremos buscando, entre otros fines, la declaratoria de área natural protegida de carácter federal sobre una amplia poligonal a definir por parte de los expertos, y que el crecimiento urbano se oriente hacia superficies con una clara sustentabilidad de mediano y largo plazos.

  El jueves pasado sostuvimos un diálogo enriquecedor con el ingeniero Rubén Rodríguez Nieto, presidente de la fundación. Él nos reiteró el compromiso de su familia con la preservación de esos cerros y cañadas que tanto cuidó su abuelo. Aseguró que no se tiene intención alguna de urbanizar sus propiedades. Ellos también fueron víctimas de las interpretaciones mal intencionadas. Le ofrecimos nuestro apoyo para la consecución de los fines comunes, pero también le dejamos claro que nos mantendremos vigilantes de lo que pueda presentarse en el futuro.

  Bienvenidas son siempre estas iniciativas que parten de la sociedad civil, y que buscan el beneficio del común con base en la buena voluntad.

viernes, 29 de julio de 2011

Hace un año, 2

Hace un año, 2

Publicado en Milenio de León.

En sesión del Ayuntamiento de Guanajuato capital del 13 de julio de 2010 se emitió un acuerdo autorizando la factibilidad en el cambio de uso de suelo del predio “Granja La Bufa”, de poco más de 47 hectáreas que abarcaban el cerro del Hormiguero –precisamente donde se realiza desde 1624 la verbena popular para celebrar al Santo Patrono de la ciudad, Ignacio de Loyola hasta la propia cuenca de la presa colonial Pozuelos, tan lastimada. Lo abrupto de la decisión, que se venía cocinando desde diciembre en negociaciones muy reservadas, nos sorprendió fuertemente a muchos ciudadanos comunes. Reaccionaron en particular los jóvenes estudiantes y algunas personas mayores que temieron por el destino de esta fiesta popular, así como por el arranque de un proceso de urbanización salvaje en un área que hasta entonces se había mantenido ajena a la especulación urbana.
El instrumento que ese grupo de jóvenes y adultos encontraron para canalizar su enojo y comenzar a organizar un Movimiento Social Urbano –en la terminología de Manuel Castells- fueron las redes sociales que han surgido gracias a las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, las célebres TIC’s, cuyo espacio principal es la virtualidad del internet. En este caso la herramienta privilegiada fue la red social Facebook, fundada como es de todos sabido por el joven Mark Zuckerberg (1984), estudiante de la Universidad de Harvard, a mediados de la década pasada. Un par de jóvenes, Cecilia Barrera (1988) estudiante de Derecho de la UIA-León, y Alfredo “Kanels” Segura (1985), recién egresado de la misma carrera en la Universidad de Guanajuato, decidieron abrir un grupo de discusión en el Face, al que denominaron “Guanajuato somos todos!!”, así con doble admiración.
En pocos días nos sumamos centenares de participantes y las discusiones y el enojo colectivo nos llevó a acordar la realización de un primer encuentro personal de los integrantes que pudieran. El 22 de julio un grupito de 20 personas nos reunimos en el estacionamiento de un centro comercial, desde donde se admira –espléndida- La Bufa. Acudieron sobre todo jóvenes, pero también algunas señoras y yo, que ya acumulamos edad. Ahí se definió la primera acción colectiva: una marcha multitudinaria para el siguiente domingo 25, que partiera del monumento a Florencio Antillón, hasta la Plaza de la Paz. En tres días se organizó el operativo, que requirió de una gran colaboración entre personas que hasta ese día no se conocían.
La cita fue a las 11:00, y a esa hora éramos muy pocos los que nos apersonamos frente a la Escuela de Música. Al principio el miedo fue al ridículo, a que marcháramos 20 ó 30 “catrines” –siempre nos han acusado de ser un movimiento clasemediero- por entre el tráfico y la indiferencia popular. Afortunadamente no fue así: de los autobuses urbanos bajaban y bajaban personas vestidas con playera blanca y pantalón de mezclilla, el atuendo que acordamos emplear para identificarnos. Ya cerca del mediodía, comenzamos a marchar más de 250 personas –yo las conté- enarbolando cartelones y pancartas, pero sobre todo gritando a todo pulmón: “¡Guanajuato tiene voz!”, “¡Ni hoteles ni casas, queremos La Bufa así como está!” “¡Nicéforo, entiende, La Bufa no se vende!”
Por una confusión inevitable, otro grupo de ciudadanos se había reunido en la glorieta Pozuelos. Pudimos contactarnos y ellos atravesaron el túnel que lleva a Embajadoras, donde se nos unieron en medio de una gran algarabía. Nuestro grupo fue creciendo hasta que al atravesar por el Jardín Unión ya éramos más de 500 vociferantes. Culminamos en el monumento a La Paz, donde la lluvia no arredró a una multitud exaltada, que defendía su tradición, su cultura y sus espacios naturales.
La autoridad municipal reaccionó con la descalificación y la diatriba. Se nos acusó de ignorantes desinformados, manipulados por “intereses políticos oscuros”, y no sé de qué más. El movimiento continuó. Otra vez por medio de las TIC’s, mediante los grupos “Guanajuato somos Todos” y “Rescatando Los Picachos”, a los que pronto se unieron el Consejo Ecologista Guanajuatense y el Frente Cívico “Euquerio Guerrero”, convocamos a una segunda movilización, que se realizó apenas seis días después el sábado 31, el mero Día de la Cueva.

Para esa marcha ya hubo más coordinación y eficiencia. Nos reunimos en la glorieta Pozuelos, ahora portando más pancartas y más camisetas con el rojinegro logotipo de GST. Con un equipo de sonido rentado animamos una caminata de más de mil personas, sobre todo familias acompañadas de sus chiquitines, que recorrimos los dos o tres kilómetros de carretera panorámica que separan la glorieta del cerro de El Hormiguero, donde se realiza la verbena popular desde el siglo XVII. Los comerciantes nos regalaban botellas de agua. Los paseantes nos vitoreaban, y muchos se nos unieron, hasta que llegamos a la explanada cerril donde realizamos un nutrido mítin, donde quien quiso hizo uso del micrófono. Al final culminamos con nuestro canto de guerra: “Tierra de mis amores”, de don Jesús Elizarrarás.
Continuaremos rememorando la próxima.


viernes, 22 de julio de 2011

Hace un año, 1

Hace un año, 1

Publicado en Milenio de León.

Hace un año ya, el actual ayuntamiento de la ciudad de Guanajuato cometió el más grande error de su gestión. Bueno, el más grande en estos 21 meses de su mandato; todavía le faltan 15. Aunque el error fue pagado caro, finalmente fue un gran aprendizaje en la construcción de una ciudadanía crítica y activa en la capital del estado. Vale la pena rememorar un poco los hechos, a manera de homenaje al movimiento social que se desató en consecuencia. Recordemos que la “Empresa Mercantil Constructora Azacán S.A. de C.V.” había presentado el 2 de diciembre de 2009 ante el gobierno municipal, un estudio de compatibilidad urbanística para el cambio de uso de suelo en un predio de su propiedad denominado “Granja La Bufa”. El terreno en cuestión tenía, según el Plan de Desarrollo Urbano de 1994 aún vigente, un uso de suelo de preservación ecológica y parque urbano. Pero el dueño buscaba desarrollar “un proyecto que considera varios equipamientos de tipo: comercio, recreativo, de transporte, así como de usos de servicios y habitacional.”
Estaba muy fresca en la memoria de los capitalinos la historia de cómo se había hecho la constructora de ese terreno. Un periódico de circulación estatal había dado seguimiento a la adjudicación de la obra del nuevo acceso a la ciudad, denominado “Diego Rivera”, una obra de gran magnitud, de 200 millones de pesos de inversión, que atravesaría una superficie virgen pero demasiado cercana a los cerros más emblemáticos de Guanajuato: La Bufa, Los Picachos y El Hormiguero. Cito una nota de Martín Fuentes y Alfonso Ochoa del 9 de febrero de 2007: “(…) en diciembre de 2005, el constructor Alejandro Marcocchio, a quien días después se le asignaría el trabajo [del nuevo acceso], compró 47.4 hectáreas de superficie atravesada por la nueva carretera, según consta en el Registro Público de la Propiedad. Meses después, justo el 15 de septiembre del 2006 y a días de que concluyera el gobierno del PRI, encabezado por el entonces presidente interino Juan Antonio Valdés Fonseca, se modificó el ‘Plan de Ordenamiento Territorial del centro de población de Guanajuato, Guanajuato’, lo que permitiría al contratista construir zonas poblacionales de baja densidad en sus predios.” El nuevo POT se alcanzó a publicar en el Periódico Oficial del estado el 17 de noviembre de 2006, e inquietantemente señalaba: “se protegen aquellas zonas de valor escénico, con las que cuenta el municipio, como lo es el caso de la Bufa, cuyo peñón se mantiene libre de cualquier tipo de desarrollo”. ¡Zambomba! Se abría así la puerta a la urbanización del nuevo acceso, dejando libre solamente… el peñón.
El constructor había adquirido el predio de su anterior propietaria, Martha Guadalupe Rodríguez Gaudiano, por un precio de 248 mil 602 pesos con 40 centavos. Es decir, 1.9 pesos el metro cuadrado. Seguramente pagó más, pero sin duda el metro le siguió costando muy barato. Entretanto la empresa construyó la nueva carretera de cinco kilómetros, modificando la traza original y desatando la controversia pública al movilizar enormes cantidades de tierra y construyendo dos grandes terraplenes en Granja La Bufa para modificar su pendiente del 20% al 8%, cuyo interés privado era evidente. El impacto del proyecto sobre la zona fue de enormes dimensiones, y la sociedad civil no reaccionó a tiempo para detener el despropósito. Nostra culpa…

Durante la administración de Eduardo Romero Hicks (2006-2009) no se pudo formalizar la actualización del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) 2008, para permitir al desarrollador cambiar el uso de suelo en Granja La Bufa. Algunos regidores, como Dolores Gasca, Samantha Smith y Salvador Flores, denunciaron en su oportunidad la intención de concretar ese cambio mediante el nuevo POT y beneficiar al poderoso particular.
Dicha permuta en el uso del suelo debió esperar a la siguiente administración municipal, que tuvo menos recato en permitirlo, incluso sin contar con el instrumento legal del POT actualizado que ordena la Ley Orgánica Municipal. Las negociaciones del constructor rebasaron a los grupos de interés locales, e involucraron a fuerzas supramunicipales, como el propio gobernador del Estado, quien desarrolló sus oficios para garantizar un buen ambiente para el proyecto.

En sesión del 13 de julio de 2010, el ayuntamiento encabezado por Nicéforo Guerrero Reynoso, quien había obtenido su triunfo electoral gracias a una inédita coalición PRI-PRD, emitió un acuerdo autorizando la viabilidad en el cambio de uso de suelo en Granja La Bufa. Los tres principales grupos partidistas en el cabildo expresaron su venia, incluyendo a la oposición panista, demasiado entusiasmada con el proyecto. Diez regidores y los dos síndicos votaron a favor. Sólo los dos regidores del Partido Verde se opusieron. Demasiado alimento para el sospechosismo…
Continuaremos rememorando la próxima.


viernes, 27 de mayo de 2011

Espacios sustentables

Espacios sustentables

Publicado en Milenio de León.

El día de hoy (viernes 27 de mayo de 2011) culmina en la ciudad de Guanajuato el “Primer Foro Internacional Interdisciplina y Espacios Sustentables”, que impulsó y desarrolló el Campus Guanajuato de la universidad del estado. Más de 400 ponentes y conferenciantes provenientes de la entidad, del país y del extranjero abordaron el tema de la sustentabilidad desde ópticas tan distintas como la de la gestión científica y tecnológica, el desarrollo urbano, la migración internacional y la interna, el papel social de la ciencia, el aprovechamiento racional de los recursos naturales, la viabilidad de los modelos de desarrollo actuales, las alternativas a futuro de un planeta sobrecargado, la educación y sus nuevos paradigmas, y muchos otros temas específicos.

La conferencia magistral inaugural, “Biotecnología y desarrollo sostenible”, estuvo a cargo del académico español y doctor en biología Julio Polaina Molina. El conferencista, del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos de Valencia, sembró las primeras inquietudes en el público, particularmente en un momento en que en nuestro país se vuelve a plantear la cuestión de los cultivos alterados genéticamente. Desde ahí comenzaron los primeros debates acerca de la sustentabilidad y el desarrollo social y económico, que preocupan mucho a la clase pensante de nuestro país y de los países metropolitanos. La verdad es que desde los tiempos más lejanos los seres humanos hemos modificado genéticamente a las especies que hemos sabido “domesticar”; la diferencia es el tremendo alcance actual de nuestra tecnología biológica, que nos obliga a plantear nuevos problemas de bioética.

A mí me tocó participar anteayer en la mesa siete, denominada “Impacto del desarrollo en la sustentabilidad local, regional y nacional”, junto con urbanistas, politólogos, economistas, tecnólogos e ingenieros. Me permito compartir algunos argumentos provenientes de mi ponencia.
Afirmé que desde fines de los años cuarenta, en nuestro país se impuso el modelo económico desarrollista que buscó aprovechar la ventana de oportunidad que abrió el conflicto bélico mundial que se desató entre 1939 y 1945. El papel que había cumplido hasta entonces México era el de simple exportador de materias primas, como lo fueron los metales preciosos, el petróleo, el henequén, la grana cochinilla, las maderas finas, el cacao y muchos otros productos sin valor agregado.
La industrialización que se desató durante el sexenio de Miguel Alemán (1946-1952) pretendió establecer las bases del nuevo modelo de desarrollo “hacia adentro”, que buscó abastecer el creciente mercado nacional con bienes manufacturados por parte de empresas transformadoras mexicanas. El desarrollismo no paró mientes en el respeto al entorno natural y social. Lo prioritario fue el crecimiento económico sin importar demasiado las consecuencias de todo tipo que se irían acumulando durante los años en que imperó este modelo y los siguientes. Cuando este “desarrollo estabilizador” hizo crisis en los años ochenta, fue sustituido por el actual modelo neoliberal que abrió indiscriminadamente las puertas del país a productos extranjeros, buscando así estabilizar los desequilibrios económicos internos y paliar los devastadores efectos de las crisis económicas de las llamadas “décadas perdidas” de los ochenta y noventa.
Sin importar el modelo de desarrollo adoptado, nuestros gobiernos nacionales han descuidado sistemáticamente los efectos nocivos que el crecimiento económico indiscriminado ha cobrado sobre los diferentes nichos ecológicos de las regiones del país. También se han despreciado los efectos sociales, como lo fueron la megacefalia urbana, el centralismo, la explosión demográfica y la imposibilidad del Estado para proveer a la población de servicios públicos básicos, como la seguridad pública, la educación de calidad, la salud con calidez y suficiencia, y las comunicaciones, que todavía hoy son anacrónicas e insuficientes.
El fomento indiscriminado del crecimiento en las últimas seis décadas se ha traducido en la devastación generalizada de los ecosistemas regionales. Desde el norte hasta el sur, México exhibe cientos de casos de desgaste severo de sus recursos naturales, sus tierras, sus aguas y su aire. Por ejemplo, hemos talado o quemado más de la mitad de nuestras selvas y bosques tropicales para atender las necesidades de la industria petrolera o de la ganadería extensiva. Las tierras se contaminan con desechos sólidos de nuestras ciudades, y con agroquímicos de nuestra agricultura. Las aguas son cada vez más escasas e invadidas por sustancias peligrosas de nuestras industrias.
El paradigma del desarrollo está hoy atravesando por una magna crisis a nivel mundial, particularmente en Europa. Ya nadie cree en los beneficios del crecimiento económico desarrollista. Se cuestiona cada vez más la noción de “progreso”, las virtudes de la libre competencia y el papel marginal del estado. Se habla ya de un fracaso histórico del desarrollo, y se demanda adoptar una visión de más largo plazo, comprometida con la sobrevivencia del planeta y de sus especies vivas, entre las que nos contamos los seres humanos, aunque no queramos.
Las sociedades con una ciudadanía madura demandan asumir una posición más responsable con nuestro entorno natural, cultural y social, y reconocer que el crecimiento económico, el bienestar material y el hedonismo tienen un costo enorme en el mediano y largo plazos. El planeta no puede ser sustentable de esta manera. Y nuestra especie puede pagar un duro precio por estas pocas décadas de consumo conspicuo e irresponsable.

Aproveché para recordar el movimiento social que durante el segundo semestre del año pasado se opuso a la intención de las autoridades municipales de Guanajuato capital de urbanizar las faldas del cerro de La Bufa, empecinadas en el viejo esquema del desarrollo inmediatista. La sociedad civil organizada supo parar en seco un proyecto de urbanización obtuso. Casos similares estamos viendo hoy en el norte de África y en la Plaza del Sol de Madrid: la sociedad organizada que le dice ¡no! a sus gobiernos.


viernes, 6 de mayo de 2011

El agua envenenada

El agua envenenada

Publicado en Milenio de León.

El agua es un elemento que debería considerarse escaso y no renovable, especialmente en México, país que padece una de las peores distribuciones poblacionales en función de la disponibilidad del recurso: 80% de la población habita en regiones donde apenas se cuenta con el 20% de la disponibilidad del líquido vital. El restante 80% del agua continental se encuentra en las costas y en el sureste. Pero somos un país centralista, que desprecia los litorales y la vegetación. Ya nadie se acuerda de aquella entrañable y fracasada campaña de Ruiz Cortines: “la marcha al mar”.

El estado de Guanajuato se cuenta entre las entidades con mayor problemática de disposición de agua para consumo humano. Somos deficitarios: dice el Programa Estatal Hidráulico 2006-2030 que “Con información del período de 1991 a 2004 […] las entradas se estimaron en mil 287 Hm3/año, en tanto que las salidas serían de mil 588 Hm3/año, lo que arrojaría una diferencia de 301 Hm3/año.” Es decir, que gastamos un 23.4% más agua de la que recibimos por vía pluvial o fluvial. ¿De dónde sale la diferencia? De las fuentes subterráneas, lo que ha acarreado un imparable abatimiento de los mantos freáticos de la entidad, que ya están en fase crítica.

Gastamos demasiada agua porque dedicamos el 87.6% del recurso a la agricultura, que todavía se sustenta en métodos anacrónicos de riego, en particular el método de inundación, que se basa en grandes flujos de agua que corren entre los surcos y que inundan su base, con el consecuente desperdicio por evaporación o por absorción. Nuestro sistema de retención y distribución de agua es faraónico, infuncional y agresivo con el entorno. Fue construido en los cincuentas luego de que el reparto agrario desarticuló el viejo sistema de riego de las haciendas y ranchos del Bajío, que se basaba en las “cajas de agua” que acumulaban agua pluvial. Ese sistema de origen colonial era más racional y amigable con la ecología, pero no resistió al reparto de los años treinta, que pulverizó la propiedad e hizo inviable a las viejas estrategias de riego. Ahora estamos pagando las consecuencias.

Las grandes ciudades de la región centro occidente, como Guadalajara y León, tienen una sed insaciable. Han agotado sus fuentes locales y, como lo hizo el DF en los años sesenta y hasta los noventa, recurren a fuentes lejanas para abastecerse. La presión social y política hace que en los nuevos proyectos de abasto de agua no se tomen en consideración los intereses locales que son afectados, ni mucho menos las consecuencias ambientales. La prioridad es arrebatar el agua ajena, acumularla y conducirla hacia las obesas y atestadas manchas urbanas, pobladas más que por habitantes… por votantes.
En su sed irreprimible, León y Guadalajara consiguieron que la Comisión Nacional del Agua (CNA) diseñara y comenzara a ejecutar una represa gigantesca, “El Zapotillo”, en un territorio de los Altos de Jalisco donde hoy se encuentran tres comunidades que serán inundadas. Entre ellas Temacapulín de los Remedios, mejor conocida como Temaca. Los técnicos de la CNA, así como los políticos de los dos estados, concluyeron que valía la pena inundar y borrar del mapa a esas colectividades cargadas de historia, tradiciones e identidad. La ganancia política potencial es enorme, así como la urgencia de legitimidad por parte del gobierno federal y de los estatales. Nótese todos son del mismo signo partidista, y de tener éxito consolidarán la lealtad de los votantes para las elecciones por venir. Si el Zapotillo garantiza 25 años de servicio a León, sus promotores asegurarían la lealtad de un millón de electores. Nada mal.

Pero los habitantes de Temaca, alteños al fin, no se han dejado zarandear y en pocos meses han construido un movimiento que ha rebasado las fronteras regionales y nacionales. Se vincularon con movimientos hermanos nacionales y extranjeros, y el año pasado organizaron un “Encuentro internacional de afectados por represas y sus aliados”. Este movimiento global afirma que los grandes depósitos de agua trasforman irremediablemente la ecología regional, y que son una forma disimulada de privatizar el agua, en principio un recurso social.
Centenares de jóvenes se movilizan para la lucha por la dignidad y la preservación de bienes ancestrales, como la cultura y la naturaleza. Miles de lugareños se niegan a abandonar sus comarcas, donde descansan los huesos de sus ancestros. Esos son valores intangibles que resultan incomprensibles para los gobiernos y para los negociantes.

Si León quiere agua, hay que buscarla mediante el ahorro, no mediante la expoliación de otras regiones. No olvidemos la reacción social cuando se le impuso a Romita el acueducto de La Muralla, que dejó heridas difíciles de curar. Hay que modernizar la agricultura, aprender de Israel, de España y de Argentina, que han sabido optimar la escasez del recurso. De ahí saldrá el agua necesaria para la vida urbana.


viernes, 14 de enero de 2011

Nomás tantito...

Nomás tantito...

Publicado en Milenio de León.

Parece que se aproxima un nuevo motivo de desavenencia entre el tozudo ayuntamiento de Guanajuato capital y su población. Ahora por la intención de afectar el único parque ecológico de la ciudad, “El Orito”, ubicado hacia el norte de la misma, precisamente en un área que los proyectistas del Gobierno del Estado planean afectar para construir el libramiento norte, una vialidad sin duda muy necesaria, pero que no justifica que se ejecute sobre uno de los pocos espacios de preservación ecológica del municipio.
El Orito fue adquirido por la autoridad municipal de Guanajuato a fines de los años noventa, gracias a que los Echánove –familia muy conocida de actores y artistas locales- le vendieron esa superficie de 142 hectáreas, con la intención de que se convirtiera en un pulmón y un área recreativa que beneficiara a la población. Desde el principio las administraciones municipales no supieron bien a bien qué hacer con el espacio, que se convirtió en los hechos en una papa caliente. Una de esas administraciones –la de Juan Antonio Valdés Fonseca- tuvo la ocurrencia de ceder parte de su superficie al “cuidado” de una empresa inmobiliaria, JARAB, propietaria del hotel y club de golf del Tiro de Guadalupe. Ese gobierno definió a las carreras un convenio (CONV-046/2006) a pocos días de entregar la administración, y pronto se evidenció que el único interés fue beneficiar al particular a costa del interés común. Ni tardo ni perezoso el nuevo “dueño” cercó las 14 hectáreas e impidió el libre tránsito. Y su compromiso de reforestar con 40 mil árboles quedó en simple promesa. El interés público perdió, y recibió a cambio una andanada de justificaciones gubernamentales. De nuevo prevaleció el interés de los pocos sobre el de los muchos.
Cualquiera que le haya dado seguimiento al caso del Orito –si usted quiere puede encontrar mucha información googleando “Orito Guanajuato”- se habrá dado cuenta de que en estos 22 años se han acumulado un sinnúmero de malos entendidos y desencuentros entre las diferentes autoridades municipales y miembros de la sociedad civil. La asociación “Amigos del Orito”, que comenzó liderada por Francisco Arroyo y que hoy dirige otro político priísta, Luis Antonio Muñoz Mosqueda, cumple un papel ornamental y de comparsa frente a la autoridad. El convenio no se ha cumplido, y las administraciones de Eduardo Romero Hicks y de Nicéforo Guerrero no lo refrendaron, por lo que en teoría debería haber quedado sin fundamento legal. En los hechos el predio de las 14 hectáreas sigue siendo manejado como propiedad privada.
El resto del predio corre ahora un riesgo mayor. Según el plano del proyecto del libramiento norte, está previsto que el solar sea atravesado por la nueva carretera, partiéndolo en dos. Desde hace mucho tiempo es posible consultar un buen mapa del parque y cómo será atravesado por el libramiento en una de las páginas del CIMAT.

El alcalde Guerrero se ha apresurado a afirmar que sí habrá afectación, pero “nomás tantito”. Ya desde junio de 2008 su predecesor panista había afirmado que el libramiento pasaría “por la parte de atrás de El Orito”, pero que no sabía si alcanzaba “a morderlo”. Ahora sabemos que no sólo lo muerde, sino que le cercena toda la sección norteña. Pero no hay problema, es “nomás tantito”.
El problema es que cuando se trata de cualquier espacio de preservación ecológica, la autoridad siempre encuentra la manera de justificar su afectación. Se sigue concibiendo a esos territorios desde la óptica utilitaria del desarrollismo, como zonas ociosas que no sirven para nada. Ninguna de las cuatro administraciones municipales pasadas ha generado un proyecto integral y viable para convertir a El Orito en un parque ecológico auto sustentado, como sucede con espacios similares en otras ciudades, como el parque Metropolitano y el área de El Palote en la ciudad de León. El tema es concebido como fuente de problemas, y la actitud oficial ha sido ignorarlo lo más posible. Los medios de comunicación y algunos ciudadanos se han ocupado de mantener abierto el tema, porque el espacio continúa siendo agredido por particulares sin escrúpulos, como los camioneros escombristas que han convertido a parte de El Orito en un basurero sin control.
Hace falta que la autoridad asuma una actitud proactiva y no reactiva ante el tema general de la necesidad de contar con un cinturón de preservación ecológica alrededor de la ciudad de Guanajuato. No es un tema menor ni una ocurrencia de parte de los ciudadanos opinantes: es una exigencia que debe plantearse cualquier ciudad consciente de su sustentabilidad en el largo plazo y la urgencia de reducir su huella ecológica. No es tema menor, ni es “nomás tantito”.


viernes, 10 de diciembre de 2010

Desarrollo urbano, pero sustentable

Desarrollo urbano, pero sustentable

Publicado en Milenio de León.

El movimiento ciudadano que paró en seco la intención del ayuntamiento de la ciudad de Guanajuato y de un adinerado constructor local, de urbanizar las faldas de los cerros de La Bufa, los Picachos y el Hormiguero, ha convocado la atención nacional e internacional. Los protagonistas más visibles hemos recibido, además de muchas felicitaciones, varias propuestas para vincularnos con otros movimientos, que buscan preservar distintas áreas de la geografía natural del país fuera de la avaricia del desarrollismo inmediatista. Y es que los negocios inmobiliarios están depredando espacios de gran vulnerabilidad natural y social, y esa situación está despertando conciencias de ciudadanos inquietos, que no quieren aceptar la “inevitabilidad” del crecimiento urbano sobre los precarios nichos ecológicos que aún sobreviven a nuestra devastación.


Por otra parte, es cierto que la necesidad tiene cara de hereje, y que en panza vacía no entran razones ecologistas o preservacionistas. Nuestra gente más vulnerable vive desesperada ante la ausencia de oportunidades de hacerse de un trabajo y de una vida decente. Reconozcamos que la pobreza es la peor enemiga de la ecología y de la paz social. No podemos pedir respeto al entorno natural cuando la población no puede sostenerse con los recursos que le puede otorgar la civilización urbana o rural. Es por eso tan difícil combatir la deforestación de nuestros bosques, la sobreexplotación de los mantos freáticos, la quema de llantas en las ladrilleras, la cacería furtiva de especies en peligro de extinción, el comercio de animales escasos, la saturación con basura de ríos y canales, el contrabando de marfil y de pieles exóticas, el consumo popular de huevos de tortuga, la venta de loros de Colima en nuestros cruceros, etcétera.
Para la preservación de la naturaleza y del clima global la mejor receta es garantizar el desarrollo social con carácter sustentable. Crear empleos con baja huella ecológica, con alto valor agregado y por lo mismo bien remunerados y permanentes. Cuando la panza está llena, puede uno preocuparse más de asuntos trascendentes como el calentamiento global y la separación de desechos sólidos. No hay sustentabilidad en situaciones de pobreza.

Esto explica por qué pudo florecer un movimiento preservacionista en la ciudad de Guanajuato: es una ciudad con una clase media ilustrada mejor establecida que en otras urbes de la entidad y del centro del país. Mientras que el resto del estado de Guanajuato tiene un promedio educativo de seis años, y México registra siete, este municipio capital exhibió ocho en el último conteo poblacional. Además de una panza llena, se requiere también de una cabeza llena de educación. Ese es el germen del pensamiento ciudadano crítico y ecologista.
En esta edición de Milenio, en su página 10, se publica una carta de agradecimiento de “Guanajuato somos todos” a los ciudadanos que votaron en el plebiscito del domingo. No sólo agradecemos el apoyo de ese 84% que votó por el NO al cambio de uso de suelo, sino también a los que votaron por el SÍ. Esto porque ambos conjuntos sumaron 15 mil ciudadanos conscientes que de manera voluntaria acudieron a las urnas a participar en la democracia directa, y contribuir así a la construcción de una sociedad mejor. Casi un 13% de participación sobre la lista nominal hizo que el plebiscito guanajuatense rompiera el récord nacional; cuando se realizó el plebiscito en el DF sobre el segundo piso del periférico la participación fue del 6.6%.

De igual forma agradeceremos a la autoridad municipal si sostiene su palabra de echar atrás el acuerdo del 13 de julio sobre la factibilidad del cambio de uso de suelo en “Granja La Bufa”. Mucho más agradeceremos si el ayuntamiento nos apoya para conseguir que toda la zona que rodea el nuevo acceso Diego Rivera, incluyendo cañadas, lomeríos y los cerros icónicos de la Bufa, los Picachos y el Hormiguero completos, sean declarados área natural protegida. Este será el segundo paso en nuestro andar. Los siguientes serán dirigidos hacia la constitución de un cinturón de preservación ecológica alrededor de nuestra ciudad, que amortigüe los efectos perniciosos del desarrollo urbano desordenado. Tenemos en la mira el cuidado de los cerros de Sirena, Calderones, el Meco, Aldana y muchos más, que están siendo invadidos o fraccionados de manera irregular. Todos son propiedad privada. Hay que lograr que se conviertan en áreas naturales protegidas o bien propiedad social mediante compra o expropiación. El crecimiento debemos orientarlo hacia las zonas propicias, ubicadas más bien hacia el sur plano y cercano al agua. Pero eso deben decidirlo los especialistas, consultando a la sociedad y a los usuarios o afectados. Al tiempo.



martes, 7 de diciembre de 2010

Triunfo ciudadano

Triunfo ciudadano

Publicado en de Guanajuato.

Al final ganamos los ciudadanos. Y ganamos por mucho. El ayuntamiento de la ciudad de Guanajuato recibió un tremendo tiro en el pie con el plebiscito al que ese mismo órgano convocó para legitimar una de las peores decisiones urbanísticas de las últimas décadas en nuestro terruño. La obcecación y el autoritarismo nos costaron caro a los guanajuateños: un millón cien mil pesos tirados a la calle y meses de confrontaciones inútiles, que nos llevaron a lastimarnos mutuamente y a desgastar la paciencia ciudadana.

¿Por qué no corrigió el alcalde a tiempo? ¿Por qué se unieron con tanta estulticia el gobierno de coalición PRI-PRD con la oposición panista? ¿Por qué tardaron tanto los partidos en darse cuenta del enorme error de cálculo del presidente municipal -tan extraño, tan fuereño- y de los síndicos y regidores que lo apoyaron hasta el final? ¿Qué pegamento los unió con tanta fortaleza, que los volvió sordos y ciegos? ¿Qué les ofreció el constructor a cambio del sospechoso entusiasmo que les despertó un proyecto tan vulnerador de uno de los espacios naturales más sensibles de la ciudad?
En el accidentado camino que hemos recorrido desde ese fatídico 13 de julio, cuando el ayuntamiento nos quiso madrugar para beneficiar los intereses de ese particular, sólo un par de regidores del PRI se bajaron del carro “desarrollista”. Y hasta muy recientemente el regidor del PRD trazó su raya, obligado por su comité estatal. De los doce regidores, siete se mantuvieron inamovibles alrededor de sus dos síndicos –un priísta y un perredista- y su temperamental alcalde.

La reacción ciudadana original, tan decidida y crítica, debió ser razón suficiente para que nuestros gobernantes municipales recularan de inmediato en su intención. Muchos creímos que con las dos primeras marchas, con su nutrida participación de ciudadanos libres y su espontaneidad, serían interpretadas con sabiduría y tacto político. Pero para nuestra sorpresa no fue así: descubrimos que votamos por un personaje colérico, intolerante, descalificador y autoritario. Ha tenido sometidos a sus colaboradores al régimen del terror con sus frecuentes amenazas de “reingeniería” de la administración, léase despidos. Cuando cosechaba cada vez más enemistades externas, creó un frente interno en su propia administración municipal, que provocó insatisfacción entre su gente.
Los regidores sí dudaron ocasionalmente, pero volvían al redil tras algún jalón de orejas del edil. También contribuyeron a la desunión de la administración con sus demandas: como Salomé clamaron por las cabezas de los bautistas a cargo de las direcciones municipales. La guerra intestina ayudó mucho a que el ayuntamiento se resquebrajara ante las críticas externas.

Los medios de comunicación serios simpatizaron desde el principio con la causa ciudadana. Nos ayudaron mucho a hacer conciencia entre nuestra gente, al darle voz al movimiento y divulgar el tema entre un público más amplio, incluso a nivel nacional. En cambio los medios chayoteros y pasteleros hicieron el ridículo más espantoso. Su público y sus anunciantes se los cobrarán caro.
Los guanajuateños acabamos de hacer historia. Le dimos una cuereada a nuestras miopes autoridades y ha quedado claro que el abuso del poder se ha topado con un enorme y poderoso dique: el NO ciudadano.


Mapacheo en el plebiscito

viernes, 3 de diciembre de 2010

¿Y después del triunfo?

¿Y después del triunfo?

Publicado en Milenio de León.

El plebiscito del domingo en Guanajuato capital tiene una trascendencia que los actores involucrados no calibran en su cabal dimensión. Por una parte, el ayuntamiento no ha sabido cobrar conciencia de su inevitable fracaso al buscar imponer una decisión tomada en función de los intereses inmediatistas de sus miembros y del constructor. El cuerpo edilicio se ha ido quedando solo, aislado, criticado y sumergido en una patética paranoia. Los cuatro comités directivos estatales de los partidos que tienen representación en el ayuntamiento han trazado su raya con mayor o menor énfasis. Todos coinciden en que la mejor salida es la actualización consensuada del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), definir con claridad las áreas de preservación ecológica, y respetarlas escrupulosamente.
Por su parte, los integrantes de los grupos opuestos al proyecto de urbanización de las faldas de La Bufa no han asimilado que cuando ganen el plebiscito –porque lo van a ganar-, habrán asumido un compromiso enorme. Deberán demostrar que no sólo saben oponerse a la sinrazón del desarrollismo de corto plazo, sino que también pueden desplegar una clara vocación propositiva. Si evidenciaron un enorme talento para sustentar las razones para el NO, al ganar tendrán que mudar de actitud hacia el positivismo de los síes: qué sí se puede y se debe hacer. Deberán decir sí al desarrollo con sustentabilidad, sí a la visión de largo plazo, sí a la colaboración con una autoridad regenerada de su tozudez obtusa, y sí al trabajo con el resto de la ciudadanía para definir un rumbo deseable a nuestro municipio. En fin, estos grupos, y en particular los cuatro mil miembros de “Guanajuato somos todos”, deberemos avanzar hacia la construcción de una nueva relación de la ciudadanía con sus representantes y gobernantes.

No podemos perpetuar el conflicto. Habrá que desplegar la magnanimidad del victorioso que sabe que un triunfo siempre será efímero, y que ganar una batalla no significa ganar la guerra. Y nuestra guerra debe ser contra el autoritarismo, contra la depredación del ambiente y contra la subcultura del abuso y la corrupción.
El domingo votarán los guanajuateños por el Sí o por el No. Votarán muchos con el entusiasmo del convencido, otros con la inercia del acarreado que vendió su voto, y una cantidad indefinida sencillamente mantendrá su incurable indiferencia al no acudir a las urnas. Pero los que voten habrán cumplido con un deber cívico que les honrará ante sus hijos. Yo auguro el triunfo del No porque los que hemos andado en las calles convenciendo gente nos hemos dado cuenta de que ocho o nueve de cada diez guanajuateños no están de acuerdo con que se sigan poblando nuestros cerros. Todos deseamos que nuestra ciudad continúe siendo la orgullosa urbe que se ve coronada por varias cadenas montañosas de enorme belleza, aunque muy devastadas por la mano del hombre. Todos amamos estos cerros y cañadas, y no queremos que se les meta mano. No queremos ningún parque cultural, ningún auditorio, ningún centro comercial, ninguna calle con los nombres de los regidores actuales, ni mucho menos deseamos esas 900 casas para auténticos catrines poseedores de dos o tres carros por familia.
Cuando ganemos el plebiscito continuaremos nuestra lucha. Ahora para que el área que circunda el acceso Diego Rivera, así como la superficie donde se desarrolla la fiesta de la Cueva de San Ignacio de Loyola y las montañas de La Bufa y Los Picachos sea comprado, expropiado o lo que sea necesario para constituir un área natural protegida, bajo la égida del gobierno estatal o del federal. Consideramos que esos territorios poseen un valor tradicional, cultural y ecológico para todos los habitantes de Guanajuato, además de que permiten preservar los recursos hídricos para la generación actual y para las futuras.
Y como le hemos perdido la confianza al actual ayuntamiento, demandaremos que en el proceso de elaboración del nuevo POT participen como testigos sociales e institucionales Transparencia Mexicana, Propuesta Cívica, la UNESCO y el ICOMOS.
No estamos en contra del desarrollo ni del empleo. En Guanajuato tenemos un problema urbano muy serio, que los gobiernos municipales han dejado crecer. Tenemos varias colonias con problemas de propiedad y servicios -que terminaremos pagando todos- como La Carbonera, El Edén, Las Bateas, etcétera. Los asentamientos ubicados en el sur del municipio están creciendo muy rápidamente y en forma desordenada, sin vialidades ni servicios suficientes. Los cerros y montañas que rodean a la ciudad se están erosionando muy rápidamente, con las consecuencias dañinas que conocemos: deterioro ecológico, mala imagen del entorno de la ciudad, peligro de desastres e inundaciones, como los que ya han ocurrido en otras épocas, y que pareciera que se quieren olvidar.
Guanajuato vive y la lucha sigue. ¡Guanajuato somos todos!


viernes, 12 de noviembre de 2010

La Bufa y la ola del NO

La Bufa y la ola del NO

Publicado en Milenio de León.

En Guanajuato capital, la competencia entre los actores sociales y políticos que favorecen a alguna de las dos respuestas que se recabarán en el plebiscito del 5 de diciembre, en torno al cambio de uso de suelo en las faldas de La Bufa, El Hormiguero y los Picachos, se ha desatado con furia casi inmediatamente al terminar el Festival Cervantino. Una competencia totalmente inequitativa y ventajosa: por una parte los movimientos sociales que se han manifestado públicamente en contra de la intención de desatar la urbanización salvaje de una zona hoy considerada como área de preservación ecológica; versus el ayuntamiento -cada vez más desdibujado y dividido- y la empresa constructora, quienes han emprendido sendas campañas en los medios de comunicación, apabullantes, con un despliegue de dineros públicos y privados que sencillamente los ciudadanos no podemos igualar.
El municipio emprendió una ilegal campaña de “información” totalmente volcada en favor de los pretendidos “beneficios” del cambio de uso de suelo. Es ilegal porque el artículo 36 del reglamento de la Ley de Participación Ciudadana del estado señala que “Si la difusión del proceso la llevan a cabo las entidades públicas, estas se abstendrán de realizar campaña a favor o en contra del objeto del mismo.” El ayuntamiento incurre en violación flagrante de este precepto al insistir en las bondades de la urbanización. Decenas de miles de pesos del precario erario municipal se están dedicando a financiar esta campaña abusiva; recursos que se suman al millón 110 mil 761 pesos que el ayuntamiento logró exprimir de sus flacas partidas para pagarle al IEEG por el plebiscito.

Por su parte, el constructor desató una agresiva campaña donde lo que abunda es el dinero para pagar propaganda abundante, espectaculares, decenas de jornaleros que reparten papeletas debajo de las puertas -y huyen para evitar tener que dar explicaciones a los ciudadanos-, comilonas en las colonias populares, y cinco videopantallas que se ubican en diferentes sitios de la ciudad -con la anuencia obsequiosa del municipio- para abrumar a los ciudadanos con varios videos publicitarios, de pésima factura y de un gusto vulgar. Todos son materiales que simplifican al máximo las realidades, y mienten sin vergüenza con promesas de empleo abundante y de ausencia de afectación ecológica en la zona. Pero al final la única oferta concreta que le pueden hacer a la población es esa: empleo. Miles de empleos, en una danza de cifras que ha oscilado -al parecer según la temperatura del día- entre los mil y los seis mil empleos temporales, y los 50 a 700 empleos permanentes, hasta el extremo de ofrecer más trabajos que la Volkswagen o la Pirelli, que se instalarán con inversiones de cientos de millones de dólares en el Puerto Interior de Silao.
Pero esa única promesa evidencia una ausencia de sustento técnico. Así lo reconoció el propio dueño de Azacán. Y los especialistas no dejan de señalar que las promesas sólo son eso: promesas. No hay manera de que al momento de que se desate la fiebre constructora la empresa contrate únicamente a obreros guanajuateños. Quienes hemos construido en la ciudad de Guanajuato sabemos que nuestros maestros albañiles locales son escasos, y por lo mismo cobran más caro que sus colegas de Silao, Dolores Hidalgo o Romita. Tal vez no sea así en el caso de los peones. Pero estoy seguro de que el constructor no va a estar dispuesto a pagar sueldos superiores al promedio estatal a los obreros de la construcción, y va a traer trabajadores de donde los halle más económicos. Y esos trabajadores fuereños se asentarán donde les sea posible: en las colonias irregulares y precarias, acentuando el ya grave problema del crecimiento urbano desordenado e invasivo.
Las opiniones calificadas contrarias al proyecto ya hacen legión, y día a día se suman más especialistas en muy diversos ámbitos al rechazo ciudadano a la obcecación municipal. De los que me di cuenta esta semana, ya alzaron la voz el consultor y especialista financiero Rodrigo Zermeño, del Grupo de Asesores en Economía y Administración Pública (GAEAP), que evidenció con datos la falacia e imposibilidad de generar el número prometido de empleos. También supimos que el doctor en derecho y especialista en defensa de los derechos humanos Manuel Vidaurri Aréchiga, le recordó al alcalde los postulados de la Convención Mundial para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial. De igual manera se manifestó crítico de esta intención aviesa el maestro en filosofía Luis Rionda Arreguín, quien rechaza de plano la posibilidad de crecer sobre los cerros. Y así ha sido cada semana: somos ya muchos miles de opositores, que nos manifestamos de muchas e imaginativas maneras. Acepto que somos la clase media, la clase pensante, pero por ello mismo somos los ciudadanos más informados en la comunidad. Más formados y más informados que los actuales miembros del ayuntamiento guanajuateño.
Postdata – Lamento en lo personal la salida del licenciado Alejandro Arenas de la Dirección de Seguridad Pública Municipal, y sobre todo las circunstancias en que se dio. Siempre mostró respeto hacia nuestro movimiento; actitud de la que han carecido muchos miembros del gobierno municipal.