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viernes, 15 de octubre de 2021

Migrantes sin esperanza, 2

Migrantes sin esperanza, 2

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en:
ZonaFranca.mx Milenio León
15Diario.com
eslocotidiano.com

El gobierno mexicano ha asumido desde hace décadas —desde el final del acuerdo Bracero binacional en 1964— la cómoda postura de que en materia migratoria la mejor política es no tener política. Y la presente administración continúa con esa actitud, muy acorde con la revivida Doctrina Estrada de los años treinta. Así, México ha podido aplicar en lo doméstico un manejo muy restrictivo de la inmigración extranjera, incluso con rasgos xenofóbicos, al mismo tiempo que expresa un discurso solidarista con los emigrantes mexicanos, sin asumir compromiso alguno en la defensa de sus derechos en el exterior.

Cuando se fundó el Instituto Nacional de Migración (INM) el 19 de octubre de 1993, muchos de los especialistas en estudios migratorios, entre los que me cuento desde 1982, especulamos que ese nuevo órgano técnico desconcentrado de la Secretaría de Gobernación implicaba, desde su nombre, un cambio en la política migratoria mexicana. Creímos que se abandonaría la típica indiferencia y actitud policial de la antigua y temida Dirección General de Servicios Migratorios, en favor de una actitud solidaria hacia los que se han desplazado transfronteras por necesidad, y no por placer. Estábamos muy equivocados.

Pronto fue evidente que el nuevo instituto era una agencia policial más del estado mexicano, y que con excepción de sus “grupos Beta” —siempre castigados presupuestalmente— se mantendría como una Border Patrol a la mexicana, con agentes sin mayor capacitación en el respeto a los derechos humanos, que cumplimentan órdenes con el tacto de un gendarme pueblerino. Las golpizas que se han hecho públicas lo evidencian.

El cambio en la administración federal en diciembre de 2018, cuando el gobierno de la 4T designó al académico y especialista en gobiernos locales Tonatiuh Guillén —expresidente de El Colegio de la Frontera Norte— al frente del INM, nos hizo albergar nuevas esperanzas de cambio. El nuevo director arribó gracias al apoyo del subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, un político sensible y conocedor. Una de las “palomas” en el gabinete, en tensión con los “gavilanes” de la seguridad nacional. Era claro que la nueva orientación apuntaría a la defensa solidaria de los derechos humanos de todas las comunidades migrantes, propias y exógenas.

El sueño duró siete meses. El nuevo fenómeno de las caravanas de centroamericanos que ingresaron al territorio mexicano con el ansia de llegar a la frontera de los Estados Unidos, y participar en el sueño americano, provocó una fuerte reacción de la administración Trump, que amenazó a México con la imposición de aranceles a sus exportaciones. El gobierno mexicano, en una evidente muestra de sometimiento, desplazó al académico de la dirección del INM y lo reemplazó con un penalista, Francisco Garduño, quien volcó a sus gendarmes, con el apoyo de la naciente y militarizada Guardia Nacional, a la contención de esos flujos de indocumentados.

Docenas de veces el presidente Trump presumió que, gracias a su amenaza, el gobierno mexicano había desplazado 27 mil “soldados” a la frontera sur, cumpliendo la función del muro físico que nunca pudo culminar. Se inauguró así una nueva era de discriminación, represión y abuso —incluso físico— contra familias e individuos —como los niños sin acompañamiento— que por hambre y miedo abandonan sus lares en sus países convulsos o empobrecidos, como Haití, Centroamérica, Venezuela o Cuba.

Muchos de esos desesperados han cruzado todo el continente desde Chile o Brasil, gastando miles de dólares que sus parientes en los EUA les proporcionan. La aventura es en extremo peligrosa. Muchos deben cruzar a pie el legendario y temible estrecho del Darién, que separa Centro y Sudamérica (Referencia), en una travesía que espantaría a Ulises.

Una desgracia humana de dimensiones colosales, a la que nuestro gobierno responde con pasmo y represión. Pero eso sí: que vivan los héroes migrantes que envían 44 mil millones de dólares anuales en remesas a las comunidades empobrecidas de México.

Esquizofrenia pura.


viernes, 8 de octubre de 2021

Migrantes sin esperanza, 1

Migrantes sin esperanza, 1

Por: © Luis Miguel Rionda ©

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ZonaFranca.mx Milenio León
15Diario.com
eslocotidiano.com

¡Dadme a vuestros exhaustos, a vuestros pobres
Vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad
El desamparado desecho de vuestras rebosantes playas!
Enviadme a estos, los desamparados, sacudidos por las tempestades
¡Yo elevo mi faro junto a la puerta dorada!

Emma Lazarus. The New Colossus (1883)

En los Estados Unidos de América, la administración Biden está por cumplir ocho meses al cargo del poder ejecutivo de ese país. Su anhelado triunfo electoral puso fin a la breve depresión democrática que significó el escabroso gobierno de Trump, aspirante a dictador bananero: racista, xenófobo, machista, intolerante y fundamentalista de derecha. Sus cuatro años representaron un retroceso muy severo en el reconocimiento de los derechos de los sectores demográficos subalternos y avasallados de esa sociedad tan heterogénea: mujeres, minorías sexuales, comunidades afro, población homeless, y particularmente los inmigrantes recientes.

El amplio triunfo electoral de Joe Biden abrió las ventanas de la esperanza para estas poblaciones subordinadas. Pero el mensaje traspasó las fronteras y alcanzó a los parias de países cercanos y lejanos. El régimen autoritario previo había logrado contener los flujos de los desesperados con la fuerza del garrote propio y ajeno —como la Guardia Nacional mexicana—. Pero ¿qué sucedió? El abandono del discurso amenazante, el de las “trumpadas”, y su sustitución por la proclama humanista y solidaria del reciente triunfador, un anciano sabio de mirada dulce y de voz sosegada, avivó la llama de la ilusión y la búsqueda de consuelo por parte de los pobres y desheredados de buena parte del mundo. El sueño americano parecía reabrirse.

Como era de esperarse, esta nueva luz atrajo a millares de afligidos trabajadores de los países pobres o con regímenes opresores. Se renovaron los flujos humanos procedentes del sur, con sus caravanas rebosantes de jóvenes, viejos y niños, solos o en familia, que a su paso transfronterizo clamaban a los gobiernos por consideración y refugio. Miles de haitianos, hondureños, salvadoreños, guatemaltecos, venezolanos, cubanos, africanos, asiáticos y otros atravesaron países completos hasta llegar a la frontera sur de México. Y se les sumaron miles de mexicanos desesperados, víctimas de la depresión económica.

Al comienzo, Biden quiso buscar una solución de largo plazo para construir acuerdos migratorios con sus vecinos que reconocieran la necesidad mutua de complementariedad demográfica y económica. Se previó la necesaria amnistía para once millones de indocumentados que ya viven y trabajan pacíficamente en ese país. Se reactivó el programa DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, 2012, de Obama) para los dreamers, y se prohibió la separación de las familias indocumentadas, práctica nefasta de su antecesor. El interés genuino por el tema, con enfoque de derechos humanos, se evidenció con la asignación del seguimiento de esta tarea a la vicepresidente Kamala Harris, californiana hija de inmigrantes de India y Jamaica.

En contraste, el gobierno federal mexicano, desairado por la derrota del amigo Trump, permitió el descontrolado tránsito de los migrantes por su territorio y le creó a la administración Biden un problema mayúsculo en la frontera. El ascenso violento de las detenciones de indocumentados en su lindero con México puso en evidencia que se buscó dinamitar la apuesta humanitaria de Biden con esta marea humana. En respuesta el gobierno de ese país apretó las tuercas necesarias —y tiene muchas— para obligar al reticente gobierno de México a cambiar su actitud…

Pero seguiremos reflexionando sobre este tema la próxima semana…


viernes, 25 de junio de 2021

Derechos políticos de los migrantes: un nuevo logro

Por: © Luis Miguel Rionda ©

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Quiero compartir una buena noticia con los guanajuatenses que viven en el extranjero, particularmente en los Estados Unidos. El martes 22 de junio pasado, el pleno del Tribunal Electoral del Estado de Guanajuato (TEEG) aprobó el proyecto de sentencia que presentó la magistrada ponente Dolores López Loza, sobre el juicio de protección de los derechos políticos del ciudadano 211/2021 que interpuso Juan José Corrales Gómez, en su calidad de presidente de la asociación civil Fuerza Migrante, en tono a la necesidad de reconocer y ampliar los derechos de representación política de una amplia población que calculamos en alrededor de un millón de ciudadanos guanajuatenses de pleno derecho que habitan fuera de las fronteras nacionales. 

La sentencia revoca el acuerdo CGIEEG/264/2021 emitido por el Consejo General de Instituto Electoral del Estado de Guanajuato (IEEG), en el que éste expresó su respuesta negativa tajante a la solicitud interpuesta por el mismo ciudadano, que demandó la implementación de acciones afirmativas por parte de ese órgano electoral local para contar con diputaciones migrantes en el Congreso del Estado de Guanajuato.

La sentencia vincula al consejo a “realizar un análisis sobre la viabilidad de emitir medidas afirmativas en favor de la comunidad migrante de Guanajuato radicada en el extranjero para contar con diputaciones con dicha calidad en el Congreso del Estado para el próximo proceso electoral.” Para la realización de este estudio, el TEEG otorga hasta 90 días a partir del fin del actual proceso electoral.

El 24 de agosto de 2020 diversas asociaciones solicitaron al IEEG que reglamentara y emitiera acciones afirmativas sobre esta materia. El 27 de septiembre el Consejo General respondió negativamente. Yo, como consejero electoral que era, presenté un voto concurrente donde propuse que el tema se continuara analizando y que se integrara una mesa interinstitucional, junto con el Congreso local, para no cerrar la puerta con un azotón. No fui apoyado.

El 18 de marzo de este año Fuerza Migrante insistió en el tema, basándose en la sentencia SUP-RAP-21/2021 del 24 de febrero de la sala superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que ordenó al INE emitir acciones afirmativas en el ámbito federal. Inopinadamente el 31 de marzo el presidente del IEEG contestó la nueva petición con un oficio simple reiterando la negativa. Recusamos la respuesta con el JPDC-44/2021 y el TEEG ordenó al Consejo General a dar respuesta, por lo que el 26 de mayo éste emitió su acuerdo CGIEEG/264/2021, porfiando en su negativa.

El 7 de junio presentamos en línea ante el TEEG el JPDC-211/2021, motivo de la respuesta positiva aquí reseñada. Solicitamos que el tribunal vinculara al IEEG y al Congreso del Estado a normar en la materia, a la manera como se hizo antes con la población indígena mediante la sentencia TEEG-JPDC-84/2018 del 15 de agosto de ese año. En esta ocasión el tribunal sólo vinculó al IEEG, pero no al Congreso. Sin embargo, el magistrado presidente Gerardo Arzola presentó un voto concurrente donde explica: “veo conveniente que deba vincularse al órgano legislativo local a fin de que, al igual que el Consejo General del Instituto electoral local, realice sus trabajos, estudios, debates y demás tareas que el proceso legislativo exige para que con plenitud de facultades resuelve si es o no menester emitir legislación respecto al tema que os ocupa de las diputaciones migrantes.”

Los cientos de miles de paisanos que se vieron obligados a emigrar por la necesidad económica, y que aportan más de cuatro mil millones de dólares anuales a las economías domésticas y comunitarias en los municipios de Guanajuato, no tienen derecho a una representación política efectiva a nivel local. La legislación nacional les permite emitir su voto por la presidencia y por los senadores de la república desde 1998. A partir de 2014 en algunos estados pueden votar en la renovación de sus gubernaturas. Pero no así por las autoridades ejecutivas y legislativas locales. En la práctica eso los deja sin representación en el ámbito que más les interesa participar: a nivel de sus distritos, municipios y comunidades.

En la jornada electoral del 6 de junio pasado, los chilangos y jaliscienses en el extranjero pudieron votar por la selección de un diputado específico que los represente. De esta manera los paisanos tendrán una voz en los legislativos locales, resaltando las demandas y aspiraciones de un sector de la población ausente en lo físico, pero no así en la querencia y el compromiso con sus familias y congéneres en su matria.

Dentro de la larga brega por el reconocimiento de la plenitud de los derechos políticos de las poblaciones ausentes esta ha sido una pequeña victoria, pero de gran significación. Son ya treinta años de buscar este objetivo, que se traduce en una ampliación más de los derechos humanos, haciendo posible el principio de progresividad en la construcción de un nuevo concepto de ciudadanía, más inclusiva y global.


viernes, 29 de abril de 2011

Migración mortal

Migración mortal

Publicado en Milenio de León.

Cuando en 1994 se echó a andar la “operación Gatekeeper” (portero, guardavalla) por parte del gobierno federal de Estados Unidos en el sector de la frontera mexicana más frecuentado por los migrantes indocumentados, que entonces era el de Tijuana-San Ysidro, se provocó un fenómeno indeseable: el incremento de la mortalidad relacionada con la propia acción migratoria. Cuando dicha operación se amplió a otros cruces fronterizos muy transitados en Arizona y Texas, el paso por los mismos se hizo prácticamente imposible en condiciones seguras. Los aspirantes a trabajadores internacionales debieron buscar lugares de cruce alejados de centros poblacionales, a merced de la naturaleza implacable y de criminales desalmados. Los “coyotes” o traficantes de personas incrementaron sus tarifas y eventualmente ellos mismos se convirtieron en depredadores de los migrantes. Desde entonces, el número promedio de muertes en estos intentos de cruce se ha ubicado entre los 300 y 400 anuales: prácticamente un migrante fallecido por día.
Sin embargo el flujo migratorio se mantuvo creciente: valía la pena correr el riesgo de perder la vida, ante el “sueño americano” y la promesa de recibir un “minimum wage” de entre 7 y 8 dólares la hora, más de 90 pesos mexicanos, que equivale al pago por toda una jornada en el campo nacional. Si consideramos que al año se concretan entre 250 mil y 350 mil cruces ilegales en la frontera México-EUA, la aritmética elemental nos marca que esa decisión es racional. El migrante se arriesga, pero con la conciencia de que es lejana la probabilidad de que le toque la de malas.

Pero en los últimos años se ha sumado otro motivo para que el trabajador en tránsito piense las cosas con más calma: la irrupción del crimen organizado como nuevo depredador de esos viajeros. Las carreteras de México que se dirigen hacia la frontera norte se están poblando de bandas delincuenciales que asaltan autobuses de pasajeros, o bien los trenes de carga –cargados de centroamericanos- y secuestran o amenazan a los migrantes, al punto de exterminarlos como animales. Las fosas que se han localizado en Tamaulipas y Durango, donde se ha exhumado tres o cuatro centenares de cuerpos, son un indicador alarmante de que la situación real debe ser mucho más grave. Las fosas que se han localizado son producto de “pitazos” o de confesiones, no de una investigación sistemática por parte de las fuerzas públicas. Esto me hace temer que existan muchos otros depósitos de cadáveres que no se conocen aún, y que el drama mortal de la migración se ha incrementado exponencialmente en los últimos meses.

Creo adivinar –porque no hay elementos objetivos para un cálculo realista- que son ya miles las víctimas de este asalto sistemático. Quiero creer que sólo a una minoría de los damnificados se le ha privado de la vida: la mayor parte la ha librado pagando la extorsión, o bien uniéndose a las bandas delincuenciales, que emprenden auténticas “levas” para alimentar sus huestes, pues su vez han sido diezmadas por el ejército, la marina y las policías honestas –si es que existen-. La arraigada cultura del silencio y el miedo a la denuncia ocultan la verdadera dimensión de esta tragedia nacional. Las familias en las comunidades de origen no suelen denunciar la desaparición de sus parientes por miedo a represalias. Ello es evidente por la lentitud en que han respondido esas familias a los llamados oficiales a colaborar en la identificación de los cuerpos. Estos serán identificados sólo en una mínima proporción, estoy seguro.
Fosas clandestinas en Durango

El Estado mexicano y las naciones centroamericanas deben promover la integración de un padrón de desaparecidos que se alimente de denuncias generadas a nivel de las comunidades originales. Su administración podría estar a cargo de organizaciones de derechos humanos, para evitar el miedo a las filtraciones de las fuerzas del orden. Incluso yo pensaría en una posible colaboración con las agencias del gobierno de los Estados Unidos, que cuentan ya con un padrón detalladísimo de trabajadores inmigrantes, tanto documentados como indocumentados. Con el cruce de información nacional e internacional podría dilucidarse el tamaño real del problema, y emprender una búsqueda sistemática y permanente de los desaparecidos, migrantes o no, para devolverle al ciudadano común algo de su perdida confianza en la seguridad de nuestras calles y carreteras. No basta combatir a los criminales; también hay que atender con oportunidad las secuelas sociales de esta guerra sin fin.
Milenio-León: al 12 de abril ya eran 57 los guanajuatenses desaparecidos


viernes, 11 de marzo de 2011

La Ley de Migración

La Ley de Migración

Publicado en Milenio de León.

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El día de hoy se presentó ante la comunidad estudiantil y académica de la División de Ciencias Sociales y Humanidades del Campus León de la Universidad de Guanajuato el senador Humberto Andrade Quesada. Acudió a invitación del Instituto Guanajuatense de Estudios y Ciencias Políticas A.C. (IGECIP), que preside el abogado José Aben Amar González Herrera. El motivo es conocer y discutir con el senador los intríngulis de la iniciativa de Ley de Migración que acaba de aprobar el Senado de la República, y que está ahora discutiéndose en la Cámara de Diputados, antesala de su promulgación legal.
José Aben Amar González, Humberto Andrade y Víctor Zanella
Esta es la primera ley mexicana con énfasis en los procesos migratorios nacionales e internacionales. Hasta hoy los asuntos relativos a la movilidad poblacional eran abordados por la Ley Nacional de Población, vigente desde 1974. Por cierto, esa ley de tiempos de Luis Echeverría fue de avanzada, y reforzó la tradición mexicana de hospitalidad hacia los perseguidos políticos, como los sudamericanos víctimas de los gobiernos dictatoriales en su región; esto a la manera como lo había hecho el gobierno de Lázaro Cárdenas con los inmigrantes españoles, apoyado en la Ley de Población de 1936.
La iniciativa de Ley de Migración fue presentada ante el Senado el 9 de diciembre pasado, por parte de los senadores Humberto Andrade, Rubén Camarillo, Rafael Díaz y Martha Sosa del PAN; Jesús Garibay, Rosalinda López y Rubén Velázquez del PRD, y Francisco Herrera, Carlos Jiménez y Antelmo Alvarado del PRI. Sin embargo, el esbozo inicial padecía de fuertes problemas de concepción: convertía a la política migratoria en apéndice de la política de seguridad nacional y de seguridad pública, criminalizaba a los migrantes indocumentados, y daba facultades a los cuerpos policiacos federales para intervenir en los operativos de control de los inmigrantes, entre otros inconvenientes. Todos sus problemas fueron señalados a tiempo por la Sociedad Mexicana de Demografía, el Grupo Guatemala–México de Migración y Desarrollo, y el Grupo de Trabajo sobre Legislación y Política Migratoria, conformado éste por las principales OSC, con estudiosos y activistas en materia de migración internacional. Se dijo, no sin razón, que el proyecto de ley mexicana era aún peor que la iniciativa SB 1070 de Arizona, pues se otorgaban facultades a los cuerpos de seguridad para la detención preventiva discrecional de los migrantes, y confirmaba la facultad de expulsión de extranjeros prevista en el anacrónico artículo 33 constitucional.

Cuando los organismos de defensa de los derechos humanos de los migrantes ya velaban armas para luchar contra una ley injusta, los senadores nos dieron la sorpresa y pergeñaron una nueva versión de la ley, que atendió la mayor parte de las inquietudes que se manifestaron con oportunidad. Se le bajó mucho al tono represivo y xenófobo de la primera versión, y se profundizó en su vertiente humanitaria. Las fuerzas federales del orden ya no pueden intervenir, mas que en casos extremos definidos por la misma ley. El tenebroso Instituto Nacional de Migración deberá someter a sus agentes a pruebas de control de confianza, y ajustar su comportamiento al riguroso respeto a los derechos humanos. Los extranjeros no deberán ser estigmatizados por la autoridad, ni perseguidos sistemáticamente por considerárseles un peligro para la seguridad pública. Los delincuentes no nos llegan del sur: están entre nosotros, y se ceban con los indocumentados internacionales.

Lo más valioso de la iniciativa lo encuentro expresado en la explicación de la misma: “La condición de Visitante se prevé otorgar a los extranjeros que van a permanecer por estancias cortas en el país, ya sea como turistas o personas de negocios; visitantes con permiso para recibir una remuneración en el país, por estancias menores a 180 días; visitantes o trabajadores de las regiones fronterizas; visitantes por razones humanitarias o para realizar un procedimiento de adopción. Con las visas por razones humanitarias se reconoce el derecho de los migrantes a acceder a la justicia y a participar en el procedimiento respectivo hasta la reparación del daño, con lo cual se buscan crear incentivos para denunciar y combatir a la delincuencia que se aprovecha de la vulnerabilidad de los migrantes.” “Extranjero” es un término peyorativo. “Visitante” es aquél que nos honra con su presencia en nuestra casa.
Espero que los diputados refuercen y mejoren este nuevo sentido solidario y generoso. México está obligado a dar un ejemplo a los vecinos del norte para poder tener la calidad moral necesaria cuando demandemos un trato justo para los nuestros. Pero por lo pronto tanto policías como delincuentes mexicanos continúan extorsionando, secuestrando y exterminando a los humildes aspirantes a trabajadores, que cruzan el Suchiate, montan a La Bestia, y se arriesgan en los difíciles páramos del camino al norte. El Norte, la tierra prometida.

sábado, 12 de junio de 2010

Frontera sangrienta, de nuevo…

Frontera sangrienta, de nuevo…


Publicado en Milenio de León.

Publicado en Eje Central, El Poder de las IdeasCEINPOL

Desde hace varios años los estudiosos de la migración internacional hemos venido denunciando que la frontera México-Estados Unidos se ha venido transformando en una auténtica zona de guerra. Así ha sucedido al menos desde que en 1994 se inauguró la infausta operación Guardián (Gatekeeper) en California, que fue rápidamente emulada por las operaciones “Interferencia” y “Salvaguarda” (Safeguard) en Arizona, y “Río Grande” y “Hold the line” en Texas. Docenas de organizaciones civiles de ambos países han denunciado sistemáticamente los abusos, las vejaciones y la violencia que se ejercen contra los trabajadores migratorios que intentan atravesar la frontera. Antes de ese año podían hacerlo por los espacios más seguros y habitados, pero ahora son prácticamente impenetrables; los lugares de paso se han corrido hacia páramos desiertos donde fácilmente pueden ser víctimas de atraco, abandono, violación, asesinato y abuso de la patrulla fronteriza.

Desde 1995 hasta 2009 se acumularon más de 5,500 decesos de migrantes mexicanos o centroamericanos en esa frontera de sangre. Equivale a más de 20 veces el número total de muertos producto del muro de Berlín en sus 28 años de existencia. Muchos de ellos ni siquiera pueden ser identificados, por lo que sus familias jamás sabrán de su desdichada suerte. El presupuesto que los Estados Unidos dedican al cuidado de su frontera sur se ha sextuplicado y el número de agentes se ha incrementado hasta los 22 mil 200, según su artículo en Wikipedia. Un verdadero ejército, que representa el cuerpo de policía más numeroso de esa nación. Sólo dos mil de ellos cuidan la frontera con Canadá.

Pero resulta que las enormes inversiones que ha realizado el país del norte en muros, vallas, alta tecnología de vigilancia, miles de nuevos agentes fronterizos, armamento y equipamiento sofisticado, etcétera, el flujo humano es casi imposible de detener. Cada año más de medio millón de aspirantes a trabajador migrante atraviesan la frontera de una manera o de otra. Y eso ha colocado a las autoridades migratorias de los Estados Unidos en una situación sumamente comprometida, pues no pueden justificar los enormes desembolsos de dinero público en una tarea sin fin. Los propios agentes de la migra están bajo esa situación de presión permanente. Tuve oportunidad de constatarlo personalmente durante un recorrido de una semana que la Embajada de los Estados Unidos en México nos brindó a una docena de académicos mexicanos. Recorrimos algunas de las instalaciones de la migra en los estados de Texas, Nuevo México y Arizona. En el enorme centro de detención de Nogales, Arizona, algunos agentes nos dieron, orgullosos, una demostración de sus armas “no letales” y sus técnicas de sometimiento de los “delincuentes” que traspasan la frontera. Nos comentaron que tienen autorizado el uso de esas armas, así como de las letales cuando su vida está en riesgo. Otro dato que me impactó es que alrededor del 60% de sus agentes en los sectores de su frontera sur tienen origen mexicano, es decir son chicanos o bien naturalizados. Todos los paisanos dicen que son los peores.

Esta última semana los mexicanos hemos sido impactados por dos asesinados brutales cometidos por agentes de esa guardia fronteriza. Un hombre indefenso y maniatado de 32 años en Tijuana, y un niño de 14 en Ciudad Juárez. Ambos casos fueron, para fortuna de la justicia, videograbados mediante teléfonos celulares, aparatos que se confirman como los mejores defensores de los derechos humanos. El abuso en ambos casos es demasiado evidente: en el primero los 20 agentes golpearon y electrocutaron por turnos a su víctima, y en el segundo el oficial, que sometía en el vado del río Bravo a un chico adolescente, se sintió amenazado por las piedras de otro niño que había logrado escapar, y le disparó en varias ocasiones hasta que le atinó a la cabeza. Ningún agente estaba en peligro de perder la vida, y sin embargo mataron sin piedad a sus víctimas.
La frontera se vuelve a teñir de sangre, pero cada vez más por sangre emanada de migrantes inocentes victimados por miembros abusivos de la patrulla fronteriza, que ya puede ser considerada como una de las peores amenazas de la frontera. El año pasado asesinaron a cinco migrantes, y en este, que va a la mitad, ya acumulan 17, según cifras de la SRE, instancia que todavía duda en presentar una nota diplomática al gobierno del vecino país. Hay que hacer algo…


martes, 16 de junio de 2009

Migraciones y empoderamiento

Los estudios sobre la migración laboral internacional cobran cada vez más importancia en el mundo, ya que el modelo globalizado de nuestra economía desconoce las fronteras políticas no solamente en cuanto a bienes comerciales o flujos de capital, sino también a la fuerza de trabajo, que es atraída hacia donde se le necesita. No hay posibilidades reales de detener esas corrientes de población, ya que responden a las mismas leyes que imperan en la libre circulación capitalista. Nuestro país, que tantos brazo exporta a los Estados Unidos y Canadá, confirma este imperativo categórico de la globalización.
Lo anterior viene a cuento porque a semana pasada participé en la 29 versión del congreso internacional de la Latin American Studies Association (LASA) en Río de Janeiro, Brasil, donde se reunió un cúmulo de académicos y cientistas sociales a debatir sobre los grandes problemas que afectan el subcontinente latinoamericano. Entre esas candentes cuestiones se cuenta, destacadamente, la migración internacional. México, Centroamérica y cada vez más Sudamérica exportan trabajadores hacia el norte del continente, con resultados que deben ser analizados y debatidos con mucho esmero.
En la mesa de trabajo donde participé se analizaron los casos mexicano, brasileño –con sus migraciones desde y hacia Africa, Japón y Portugal-, Centroamérica –migración que atraviesa nuestro país hacia los Estados Unidos- y por supuesto México. Impresionan los paralelismos que se evidencian en cada uno de estos procesos, como por ejemplo la creciente concientización de los migrantes y su liderazgo en lo referente a la defensa de sus derechos, tanto en los espacios de destino como en los de origen.
En México ha sido claro que en los últimos veinte años se han desatado cambios muy importantes en la actitud política de los migrantes. Si tomamos como punto de referencia la amnistía del la ley IRCA en 1986, que regularizó a cientos de miles de paisanos y a sus familias, y a la elección presidencial de 1988, podemos detectar un protagonismo creciente de parte de los trabajadores emigrados y sus líderes. Con mucha rapidez han abandonado la docilidad y el sentido de resignación que caracterizó a los trabajadores braceros de los años cuarenta a setenta, para sustituirlos por un protagonismo ascendente y una potente capacidad de interlocución, e incluso chantaje, hacia los poderes constituidos en sus lugares de origen y de destino. La marcha del 1 de mayo del 2006 estableció con claridad que existe una conciencia de grupo y de empoderamiento en los Estados Unidos, que ahora nadie puede ignorar. Los candidatos Obama y McCain entendieron con claridad en el 2008 que la comunidad hispana, mayoritariamente mexicana, es un componente esencial para cualquier triunfo electoral. En México no ha sido diferente: los gobiernos y los representantes populares deben negociar ahora con los emigrados y sus organizaciones si quieren tener un mínimo de efectividad ante las comunidades que se mantienen en el terruño. Todo ello coincide con lo que está sucediendo en otras naciones: empoderamiento y participación.

martes, 14 de abril de 2009

Tres menos uno

Guanajuato es tierra de migrantes desde al menos los años cuarenta del siglo pasado. Y lo es no por elección y deseo de aventura de sus trabajadores rurales o urbanos, sino sencillamente por las crisis económicas recurrentes que han azotado el entorno regional, desde que el reparto agrario de los años treinta desmembró el sistema productivo agrícola tradicional, que había convertido a Guanajuato en el “granero de la república”.
Cada año, de nuestro territorio salen entre 30 mil y 45 mil nuevos trabajadores migrantes, que se suman a un flujo mayor que involucra a los 1.2 millones de paisanos guanajuatenses que ya habitan en los Estados Unidos. Con la crisis que atraviesa ese país es posible que esa corriente haya bajado un poco en su intensidad, pero definitivamente no mucho, pues la misma crisis pega acá con resultados más dramáticos a nivel familiar. Por ejemplo estoy seguro de que muchos de los casi tres mil trabajadores de la GMC en Silao ya iniciaron camino hacia el norte, desmotivados por los “paros técnicos” que los dejan sin la mitad de su salario semanal de 700 pesos.
El desarrollo de las comunidades migrantes es un tema en el que los gobiernos federal y estatal no han sabido dar pie con bola desde su “reencuentro” con los migrantes en los años noventa. Han inventado programas glamorosos como el 3 por 1, pero siempre sometidos a las exigencias de las burócratas que se supone se dedican al desarrollo social. Y recordemos que las burocracias siempre intentarán justificar su existencia inventando procedimientos que sólo ellas puedan comprender y ejecutar. Por ello no me sorprende la indignación de líderes como don Ángel Calderón, del Timbinal en Yuriria, quien ha decidido ignorar al gobierno y ejecutar obra directa. Él ha dedicado buena parte de su vida a reunir recursos de sus compañeros en California hacia la atención de las necesidades de su pueblo de origen. Muchos centenares de paisanos han hecho lo mismo desde hace décadas, y han transformado el nivel de vida de sus comunidades. Siempre sin la ayuda de los gobiernos.
Recordemos las declaraciones del diputado local José Medina, quien el 24 de septiembre pasado dijo que “todavía faltan por ejercer 40 millones de pesos del Programa 3x1, de 120 millones de pesos disponibles este año, aportados por los gobiernos Federal, Estatal y Municipal.”
Muchos académicos y especialistas hemos insistido en la necesidad de revisar a profundidad el funcionamiento de estos programas sociales, que evidencian una preocupante ineficacia en la consecución de sus fines. La lógica burocrática debe eliminarse de su implementación, y buscar una mejor integración con las aspiraciones de los trabajadores migrantes, quienes lo menos que desean es vérselas con el papeleo. Por supuesto hay que cuidar que los recursos públicos se ejerzan con probidad, pero también con oportunidad. Una cosa no elimina a la otra. ¿Nos entendemos?

viernes, 5 de septiembre de 2008

Los derechos de la diáspora

El día de ayer tuve la oportunidad de participar como sinodal en el examen doctoral del maestro Felipe de Jesús Reyes Romo, dentro del programa de doctorado en estudios del desarrollo de la Universidad Autónoma de Zacatecas. La interesante tesis se intitula “La noción de ciudadanía en las relaciones del Estado y los migrantes trasnacionales, una prospección teórico-empírica para el caso de México”. La dirigió el doctor Miguel Moctezuma, un reconocido estudioso de la migración internacional de nuestro país, en particular sobre el caso de los zacatecanos en los Estados Unidos, una de nuestras comunidades trasnacionales mejor organizadas y de más involucramiento en los procesos de desarrollo regional en su estado natal.
La tesis de marras hace un espléndido análisis sobre la evolución de las posiciones oficiales del gobierno mexicano hacia los paisanos que se han visto en la necesidad –rara vez en la voluntad- de emigrar hacia el país del norte en busca de trabajo y de una posibilidad de mejorar su circunstancia de vida en sus lugares de origen. Alrededor de doce millones de mexicanos se encuentran chambeando duro y sobreviviendo lo mejor que pueden en los espacios laborales que los anglos, los asiáticos e incluso los negros –parafraseando a Fox, autor prolífico de frases célebres- no quieren atender. El ahora doctor Felipe Reyes recorre un siglo y medio de historia de la diáspora mexicana, desde que alrededor de cien mil paisanos se quedaron varados en los territorios que fueron arrancados a México luego de la guerra de 1846-1848, hasta los más recientes acontecimientos que han afectado los patrones y condiciones de la imparable emigración de alrededor de medio millón de mexicanos, que cada año cruzan la frontera de forma legal o ilegal para buscar una oportunidad de empleo en la economía más grande del mundo.
Felipe Reyes se concentra en las variaciones de las nociones de ciudadanía y nacionalidad, que se han evidenciado latentes en el marco jurídico mexicano que ha regido de manera directa o indirecta para discernir el estatuto legal que conservan los mexicanos que abandonan de manera prolongada o permanente el territorio nacional. Históricamente, el marco legal de nuestro país se ha ajustado a los criterios clásicos greco-latinos que anudaban la noción de ciudadanía con la del territorio. Es decir, que para conservar los derechos y las obligaciones del ciudadano ordinario, hay necesidad de mantener residencia regular en el espacio geográfico donde se asienta el Estado. Recordemos que desde esa noción éste último se conforma por la tríada Gobierno-Sociedad-Territorio. Por otra parte, encontramos el concepto de nacionalidad, que está vinculado al lugar donde uno nace (jus solis), o bien a la herencia (jus sanguini) de nuestros padres. Tradicionalmente en México se han vinculado ambos elementos: si renuncias a uno, debías renunciar al otro.
Las fuerzas de la globalización, aunadas a la democratización política de nuestro país, han conducido en las últimas dos décadas a la necesidad de modernizar estos principios legales. Los estados modernos son cada vez más extraterritoriales y trasnacionales. Además, la diáspora mexicana ha ido cobrando una inmensa importancia para el mantenimiento de la estabilidad económica, política y social de nuestro país. Los millones de paisanos, a través de sus líderes, han sabido presionar a los actores políticos nacionales para que, incluso a regañadientes, acepten la necesidad de reconocer la ciudadanía extraterritorial. Los partidos políticos y el gobierno mexicano han ido cediendo y reconociendo que las diásporas de la gran mayoría de los países expulsores han sabido conquistar espacios de representación o de influencia en las decisiones que afectan a sus comunidades de origen. México no podía ser ajeno a esta tendencia mundial. Desde que en 1990 el gobierno de Ernesto Zedillo estableció la primera oficina gubernamental para atender las necesidades de las comunidades de mexicanos en el exterior, nuestro gobierno ha ido ampliando los vínculos y los espacios de participación de esos conjuntos de emigrantes. Tanto, que en 1997 se reformó la constitución mexicana y se aprobó la Ley de No Pérdida de la Nacionalidad Mexicana, con lo que se separó de forma definitiva las dos nociones descritas antes. Decenas de miles de mexicanos han podido optar por la ciudadanía norteamericana, sin perder la nacionalidad mexicana. ¿Dos lealtades? Tal vez, pero es un reconocimiento a que las comunidades migrantes son ya trasnacionales, es decir que un enorme volumen de mexicanos expatriados y México-americanos conservan y fortalecen lazos de vida comunitaria que trascienden fronteras; más aún en un mundo achicado por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.
El “trasnacionalismo desde abajo” que describe y analiza la tesis referenciada, ha sido un hecho imposible de ignorar por el sistema político mexicano, que ha debido iniciar un “trasnacionalismo desde arriba” para corresponder y alinearse con el anterior. De esta manera en 2003 se creó el Instituto de los Mexicanos en el Exterior, cuyo consejo está integrado por cien líderes paisanos, así como por algunos académicos y expertos. Luego, en 2005 se concretaron las disposiciones legales que hicieron posible una de las demandas más sentidas de los paisanos: el voto desde el exterior. Una medida que se implementó una década después de la reforma constitucional que desanudó la obligatoriedad de emitir el voto ciudadano desde la circunscripción territorial del elector. Desgraciadamente en la elección presidencial del 2 de julio de 2006 sólo votaron 32,621 migrantes, cuando las estimaciones optimistas nos habían anunciado a dos millones de potenciales votantes. Sin duda fue un “fracaso” en términos económicos y simbólicos, pero se abrió así una ventana de participación que sin duda se ampliará en el futuro político del país. Hoy, los estados de Zacatecas y Michoacán, y próximamente el DF, posibilitan el voto de los emigrados en sus elecciones locales. Y me pregunto: ¿cuándo debatiremos en Guanajuato sobre este asunto?