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viernes, 10 de septiembre de 2021

Humanidad y libertades: el aborto

Humanidad y libertades: el aborto

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en:
ZonaFranca.mx Milenio León
http://15diario.com/hemeroteca/15diario/hemeroteca/2013-11-15/rionda15.html
eslocotidiano.com

La reciente resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre la no punibilidad del aborto —una acción que está definida en muchas legislaciones del país como un delito equiparable al homicidio— sin importar las circunstancias, es un enorme paso hacia la ampliación de los derechos humanos y el reconocimiento del libre albedrío de las mujeres sobre su cuerpo y su capacidad de gestación.

El tema del aborto es un asunto espinoso y polarizante. En términos geológicos y políticos es un “clivaje”: una fisura que fácilmente puede convertirse en quiebre profundo del conjunto mayor, como cuando un minero localiza una pequeña grieta en una gran roca, y mediante una barreta y una fuerza somera logra rajarla.

Es un tema escabroso porque tañe los hilos profundos de la convicción religiosa de la mayoría de las personas. Las grandes religiones del mundo han tejido mitologías y ritualidades que se basan en una creencia metafísica: la raíz divina de la humanidad, que se expresa en una entidad difusa e inasible, que los cristianos denominan “alma”.

Las grandes religiones imponen la convicción de que el alma define lo humano. De esta manera separan al Hombre —con su agregado subordinado, la Mujer— del resto de los animales y de “la creación”. La singularidad del ente humano es infundida por la divinidad, que ordena que el componente biológico —el cuerpo— sea el recipiente de la sustancia etérea, celestial y eterna: el “alma”.

En su origen etimológico, el concepto procede del latín anima, movimiento. El movimiento separa lo vivo de lo no vivo, según Aristóteles. Con este sentido podríamos esperar que todos los animales y las plantas tengan alma. Pero el pensamiento cristiano tomista delimitó la noción al “alma espiritual”, que posee conciencia y noción de sí, a diferencia del resto de los animales y plantas. Pero, además, el alma espiritual es insuflada directamente por Dios a su creación privilegiada: el Hombre —nuevamente en masculino.

Esto es lo que sustenta la creencia de que un cigoto humano, una célula producto de la fusión entre un óvulo y un espermatozoide, es una entidad portadora de “alma”. Por eso puede ser considerada como una persona, con derechos humanos plenos. La lógica de este razonamiento puede ser definitiva si partimos del reconocimiento de esa entidad metafísica, y no hay discusión posible. Pero si optamos por un sistema de conocimiento diferente, el de la tradición objetivo-científica, el resultado es el contrario: no hay evidencia de que la calidad de “humano” esté determinada por una voluntad etérea o supranatural.

Somos seres biológicos, con la única característica particular de que hemos desarrollado al extremo nuestras capacidades de abstracción del pensamiento. Pero estas cualidades no se heredan, sino que se desarrollan mediante un largo proceso de socialización y educación. Esto es lo que nos hace realmente “humanos”, no la biología o la metafísica.

El aborto voluntario debe dejar de ser un factor de fanatismos y de discordia social. Nuestra tradición machista nos ha conducido al absurdo de criminalizar a las mujeres por disponer de sus cuerpos y sus capacidades reproductivas. Los hombres sí lo hacemos, y si nos practicamos la vasectomía no somos acusados de asesinar a millones de potenciales seres humanos.

La descriminalización del aborto en todas sus modalidades es un gran paso adelante para construir una sociedad más abierta, donde la “mitad mayoritaria” de sus miembros deje de ser perseguida por optar sobre su cuerpo. Una libertad que sí nos hace humanos.


martes, 12 de enero de 2010

La Ciencia mexicana se pronuncia

La Ciencia mexicana se pronuncia


Por: © Luis Miguel Rionda ©
Publicado en:






El 5 de enero pasado la presidente de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), la doctora Rosaura Ruiz Gutiérrez, junto con 16 expresidentes de la misma, publicaron una declaración conjunta en torno a las recientes reformas legales antiaborto que se han gestado en 18 entidades del país. El desplegado ha circulado profusamente entre la comunidad científica nacional, y hasta donde me he podido dar cuenta, su contenido ha despertado un apoyo unánime; o casi, pues no dudo que algún sector de la clase estudiosa perciba estos cambios legales como positivos para garantizar el “derecho a la vida”.
Inician su texto señalando que “Nuestra Academia y la comunidad científica nacional realizan constantemente esfuerzos comprometidos y expresiones de alerta para señalar los aspectos causantes de que el país siga rezagándose día a día con respecto al resto del mundo, como muestran objetivamente numerosos indicadores internacionales de desarrollo económico, social, político y humano.” Y continúan: “En este contexto, nos preocupa el inaceptable fenómeno regresivo que en los últimos meses ha estado socavando la racionalidad política en el país y amenazando con retroceder a etapas dolorosamente superadas hace siglo y medio.” Esto en referencia a las reformas que han definido que la persona humana existe desde la concepción, y que por lo mismo es sujeta de derechos.
No puedo estar más de acuerdo con estos líderes académicos. Es claro que la ciencia moderna ha procurado mantener un espíritu crítico que trasciende las preconcepciones, los tabúes y los dogmas de fe en que se sustentan los diferentes pensamientos unívocos, tanto los de carácter mágico-religioso -las religiones y sus jerarquías- como los político-ideológicos. Temas como el de la vida y su origen natural o divino, la evolución de las especies, el papel de la sexualidad y el erotismo, el carácter divino o animal de la humanidad y muchos otros, han dividido fuertemente a las tradiciones científica y religiosa. Tanto que ese antagonismo se ha traducido con frecuencia en amenazas, represión e incluso violencia hacia los impulsores del cambio y la revolución científica. Recordemos al tribunal de la inquisición, la persecución fascista de los heterodoxos y la condena al evolucionismo darwiniano, que hoy día se mantiene en el sur de Estados Unidos.
Dicen los presidentes de la AMC que existe “una incompatibilidad flagrante entre el concepto moderno, multifacético y complejo, de lo que es un ser humano y la simplista, arbitraria y poco informada definición de la vida en que se basan las reformas indicadas.” En esto reside la mayor de las amenazas del movimiento neoconservador impulsado desde los legislativos estatales, porque marca camino para futuras reformas involucionarias en campos como el educativo y en los espacios de la moral privada. La ignorancia con poder es sumamente peligrosa, pero es peor cuando esa rusticidad se envuelve de iluminismo, al asumirse como vigía de los valores “universales”. La moral, por su carácter subjetivo y relativo, no puede ser universal sino particular. Por eso, siempre será mejor dejar abiertos los espacios de la libertad, antes que cerrarlos obtusamente.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Diez y siete

Diez y siete

Por: © Luis Miguel Rionda ©

Publicado en Milenio de León.
Son los estados cuyos legislativos han aprobado reformas constitucionales en respuesta a obvias presiones que ejercen los sectores más conservadores del país sobre los dos institutos políticos más importantes, el PRI y el PAN. Diez y siete constituciones que han adoptado la premisa -falsa desde mi punto de vista- de que el respeto a la vida se traduce en el reconocimiento de la calidad humana a un cigoto en mitosis reproductora. Diez y siete congresos que han legislado al vapor un asunto de enorme trascendencia para un número igual de sociedades regionales, que se pretenden modernas, informadas y tolerantes.
El 14 de septiembre pasado Denise Maerker puso en evidencia en un artículo para el El Universal que el PRI, a pesar de asumirse con ideología socialdemócrata y de pertenecer a la Internacional Socialista, ha dado un viraje radical hacia la derecha en el tema de la penalización del aborto. Eran 15 los estados que entonces habían modificado sus constituciones; sólo faltaban dos para promover su asunción a reforma federal. Cito a Maerker: “De 187 legisladores priístas que han sido invitados a pronunciarse sobre iniciativas que implican la penalización de las mujeres por interrumpir sus embarazos: 172 han votado a favor, 15 en contra y 3 se han ausentado. En el 60% de los 15 estados en los que se ha modificado recientemente la constitución para ‘garantizar la protección de la vida desde la fecundación’ el PRI gobierna y tiene mayoría en el Congreso local.”
La antropóloga Marta Lamas declaró recién que en los años ochenta el PRI había apoyado iniciativas muy liberales sobre el tema de la libertad femenina de decisión sobre su cuerpo. Mucho tiempo antes que en el DF, en estados como Yucatán se había abierto la posibilidad de que la mujer optara por interrumpir su embarazo por motivos socioeconómicos. Y en general en las entidades gobernadas por ese partido los códigos aceptaban varias excepciones dentro de la prohibición del aborto en gestaciones avanzadas.
Curiosamente en Guanajuato ese partido evitó montarse -hasta donde pudo- en la ola nacional. La iniciativa fue presentada en el congreso local por la bancada panista, y en la sesión del 8 de mayo fue rápida y apretadamente aprobada por el 70% de los diputados, porcentaje necesario para modificar la constitución. En diez minutos los 23 representantes del PAN, más la diputada del PT (!) y dos diputados priístas -una mujer y un hombre, que después serían expulsados- garantizaron ese mínimo. Cuatro priístas, los tres perredistas y los dos verdes abandonaron la sesión. Un diputada priísta se ausentó.
En el diario de debates llama la atención que casi todos los diputados panistas “adornaron” sus votos con expresiones como “a favor de la vida, del embrión y de la mujer, ¡sí!”; “por la mayoría de mujeres que sí quieren la vida, ¡sí!”; “a favor de la vida, por todas las que la aman, ¡sí!” -emitidas todas por varones-. En cambio los tres opositores -dos de ellos mujeres- sólo pronunciaron un parco “sí”. Supongo que en algo les remordió la conciencia.
No es extraño que el PAN asuma la posición “Pro-Vida”, pues desde sus orígenes ha comulgado con la posición de la iglesia católica y los grupos conservadores sobre este tema. Se trata de una visión fundamentalista que se basa en el dogma de que la “persona humana” existe desde la fecundación. Esto es totalmente debatible, pues este concepto es definido así desde la vieja noción de que el “Hombre” fue creado a imagen y semejanza de Dios. Y no se puede exterminar lo divino. Pero si aceptamos la noción más científica y antropológica de que el ser humano es un animal más, que construye su “humanidad” desde lo social y no desde lo biológico, podemos sostener la convicción de que la “persona” sólo existe en función de su vínculo efectivo con la sociedad. Lo “humano” y el valor denominado “derecho a la vida” son relativos a momentos históricos concretos y a sociedades específicas. No existen como “valores universales” pues admiten demasiadas excepciones, incluso en nuestra propia realidad occidental y contemporánea.
Pero por supuesto, esta es una simple opinión personal. Pero la hubiera defendido en los debates que nunca se dieron. Las mayorías, incluso las artificiales, siempre se asumen como posesionarias de la única verdad. Así lo creyeron fascistas y comunistas.

martes, 12 de mayo de 2009

Retroceso

La reforma constitucional que se perpetró el viernes pasado en Guanajuato es un formidable paso atrás dentro del esquema de convivencia armónica entre los habitantes de esta entidad. El párrafo segundo del artículo primero –¡nada menos! de la máxima ordenanza estatal dice ahora que “para los efectos de esta Constitución y de las leyes que de ella emanen, persona es todo ser humano desde su concepción hasta su muerte natural.” Consulta el boletín.

¿Qué tiene de malo que se le reconozca calidad de “persona humana” a un cigoto? Podríamos decir que nada, pero no es así: las implicaciones legales y no legales de esta asunción absoluta son inquietantes. Al establecerse a nivel constitucional este dogma, se obliga a que la legislación secundaria se adecue, y por ende pronto veremos renacer la penalización del aborto incluso en casos de violación o de grave peligro para la madre, hoy previstos por el código penal local.

Un asunto de tanta importancia para las mujeres de Guanajuato –incluso para aquellas que combaten el aborto en todas sus formas , no debió definirse en tan poco tiempo ni con el método elegido para procurarse los votos necesarios en la Cámara. Tampoco veo correcto que diputados que iban de salida hayan determinado el asunto. ¿Por qué no se dejó el debate para después, cuando hubiesen entrado en acción las ocho diputadas suplentes del partido mayoritario? Hubiera sido más justo dejar que una mayor representación femenina tuviese a su cargo –y responsabilidad- llegar a conclusiones que las afectan directamente. Pero no: los machines seguimos definiendo hasta el uso y abuso del cuerpo de las mujeres.

Por supuesto parto de mi propia convicción personal no religiosa, que me indica que las verdades absolutas no existen, y que la libertad es un valor que no se debe definir a partir de la convicción excluyente de los pocos o los muchos. Por su naturaleza subjetiva y arbitraria, todos los valores morales son relativos. Son referentes culturales que nos permiten acotar lo “bueno” de lo “malo”, según la sociedad o tiempo histórico en que nos tocó vivir. El problema comienza cuando los sistemas de pensamiento unívoco, como las religiones, imponen sus dogmas morales –conjuntos de valores- sobre la totalidad del conjunto social. Ahí vemos el germen de la tiranía y el principio del fin de la democracia.

Lo que se ha dado por denominar “persona humana” es un concepto equívoco, porque no existe un acuerdo sobre lo que se entiende por tal cosa. Algunos pensaríamos que en la “persona” ya está comprendido lo “humano”, y por lo tanto es una definición tautológica y circular. Para evitarla, las religiones han propuesto la existencia de una entidad supra corpórea, que denominan “alma”. Los seres humanos son aquellos que tienen “alma”. Los animales y plantas no tienen. Extinguir un cigoto sería así un crimen. Más crimen es, para mí, obligar a una mujer a traer al mundo un producto no deseado.