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viernes, 3 de septiembre de 2010

Plebiscito inútil

Plebiscito inútil



Publicado en Milenio de León, y en Gurú Político.

En la ciudad de Guanajuato hemos llegado a un estadio de incomprensión y sordera mutuas entre una autoridad municipal obcecada y autoritaria, y una ciudadanía desesperada por no encontrar respuesta a su demanda de detener un nuevo ataque a una de las pocas zonas de preservación ecológica del municipio: la cuenca ubicada en las faldas de los icónicos cerros de La Bufa y Los Picachos. El ayuntamiento se niega a revocar el acuerdo que tomó el 13 de julio pasado -nefasto martes 13- que otorga la factibilidad para el cambio de uso de suelo al predio denominado “Granja La Bufa”, de zona de preservación ecológica y parque urbano, a zona habitacional de densidad media, de equipamiento urbano y de comercio y servicios. Una expansión de la mancha urbana sobre un territorio accidentado, lastimado por el trazo agresivo del nuevo acceso Diego Rivera, y con un delicadísimo entorno ecológico. Un nuevo asentamiento que responde al interés de negocios de una constructora, de un particular que ha demostrado tener capacidad para la coacción de todo un ayuntamiento, sin distingos partidistas. Un negocio que parte del aprovechamiento ilegal de información privilegiada sobre la inminente construcción del nuevo acceso mencionado.

El pretendido “desarrollo” vendría a sumarse a las complejidades de una ciudad asentada sobre un terreno poco propicio para la habitación humana. Varios especialistas han expresado públicamente sus reservas o su rechazo al proyecto, ante la enorme dificultad para proveer de servicios básicos al fraccionamiento y a los comercios que se establecerían. Serían 900 casas, 4,200 personas y 1,200 vehículos, que se sumarían a los 70,798 habitantes del casco urbano de Guanajuato –Conteo INEGI 2005- y más de 20 mil autos y camiones que hoy agobian nuestro tráfico callejero.
La necedad del municipio refleja desesperación. Saben que no tienen razón, pero el compromiso es demasiado grande, y ha mantenido unidos a síndicos y regidores del PRI, PRD y PAN, incluso en contra de las indicaciones de sus dirigencias estatales. Saben que han cometido muchos errores, entre ellos el último del que nos hemos enterado: basaron su acuerdo en un Estudio de Compatibilidad Urbanística que funda sus considerandos en el Plan de Desarrollo Urbano de 1994, cuando existe un Programa de Ordenamiento Territorial (POT) municipal validado y publicado en el Periódico Oficial del Estado de Guanajuato del 17 de noviembre de 2006, segunda parte, que en su página 39 ordena: “[…] se protegen aquellas zonas de valor escénico, con las que cuenta el municipio, como es el caso de la Bufa, cuyo peñón se mantiene libre de cualquier tipo de desarrollo, así como la zona del Orito, y el mantenimiento de la poligonal que conforma el Área Natural Protegida de la Cuenca de la Esperanza”. Claro, el gobierno puede hacer una interpretación letrística y alegar que sólo el peñón está protegido; el resto puede ser invadido por la mancha urbana.
El IEEG otorgó su visto bueno al plebiscito basado en un argumento que me parece increíble que haya sido manejado por el municipio: “[…] tal como lo afirma el Ayuntamiento solicitante, la posible afectación al entorno ecológico podría incidir directamente en la vida comunitaria, razón por la que el asunto se considera trascendente para el interés de la colectividad de vivir en un medio ambiente adecuado para su desarrollo y bienestar.” Pero es el ayuntamiento quien propicia la afectación potencial del entorno con el otorgamiento de la factibilidad en el cambio de uso de suelo. Es increíble la cara dura de los políticos cuando se trata de justificar lo injustificable.
El gasto en el plebiscito es excesivo desde mi punto de vista. No lo digo por las cuentas que presentó el IEEG, sino por la inutilidad del ejercicio. Ya hemos puesto en evidencia que la ley fue diseñada para que los gobiernos de Guanajuato se laven la cara, aparentando que están abiertos a la democracia directa, pero sin que se permita una posibilidad real de afectar las decisiones oficiales. Sabemos que las condiciones que estipula la Ley de Participación Ciudadana estatal en sus artículos 32 fracción II, 33 y el último párrafo del artículo 34, hacen prácticamente imposible para la ciudadanía echar atrás las acciones administrativas de los gobiernos municipales. Se exige superar un umbral del 50% más uno en la participación de los electores. Luego se demanda una mayoría calificada del 60% de los votos emitidos para lograr el triunfo en el plebiscito. Y más aún: en el lejanísimo caso de que triunfe el rechazo a la decisión de gobierno, su efecto restrictivo se limita a dos años.
¿Para qué gastar un millón 140 mil pesos? ¿Para bendecir el proyecto de un particular? Los que apoyaremos la opción del NO, tendremos que competir sin recursos contra el ayuntamiento y el poderoso empresario. No dudo que se desvíen recursos de programas sociales hacia la campaña “de información” que posiblemente emprenda el gobierno municipal. Y digo posiblemente, porque el municipio puede ganar el plebiscito sin mover un dedo, simplemente apostándole a que la gente no acuda en número suficiente a votar. Sin el 50% más uno de participación la opción del NO será derrotada sin remedio, incluso cuando haya logrado mayoría de votos entre los que hayan acudido al plebiscito. El surrealismo total.


viernes, 27 de agosto de 2010

La generación NiNi del mundo posmoderno

La generación NiNi del mundo posmoderno





Publicado en Milenio de León, y en Gurú Político.
El evento de la semana para el estado de Guanajuato lo fue sin duda la Conferencia Mundial de la Juventud, que reunió a jóvenes de -dice la publicidad oficial- 104 países convocados por la Organización de las Naciones Unidas, principal promotora del encuentro de chavales. Desde el principio se evidenció que el magno evento no estaría libre de polémicas y enfrentamientos entre las visiones encontradas sobre el papel que debe jugar la juventud en un mundo tan diferente del que conocimos los que ya somos adultos maduros o mayores. Como nunca, percibí una enorme confusión sobre los paradigmas con que los jóvenes deben comprometerse: unos optan por la libertad y el hedonismo, otros por el compromiso social y la solidaridad, otros más por el progreso económico y la productividad. En fin, cada chavo con su onda.
Tuve la suerte de participar como expositor en uno de los foros interactivos del lunes gracias a la amabilidad de Luis Arturo Ruiz Mendoza, dirigente de la organización cívica Unidos por el Progreso y la Igualdad Social A.C. El foro se dedicó a analizar y debatir sobre el fenómeno de los chicos NiNi -que Ni estudian Ni trabajan-, un conjunto de jóvenes que no encuentran motivación para salir a la calle y buscarse un trabajo ordinario, o bien para continuar con sus estudios.
World Youth Conference 2010, foro sobre NiNi's
El fenómeno se despliega en países desarrollados como Japón, Alemania, España y muchos otros; incluido México, que aunque sin desarrollo ya exhibe una importante cantidad de chavales en esa situación.
En España la cantidad de jóvenes NiNi es ya motivo de alarma nacional. “El dato asomaba hace poco, sin estrépito, entre los resultados de la última encuesta de Metroscopia: el 54% de los españoles situados entre los 18 y los 34 años dice no tener proyecto alguno por el que sentirse especialmente interesado o ilusionado. ¿Ha surgido una generación apática, desvitalizada, indolente, mecida en el confort familiar? Los sociólogos detectan la aparición de un modelo de actitud adolescente y juvenil: la de los Ni-Ni, caracterizada por el simultáneo rechazo a estudiar y a trabajar” (nota de José Luis Barbería para Vida&Artes, 22/06/2009). En España se padece un desempleo de casi el 20% de la PEA. Tal vez sea esa una de las razones para el desánimo de toda una generación que se niega a buscar el pan o la competencia profesional que le permita salir del cómodo nido familiar. En una búsqueda en YouTube encontré una interesante serie televisiva española, un Reality Show denominado “Generación Ni-Ni”. Dos psicólogos que obligan a una docena de chavales a vivir juntos, y confrontar las responsabilidades básicas de sostenerse, atenderse y trabajar cotidianamente, sujetos a horarios y obligaciones ante patrones nada complacientes. Es triste constatar el dolor de mozos macizos de 18, 22 o hasta 30 años de verse arrojados a las rudezas del mundo real. Una generación posmoderna y hedonista que halla gozo en el placer inmediato, la virtualidad de un mundo cibernético e inexistente, el odio hacia los padres, pero la inevitable dependencia hacia los mismos.

Sobre México, Luis Miguel González, director editorial de El Economista, publicó el 12 de febrero pasado: “El purgatorio económico tiene forma: ser joven, no estudiar ni trabajar. Para ellos se ha inventado un término, generación Ni-Ni y una cifra: se dice que son 7 millones de personas en México.” Esta misma semana el Rector de la UNAM, José Narro, afirmó que en el país existen 7.5 millones de NiNi’s, ateniéndose a los datos de la Encuesta Nacional de la Juventud 2005. Si tenemos 34 millones de personas jóvenes en nuestro país, un 22% de nuestros chavos no tienen trabajo ni estudian. Falta saber cuántos de ellos no lo hacen por imposibilidad real, o sencillamente por la comodidad de no cumplir con una obligación que hasta hace poco era elemental. La SEP y Gobernación saltaron escandalizadas a corregir al insigne Rector, y lanzan una cifra absurda: sólo 285 mil jóvenes mexicanos pueden considerarse NiNi’s, ya que la gran mayoría de los reportados por la encuesta son desempleados o mujeres dedicadas a labores del hogar. ¿Tú les crees? Yo tampoco.
El fenómeno NiNi se acompaña del llamado “Síndrome de Peter Pan”, la negación de muchos mocetones de crecer, de madurar. Es parte de una actitud posmoderna del ciudadano contemporáneo, muy estudiada por psicólogos sociales, filósofos y sociólogos en todo el mundo. ¿Es cinismo? O es saberse intrascendente en un mundo donde todo está hecho. ¿Para qué esforzarse, si todo está resuelto? Sobre todo lo correspondiente a la papa diaria, al esfuerzo cotidiano, al compromiso. Como canta Virulo: “Y cuando en el futuro pregunten de seguro, que cómo fue que hicimos, que todo lo jodimos. A mí que no me vengan con mamadas: yo no hice nada”