viernes, 19 de febrero de 2010

Desastres evitables

Desastres evitables

Publicado en Milenio de León.
Las excepcionales lluvias de enero y febrero han inundado el oriente de la ciudad de México y otras regiones del país. Lo llamativo no es la cantidad de lluvia fuera de estación, sino el pasmo gubernamental. Se confirma nuevamente la incapacidad de las autoridades locales y federales para prevenir los riesgos a los que está expuesta la población. De nuevo vemos pasear las ineptitudes de los burócratas de alto nivel, que a fuerza de declaraciones y apariciones continuas en los medios, creen que pueden resolver los problemas que torturan a sus gobernados, aunque sea desde la virtualidad verbal. ¿De qué sirven las visitas continuas del presidente Calderón a Chalco? ¿A qué va Peña Nieto a Ixtapaluca? ¿Cómo ayuda Ebrard a Iztapalapa? Los políticos encumbrados sólo estorban y distraen recursos que son necesarios para la gente; por ejemplo, los centenares de elementos de seguridad que se movilizan para garantizarles seguridad a los funcionarios y sus pantalones inmaculados, que no a los afectados, hundidos en lodo.
Cada visita de estos encopetados personajes –cada quien con su estilo de copete o de calvicie penosamente disimulada-, que llegan en helicóptero para evitar el mundanal tráfico, es una afrenta a los damnificados, que se baten en el fango negro, apestoso a caca, que sale de sus casas, donde pudrió sus muebles humildes, manchó sus enseres y borró sus fotos familiares. Llegan esos líderes carismáticos dando órdenes producto de la ocurrencia, de la ignorancia, de la soberbia de creerse indispensables. Y meten en problemas al personal de salvamento, que ese sí es profesional, comprometido y esforzado; pero que es distraído o incluso destinado a la atención de los policastros. Todo sea por la foto.
La clase política de todos los partidos –en este caso los tres más importantes- ha sido incapaz de construir un Sistema Nacional de Emergencias que no sólo otorgue atención a las consecuencias de los desastres, sino que detecte y resuelva los puntos de riesgo más evidentes. Los espacios amenazados por las inundaciones son los más numerosos, como podemos constatar en los mapas de riesgo que se han elaborado en el país. Pero aunque estén claramente identificados esos espacios de riesgo, la autoridad no actúa en consecuencia. Sólo cruzan los dedos en espera de que no ocurran contingencias en el lapso de ejercicio de cada gobernante. El mexicano siempre le va a la lotería.
El Distrito Federal se hunde desde los años cincuenta. Y se hunde por la excesiva extracción de agua de su subsuelo, antaño tan rico en contenido hídrico. El Valle de México, región naturalmente lacustre por su condición de vaso cerrado, no debería contener una población tan numerosa con actividades económicas tan demandantes de agua. Esto no tiene vuelta de hoja: el hundimiento no se va a parar nunca si no se desarticulan los factores que provocan los excesos contra el entorno natural. ¿Por qué nuestro país abandonó políticas inteligentes y ambiciosas como la de la “Marcha al Mar” del presidente Ruiz Cortines? Él pretendía que los excedentes de la población del altiplano se mudaran a las costas, donde se cuenta con el 80% del agua del país. ¿O por que se desechó la directriz de descentralización que impulsó el presidente De la Madrid? Recuerdo que sólo el INEGI fue congruente y se mudó a Aguascalientes. Pero la secretaría de Marina continuó en el DF, tal vez en espera de la inminente inundación que permitirá mantener una flota en el renacido lago de Texcoco. Pero ya no sería un lago de aguas dulces y saladas separadas por el albarradón de Nezahualcóyotl, sino un mar interior de puras aguas negras hediondas.
La solución de largo plazo no puede consistir en mejorar los actuales sistemas de drenaje, que siempre se verán rebasados. Hay que pensar en bajar la presión poblacional y productiva sobre el Valle de México, y hacerlo mediante el desarrollo de regiones periféricas más sustentables, que con oportunidades y calidad de vida atraigan población trabajadora chilanga que podrá gozar de seguridad para su patrimonio y su integridad, en el tibio ambiente del trópico. Sueños, dijo Calderón (de la Barca).

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