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viernes, 11 de marzo de 2011

La Ley de Migración

La Ley de Migración

Publicado en Milenio de León.

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El día de hoy se presentó ante la comunidad estudiantil y académica de la División de Ciencias Sociales y Humanidades del Campus León de la Universidad de Guanajuato el senador Humberto Andrade Quesada. Acudió a invitación del Instituto Guanajuatense de Estudios y Ciencias Políticas A.C. (IGECIP), que preside el abogado José Aben Amar González Herrera. El motivo es conocer y discutir con el senador los intríngulis de la iniciativa de Ley de Migración que acaba de aprobar el Senado de la República, y que está ahora discutiéndose en la Cámara de Diputados, antesala de su promulgación legal.
José Aben Amar González, Humberto Andrade y Víctor Zanella
Esta es la primera ley mexicana con énfasis en los procesos migratorios nacionales e internacionales. Hasta hoy los asuntos relativos a la movilidad poblacional eran abordados por la Ley Nacional de Población, vigente desde 1974. Por cierto, esa ley de tiempos de Luis Echeverría fue de avanzada, y reforzó la tradición mexicana de hospitalidad hacia los perseguidos políticos, como los sudamericanos víctimas de los gobiernos dictatoriales en su región; esto a la manera como lo había hecho el gobierno de Lázaro Cárdenas con los inmigrantes españoles, apoyado en la Ley de Población de 1936.
La iniciativa de Ley de Migración fue presentada ante el Senado el 9 de diciembre pasado, por parte de los senadores Humberto Andrade, Rubén Camarillo, Rafael Díaz y Martha Sosa del PAN; Jesús Garibay, Rosalinda López y Rubén Velázquez del PRD, y Francisco Herrera, Carlos Jiménez y Antelmo Alvarado del PRI. Sin embargo, el esbozo inicial padecía de fuertes problemas de concepción: convertía a la política migratoria en apéndice de la política de seguridad nacional y de seguridad pública, criminalizaba a los migrantes indocumentados, y daba facultades a los cuerpos policiacos federales para intervenir en los operativos de control de los inmigrantes, entre otros inconvenientes. Todos sus problemas fueron señalados a tiempo por la Sociedad Mexicana de Demografía, el Grupo Guatemala–México de Migración y Desarrollo, y el Grupo de Trabajo sobre Legislación y Política Migratoria, conformado éste por las principales OSC, con estudiosos y activistas en materia de migración internacional. Se dijo, no sin razón, que el proyecto de ley mexicana era aún peor que la iniciativa SB 1070 de Arizona, pues se otorgaban facultades a los cuerpos de seguridad para la detención preventiva discrecional de los migrantes, y confirmaba la facultad de expulsión de extranjeros prevista en el anacrónico artículo 33 constitucional.

Cuando los organismos de defensa de los derechos humanos de los migrantes ya velaban armas para luchar contra una ley injusta, los senadores nos dieron la sorpresa y pergeñaron una nueva versión de la ley, que atendió la mayor parte de las inquietudes que se manifestaron con oportunidad. Se le bajó mucho al tono represivo y xenófobo de la primera versión, y se profundizó en su vertiente humanitaria. Las fuerzas federales del orden ya no pueden intervenir, mas que en casos extremos definidos por la misma ley. El tenebroso Instituto Nacional de Migración deberá someter a sus agentes a pruebas de control de confianza, y ajustar su comportamiento al riguroso respeto a los derechos humanos. Los extranjeros no deberán ser estigmatizados por la autoridad, ni perseguidos sistemáticamente por considerárseles un peligro para la seguridad pública. Los delincuentes no nos llegan del sur: están entre nosotros, y se ceban con los indocumentados internacionales.

Lo más valioso de la iniciativa lo encuentro expresado en la explicación de la misma: “La condición de Visitante se prevé otorgar a los extranjeros que van a permanecer por estancias cortas en el país, ya sea como turistas o personas de negocios; visitantes con permiso para recibir una remuneración en el país, por estancias menores a 180 días; visitantes o trabajadores de las regiones fronterizas; visitantes por razones humanitarias o para realizar un procedimiento de adopción. Con las visas por razones humanitarias se reconoce el derecho de los migrantes a acceder a la justicia y a participar en el procedimiento respectivo hasta la reparación del daño, con lo cual se buscan crear incentivos para denunciar y combatir a la delincuencia que se aprovecha de la vulnerabilidad de los migrantes.” “Extranjero” es un término peyorativo. “Visitante” es aquél que nos honra con su presencia en nuestra casa.
Espero que los diputados refuercen y mejoren este nuevo sentido solidario y generoso. México está obligado a dar un ejemplo a los vecinos del norte para poder tener la calidad moral necesaria cuando demandemos un trato justo para los nuestros. Pero por lo pronto tanto policías como delincuentes mexicanos continúan extorsionando, secuestrando y exterminando a los humildes aspirantes a trabajadores, que cruzan el Suchiate, montan a La Bestia, y se arriesgan en los difíciles páramos del camino al norte. El Norte, la tierra prometida.

martes, 8 de marzo de 2011

Entrevista para Zona Franca

Entrevista para Zona Franca. Arnoldo Cuéllar y Luis Miguel Rionda, 8 de marzo de 2011. Canal de Casa, Televisa Bajío.

Nuestra Señora de los Dolores

Nuestra Señora de los Dolores

Publicado en de Guanajuato.

Toca ahora reseñar la monografía histórica del municipio guanajuatense de Dolores Hidalgo, de la autoría del cronista local José García Juárez, publicada por la Comisión Estatal de Conmemoración del Bicentenario. Se trata del municipio emblema de estas celebraciones, que aunque se les ha querido constreñir al año pasado, deberían abarcar toda la década, hasta rematar con la evocación del bicentenario de la culminación de la independencia nacional en 2021.

La Asociación de Cronistas del Estado de Guanajuato se dio a la tarea de impulsar la publicación de esta colección de monografías históricas de alcance municipal. Lograron publicar 43 monografías –algunos municipios fueron integrados en una sola publicación- que abarcan la totalidad de los 46 municipios guanajuatenses. Más que otras tareas que emprendió la desaparecida comisión estatal de festejos, esta serie será el aporte de mayor permanencia en el tiempo, así como de mayor trascendencia para la construcción de conciencia histórica local.
Don José García ofrece una apretada visión retrospectiva de 111 páginas, de una ciudad marcada para siempre por la obra de un hombre: el cura Miguel Hidalgo y Costilla. Alrededor del personaje se tejen historias locales que el historiador recopila, y deja hablar a Pedro José Sotelo, el último de los primeros soldados insurgentes que acompañaron al Padre de la Patria en sus primeras peripecias, hasta la derrota de Aculco. Pedro Sotelo, quien le debió al cura ilustrado su oficio como alfarero, aportó un rico testimonio que incluso certificó ante la autoridad local, para luego obsequiarlo al presidente Lerdo de Tejada en 1874, cuando sumaba ya 84 de edad.

Su memoriosa narración le devolvió nombre y rostro a los numerosos artesanos y vecinos del pueblo de Dolores que acompañaron a Hidalgo en su aventura. El héroe ya no estuvo solo en el páramo árido de la historia: Sotelo le devolvió la compañía de sus amigos, sus parientes, sus músicos, sus indios y su feligresía dolorense, y recupera para el lector trazos cálidos de la personalidad de un hombre hiperactivo, alegre, solidario y en ocasiones circunspecto. La humanidad de Hidalgo es recreada en la memoria de un humilde trabajador, que se convirtió en el conserje de su casa de Dolores, que el cura debió abandonar para irse a “coger gachupines”.
Fragmento del mural Retablo de la Independencia, de Juan O’Gorman

Don José García agrega varios cuadros a esta exposición de paisajes y retratos de la Cuna de la Independencia Nacional: eventos notables como la batalla del Gallinero de 1832 -victoria del presidente Anastasio Bustamante sobre las tropas sublevadas de los estados del centro, entre ellos Guanajuato-; la terrible epidemia de 1833; el forzado aterrizaje del globo de Benito León Acosta, el primer aeronauta mexicano, en 1843; el tránsito presuroso del presidente Benito Juárez en 1863; la visita de Maximiliano en 1864, cuando inauguró la costumbre de “dar el grito” en la madrugada del 16 de septiembre; el regreso triunfal de Juárez en 1867; la inauguración del magnífico puente del 5 de Mayo en 1884; el paso efímero de Porfirio Díaz por la estación de trenes de Dolores en 1888 y 1895; la inauguración del mercado “Manuel González” en 1889; el traslado de la campana de Dolores, el “Esquilón de San José” a Palacio Nacional en 1896, por órdenes del presidente Díaz –herida abierta en el alma dolorense-; la visita del primer jefe Carranza en 1915; la visita del presidente Cárdenas en 1940; la colocación de la réplica de la campana de Dolores en 1960; etcétera. Y por supuesto una galería de dolorenses ilustres, donde no podía faltar el otro prohombre de este terruño: José Alfredo Jiménez.


martes, 1 de marzo de 2011

Crónica de San Miguel

Crónica de San Miguel

Publicado en de Guanajuato.

Don José Cornelio López Espinoza es cronista de San Miguel de Allende, y a sus afanes debemos la publicación de la monografía histórica intitulada “La Villa de San Miguel el Grande y ciudad de San Miguel de Allende”, que publicó la ya desaparecida Comisión Estatal para la Conmemoración del Bicentenario. El libro de 259 páginas fue presentado el 21 de enero pasado en esa ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad, en conmemoración del natalicio del capitán Ignacio Allende y Unzaga.
Esta monografía es diferente de las que he reseñado hasta ahora. No responde al capitulado enciclopédico de muchas de ellas, que abordan desde el contexto físico y geográfico hasta los servicios y comunicaciones de la municipalidad. Esto a veces con la consecuencia del descuido del contenido histórico, como lo señalé cuando fue necesario. El maestro José Cornelio optó por una estructura ecléctica y creativa. No se distrae proporcionando información estadística que puede ser obtenida por otros medios, y se concentra en la narración de historias; múltiples historias del pasado de San Miguel.
No hay un orden cronológico en los 54 capítulos, y me parece que tampoco hay una ilación temática. No está mal, porque uno puede optar por leer los textos en el orden que a uno se le antoje, y buscar sólo los que más pueden interesar dado el personaje, el monumento o la circunstancia que aborda el autor. Puede ser que se trate de artículos o fascículos que el historiador haya publicado en algún medio impreso local, y que en economía de tiempo y esfuerzo haya organizado con cierta lógica para integrar el libro.

Las historias en sí no tienen desperdicio, pero a mí me agradaron más las que abordan la memoria colectiva, como la que refiere las auroras boreales que se han testimoniado en la ciudad, y que causaron pánico o inquietud entre los vecinos, o bien las historias formales o narradas sobre personajes de la guerra de independencia, y su transformación en auténticas leyendas. Pero el autor también es un experto en arquitectura monumental y urbanística, y nos brinda detalladas descripciones de templos, torres, monumentos, plazas, calles y demás espacios urbanos. No como simples construcciones suntuarias, sino como depósitos de la fe y la identidad de una comunidad tan orgullosa de sí misma como la sanmiguelense.
No podía quedarse fuera una prolija narración sobre los conspiradores de San Miguel, que luego se levantaron en armas para acompañar al cura Hidalgo, ni mucho menos la figura magnética de del Ignacio Allende y su regimiento de Dragones de la Reina, cuerpo militar que todavía hoy es recreado en las conmemoraciones cívicas. Una historia vigorosa que se derrama por las callejas empedradas y sobrias de una ciudad que ha acompañado a la Nación en la forja de lo que hoy somos: una mezcla de razas, costumbres, idiomas y creencias, a las que ha venido a contribuir la importante comunicad norteamericana que le ha otorgado una impronta única: la de ser ciudad tradicional, pero también cosmopolita y universal.


viernes, 25 de febrero de 2011

Radio Universidad, 3

Radio Universidad, 3

Publicado en Milenio de León.

os aniversarios, como el actual cincuentenario de Radio Universidad de Guanajuato, deben ser motivo no sólo de festejos y congratulaciones, sino también de evaluaciones, reflexión conjunta y propósitos para el mejoramiento futuro. Con ese espíritu constructivo ofrezco estas líneas.

En nuestro país los medios de comunicación electrónica son materia regulada por la Ley Federal de Radio y Televisión. Vale la pena recordar su artículo 5º: “La radio y la televisión, tienen la función social de contribuir al fortalecimiento de la integración nacional y el mejoramiento de las formas de convivencia humana. Al efecto, a través de sus transmisiones, procurarán: I.- Afirmar el respeto a los principios de la moral social, la dignidad humana y los vínculos familiares; II.- Evitar influencias nocivas o perturbadoras al desarrollo armónico de la niñez y la juventud; III.- Contribuir a elevar el nivel cultural del pueblo y a conservar las características nacionales, las costumbres del país y sus tradiciones, la propiedad del idioma y a exaltar los valores de la nacionalidad mexicana.” Y el artículo 6º amplía esa función social a: “Fortalecer las convicciones democráticas, la unidad nacional y la amistad y cooperación internacionales.” Estos artículos no han sido cambiados desde la emisión de la ley en 1960.
Ventana auditiva,de Hugo Almanza
La radio y la telecomunicación tienen una función social y solidaria. Eso se ha olvidado en la práctica, cuando vemos que las grandes televisoras y los enormes conglomerados radiales del país, mantienen una situación de cuasi monopolio en este ámbito, que les ha permitido convertir el recurso en un mecanismo gigantesco para la deseducación, la desinformación, el entretenimiento vacuo, y la difusión de antivalores como la violencia como entretenimiento, el sexo como mercancía, los ataques a la lengua española, el egoísmo como sistema de vida, en fin, innumerables contenidos que violan flagrantemente la venerable y utópica ley.

Los sistemas de radio y televisión públicos y culturales tienen la desproporcionada función de solventar los estropicios que provocan los emporios de la estupidez comunicativa. Lo hacen sin mucho apoyo ni entusiasmo de parte de los gobiernos o las universidades que los sustentan. Las radio comunitarias en el país sobreviven precariamente en un océano de ondas hertzianas que niegan la identidad y la cultura nativas. TV once, la televisora pública más importante del país, debió pagar caro el apoyo brindado por el gobierno federal para lograr la cobertura nacional, y ha empobrecido sus antes ricos contenidos y cada vez asume más el lenguaje alienante de la tele comercial. Las radio universitarias, con excepciones como Radio UNAM y Radio-UIA, se han enclaustrado en un culteranismo hermético, ajeno a sus realidades sociales. En buena medida esto es lo que le ha ocurrido a RadioUG, que se ha resistido sistemáticamente a una apertura hacia las sociedades hacia las que se debe, tanto la comunitaria como la universitaria.

A pesar de su alcance casi estatal, las cuatro frecuencias de RadioUG trasmiten lo mismo, sin contenidos producidos desde las regiones. La UG cuenta con presencia en diez municipios, y hay cuatro campus regionales. ¿Por qué no existen islas de producción en cada uno de ellos? La tecnología para la edición es cada vez más barata, y la radio es el medio más maleable y versátil, con el que nuestros estudiantes harían maravillas. Y luego, ¿por qué no abrirles espacios a otras universidades?

Aquí hay que tocar otro tema de urgente atención: la necesidad de academizar RadioUG. Es decir, vincularla a un programa académico, como podría ser una licenciatura en producción y locución radiofónica. Cabría recordar el ejemplo del antiguo centro de idiomas de la institución, que cuando se decidió a academizarse incrementó grandemente sus estándares, y hoy es un orgulloso Departamento de Lenguas donde labora una plantilla profesoral altamente calificada, con programas de licenciatura y posgrado.

Otro tema: el exceso de barras y contenidos dedicados a la música denominada clásica o culta. Hace décadas esto era comprensible, ante la dificultad de acceso a este tipo de oferta en nuestro país. Pero hoy, con los enormes recursos que tienen a su alcance los melómanos, es un error dedicar largas emisiones de conciertos mal registrados, que además tienen problemas técnicos para su adecuada emisión. Y mejor no hablemos de los narradores.

RadioUG debería trabajar más en producciones propias con contenidos informativos que sirvan a las sociedades regionales y a la comunidad universitaria. Hay que abandonar los temores evidentes a la emisión libre de las ideas, y propiciar el debate franco de las mismas. RadioUG tiene retos enormes para el futuro inmediato, pero tiene los recursos para enfrentarlos: tiene la gente de talento, tiene la imaginación de su lado, y cuenta con el apoyo de una comunidad de 38 mil universitarios.