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viernes, 12 de agosto de 2011

Hace un año, 4

Hace un año, 4

Publicado en Milenio de León.

Terminaremos ahora de historiar el movimiento social que surgió en la ciudad de Guanajuato hace un año, con motivo del pretendido cambio de uso de suelo en los bajos del cerro de La Bufa, y la intención de urbanizar el área y “dignificar” la loma del Hormiguero, donde cada año y desde 1624 se realiza la fiesta de la Cueva de San Ignacio, santo patrono de la villa.
El desarrollador quiso presentar el proyecto como una oportunidad para la generación de miles de empleos, tan necesarios en una capital con pocas alternativas de desarrollo. Se manejaron alegremente cifras que bailaron según el declarante entre los 50 y los 800 empleos permanentes, y los mil y seis mil temporales. Estos últimos en la construcción de un desarrollo que preveía 893 viviendas de 160 metros cuadrados, con una densidad de 200 a 300 habitantes por hectárea, un centro comercial con 400 locales, un hotel de gran turismo, una central de transferencia de pasajeros y un “parque urbano”. Este último fue una zanahoria adicional. Para promoverlo se montaron algunos quioscos donde se exhibía un video promocional del “Parque Cultural San Ignacio”, que preveía la construcción en el Hormiguero de un auditorio, andadores, dos museos… en fin, el cerro dejaría de serlo bajo placas de cemento y edificaciones.

El 13 de agosto el ayuntamiento solicitó formalmente a la Comisión de Participación Ciudadana del Instituto Electoral del Estado de Guanajuato la realización, por primera vez en la historia de la entidad, de un plebiscito sobre el tema. Esa comisión aprobó la solicitud el día 19, y procedió a cotizar el costo del instrumento: un millón 110 mil 771 pesos. El ayuntamiento aceptó aportarlos, y rascó el recurso de sus escasas finanzas, afectando seguramente a partidas importantes para la ciudad. Al inicio los grupos opositores rechazaron el plebiscito, pues la Ley Estatal de Participación Ciudadana exigía, para que el resultado fuese vinculante, condiciones imposibles de cumplir, incluso para los propios partidos políticos si pudiesen participar –que no—: 50% de participación electoral –en la elección municipal de 2009 hubo un 46.6%—, y mayoría calificada de un 60% para la opción ganadora. Además, a los dos años la vinculación dejaría de tener validez. Sin embargo, el ayuntamiento acordó atender al resultado incluso si no se lograban los umbrales. Esto condujo a que los opositores aceptaran participar, aunque bajo protesta.
El 31 de octubre se realizó una tercera marcha multitudinaria por las calles principales de la ciudad, hasta de nuevo, como en la primera, culminar en la Plaza de la Paz. El constructor y el propio municipio –contraviniendo el reglamento de la ley de marras— promovieron activamente el voto afirmativo, con derroche de recursos privados y públicos en propaganda nada disimulada. Los medios de comunicación se dividieron, así como los políticos y la sociedad misma. Descalificaciones fueron y vinieron, hasta crispar el ambiente. Los grupos opositores reunieron más de siete mil firmas de rechazo al proyecto, que dieron una idea del sentir comunitario.

El domingo 5 de diciembre hubo una participación de casi el 13% del padrón electoral de 116 mil 349 electores. Muy elevada si la comparamos con el 6.6% del plebiscito que se organizó en el DF el 22 de septiembre de 2002 para aprobar la construcción del segundo piso del periférico. El 84% de los votantes optó por el No, el 15.3% por el Sí y el 0.7% anuló su voto. 5.5 votos negativos por cada positivo. Fue clarísima la decisión ciudadana. El alcalde había ganado su propia elección con un 43.9% de los votos válidos, equivalente a 22 mil 283 votos, apenas diez mil por arriba de los 12 mil 547 que votaron por el No.

El ayuntamiento de Guanajuato, en su sesión del 10 de diciembre de 2010, revocó el polémico acuerdo del 13 de julio anterior. Lo hizo a regañadientes y en una sesión tensa, para la que previamente el auditorio había sido llenado de acarreados y así dificultar la presencia de los opositores; sin leerse públicamente el acuerdo, con el voto en contra de un regidor panista y el desplante regañón del síndico priísta. El alcalde mostró moderación y acató el compromiso público.

El IEEG le reintegró al ayuntamiento un remanente de 243 mil 114 pesos, muy necesarios sin duda para un municipio con un presupuesto anual total de 322.5 millones de pesos.
El constructor no se cruzaría de brazos. En enero de 2011 interpondría un recurso legal contra el ayuntamiento ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo del estado. Recurso que finalmente fue sobreseído el 15 de julio pasado. Pero la historia no termina aún, y habrá que mantener la guardia en alto.

viernes, 5 de agosto de 2011

Hace un año, 3

Hace un año, 3

Publicado en Milenio de León.

En julio del año pasado y en Guanajuato capital, se desarrollaron dos marchas de protesta donde demandamos la anulación del acuerdo del Ayuntamiento del 13 de julio, cuando se preautorizó el cambio de uso de suelo para el predio Granja La Bufa. La primera el 25, con 500 participantes, y la segunda el mero Día de la Cueva de San Ignacio, el 31 de julio, con mil manifestantes. Como fueron marchas muy concurridas, sobre todo si tomamos en cuenta que la población total de la ciudad es de no más de 140 mil personas, muchos creímos que la autoridad municipal comprendería el mensaje y que recularía en su decisión. No fue así: se radicalizó la posición del Ayuntamiento, que cerró filas alrededor del presidente municipal. Ediles de tres partidos lo apoyaron y sólo se mantuvo la oposición del Verde, aunque con vacilaciones. Sin embargo, las propias dirigencias partidistas estatales comenzaron a dudar de la pertinencia de la posición del Cabildo, en particular los partidos gobernantes en el municipio.

Se intensificaron las reuniones de coordinación entre los grupos ciudadanos. Se realizaron encuentros con dirigentes partidistas, de los que no se obtuvieron resultados. Nos enfrentábamos a las propias divisiones internas de esos institutos. El cabildo formó una comisión de contacto con el movimiento, que un viernes por la tarde nos citó a reunión para el siguiente lunes a las 10:00 de la mañana. Era evidente la intención de hacernos fallar a una cita imposible de cumplir, sobre todo porque la mayoría de los ciudadanos tenemos empleos diurnos. Respondimos con una contrapropuesta: citamos a la comisión a una reunión pública el siguiente jueves, el 28 de agosto por la tarde, en la Plaza de San Roque. Acudimos 80 personas, pero no así los representantes municipales. La reunión se convirtió en sesión de catarsis y planeación. Se plantearon más acciones de rechazo público y una estrategia para detener un proyecto que causaba repulsa generalizada. Cartas a la SEMARNAT y a la PROFEPA, solicitudes de información pública –la mayoría negadas por la autoridad municipal—, entrevistas a los medios, artículos de opinión y cuanto recurso estuvo a nuestro alcance fue empleado para generar un ambiente de protesta. Recibimos la solidaridad de centenares de personas de otras ciudades del país y del extranjero, así como de movimientos hermanos como “Todos somos Puebla”, otros de Michoacán, así como del DF.
El 29 de septiembre se presentó en el Teatro Juárez un libro conmemorativo de los 100 años del Mercado Hidalgo, otro ícono de nuestra ciudad. Fue invitada María Luisa “La China” Mendoza, quien en un arrebato de guanajuatidad enfadada dijo: “Hoy unos miserables piensan crucificar el cerro para volverlo colonia, super, club, etcétera y pasar a cuchillo nuestras historia, a los tlacuaches, zorrillos, armadillos, conejos, ardillas, lagartijas, víboras, alicantes, petirrojos, cuervos, águilas, halcones, cactus, casuarinas, eucaliptos, huizaches y mezquites. Los guanajuatenses no estamos mancos, ¡no nos vamos a dejar!” Esto arrancó una ovación de tres minutos, que incomodó a los pocos regidores presentes. Fue así que La China se convirtió en la madrina de nuestro movimiento.

El 30 de septiembre el alcalde Guerrero emitió su primer informe de gobierno. Por supuesto había que manifestarse. Ahí se nos unieron los colonos y campesinos pobres de Guanajuato, organizados alrededor del Frente Cívico “Euquerio Guerrero”. Ellos con una agenda social que rebasaba los objetivos de nuestro movimiento pero, ciudadanos todos, nos unimos para manifestarnos a una sola voz. Aunque habíamos acordado mantener la paz que siempre caracterizó a nuestras movilizaciones, el alcalde prefirió entrar por una puertita trasera del Teatro Principal, para desde los micrófonos lanzarnos la diatriba de llamarnos “patanes”. Esto por una presunta agresión verbal de uno de nuestros compañeros a una regidora, quien tergiversó los hechos. Y el alcalde se mantuvo en su macho.

Y seguimos con nuestras protestas. Aprovechamos la inauguración y la clausura del Festival Internacional Cervantino para animar a las multitudes de la explanada de la Alhóndiga de Granaditas con nuestros pregones y globos enormes, a la manera del hermoso espectáculo del “Juego Mágico” que Juan Ibáñez montó en los años ochenta. Veinte de nosotros fuimos capaces de hacer reaccionar en favor de nuestra causa a siete mil locales y visitantes, que corearon nuestras consignas y se llevaron a sus lugares de origen la convicción de que en Guanajuato sucedían cosas importantes.
El ayuntamiento, para no dar su brazo a torcer ante las crecientes voces que exigían reconsideración, encontró una salida conveniente al solicitarle al Instituto Electoral del Estado de Guanajuato (IEEG) la realización, por primera vez en la historia de nuestra entidad, de un plebiscito con base en la Ley de Participación Ciudadana de 2002, que había sido diseñada para evitar precisamente esa participación. El IEEG accedió y calculó el costo en más de un millón 400 mil pesos, que evidentemente no estaban considerados en ningún capítulo del presupuesto municipal. Los politólogos sabemos que ninguna autoridad llama a plebiscitos o a referendos sin la seguridad de ganarlos. Tanta era la confianza y el autoengaño de la autoridad guanajuateña, que le condujo al mayor desastre electoral de nuestra historia reciente.
Así se dejó venir la tercera marcha, la del 31 de octubre…

Continuaremos rememorando la próxima.

martes, 2 de agosto de 2011

Salvador Rocha Díaz, in memoriam, 3/3

Salvador Rocha Díaz, in memoriam, 3/3

Este artículo, el tercero y última de una serie, no quiso ser publicado por el periódico de Guanajuato. Recibí en cambio una carta del jefe de Recursos Humanos, Humberto Ramírez, comunicándome que: "[...] a partir del 01 de Agosto del presente año su participación en nuestras páginas del Periódico Correo que muy gentilmente colabora con el contenido: DIARIO DE CAMPO ya NO será publicada; Esto atiende a necesidades de reestructura y reorientación del perfil en los contenidos."
Yo nunca fui empleado del periódico, ni recibí pago alguno por los 380 artículos con los que colaboré desde octubre de 1998.
Hay personas con heridas aún abiertas por los sucesos lamentables que acontecieron en el gobierno estatal de Guanajuato en 1984. No quise lastimar a nadie con este testimonio sobre una persona extraordinaria. Pero todavía padecemos la autocensura en los medios.
Va la culminación de esta serie...

Salvador Rocha Díaz participó en el gobierno estatal de Enrique Velasco Ibarra como su Secretario General de Gobierno, y posteriormente en el interinato de Agustín Téllez Cruces. Le tocó enfrentar una difícil situación de descomposición política local y vacío de poder.
Colaboró en la Secretaría de Gobernación como director general de Asuntos Jurídicos. Dejó este cargo para ocupar un ministerio numerario en la Suprema Corte de Justicia de la Nación a partir del 4 de octubre de 1988. Su experiencia de hombre público se ampliaba así al poder judicial, adicionándose a sus actuaciones anteriores en los poderes legislativo y ejecutivo.
Salvador Rocha solicitó una licencia a la Suprema Corte a partir del 26 de septiembre de 1991 luego de que, por instancia presidencial, aceptó la invitación de Carlos Medina Plascencia para participar en su administración como Secretario de Gobierno, dentro de la difícil circunstancia de una transición política y un inédito cogobierno.
Sus nociones estaban maduradas por años de ejercer el arte de la polémica, el cultivo de la escritura y el asiduo paseo por la lectura. Todo ello engarzado en una vida personal intensa que le proporcionó un gran sentido cosmopolita y universal, pero en curiosa convivencia con un orgullo regionalista por su profundo amor al terruño.
Fue un político pragmático que detestaba la inmovilidad, el diletantismo o la demagogia. Pero su sentido de lo práctico no se oponía a su profundo idealismo ‑al fin y al cabo era un poeta‑ y al imperio de su sensibilidad. Con igual efectividad lo vi enfrentarse a los obstáculos para concretar el establecimiento de la General Motors en Silao, como involucrarse en la publicación de libros artísticos o históricos, la programación académica de un coloquio cervantino o confrontar a la estructura centralizada del FIC. Dentro de su esquema mental convivieron la economía con la cultura, la seguridad pública con la educación cívica, los servicios públicos con el desarrollo social. Todo ello envuelto en un gran sentido de la honorabilidad que le obligaba a despreciar y combatir la corrupción, mal crónico en el gobierno.

En términos ideológicos yo le habría clasificado como un liberal, en el sentido de haber sido una persona totalmente ajena al conservadurismo. Varias de sus convicciones lo acercaban a la izquierda, como su identificación con las necesidades de las mayorías populares, su reconocimiento del derecho de la mujer sobre su cuerpo, su respeto a los homosexuales y otras minorías, y la democracia no como simple procedimiento, sino como permanente acción educativa.
Hombre polifacético e hiperactivo, un personaje polémico que lo mismo despertaba amplias simpatías como radicales antipatías. Fue abogado defensor de causas polémicas, pero siempre asumiéndolas con un gran profesionalismo y compromiso con el cliente. Sin duda construyó una importante fortuna personal, pero nunca fue ostentoso ni manirroto. Nunca se negó placeres, y en un libro inédito de su autoría -que me obsequió- donde reflexionaba sobre la mejor manera de envejecer, aconsejaba al lector que, después de cumplir 40 años de edad, había qué preocuparse por hacer todo aquello que por falta de tiempo o dinero nos habíamos ahorrado: aprender a tocar un instrumento, lanzarse en paracaídas –como él en efecto lo hizo-, realizar el viaje anhelado, tener la aventura soñada, aprender a hablar aquélla lengua que nunca pudimos estudiar, etcétera. De otra forma, cuando el individuo no sale de su rutina cotidiana, se esclerotiza y envejece más rápidamente. Él puso en práctica su teoría, y siempre tuvo un carácter juvenil y juguetón. Así lo quiero recordar.
Aunque no podría creer que él lo haga, le deseo que descanse en paz.

viernes, 29 de julio de 2011

Hace un año, 2

Hace un año, 2

Publicado en Milenio de León.

En sesión del Ayuntamiento de Guanajuato capital del 13 de julio de 2010 se emitió un acuerdo autorizando la factibilidad en el cambio de uso de suelo del predio “Granja La Bufa”, de poco más de 47 hectáreas que abarcaban el cerro del Hormiguero –precisamente donde se realiza desde 1624 la verbena popular para celebrar al Santo Patrono de la ciudad, Ignacio de Loyola hasta la propia cuenca de la presa colonial Pozuelos, tan lastimada. Lo abrupto de la decisión, que se venía cocinando desde diciembre en negociaciones muy reservadas, nos sorprendió fuertemente a muchos ciudadanos comunes. Reaccionaron en particular los jóvenes estudiantes y algunas personas mayores que temieron por el destino de esta fiesta popular, así como por el arranque de un proceso de urbanización salvaje en un área que hasta entonces se había mantenido ajena a la especulación urbana.
El instrumento que ese grupo de jóvenes y adultos encontraron para canalizar su enojo y comenzar a organizar un Movimiento Social Urbano –en la terminología de Manuel Castells- fueron las redes sociales que han surgido gracias a las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, las célebres TIC’s, cuyo espacio principal es la virtualidad del internet. En este caso la herramienta privilegiada fue la red social Facebook, fundada como es de todos sabido por el joven Mark Zuckerberg (1984), estudiante de la Universidad de Harvard, a mediados de la década pasada. Un par de jóvenes, Cecilia Barrera (1988) estudiante de Derecho de la UIA-León, y Alfredo “Kanels” Segura (1985), recién egresado de la misma carrera en la Universidad de Guanajuato, decidieron abrir un grupo de discusión en el Face, al que denominaron “Guanajuato somos todos!!”, así con doble admiración.
En pocos días nos sumamos centenares de participantes y las discusiones y el enojo colectivo nos llevó a acordar la realización de un primer encuentro personal de los integrantes que pudieran. El 22 de julio un grupito de 20 personas nos reunimos en el estacionamiento de un centro comercial, desde donde se admira –espléndida- La Bufa. Acudieron sobre todo jóvenes, pero también algunas señoras y yo, que ya acumulamos edad. Ahí se definió la primera acción colectiva: una marcha multitudinaria para el siguiente domingo 25, que partiera del monumento a Florencio Antillón, hasta la Plaza de la Paz. En tres días se organizó el operativo, que requirió de una gran colaboración entre personas que hasta ese día no se conocían.
La cita fue a las 11:00, y a esa hora éramos muy pocos los que nos apersonamos frente a la Escuela de Música. Al principio el miedo fue al ridículo, a que marcháramos 20 ó 30 “catrines” –siempre nos han acusado de ser un movimiento clasemediero- por entre el tráfico y la indiferencia popular. Afortunadamente no fue así: de los autobuses urbanos bajaban y bajaban personas vestidas con playera blanca y pantalón de mezclilla, el atuendo que acordamos emplear para identificarnos. Ya cerca del mediodía, comenzamos a marchar más de 250 personas –yo las conté- enarbolando cartelones y pancartas, pero sobre todo gritando a todo pulmón: “¡Guanajuato tiene voz!”, “¡Ni hoteles ni casas, queremos La Bufa así como está!” “¡Nicéforo, entiende, La Bufa no se vende!”
Por una confusión inevitable, otro grupo de ciudadanos se había reunido en la glorieta Pozuelos. Pudimos contactarnos y ellos atravesaron el túnel que lleva a Embajadoras, donde se nos unieron en medio de una gran algarabía. Nuestro grupo fue creciendo hasta que al atravesar por el Jardín Unión ya éramos más de 500 vociferantes. Culminamos en el monumento a La Paz, donde la lluvia no arredró a una multitud exaltada, que defendía su tradición, su cultura y sus espacios naturales.
La autoridad municipal reaccionó con la descalificación y la diatriba. Se nos acusó de ignorantes desinformados, manipulados por “intereses políticos oscuros”, y no sé de qué más. El movimiento continuó. Otra vez por medio de las TIC’s, mediante los grupos “Guanajuato somos Todos” y “Rescatando Los Picachos”, a los que pronto se unieron el Consejo Ecologista Guanajuatense y el Frente Cívico “Euquerio Guerrero”, convocamos a una segunda movilización, que se realizó apenas seis días después el sábado 31, el mero Día de la Cueva.

Para esa marcha ya hubo más coordinación y eficiencia. Nos reunimos en la glorieta Pozuelos, ahora portando más pancartas y más camisetas con el rojinegro logotipo de GST. Con un equipo de sonido rentado animamos una caminata de más de mil personas, sobre todo familias acompañadas de sus chiquitines, que recorrimos los dos o tres kilómetros de carretera panorámica que separan la glorieta del cerro de El Hormiguero, donde se realiza la verbena popular desde el siglo XVII. Los comerciantes nos regalaban botellas de agua. Los paseantes nos vitoreaban, y muchos se nos unieron, hasta que llegamos a la explanada cerril donde realizamos un nutrido mítin, donde quien quiso hizo uso del micrófono. Al final culminamos con nuestro canto de guerra: “Tierra de mis amores”, de don Jesús Elizarrarás.
Continuaremos rememorando la próxima.


martes, 26 de julio de 2011

Salvador Rocha Díaz, in memoriam, 2/3

Salvador Rocha Díaz, in memoriam, 2/3

Publicado en de Guanajuato.

Salvador Rocha Díaz nació en San Miguel de Allende el 21 de diciembre de 1937. Fue hijo de don Manuel Rocha Lassaux ‑prominente abogado y político local, el primer diputado de oposición del país‑ y de la señora Carmen Díaz Sautto. Cursó sus estudios primarios y secundarios en su ciudad natal. Estudió la preparatoria en la ciudad de México en el muy conocido CUM ‑Centro Universitario México‑, entre 1952 y 1953, de donde egresó con el grado de bachiller en humanidades. Los estudios profesionales los realizó en la Facultad de Derecho de la UNAM entre 1954 y 1958. Se tituló el 9 de septiembre de este año con la tesis El carácter accesorio de la fianza, que obtuvo mención honorífica por parte del jurado.
Realizó cuatro estudios de postgrado: un diplomado de primer ciclo en la Facultad Internacional para la Enseñanza del Derecho Comparado en Estrasburgo, Francia, en 1963; un diplomado de segundo ciclo en la misma facultad en 1964; un diplomado en estudios superiores de derecho comparado, en la misma facultad en 1965, y una especialidad en derecho fiscal en la Escuela de Derecho de la Universidad Panamericana en 1981.
Su ejercicio profesional en la abogacía lo comenzó en el despacho del conocido jurista y poeta leonés Xavier de San Martín, personaje que influyó profundamente en la visión filosófica y estética del joven practicante Rocha Díaz. A partir de 1959, ya recibido, ejerció en la firma Rocha y Hegewish abogados, bufete del que fue fundador, socio y director.
Desde 1964 ejerció la cátedra en diversos centros académicos, como la Facultad de Derecho de la UNAM (1964-1982), donde impartió diversas materias de derecho civil. También ha sido profesor titular en la Universidad Iberoamericana (1967-1974). Fue profesor visitante en el St. Mary's University of San Antonio, Texas, en la Escuela de Derecho de Hermosillo, Sonora, así como en la Universidad de California-Los Ángeles.
Fue miembro activo de la Barra Mexicana-Colegio de Abogados desde 1959, y en ella ha llegado a formar parte de su Consejo Directivo (1972-1976). También fue miembro de la Inter-American Bar Association desde 1960, y también perteneció a su Consejo Directivo (1975-1988). Fue miembro del Consejo Asesor de Euroforum, Centro Europeo para el Desarrollo de la Empresa, hasta septiembre de 1988.
Sus publicaciones abordaron temas de técnica jurídica y análisis constitucional. Sobresalen los libros: Los contratos aleatorios (Porrúa, 1968); Municipio Libre: autonomía fiscal y democracia (Porrúa, 1983); Técnica legislativa (obra colectiva, Porrúa, 1988); La renovación nacional a través del Derecho. La obra legislativa de Miguel de la Madrid (obra colectiva, Porrúa, 1988); Las reformas constitucionales iniciadas por el Lic. Miguel de la Madrid Hurtado (CNOP, 1988); Legislación en materia de control de cambios (con Leonel Péreznieto, ed. Harla, 1989); Estudios jurídicos y otros escritos (ed. Harla, 1991), y El derecho mexicano hacia la modernidad (obra colectiva, IIJ-UNAM, Porrúa, 1991). Por otra parte, publicó al menos 29 artículos especializados en técnica jurídica, en revistas prestigiadas de esta disciplina.
Se inscribió como miembro del PRI el 19 de junio de 1961. Participó en varias actividades partidistas, pero su vida política se activaría fuertemente cuando en 1982, a los 45 años, fue propuesto por el PRI como candidato a la diputación federal del IX distrito de Guanajuato, donde se ubicaba San Miguel de Allende, su terruño. Obtuvo el triunfo y ejerció la diputación en la LII Legislatura hasta 1985. Ese sería su primer cargo de elección. Como mencionamos antes, la Senaduría que ejerció entre 1994 y 2000 sería el segundo.
Continuaremos la próxima semana…