viernes, 23 de marzo de 2007

Reformar a la universidad, IV

No es raro que los políticos tengan poca idea de la función que cumple la universidad pública, a la que algunos llegan a calificar a priori de cara e ineficiente, sin detenerse a conocer los indicadores objetivos que manejan agencias evaluadoras nacionales e internacionales. Así le sucedió a la UNAM, que hace poco tiempo fue criticada de forma zafia por un diputado federal que coordinaba la comisión de Hacienda. Su ignorancia lo descalificó incluso ante sus propios compañeros de partido. Algo similar parece estar ocurriendo en nuestra entidad con motivo de la reforma a la Ley Orgánica de la Universidad de Guanajuato. Se han expresado algunas opiniones que evidencian una actitud parecida: el desprecio de egresados de universidades privadas hacia las instituciones educativas públicas, a las que consideran onerosas, ineficientes y productoras de egresados de baja calidad. Ya la maestra Patricia Begné ha contestado algunas de esas críticas en las páginas de Correo, por lo que no me detendré en ellas. Sencillamente me uno al rechazo de los estereotipos a que son tan afectos los políticos simples.
Conviene recordar que en octubre de 2006 el entonces subsecretario de educación superior, el doctor Julio Rubio Oca, calificó a la UG como la segunda mejor universidad estatal del país. Eso con base en los indicadores de calidad definidos por el CENEVAL. El 96% de los programas académicos de la UG están certificados como “programas de calidad” por ese organismo. Y un tercio de sus posgrados son considerados de “alto nivel” por el CONACYT.
Doy continuidad ahora a la línea que dejé inconclusa en mi colaboración anterior. Afirmaba yo que la decisión de ubicar los cuatro campii regionales a que hace referencia el PLADI 2002-2010 elaborado durante la administración del rector Ojeda-- se había tomado con base en necesidades concretas de la institución y de los municipios de la entidad. El campus León fue vigorosamente demandado por la sociedad local, que se organizó y presionó a las autoridades para permitir que la ciudad más importante de la entidad contase con una oferta de educación superior pública más amplia y diversificada. Luego se atendió la necesidad de proporcionar un espacio más seguro y funcional a la deteriorada FIMEE de Salamanca, donde el municipio tuvo el tino de donar la superficie suficiente como para pensar en la posibilidad de un campus que desbordara las ingenierías, y que ofreciera estudios en ámbitos como las ciencias económico-administrativas, las sociales y otras. Más adelante se pudo lograr que el ayuntamiento de Celaya se comprometiese en apoyar la idea de otro campus, ahora en el oriente del estado, para atender la demanda estudiantil que hoy día debe emigrar a Querétaro. Otras 20 hectáreas fueron garantizadas y el 26 de febrero pasado se colocó la primera piedra de sus futuras instalaciones, que albergarán de inmediato las cuatro licenciaturas y cuatro maestrías que hoy ofrecen la Facultad de Administración y la Escuela de Enfermería, más seis nuevos programas de licenciatura a abrirse este mismo año y otras tres en el próximo.
Se ha criticado la ubicación del cuarto campus, el del sur, que se definió para ser edificado en Yuriria, la tierra natal del rector Lara. Confieso sentirme afectado por la misma crítica, pues participo en este proyecto en conjunto con el maestro Artemio Guzmán López, y todos somos orgullosamente yurirenses. Sería poco honesto afirmar que la querencia no jugó algún papel en nuestra labor de promoción, pero también hay que reconocer que desde el principio el campus se planteó para atender el sur de la entidad, buscando para ello una ubicación estratégica para poder establecer el primer campus intermunicipal, con interés en una región completa y no en una ciudad. Las circunstancias favorecieron a Yuriria porque se encontró una actitud altamente positiva en los presidentes municipales saliente (Guillermo Zavala) y entrante (Luis Gerardo Gaviña), quienes superando diferencias partidistas supieron convocar y convencer a sus colegas munícipes de Uriangato y Moroleón, que manifestaron su anuencia por escrito al proyecto intermunicipal. Hay que recordar que esos tres ayuntamientos han sabido construir una relación de colaboración; están buscando una integración económica y urbana, por lo que han asumido una necesaria “división del trabajo” para lograr la complementariedad que les permita progresar juntos. El gobierno del estado está favoreciendo esa coalición y está apoyando proyectos de desarrollo regional y urbano, como la construcción de un boulevard interurbano que unifique y catapulte esta nueva zona metropolitana. El Campus Sur –y no “campus Yuriria” – se inscribe dentro de ese proyecto mayor de desarrollo regional, que buscará formar capital humano de calidad no solamente para el Eje MUY –Moroleón, Uriangato, Yuriria– sino también para toda la zona meridional guanajuatense, y con suerte también para el norte michoacano. Ojalá que en un futuro cercano podamos estar haciendo lo mismo en Irapuato, en San Luis de la Paz, y en donde se necesite.

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