viernes, 11 de enero de 2008

Apuntes bajo cero

Es un buen hábito comenzar el año felicitando a propios y a extraños por el milagro de que continuemos sobre esta tierra sin que hayamos cumplido el objetivo de acabar con ella. Ya nos adentramos al siglo XXI y hemos dejado atrás los malos augurios que nos atemorizaron en el 2000 y el 2002 con el espantasuegras del fin del mundo, y las combinaciones cabalísticas de la numerología. ¿Recuerdan?: el 6 de junio de 2006 fue anunciado como el día del retorno de Satanás o del antricristo ante su marca calendárica del 666. No sé qué dijeron para el 777, el siete de julio del 2007; yo sólo recordé que fue el centenario de mi abuelo. Ojalá no se les ocurra a los agoreros anunciar algo para el 8 de agosto de este nuevo año, por aquello del 888, porque ese es el día de mi aniversario argentífero de bodas. Se reciben regalos y felicitaciones.
Escribo este diario de campo desde Toronto, donde realizo una estancia de cuatro semanas para un curso intensivo de inglés avanzado. ¿Y a ustedes qué? Lo siento, pero me urge perfeccionar mi inglés para poder sentirme auténticamente parte del mundo globalizado, monoimperial y decadentemente posmoderno. La Dirección de Relaciones Internacionales de la Universidad de Guanajuato, con el apoyo de la SEP, envió a una docena de sus profesores a Canadá para consolidar sus habilidades en este idioma, y me tocó la suerte de haber sido considerado en el grupo. Le mando un saludo y mi agradecimiento al doctor Sergio Arias, responsable de esa área.
Esto me ha permitido observar desde más cerca lo que está sucediendo en el campo político en el país vecino del sur. El sur acá lo ocupan los Estados Unidos. Es país vecino de Canadá y nuestro también, no sé si para nuestra suerte o desgracia. Recuerdo que un primer ministro canadiense -creo que fue Pierre Trudeau-, dijo un día, cuando le preguntaron su opinión sobre la relación de su país con los Estados Unidos, que era lo mismo que dormir junto a un elefante: este puede aplastarte sin siquiera darse cuenta de hacerlo. Permanentemente hay que llamar la atención del elefante con eventuales explosiones de sensibilidad nacionalista para que el animalote te recuerde. Así logran Canadá y México sobrevivir la vecindad con la última superpotencia del planeta: vigilando al elefante y jalándole la cola una y otra vez.
El triunfo tan inesperado de la Clinton produjo un evidente desencanto entre los liberales canadienses. Este martes acompañé a mi casera y a una pareja de sus amigos en el seguimiento televisivo de las votaciones primarias de New Hampshire, que son consideradas como uno de los más confiables termómetros del rumbo probable del los procesos estatales por seguir. Se considera que ese pequeño estado de Nueva Inglaterra, poblado de votantes de lealtades volátiles, otorga muchas pistas para conocer la efectividad de los mensajes de los candidatos, tanto demócratas como republicanos. Pero si bien el proceso demócrata fue ahora el que más atención concentró, los republicanos también dieron nota con el triunfo del muy independiente John McCain. Puede pensarse que entre los demócratas triunfó la opción moderadamente conservadora de la senadora Clinton, sobre la opción liberal y de interés para las minorías del también senador Barack Obama, carismático moreno que supo atraer múltiples simpatías en los últimos meses. Y por el lado de los republicanos parece que triunfó el “menos” conservador, o el “más” liberal de sus siete precandidatos. Sorpresas te da la vida. A ver cómo se pone el “supermartes” del 5 de febrero, cuando haya elecciones primarias en 23 estados.
Estamos en pleno año electoral norteamericano. Habrá elecciones presidenciales en noviembre próximo y las cosas les pintan mal a los republicanos. Bush, el malhadado Bush -nadie lo quiere en Canadá- no sabe cómo salirse dignamente y con seguridad de Irak, y ya se le viene encima otra bronca: ahora con los iraníes. El personaje parece entercado en devastar el medio oriente y controlar su petróleo, cumpliendo con los designios de la Halliburton y demás megacorporaciones del hidrocarburo y las armas. Los demócratas tienen la oportunidad de oro de recuperar el poder y reintegrarle el prestigio perdido a su país.
A mí me gustó el discurso de victoria de la Hillary. Entendió que debe hablarle más a la gente de sus problemas concretos, y retirarse un poco de los asuntos tan abstractos como el de las broncas internacionales. Fue un discurso de campaña, que buscó atraer nuevas simpatías y no convertirse en una declaratoria ideologizada. La mujer tiene con qué: se le nota la inteligencia. Aunque también la ambición, como se comenta mucho por acá. Ojalá su eventual arribo a la Casa Blanca confirme una nueva dinastía, a la manera de los Kennedy, sino que se convierta en el gallardete del arribo de las mujeres de talento al poder. Espero que lo logren.

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