viernes, 22 de febrero de 2008

Consejería sin color

He hecho público mi interés en ser considerado por las señoras y señores diputados locales de nuestro estado para ocupar la posición vacante del Consejo General del Instituto Electoral del Estado de Guanajuato (IEEG) que implicó la salida del licenciado Roberto Hernández el mes pasado. Quiero refrendar aquí este interés, e intentar algunas explicaciones a los amables lectores de este diario de campo sobre mis motivaciones personales para hacerlo.
La figura del “consejero ciudadano” se creó a nivel federal y estatal en 1994, como una estrategia para reintegrarle a los procesos comiciales la legitimidad perdida en las elecciones federales de 1988 y en las estatales de 1991. Se concibió por parte de los partidos y los gobiernos que la inclusión de esta modalidad de representación “ciudadana” en las tareas de vigilancia y gobierno de las elecciones permitiría avanzar hacia los principios de certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad, en el caso de la función federal, y los adicionales de equidad, definitividad y profesionalismo en el ámbito local. Guanajuato arrancó con un código electoral de avanzada que dio origen al actual IEEG. Este instituto ha organizado cinco procesos comiciales –seis si agregamos el extraordinario de Coroneo en el 2000. En cuatro de ellos el IEEG se ha coordinado con el IFE para constituir casillas únicas, aprovechando la concurrencia electoral absoluta que rige en nuestra entidad desde 1997. Sólo en el 2006 se optó, por razones que no me quedan claras, trabajar de forma paralela y demandar al ciudadano votar en dos casillas.
La legislación electoral estatal se ha actualizado mediante las reformas de 1999 y 2002, pero las modificaciones han incidido particularmente sobre los mecanismos de rendición de cuentas y fiscalización a los partidos, lo que sin duda es muy necesario, pero se han dejado de lado múltiples anacronías del código que hoy lo hacen uno de los más restrictivos del país. Sobre este punto recomiendo al lector buscar en las bibliotecas del IFE y de la UG el libro que publiqué con Todd Eisenstadt: Democracia observada: las instituciones electorales locales en Mexico. Ya se evidenciaba en 2002 nuestro rezago respecto a legislaciones locales como la del DF, Jalisco, Nuevo León y Estado de México.
Me referiré solamente a la figura del consejero ciudadano. Sobre las limitaciones de nuestra legislación tengo un análisis más exhaustivo que saldrá publicado en un libro coordinado por Jacqueline Peschard sobre federalismo electoral. Puedo enviar copia a quien lo demande. El principal problema que veo en la actual figura, que no ha variado un ápice desde 1994, es la exagerada restricción dictada para seleccionar a los consejeros: la fracción III del artículo 57 dicta que los consejeros “no [deben] tener antecedentes de militancia partidaria activa y pública” –por cierto no puedo concebir una militancia pasiva y secreta-. Y en 2002 se afinó esta restricción, hasta dejar fuera a todos los que tienen conocimiento y experiencia en la materia político-electoral. Sólo los políticamente vírgenes –y ajenos a la materia- pueden aspirar a esa dignidad. Además, el sistema de cuotas partidistas ha lastimado mucho la autoridad moral de la institución: dos de los consejeros titulares y los dos supernumerarios son propuestos por el gobernador –anacronismo injustificado-, dos más por la mayoría parlamentaria y uno, sólo uno, por el resto de las bancadas opositoras. Urge cambiar este mecanismo, para integrar la figura profesionalizada del consejero electoral, de tiempo completo, a quien se le pueden establecer responsabilidades de servidor público. El IFE, el IEDF y otras entidades ya cuentan con esta figura, que aunque sigue dando material para la polémica, al menos los consejeros pueden zafarse mejor de las veleidades partidistas –sin que podamos negar las “vendettas” ad post que se tejieron contra las dos generaciones previas de consejeros del IFE.
Me presento a la consideración de las bancadas del Congreso del Estado. Ofrezco experiencia en el ámbito de la supervisión de elecciones, gracias a mis tres participaciones como consejero local del IFE en 2000, 2003 y 2006. Pero sobre todo presento mi experticia académica en el análisis político regional y de seguimiento estadístico electoral. Convoco a los lectores a visitar mi página web personal en la sección de publicaciones. También ahí se puede consultar mi currículo vital completo, que permite darse una idea de mis capacidades. Creo firmemente en la transparencia y la practico en mi vida profesional. En esta coyuntura, estoy convencido de que el arribo de un consejero estatal que pueda aglutinar los consensos partidistas sobre sus potencialidades, sin obedecer al sistema de cuotas, ayudaría mucho para devolverle al instituto su pluralidad y prestigio como garante de la equidad y el profesionalismo, que son dos valores particulares a nuestra legislación. Y si no es así, prefiero disculparme antes de caer en lo que yo critico.

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