martes, 28 de diciembre de 2010

Memorias del Lago de Sangre

Memorias del Lago de Sangre

Publicado en de Guanajuato.

Lo confieso: sobre la monografía histórica del municipio de Yuriria, que acaba de publicar la Comisión Estatal del Bicentenario, no puedo ser imparcial. Tengo demasiados factores de interés personal como para atreverme a mentir al lector diciéndole que esta colaboración será objetiva. No podría. Primero, porque soy nativo de ese hermoso municipio del sur del estado de Guanajuato. Mi familia materna es originaria de la cabecera municipal, soy nieto del doctor Miguel Ramírez Tinoco (U), y el jardín principal fue mi patio de juegos. Segundo, porque el autor, el profesor Rodolfo Quesada Camargo, es un personaje de enorme prestigio local, fundador de las escuelas de educación media más importantes del terruño, y dedicado hoy de cuerpo y alma a la rememoranza histórica y la crónica local. El profesor Quesada me honró al solicitarme que redactara un prólogo para su monografía, y el proemio está incluido en las primeras páginas de este enorme volumen de 300.

Tuve el gusto de participar en la presentación de la monografía durante la inauguración de la Feria Yuriria 2011, que inició este domingo pasado. Comenté, emocionado, el gusto de acompañar al profesor Quesada en el alumbramiento de su octavo libro. Un texto con aspiraciones enciclopédicas que no quiso dejar fuera detalle alguno de los sucesos de los más de 500 años de historia de Yuririapúndaro, asentamiento Otomí de orígenes prehispánicos que fungió como guardalínea del imperio Puréhpecha, defensa frente a los ataques de los indios salvajes del norte chichimeca.
El profesor tal vez exageró un poco en su afán compilador, pero hay que reconocer su voluntad de aportarle a nuestro pueblo un almanaque histórico que podrá servir de obra de consulta en las escuelas, las oficinas y los hogares de los yurirenses. Y no sólo los que todavía habitan en el municipio -que se despuebla por las olas de migración- sino sobre todo a los yurirenses en los Estados Unidos, en particular en Illinois, Pennsylvania y California. Existe un condado, Kankakee Illinois, que suscribió un acuerdo de hermandad con Yuriria el 14 de septiembre de 2002, dada la abundancia de originarios en su territorio. A esos paisanos les interesará sobremanera tener acceso a este documento.

Desgraciadamente la comisión redujo los tirajes de las últimas monografías de mil a sólo 600 ejemplares, que difícilmente llegarán a las manos de los oriundos. Por eso hay que seguir insistiendo en que se suban rápido las versiones electrónicas a la página de la comisión, y que además sean sencillas de encontrar, pues hoy es una hazaña localizar las 12 monografías que ya se encuentran en la biblioteca digital del bicentenario.
En la presentación, el profesor Quesada y yo convocamos a la presidente municipal, la señora Ángeles López, “La Güera”, a que el municipio se haga cargo de una segunda edición con más tiraje, y con versión electrónica que pueda distribuirse sin costo a los paisanos. Ella se mostró muy interesada, y felicitó al autor por su aportación a la preservación de la identidad yurirense.

El autor destaca en su texto el arribo a Yuriria de la Universidad de Guanajuato, que ha construido un nuevo campus en la zona de Santiaguillo-Yacatitas, en la salida a Salvatierra. No podría yo estar más de acuerdo, pues fue una manera de reconocer la tradición iniciada aquí por el Colegio de San Pablo, primera institución de educación superior en Guanajuato. El miércoles 25 de noviembre de 2009 se inauguró el espléndido edificio que alberga la Unidad Yuriria de la UG. Tuve el gusto de colaborar tres años en el proyecto.
El libro “Yuriria, 1540-2010” es un esfuerzo digno y bien plantado, que no sólo conjunta los elementos dispersos de la memoria local, sino que también nos brinda la visión personal de un educador comprometido con su comunidad; un docente que se aventura a los fangosos caminos de la investigación, y pone en evidencia que el magisterio no sólo es enseñanza, sino también la pregunta y el aprendizaje permanentes. Un profesor como los que ya no hay muchos, que dedica su jubilación a escribir y publicar textos, en los que comparte sus aprendizajes acumulados con un público de lectores que son sus nuevos alumnos, ahora virtuales. ¡Felicidades profesor!





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