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martes, 21 de diciembre de 2010

El caminar de Casas Viejas

El caminar de Casas Viejas

Publicado en de Guanajuato.

Retomo mis reseñas sobre las monografías municipales que ha publicado a lo largo de este año la Comisión de Conmemoración del Bicentenario en el estado de Guanajuato. Ahora con una de las mejores que han llegado a mis manos: la que el joven maestro Miguel Ferro Herrera ha elaborado sobre el dinámico municipio del noreste, San José Iturbide.

La colección monográfica ha evidenciado disparidades en la calidad y las concepciones sobre lo que debe contener un documento de este tipo. Era esperable, dada la diversidad de formaciones, experiencia y competencias de los cronistas con que cuentan los municipios de Guanajuato, algunos más avezados que otros con los caprichos de la ciencia de la memoria histórica parroquial.
En este caso destaca el oficio historiográfico que evidencia el abogado, exdirector del Archivo Histórico del Estado de Querétaro, exalcalde de San José Iturbide (2000-2003), titular de la Unidad de Acceso a la Información Pública municipal y cronista municipal, Miguel Ferro. La monografía de este municipio es compacta pero sustanciosa. Tiene una redacción muy cuidada, y los materiales gráficos reproducidos destacan por la calidad de los mismos. Se agradece mucho que los facsímiles se puedan leer, que los mapas sean visibles y que los retratos de personajes sean claros. Fastidia mucho cuando los materiales de apoyo son viles manchones de fotos que distraen y no aportan nada.
Miguel Ferro hace un recorrido muy documentado por la trayectoria del asentamiento de las Casas Viejas, desde sus antecedentes prehispánicos hasta finales del siglo XIX. Se detiene en las goteras de la Revolución, posiblemente porque no comparte las consecuencias del movimiento. Su fascinación por la acción de la iglesia y los religiosos es evidente.
La monografía es sólida y buen armada. El trabajo documental y archivístico es muy consistente, de historiador profesional. La admiración a los prohombres del lugar es evidente a lo largo del texto, que proporciona mucha información sobre su fundación, la construcción de sus monumentos religiosos, el papel de los evangelizadores y los colonos españoles y sus aliados indios. Pero el clímax se presenta cuando Agustín de Iturbide entra en escena y emite su no muy conocida “proclama de Casas Viejas”, intimando a la rendición al comandante de León, poco tiempo antes del ingreso del ejército trigarante a la ciudad de México el 27 de septiembre de 1821. Eso explica que el autor haya propuesto al ayuntamiento, no hace mucho tiempo, el cambio de nombre del municipio a “San José de Iturbide”.
San José de Casas Viejas cumpliría un papel destacado en la represión de la rebelión de la Sierra Gorda (1847-1850), con su espíritu milenarista y sus líderes carismáticos: Tomás Mejía, los hermanos Chaire y Eleuterio Quiroz, y que exhibió la lucha del campesino-indígena por preservar o retornar a un estilo de vida pretérito, opuesto a las tendencias liberales del libre mercado y la desamortización de los bienes comunitarios. Casas Viejas sería el centro de acción de las tropas gubernamentales.
Concluye la monografía con una descripción de la obra pública y religiosa durante el porfirismo. Se retrata una sociedad conservadora, muy rural, con fuerte predominio de los hacendados ganaderos y de las grandes familias locales: los Ferro, los Ducoing… y la fuerte afición local a la tauromaquia. Retrato vivo de una sociedad chispeante.

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