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viernes, 15 de diciembre de 2006

Campus Sur, II

La región sur de Guanajuato, que por tradición y por acuerdo de los estudiosos de la geografía humana como los historiadores Wigberto Jiménez y Eduardo Salceda se le ha denominado como la de los “valles abajeños”, se despliega en un entorno topográfico, hidrológico y cultural muy especial, y por lo mismo de gran interés intrínseco. Primero hay que destacar que su ecología está determinada por sus suelos volcánicos, sus espectaculares accidentes geográficos –como las muy conocidas “siete luminarias” , un régimen de lluvias y de escurrimientos hídricos superior al del resto de la entidad, una población fáunica y vegetal relativamente abundante y una temperatura promedio con menores variaciones que en el resto del estado, gracias a la disponibilidad de agua. Desgraciadamente también por la mucha contaminación que afecta a sus aguas y suelos. Por otra parte, las manifestaciones culturales de la población local son de suma variedad, en buena medida explicable por el mayor componente cultural indígena que se evidencia en la música, danza, artesanía, giros idiomáticos del castellano híbrido, usos religiosos populares y muchas otras manifestaciones de su cultura popular. La población de esta región meridional es predominantemente mestiza, pero con profundas y evidentes raíces raciales y culturales de tipo purépecha. Su tradición histórica ha estado muy vinculada a la del estado vecino, pues hasta el siglo XIX formó parte del “Gran Michoacán” del que nos habló el historiador Oscar Mazín.
Las actividades agrícolas, piscícolas y artesanales siguen siendo muy importantes. Sus suelos y recursos hídricos le permiten a la región ser una de las mejor provistas en recursos agrícolas, y pesqueros. Su desarrollada agricultura comercial de regadío convive con extendidas zonas de temporal. Además su patrimonio histórico y arquitectónico, de los más destacables de la entidad, le permiten contar con un gran potencial turístico y cultural. Por su parte, el crecimiento de la industria textil y de las artesanías ha impulsado el intercambio comercial, que le coloca entre las regiones con vocación a la microindustria más dinámicas del país. Hay un texto de gran interés del estudioso Ulrik Vangstrup, de la asociación de latinoamericanistas de Dinamarca, que retrata muy bien esta situación: “Moroleón, la pequeña ciudad de la Gran Industria”, parafraseando el estudio clásico de Patricia Arias sobre Guadalajara.
Por otra parte, es de destacar la intensa dinámica política de la zona. Los municipios sureños han degustado las bondades de la democratización y han experimentado con gobiernos municipales de muy diferentes extracciones partidistas. Sin embargo siguen imperando los liderazgos personales, rayanos en el cacicazgo. Más que los partidos, en el sur se imponen esos personajes carismáticos que concentran el capital político en su persona y no en banderías ideológicas. Contrasta mucho con los municipios de mayor desarrollo, donde ha surgido una nueva hegemonía monopartidista que en buena medida empobrece las opciones al alcance del votante.
La fuerte personalidad cultural del sur guanajuatense se verá muy beneficiada por la instalación de una nueva opción educativa de alto nivel: el Campus Sur de la Universidad de Guanajuato. Su concepción va de la mano con el proyecto de reorganización académica y administrativa de esa casa de estudios, ya que se busca que los distintos campii universitarios gocen de una amplia autonomía, que les permita reaccionar con agilidad a las necesidades de las regiones a atender. Si se mantuviera el actual diseño institucional esto sería en extremo difícil, ya que el modelo vigente privilegia la centralización de las decisiones en escuelas, facultades e institutos que excluyen la posibilidad de competir internamente. Con el modelo departamental nada impediría que cada campus abriera o cerrara departamentos con vocación hacia las demandas locales y regionales, y ya no de corte disciplinar como hasta ahora. La valoración de la pertinencia social se haría a partir de órganos colegiados regionales, y ya no desde instancias centrales en la ciudad de Guanajuato. Y por supuesto en muchos aspectos los campii entrarían en una saludable competencia entre sí y con otras instituciones, lo que de seguro se traducirá en un incremento en la calidad de la oferta, como bien lo señala la ortodoxia liberal de la economía de mercado. Por supuesto desde el Campus Sur, en Yuriria, estamos dispuestos a entrarle a esa competencia fraternal.

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