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viernes, 7 de agosto de 2009

De periódicos y refinerías

De periódicos y refinerías


Publicado el el periódico de León.

Inicio estas colaboraciones en el diario agradeciendo de entrada a sus editores, en particular a Pablo César Carrillo, por la amable invitación. Desde mi visión, este periódico ha sabido colocarse entre los medios impresos más equilibrados y profesionales de nuestro país, tan ayuno todavía de confianza hacia los canales de comunicación masiva. Me parece que la incursión de Milenio en las tierras abajeñas puede inaugurar, gracias a la competencia, una escalada en la calidad de la información que recibimos, tan contaminada por el gacetillerismo, las complicidades y las agendas políticas de los dueños de diarios y semanarios. Se viene a romper con un duopolio local que no ha permitido el desarrollo de un periodismo objetivo y del ejercicio de la crítica sin más cortapisas que las señaladas por la ley a la libertad de expresión.
Guanajuato cuenta con una larga tradición en medios impresos de carácter periódico. Desde el siglo XIX encontramos antecedentes tan destacados como la Gaceta del Gobierno Americano, impresa por los insurgentes bajo el mando de José María Liceaga en 1812, con una pequeña imprenta de tipos movibles rudimentarios, que instalaron en la isla del Fuerte de Liceaga en la laguna de Yuriria. Muchos periódicos -semanarios, gacetas mensuales o eventuales- pulularon en los municipios más importantes de la entidad o del departamento, según la circunstancia política. Ante la ausencia de alternativas para informarse sobre los sucesos del mundo exterior, e incluso del interior, las publicaciones efímeras en impreso cumplieron el papel de aglutinante social del cuerpo que hoy llamamos nación. No sería diferente en el siglo XX, cuando aquéllas alcanzaron niveles de distribución incluso nacionales. Los diarios locales y regionales supieron cumplir con una función forjadora de conciencias identitarias y vinculatorias, que hoy llamaríamos “vínculos de cultura política ciudadana”. Los temas del momento fueron debatidos por intermediación de la tinta y el papel, a veces con seriedad y en otras, las más, con jiribilla y mala leche. Todos recordamos cómo hasta hace poco nacían y desaparecían medios impresos en periodos electorales, muchos de los cuales ni siquiera requerían vender ejemplares o espacios publicitarios: bastaba chantajear al político encumbrado, sacarle chayote y venderse al mejor postor. La opinión escrita como arma para obtener ventajas personales.
Aunque esta peculiaridad de los medios gacetilleros no ha desaparecido, es una realidad que hoy día contamos con muchas alternativas honestas y confiables. Y ya no sólo en el papel, sino también en los nuevos medios electrónicos como el internet. Germinan las semillas del periodismo serio y comprometido con la verdad periodística. Por supuesto, dicha “verdad” depende de la óptica ideológica del escribidor de notas y columnas, pero al menos ya no de la venta de su conciencia. Ese es un paso importante, en el que los opinadores que no somos periodistas queremos también participar. Demos pie entonces a la opinión con libertad.
Comienzo comentando el asunto del momento: la refinería del bicentenario. Hacía mucho tiempo que Guanajuato y sus gobiernos estatales no se involucraban activamente en atraer empresas de gran envergadura. La última fue la General Motors, que se concretó durante los gobiernos de Rafael Corrales Ayala y Carlos Medina. Desde entonces las empresas establecidas lo han hecho como parte de una estrategia propia de crecimiento, sin que los gobiernos estatal y municipales hayan hecho algo más allá que facilitar su instalación. La “atracción de inversiones” es más una excusa para justificar viajes de gobernantes a países exóticos y turísticos, que una realidad que pueda constatarse en los números oficiales de la economía. Quien conoce de estos procesos de atracción de empresas foráneas, sabe que rara vez es necesaria la participación personal de los gobernadores o los presidentes municipales, ya que la acción real se da al nivel de los promotores profesionales.
Sin embargo en esta ocasión hemos visto al gobernador Oliva en el papel de agente viajero que busca con afán que se establezca la segunda refinería en el Bajío, después de la inauguración de la RIAMA el 30 de julio de 1949, hace más de 60 años. El primer debate de hoy, por supuesto, es el de la absurda mecánica impuesta para su asignación, y la nefasta competencia establecida entre dos entidades federativas que han sido humilladas por PEMEX y la federación, que les han tratado como perritos de circo. Cabría preguntarse si los grandes proyectos de este país deben convertirse en maroma y teatro, o bien reintegrarles dignidad y permitir que México y sus regiones avancen sin requerir convertirse en materia para el cotorreo vulgar de Brozo. En fin, seguiremos opinando el martes que viene.

martes, 4 de agosto de 2009

Cangrejos al combate...

Cangrejos al combate...

Publicado el el de Guanajuato.

Economistas y politólogos liberales coinciden: los monopolios y las hegemonías son perjudiciales para la sana competencia tanto en el campo económico como en el político. La diversidad, así como la libertad de elegir entre opciones diferentes, permiten que el consumidor o el ciudadano puedan recibir más calidad y variedad a cambio de su instrumento de intercambio: dinero o sufragio. Es por eso que los sistemas económicos o políticos que favorecen la competencia y la posibilidad de renovar se fortalecen en lo interno y le garantizan el incremento de los niveles de satisfacción y con ello la legitimidad del sistema en general.

Por supuesto, el egoísmo y la voracidad por el poder o el dinero, tendencias que pueden ser vistas incluso como naturales en nuestra cultura, conducen hacia lo contrario: el acaparamiento de espacios, la segregación de los competidores y la modificación amañada de las reglas del juego, de tal manera que se mantengan las condiciones que impiden la verdadera contienda que pueda amenazar la hegemonía establecida por las empresas o las corporaciones políticas en detrimento del resto de los actores. Los monopolios son letales para la libertad económica. Pero también lo son los partidos políticos de Estado, o los que sucumben a la tentación de comportarse como tales.

Este largo proemio me sirve para manifestar mi desacuerdo ante la iniciativa que la mayoría parlamentaria de nuestro estado busca imponer para eliminar la figura de las candidaturas comunes de nuestra legislación estatal. He señalado en múltiples ocasiones y de forma pública que el estatuto electoral de Guanajuato padece todavía de serios rezagos en comparación a los que imperan en otras entidades y por supuesto en la federación. Aunque tuvimos una reforma electoral el año pasado, fue imposible impulsar más modificaciones que las estrictamente necesarias para adecuarse a los cambios recientes en el código federal. Lo único adicional de alguna trascendencia fue que se haya retirado la facultad del ejecutivo del estado para proponer a dos de los cinco consejeros ciudadanos del Consejo General del IEEG. Pero no se fue más allá.

Las candidaturas comunes fueron admitidas en nuestra legislación a partir de la reforma publicada en agosto de 2002. Antes sólo se admitían las coaliciones electorales y los frentes políticos. Esta figura tiene fuertes ventajas con relación a la de la coalición, pues no obliga a los partidos a presentar una plataforma común, ni tampoco les hace perder la representación de cada partido en los órganos electorales. Pero es falso que las candidaturas comunes permitan rebasar los gastos de campaña, como he escuchado decir por radio a algún comentarista. En cambio, la candidatura común permite una mayor claridad en la asignación de diputados de RP y de regidores.
Si la iniciativa prospera estaremos dando un paso atrás, y confirmando a Guanajuato como uno de los estados más retrógrados en cuanto a favorecer la competencia por encima de consolidar hegemonías.

martes, 28 de julio de 2009

Catástrofe ambiental

Catástrofe ambiental


Guanajuato es una entidad que padece un caos ecológico brutal. Desde tiempos coloniales los asentamientos humanos del Bajío y de las sierras que lo circundan han ejercido una presión sobre el entorno que lo transformó de manera radical. Si recordamos la historia, la explotación de la plata dio origen y razón al poblamiento de esta zona, rica en minerales pero pobre en otros recursos naturales, particularmente agua y bosques. La minería demandaba ambos en grandes cantidades, y contribuyó fuertemente a la degradación de corrientes de agua, como sucedió con los ríos Guanajuato y Silao, contaminados con venenos terribles como el azogue-mercurio y el arsénico. Los bosques de la sierra de Santa Rosa fueron agotados para proveer de leña y madera para las minas, que en un principio se trabajaron con métodos primitivos que requerían de grandes cantidades de leña y carbón.
La agricultura no quedó atrás en su efecto devastador, con la aplicación de sistemas agresivos como la tumba y quema, que dejaron al Bajío prácticamente sin árboles ni matorrales. La fauna nativa se extinguió o emigró, y fue sustituida por los animales de labor o de cría para alimento. Para colmo, la política también ha contribuido en este ininterrumpido quebranto ecológico. Por ejemplo la aplicación del reparto agrario en los años treinta y cuarenta del siglo pasado, desbarató el sistema hidráulico tradicional que permitía al Bajío mantener su alta productividad agrícola, y debió ser sustituido por la costosa infraestructura que se basa en grandes reservorios –presas- y canales, así como la perforación de miles de pozos, que han convertido al Bajío en una de las regiones más deficitarias del líquido vital, con campos freáticos sobreexplotados y en decadencia.
La industria, en particular la petrolera y la de procesamiento de cueros y textiles, se sumó a la contaminación de aire, agua y tierra. Nos han otorgado el campeonato nacional de polución aérea en Salamanca y de envenenamiento del agua residual en León, Irapuato y Celaya.
Por eso es tan importante que los sectores público y privado asuman una política de cuidado ambiental generalizada y transversal. No es posible continuar con nuestra rapiña, que amenaza convertir nuestra entidad en páramo inhabitable en sólo dos o tres lustros. No es broma ni exageración.
Me motiva externar estas angustias el haber observado en este medio una fotografía de la alcalde electa de Yuriria -mi ciudad natal-, la güera Ángeles López, presumiendo su tucán enjaulado como evidencia de su identificación partidaria. Me pareció muy lamentable que exista tan poca conciencia en una militante destacada de un partido que se asume ecologista.

Me puse a investigar, y resulta que el comercio de los tucanes está prohibido por la norma NOM-059-ECOL-2001, junto con la cotorra serrana, la guacamaya roja y la verde, el halcón peregrino, el loro de cabeza amarilla -que se expende sin problemas en los cruces carreteros-, y muchas otras aves tropicales, cuyos hábitats están en franca declinación. Así me pregunto: ¿qué podemos esperar de nuestros líderes?

martes, 14 de julio de 2009

Dinastías municipales

El nuevo panorama político demandará estrategias de negociación entre los poderes federales y sus equivalentes en los estados y municipios. El voto diferenciado ha reforzado el fenómeno de los gobiernos divididos, donde el ejecutivo y el legislativo son controlados por partidos diferentes. Lo mismo sucede a nivel municipal donde, al menos en el estado de Guanajuato, la distribución proporcional de las regidurías obligará a sus presidentes a negociar las grandes líneas de sus proyectos de trabajo, y así garantizar efectividad con inclusión. Desgraciadamente en nuestro país y en Guanajuato todavía vemos activo un autoritarismo inveterado en los ayuntamientos de todos los colores partidistas, pero particularmente donde el triunfo ante urnas es debido más a las personalidades carismáticas y a los caciquismos locales. Veo con preocupación cómo se está arraigando el hábito pernicioso de burlar el precepto de la no reelección municipal mediante el recurso de la sucesión intrafamiliar, particularmente a través de la pareja matrimonial. El fenómeno “Kirchner” ha tenido varias réplicas en nuestro país; tan sólo recordemos el intento frustrado de doña Marthita de Fox, o el de la otra Marthita, pero de Echevarría, quien en 2004 quiso suceder a su esposo Antonio en la gubernatura de Nayarit, por el PAN. Hoy será diputada por el PRD.


En la ciudad de Guanajuato tuvimos el caso de doña Conchita de Villagómez, quien en 2006 intentó suceder a su esposo Rafael en el gobierno municipal que entonces ejercía bajo la bandera del PRD. Fue derrotada en la elección por el hoy presidente municipal del PAN, Eduardo Romero Hicks, él mismo perteneciente a otra dinastía local. La política es tan importante que debe quedar en familia, parecen querer decirnos esos actores.
Vemos ahora que algunas de esas dinastías municipales se repiten y se consolidan, como en Valle de Santiago, donde compiten dos familias poderosas, los Arredondo y los Nieto, por sucederse en el poder municipal. Fernando Arredondo será presidente por tercera vez y restituye el dominio del PRD. En Yuriria el munícipe verde Gerardo Gaviña será sucedido por su esposa la “güera” Angelita López. Él mismo se benefició del liderazgo de su padre, don Pedro (qepd), expresidente municipal por el PAN, quien le heredó su capital político que hoy beneficia al PVEM.
En Pueblo Nuevo se anunciaba la posibilidad de que ese municipio se constituyese en paradigma del “matrimonio presidencial”. El actual alcalde José Durán, quien ha repetido en el cargo en tres ocasiones, fue sucedido en una ocasión por su esposa Cuquita García (1997), quien lo intentó nuevamente en 2003 y de nuevo en esta última elección. Sólo el médico Leonardo Solórzano, del PRI, ha impedido la consolidación de esta sucesión matrimonial en dos ocasiones.
Esta preeminencia de familias, personalidades y cacicazgos es una amenaza latente para el avance democrático plural. El elector parroquiano se ve atrapado por lealtades o compromisos vinculados a intereses personales o a programas sociales, y evita analizar con cuidado mejores opciones.

martes, 7 de julio de 2009

Nueva polifonía

El día de ayer, poco antes de las 11:00 de la mañana, el consejo local del IFE para el estado de Guanajuato, donde soy consejero, cerró la sesión permanente que había dado inicio el domingo 5 a las 8:00 horas. La sesión tuvo como objetivo realizar un seguimiento del proceso comicial federal para elegir diputados al Congreso de la Unión. A lo largo del día pudimos verificar la apertura de la totalidad de las 6,572 casillas en los 14 distritos, para la recolección de los votos de una lista nominal de 3 millones 746 mil 664 ciudadanos, que potencialmente podrían acudir a votar. Por supuesto nadie esperaba que tal cantidad de guanajuatenses se presentase realmente a votar; tampoco que el total de los 77 millones 481 mil 874 mexicanos enlistados lo hicieran. Muchos anunciaron que la participación electoral no alcanzaría ni siquiera un tercio de la lista, dado el descrédito de la política y el desprestigio creciente de los gobernantes y los representantes ante la opinión pública.
El desencanto de la mayoría de los mexicanos podría haberse reflejado en una caída libre de la votación. Ese fue muy reiterado en los medios y entre muchos analistas. Pero al parecer los presagios fallaron: hace tres años, cuando hubo elecciones concurrentes locales y federales incluyendo la presidencial, la participación electoral en México y Guanajuato había sido de 58.6% y 57.3% respectivamente; en las intermedias de 2003 las cifras fueron de 41.7% y 49%; en el 2000 -nuevamente concurrentes y presidenciales- votó un 64% y un 66.7% de los electores, y en 1997 se registraron participaciones de 57.7 y 65.9%. Pero en esta elección que vivimos hoy la participación electoral nacional fue de 44.7% y en Guanajuato de 47.5% según los datos del PREP. Es decir que entre elecciones comparables como las actuales y las de 2003 la participación se ha mantenido estable a nivel nacional y en Guanajuato incluso se incrementó.
Por otra parte, la campaña favorable al voto nulo también parece haber logrado alguna efectividad, pero no la suficiente como para considerar que se convirtió en una expresión de rechazo amplio hacia el sistema electoral y de partidos. Aunque algunas casas encuestadoras anunciaron que el voto anulado o en blanco alcanzaría entre el 7 y el 10%, la realidad lo ubica bastante lejos de esta cifra: a nivel nacional parece haber alcanzado un 5.39%, mientras que en Guanajuato sólo se registraron 4.03%. Veamos cómo evolucionó el voto nulo en las últimas elecciones federales:

El nuevo mapa electoral será muy interesante: el PAN ganó en 13 de los 14 distritos federales, parece haber perdido en dos distritos locales, y de 36 municipios que hoy gobierna puede bajar a 25. Es decir que los electores ejercieron el voto diferenciado. Hay algunos distritos que muestran una variedad extrema en las opciones de los municipios que los conforman. Esto nos anuncia un nuevo estadio de madurez cívica.