viernes, 10 de febrero de 2006

Universidad abierta

En el México autoritario previo a la transición democrática de los noventa, las universidades públicas y privadas del país eran, en general, cotos de partidos y movimientos políticos tanto oficialistas como de derecha e izquierda. Los caciquismos académicos imponían el respectivo tinte a favor de la opción política que conviniera a los intereses del Rector o cabecilla en turno. La militancia era la característica más o menos general de las instituciones de educación superior. Incluso la Universidad de Guanajuato no era ajena a este tipo de situaciones, ya que por su carácter de institución no autónoma, que le hacía formar parte del organigrama del gobierno estatal, era inevitable que se tiñese de los colores políticos del partido oficial. No es desconocido que las camarillas políticas locales vinculadas al oficialismo se estructuraban en las aulas universitarias, particularmente en la Facultad de Derecho. Por ello era imposible pensar en que se estableciera un diálogo político plural y crítico, que se abriera al resto de las opciones políticas, es decir a la oposición.
Esta situación comenzó a cambiar a inicios de los noventa, gracias a la alternancia en el gobierno de la entidad. Pero fue a partir de la autonomía que se le otorgó a la universidad en 1994 que la institución adoptaría una posición abierta y madura en su interacción con los agentes políticos, en particular con los partidos políticos y sus candidatos a puestos de elección popular. Sin embargo en un principio no existió claridad en la política institucional para recibir a estos candidatos dentro de los espacios universitarios. En buena medida dependía de la buena voluntad del Rector, pues no existía una política institucional.
Esto cambió sustancialmente cuando en enero del 2000 el rector Cuauhtémoc Ojeda convocó a un grupo de profesores para elaborar lineamientos que explicitaran esa política con relación a la presentación de candidatos a puestos de elección popular. Pronto se emitió un documento regulador al que se debería sujetar cualquier comparecencia de esos aspirantes, buscando siempre garantizar la equidad, el respeto y el debate informado de las ideas y las propuestas programáticas. La Universidad reiteraba así su vocación como ámbito natural para el debate político y la libre discusión sobre las diferentes alternativas que representan las opciones partidistas. La institución abría sus puertas al análisis de su entorno político y social, pero de forma ordenada e imparcial, cuidando de cumplir con su función social manifestada en el artículo 4º de su ley orgánica, que la define como “un espacio abierto a la libre discusión de las ideas, donde se busca la formación integral del hombre y la verdad, para la construcción de una sociedad democrática, justa y libre con sentido humanista y conciencia social”. Se reconocía así como una institución eminentemente política, en el sentido de que propicia la construcción de acuerdos sociales mediante el debate ordenado y sistemático de las diferentes opciones al alcance del ciudadano.
El actual rector, Arturo Lara López, ha retomado este compromiso y dispuso la integración de una Comisión que regulara la recepción de candidatos que deseen sostener encuentros con la comunidad universitaria. Se integró con tres profesores (los maestros Genaro Martell Ávila, Santiago López Acosta y el suscrito), tres estudiantes (Sara Mayteth Mata Sánchez, Omar Castillo Sabanero y Ernesto Soto Rangel) y el director de Desarrollo Estudiantil, Héctor Corona León. Se trabajó en la definición de una estrategia que garantice equidad y respeto, así como un calendario que no interfiera con las actividades regulares de la institución. Se han enviado invitaciones formales a los candidatos presidenciales y a los Comités Ejecutivos Nacionales de los partidos para programar sus posibles comparecencias. Cuando existan candidatos registrados a gobernador, diputados y ayuntamientos se les girará la misma atención. La idea es que la comunidad pueda tener encuentros de calidad con esos aspirantes, sin la propaganda usual de este tipo de competencia, de tal forma que se contribuya a formar la cultura política que tanto requiere nuestra sociedad. Ojalá que los partidos y sus candidatos se comporten a la altura que exige el ejercicio responsable del diálogo informado con una comunidad que seguramente les demandará más que simples eslogans o promesas demagógicas. Por eso cruzo los dedos.

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