viernes, 19 de mayo de 2006

Los retos de la PGR, I


Recién me he reintegrado al Comité Estatal de Participación Ciudadana de la Procuraduría General de la República (PGR), en un tiempo que no puede ser considerado como muy afortunado para esa institución, tan sometida a denuncias públicas y sospechas múltiples de presunta corrupción, o al menos incapacidad ante el crimen organizado. Como siempre, este tipo de instituciones dedicadas al combate del crimen están expuestas al ojo público pero desde una óptica crítica extrema, dada la sensibilidad social hacia el espinoso problema de la seguridad pública, tan vapuleada.
Este comité ciudadano es el organismo correspondiente local al Consejo de Participación Ciudadana, que fue fundado por acuerdo Rafael Macedo de la Concha el 19 de abril de 2002, y que fue presidido en sus orígenes por Joaquín Vargas Guajardo, luego por Juan Francisco Ealy Ortiz, hasta hace poco por Raúl Abraham Mafud, y hoy día el acaudalado empresario Olegario Vázquez Raña. En sus documentos fundacionales se establece que su propósito es el de “establecer la estrategia de organización y participación ciudadana institucional en la vigilancia y ejecución de las tareas de procuración de justicia en contra de la delincuencia y la inseguridad, a partir de una red de grupos organizados de la sociedad civil que genere credibilidad y confianza en la procuración de justicia.”
En Guanajuato el comité estatal se integró formalmente –aunque venía funcionando desde varios meses atrás el 8 de diciembre de 2004, cuando le fue tomada la protesta por parte del procurador general, con el testimonio del gobernador Romero Hicks. Se aprovechó la inauguración de las nuevas instalaciones de la PGR en León. Yo había participado en las acciones preparatorias, pero para esa fecha ya me encontraba viviendo en la ciudad de Tijuana, por lo que debí separarme muy a mi pesar de esta interesante responsabilidad. Desde un origen el comité local fue presidido por el conocido irapuatense Julio Di-Bella Prieto, con el apoyo en su secretaría de Guadalupe Hernández Balderas. La membresía del comité ha sido muy fluctuante, pero siempre se ha visto poblado por ciudadanos inquietos y sumamente preocupados por la creciente problemática de la seguridad pública, la inestabilidad de la PGR y el incremento de la criminalidad del orden federal en nuestra entidad. Entre los integrantes del comité -unos más activos que otros, algunos de palabra y otros de hecho podemos mencionar a Alejandro Sierra Villafaña, Andrés Santoyo Guardado, Higinio Rodríguez Granados, Ismael Juárez Arroyo, Omar Plascencia Navarrete, Juan Francisco Mar Reyes, Juan Francisco Torres Ramírez, Juan René Segura Ricaño, Luis Fernando Gómez Velázquez, María de la Luz Zapién, Marcela Manjarrez, Miguel Angel Hernández y Oscar Ernesto Garza Romo. Con seguridad omití a algunos, pero me disculpo por mi calidad de cófrade recién reintegrado.
Las relaciones del comité con los distintos delegados que han transitado la representación de la PGR en el estado han sido por decir lo menos, accidentadas e inconstantes, en parte por las inquietas circunstancias que ha padecido esa delegación durante todo el sexenio foxista. Pareciera ser que la entidad de origen del presidente de la República ha padecido un abandono flagrante de parte de la autoridad persecutora de los delitos del orden federal. Y recordemos que en este ámbito se ubica el crimen organizado, los delitos contra la salud -el narcotráfico pues , los grupos insurgentes -el EPR y el resto de membretes sediciosos-, los secuestradores interestatales, etcétera, conjuntos que han creado una situación de desasosiego entre la población, que no recuerda haber vivido antes circunstancias similares. Guanajuato hasta hace poco no era -aparentemente- un espacio propicio al narco, a las ejecuciones sumarias, a los secuestros, a los fraudes sofisticados, al feminicidio, y a la violencia extrema de los grupos delincuenciales. Hoy ya no es así. Quien dedique un poco de tiempo al seguimiento de la prensa local y su nota roja se dará cuenta de que nos estamos “sinaloizando”, “tijuanizando” o “laredizando”. Nos sucede hoy lo que padeció Jalisco en los ochenta, cuando el combate a los cárteles de norte produjo que los principales capos se mudaran a Guadalajara, y le dieran al traste a la tranquilidad provinciana jalisquilla. ¿Recuerdan el secuestro de Quique Camarena? En fin, que el tema da para mucho más, y le seguiremos dando la próxima semana.

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