Mal inicio tuvo la administración federal de Felipe Calderón, cuando se inaugura con el envío a la sociedad de un mensaje sin duda inquietante, al concederle un aumento presupuestal a las fuerzas armadas y de seguridad de alrededor de un 30% brutal en un país que no se encuentra en situación de guerra o agresión externa , y al mismo tiempo acompañarlo de un terrible recorte a la educación, la ciencia y la cultura. ¿Cómo leer este mensaje sin caer en la tentación de calificar al nuevo gobierno como temeroso de la inteligencia y favorecedor de la represión? Aunque uno quiera conceder el beneficio de la duda, el recorte presupuestal es demasiado profundo como para no sustentar muchas dudas sobre el diseño de la sociedad mexicana del futuro inmediato. Y para colmo se desata la inflación sobre los productos básicos para la alimentación del pueblo, como la tortilla y la leche, haciendo añicos el pálido incremento de 3.9% al salario mínimo para este año. 50 pesos diarios es el estipendio que el estado mexicano considera suficiente para mantener a una familia de un trabajador, y proveer los satisfactores básicos de alimentación, vestido, habitación, salud, educación, transporte y recreación. Pero el kilo de tortilla cuesta entre 12 y 15 pesos y la leche Liconsa 4.50 el litro… No salen las cuentas. ¿Cómo entenderlo?
Por supuesto que puedo razonar que de nada vale tener satisfactores para un buen nivel de vida, como educación, salud y cultura, si la inseguridad pública nos priva de la paz social y pone en riesgo todo lo anterior. ¿Pero era necesario redireccionar los pocos recursos con que se apoya la formación de capital humano para financiar la movilización de la milicia? Los operativos grandilocuentes como los que estamos viendo en Baja California, Michoacán y Guerrero son globos de Cantoya que apantallan a la opinión pública, pero que no le hacen ni cosquillas al crimen organizado. En lugar de malgastar cientos de millones de pesos en un circo de tres pistas, el Estado debió invertir en el largo plazo, en labores discretas de inteligencia, infiltración, investigación financiera y demás recursos que permitirían pegarle a los mega maleantes en donde más les duele: en sus capacidades de organización, logística, cooptación, corrupción, lavado de dinero y movilidad geográfica. Pero no fue así: se privilegió el show mediático por sobre la estrategia inteligente, y se le pasó la factura al sector educativo, científico y cultural del país. No puedo evitar recordar el grito de guerra de los milicos de Franco y Mussolini: “¡Que muera la inteligencia!”
Mal para las universidades públicas y la ciencia nacional: la UNAM, la mejor universidad de Iberoamérica, en lugar de ser estimulada financieramente sufrió un recorte de casi un 3%; el IPN casi un 6%; la UAM un 4.1%, el CINVESTAV casi un 10%, el INAH casi un 11%, el Colegio de México un 12%, el CIMAT un 3.4%, el CIESAS un 4.3%, etcétera, etcétera. Todos los centros de educación superior, posgrado e investigación científica fueron afectados. No me extrañaría que dentro de poco el gobierno retome la idea foxista de desaparecer algunos centros de investigación, hacerlos financieramente “viables” –privatizarlos e incluso revivir la neoliberal idea de los “bonos educativos” por los que competirían las instituciones educativas públicas y privadas para hacerse de financiamiento.
Seguimos cometiendo los mismos errores que han condenado a este país al atraso y el subdesarrollo: nos negamos a invertir en la gente, en la formación o desarrollo de sus capacidades intelectuales. Nuestros gobiernos continúan tratando a la población como una variable dependiente y subalterna de la macroeconomía y las prioridades del mercado, y no como el origen, destino y razón de ser de su acción. Qué bueno que se combata el crimen y la inseguridad, pero no es posible hacerlo a costa del único recurso que se reproduce a sí mismo y que es fuente inagotable de riqueza: el capital cultural y humano. Si seguimos despreciando a la educación, la ciencia y la cultura estaremos abonando el campo para la preservación de la barbarie y la violencia social. El crimen no se combate con policías y soldados, sino con medidas que ataquen sus raíces profundas en los factores de anomia social, como la carencia de oportunidades de empleo y de educación, la desintegración de los lazos sociales solidarios, la degradación cultural y los desajustes estructurales de la sociedad post industrial. El reforzamiento de los valores culturales y educativos permitirá la construcción de una sociedad más solidaria, más integrada, consciente de sí misma y de su destino. Seguirá existiendo el crimen, pero cuando éste se desarrolla en un entorno cultivado puede ser más fácilmente delimitado y paliado. Pero el contexto no se entiende de esta manera, y nos tenemos que fletar con los simplismos de los políticos, que mejor se disfrazan de milicos antes que ponerse a dialogar con la inteligencia del país.
Artículos de coyuntura publicados por Luis Miguel Rionda Ramírez en medios impresos o electrónicos mexicanos.
Antropólogo social. Profesor titular de la Universidad de Guanajuato y de posgrado en la Universidad DeLaSalle Bajío, México. Exconsejero electoral en el INE y el IEEG.
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viernes, 12 de enero de 2007
viernes, 5 de enero de 2007
Primeros pasos de Calderón
Amigo lector, querida lectora, reciban mi más calurosa felicitación por el año que inicia, un 2007 que sugiere esperanzas y dudas, deseos y anhelos, voluntades y un buen grado de incredulidades. El año que se fue nos dejó un sabor agridulce sin duda, pues pudimos ver un cierto progreso material en buena parte de los mexicanos, gracias a una moderada creación de empleos y una muy pequeña recuperación del poder de compra, con lo que renació la esperanza en el futuro inmediato; pero también padecimos una criminalidad imparable, una violencia social que se ensaña con los más pobres, una crisis institucional y de legitimidad democrática producto de un proceso electoral plano de agravios entre sus participantes, que violentó la paciencia de los mexicanos, que ya no podemos creer en nuestros políticos. De dones y males estuvo sembrado el 2006. No es nada tranquilizante darnos cuenta de que seguimos sufriendo fuertes dolores de parto antes de procrear una sociedad madura, que se respete a sí misma y que sepa encontrar las soluciones a los acuciantes problemas comunes. En fin, que dimos un pasito hacia delante, pero también dos hacia atrás que nos condenan a un retroceso neto.
Inauguramos este 2007 con un nuevo gobierno federal y unos no tan nuevos gobiernos estatal y municipales. La polarización política nacional llevó a Guanajuato a teñirse de un azul intenso, es decir a confirmarse como bastión del conservadurismo tradicional, contrapuesto a los peligros que en el imaginario local plantea la izquierda pendenciera. Nació así una nueva hegemonía monopartidista, que se acompaña con las ventajas de la gobernabilidad y con los deméritos de la omnipotencia monocroma. Los hombres y mujeres de esa clase media, incluso de clase adinerada, que nutren las filas del nuevo partido de gobierno deberán consolidar su preeminencia mediante acciones solidarias con los que menos tienen, pues aunque a nivel nacional la opción política por los pobres haya sido derrotada por un pelo, es inevitable que los gobiernos de centro derecha se apropien de las banderas sociales de sus rivales si no quieren ser desplazados del poder en tres o en seis años. No les queda más remedio que hacer efectivo el “rebase por la izquierda” calderonista.
También inauguramos el año con un impresionante despliegue de fuerza por parte del Estado mexicano, que exhibe su musculatura ante la incalculable pujanza del crimen organizado. En principio parece una buena medida, recordando la parálisis del régimen foxista. Pero hay que estar al pendiente de que esta ostentación no sea escenográfica y mediática, o bien, mucho peor, que tenga una finalidad amedrentadora ante los movimientos sociales o los ciudadanos comunes. La soldadesca no siempre sabe distinguir entre maleantes y gente de bien. Peor aún los impreparados y corruptos policías con que contamos. En lo personal creo que contra el crimen organizado es más efectiva una labor discreta de alta inteligencia, de infiltración, que afecte a los capos y cabecillas y no sólo a los traficantes de menudencias. Pretender que el despliegue de miles de policías y soldados en calles y carreteras puede frenar o inhibir la delincuencia es una ingenuidad monumental. Sólo sirve para colmar los noticieros de la tele y para molestar al ciudadano, pero no hacen ni cosquillas a los grandes forajidos. Pero concedo que es mejor esto que nada.
Es absurdo que todavía hoy no se hayan tomado medidas efectivas contra la criminalidad no violenta o virtual, cuyo combate es incomparablemente más sencillo que el del gran crimen. Centenares de mexicanos siguen padeciendo extorsiones telefónicas, fraudes cibernéticos, clonación de tarjetas y otros tipos de ilícitos no violentos. Tampoco se ha podido hacer gran cosa contra la micro delincuencia urbana, que también se organiza y que afecta sobre todo a los más pobres. Si no se ha podido contra las mini trasgresiones dudo mucho que se pueda hacer gran cosa contra los poderosos y trasnacionales cárteles de la droga y el secuestro.
Pero no abandonemos la esperanza, al menos no tan rápido, en que los nuevos gobernantes de todos los niveles sepan garantizarnos seguridad en el corto y mediano plazo –porque en el largo todos estaremos muertos , pues sin esta garantía para la convivencia de muy poco nos sirve el desarrollo. Qué vale tener empleo, opciones educativas, protección de la salud o cualquier otro satisfactor, si a la vuelta de la esquina podemos ser victimados, incluso ultimados, por un feroz malhechor.
Inauguramos este 2007 con un nuevo gobierno federal y unos no tan nuevos gobiernos estatal y municipales. La polarización política nacional llevó a Guanajuato a teñirse de un azul intenso, es decir a confirmarse como bastión del conservadurismo tradicional, contrapuesto a los peligros que en el imaginario local plantea la izquierda pendenciera. Nació así una nueva hegemonía monopartidista, que se acompaña con las ventajas de la gobernabilidad y con los deméritos de la omnipotencia monocroma. Los hombres y mujeres de esa clase media, incluso de clase adinerada, que nutren las filas del nuevo partido de gobierno deberán consolidar su preeminencia mediante acciones solidarias con los que menos tienen, pues aunque a nivel nacional la opción política por los pobres haya sido derrotada por un pelo, es inevitable que los gobiernos de centro derecha se apropien de las banderas sociales de sus rivales si no quieren ser desplazados del poder en tres o en seis años. No les queda más remedio que hacer efectivo el “rebase por la izquierda” calderonista.
También inauguramos el año con un impresionante despliegue de fuerza por parte del Estado mexicano, que exhibe su musculatura ante la incalculable pujanza del crimen organizado. En principio parece una buena medida, recordando la parálisis del régimen foxista. Pero hay que estar al pendiente de que esta ostentación no sea escenográfica y mediática, o bien, mucho peor, que tenga una finalidad amedrentadora ante los movimientos sociales o los ciudadanos comunes. La soldadesca no siempre sabe distinguir entre maleantes y gente de bien. Peor aún los impreparados y corruptos policías con que contamos. En lo personal creo que contra el crimen organizado es más efectiva una labor discreta de alta inteligencia, de infiltración, que afecte a los capos y cabecillas y no sólo a los traficantes de menudencias. Pretender que el despliegue de miles de policías y soldados en calles y carreteras puede frenar o inhibir la delincuencia es una ingenuidad monumental. Sólo sirve para colmar los noticieros de la tele y para molestar al ciudadano, pero no hacen ni cosquillas a los grandes forajidos. Pero concedo que es mejor esto que nada.
Es absurdo que todavía hoy no se hayan tomado medidas efectivas contra la criminalidad no violenta o virtual, cuyo combate es incomparablemente más sencillo que el del gran crimen. Centenares de mexicanos siguen padeciendo extorsiones telefónicas, fraudes cibernéticos, clonación de tarjetas y otros tipos de ilícitos no violentos. Tampoco se ha podido hacer gran cosa contra la micro delincuencia urbana, que también se organiza y que afecta sobre todo a los más pobres. Si no se ha podido contra las mini trasgresiones dudo mucho que se pueda hacer gran cosa contra los poderosos y trasnacionales cárteles de la droga y el secuestro.
Pero no abandonemos la esperanza, al menos no tan rápido, en que los nuevos gobernantes de todos los niveles sepan garantizarnos seguridad en el corto y mediano plazo –porque en el largo todos estaremos muertos , pues sin esta garantía para la convivencia de muy poco nos sirve el desarrollo. Qué vale tener empleo, opciones educativas, protección de la salud o cualquier otro satisfactor, si a la vuelta de la esquina podemos ser victimados, incluso ultimados, por un feroz malhechor.
viernes, 15 de diciembre de 2006
El PAN y la nueva hegemonía
Las elecciones del 2 de julio pasado tienen muy diversas lecturas a lo largo y ancho del país. En lo esencial significaron una redistribución político-electoral que tendrá consecuencias directas sobre la gobernabilidad en el sexenio presidencial que se inicia. Emergió con fuerza un tercer actor, la izquierda carismática, que no había vuelto a levantar cabeza desde el cardenismo en 1988. El lopezobradorismo y su accidentado desfogue en la “presidencia legítima” de opereta introduce un factor inopinado que someterá a contrapunto constante no sólo a la administración federal panista, sino también a las autoridades y representantes electos del PRD. Por su parte, el PRI pagó las consecuencias previsibles de un desafortunado proceso de selección interna sumado a los pecados acumulados de un pasado autoritario que se niega a morir, y por ello se vio confinado a un inédito tercer lugar nacional, que lo pone en una situación precaria dentro de un entorno cada vez más polarizado entre izquierdas y derechas.
El PAN confirmó, consolidó o amplió sus enclaves –que ya no lo son tanto- como el cinturón panista que atraviesa el país, constituido por Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes, Jalisco y San Luis Potosí. El Bajío pues. Gobierna ya a 554 municipios --12 capitales estatales-- y 9 estados. Repitió triunfos en la mitad de los municipios donde gobernaba. 22.3 millones de mexicanos habitan en entidades gobernadas por este partido, y 31.5% en municipios ídem. Además refrendó su control sobre el ejecutivo federal gracias a la apretadísima victoria presidencial de Felipe Calderón, el auténtico “caballo negro” que desbancó primero al delfín foxista y luego al desaforado peje. Es innegable que esta organización política está atravesando por un momento de florecimiento nacional, sólo disputado por el enorme avance del PRD, el gran ganador del proceso a pesar de él mismo.
El PAN ha acumulado 15 años gobernando al estado de Guanajuato, a los que se sumarán los seis de la administración de Juan Manuel Oliva, para totalizar 21: toda una vida. Hay que recordar que el ex partido de Estado, el PRI, gobernó durante 62 años, y por ello fue posible hablar de una hegemonía política exclusivista. Con la larga preeminencia del PAN podemos ya hablar de una “nueva hegemonía”. Para colmo, 36 de los 46 municipios, más la totalidad de las diputaciones uninominales federales y locales, están en manos de este partido. En la práctica estamos hablando del retorno del “carro completo”, de tan infausta memoria.
Los resultados del 2 de julio tiñeron a Guanajuato de un azul más azulado que nunca. Felipe Calderón recibió 1 millón 155 mil votos de los guanajuatenses, el 60.5% del total estatal. Ese volumen significó el 7.7% del gran total que votó por ese candidato en todo el país. Juan Manuel Oliva obtuvo un 61.9%, superior incluso a Calderón, y haciendo contraste con lo que sucedió seis años antes, cuando Romero Hicks se quedó 4 puntos por debajo de Fox. En cambio, a nivel de ayuntamientos el voto panista representó el 52.7%, lo que evidencia que muchos simpatizantes del PRI y de otros partidos optaron por los candidatos presidencial y estatal panistas, pero mantuvieron sus preferencias en el nivel municipal. Tres años antes, la votación municipal había otorgado un 43.2% al PAN, lo que evidencia un avance de casi diez puntos en tres años, lo que permitió desbordar el predominio panista de 24 a 36 ayuntamientos.
Esta nueva hegemonía plantea cuestiones inquietantes en torno a la calidad democrática y la capacidad de mantener los necesarios equilibrios entre fuerzas políticas que se escrutinan entre sí. La bondad del sistema de pesos y contrapesos queda en entredicho cuando una sola potencia partidista acapara prácticamente todos los puestos de representación, y deja la morralla a los rivales, que pierden cualquier capacidad de negociación y vigilancia por su nula capacidad de chantaje necesario. Desde hace varios años hemos venido presenciando muestras de una creciente intolerancia de parte del nuevo partido hegemónico hacia sus contrapartes ideológicas, y ha venido ejerciendo crecientemente su avasallaje electoral como una patente de corso que le ha extendido la ciudadanía. Se han revivido viejas prácticas que creímos superadas al haberse expulsado a la vieja elite del poder: tráfico de influencias, nepotismo galopante, ajustes de cuentas entre la misma elite, patrimonialismo, refuncionalización de cacicazgos regionales, culto a la personalidad del gobernante en turno, simulación, ingerencia en los órganos electorales, amiguismo, partidas secretas, discrecionalidad en las políticas públicas, ausencia de un servicio civil de carrera auténtico, etcétera. A estos viejos vicios se suman nuevos como el abandono cínico del laicismo, un culto exagerado a la cultura empresarial, corrupción de cuello blanco legalizada --los bonos y liquidaciones--, y una hipocresía muy al estilo de las “buenas conciencias” de Carlos Fuentes.
No quiero que se me malinterprete, y que de mis palabras se asuma un trasfondo quejumbroso. Aunque no comulgo con la ideología panista, reconozco a plenitud que la misma reproduce muchos de los sentires y percepciones compartidas de un componente mayoritario de la sociedad abajeña. La democracia le ha devuelto la voz a esas mayorías, que han sabido expresar sus voluntades de gobierno mediante el voto efectivo. Sobre esta plataforma, el PAN ha ido construyendo una nueva visión de partido, y ha evolucionado hacia el necesario pragmatismo que inyecta la función pública real. Con ello ha abandonado en la práctica viejas banderas idealistas, que en un tiempo le proporcionaron la calidad moral que le permitió navegar sin demasiada contaminación entre las sórdidas y mugrientas aguas de la política de tiempos de la “ley de Herodes”.
Los tiempos de la nueva hegemonía plantean retos inéditos, que tensarán al límite muchas de las capacidades reales de la democracia. La preeminencia del PAN es un arma de dos filos, que tanto bien como mal puede hacerle al mismo partido, y por supuesto a los habitantes de un estado donde la política es un arte sofisticado, florentino y maquiavélico, aunque se le quiera revestir de albiazules túnicas santificadas.
El PAN confirmó, consolidó o amplió sus enclaves –que ya no lo son tanto- como el cinturón panista que atraviesa el país, constituido por Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes, Jalisco y San Luis Potosí. El Bajío pues. Gobierna ya a 554 municipios --12 capitales estatales-- y 9 estados. Repitió triunfos en la mitad de los municipios donde gobernaba. 22.3 millones de mexicanos habitan en entidades gobernadas por este partido, y 31.5% en municipios ídem. Además refrendó su control sobre el ejecutivo federal gracias a la apretadísima victoria presidencial de Felipe Calderón, el auténtico “caballo negro” que desbancó primero al delfín foxista y luego al desaforado peje. Es innegable que esta organización política está atravesando por un momento de florecimiento nacional, sólo disputado por el enorme avance del PRD, el gran ganador del proceso a pesar de él mismo.
El PAN ha acumulado 15 años gobernando al estado de Guanajuato, a los que se sumarán los seis de la administración de Juan Manuel Oliva, para totalizar 21: toda una vida. Hay que recordar que el ex partido de Estado, el PRI, gobernó durante 62 años, y por ello fue posible hablar de una hegemonía política exclusivista. Con la larga preeminencia del PAN podemos ya hablar de una “nueva hegemonía”. Para colmo, 36 de los 46 municipios, más la totalidad de las diputaciones uninominales federales y locales, están en manos de este partido. En la práctica estamos hablando del retorno del “carro completo”, de tan infausta memoria.
Los resultados del 2 de julio tiñeron a Guanajuato de un azul más azulado que nunca. Felipe Calderón recibió 1 millón 155 mil votos de los guanajuatenses, el 60.5% del total estatal. Ese volumen significó el 7.7% del gran total que votó por ese candidato en todo el país. Juan Manuel Oliva obtuvo un 61.9%, superior incluso a Calderón, y haciendo contraste con lo que sucedió seis años antes, cuando Romero Hicks se quedó 4 puntos por debajo de Fox. En cambio, a nivel de ayuntamientos el voto panista representó el 52.7%, lo que evidencia que muchos simpatizantes del PRI y de otros partidos optaron por los candidatos presidencial y estatal panistas, pero mantuvieron sus preferencias en el nivel municipal. Tres años antes, la votación municipal había otorgado un 43.2% al PAN, lo que evidencia un avance de casi diez puntos en tres años, lo que permitió desbordar el predominio panista de 24 a 36 ayuntamientos.
Esta nueva hegemonía plantea cuestiones inquietantes en torno a la calidad democrática y la capacidad de mantener los necesarios equilibrios entre fuerzas políticas que se escrutinan entre sí. La bondad del sistema de pesos y contrapesos queda en entredicho cuando una sola potencia partidista acapara prácticamente todos los puestos de representación, y deja la morralla a los rivales, que pierden cualquier capacidad de negociación y vigilancia por su nula capacidad de chantaje necesario. Desde hace varios años hemos venido presenciando muestras de una creciente intolerancia de parte del nuevo partido hegemónico hacia sus contrapartes ideológicas, y ha venido ejerciendo crecientemente su avasallaje electoral como una patente de corso que le ha extendido la ciudadanía. Se han revivido viejas prácticas que creímos superadas al haberse expulsado a la vieja elite del poder: tráfico de influencias, nepotismo galopante, ajustes de cuentas entre la misma elite, patrimonialismo, refuncionalización de cacicazgos regionales, culto a la personalidad del gobernante en turno, simulación, ingerencia en los órganos electorales, amiguismo, partidas secretas, discrecionalidad en las políticas públicas, ausencia de un servicio civil de carrera auténtico, etcétera. A estos viejos vicios se suman nuevos como el abandono cínico del laicismo, un culto exagerado a la cultura empresarial, corrupción de cuello blanco legalizada --los bonos y liquidaciones--, y una hipocresía muy al estilo de las “buenas conciencias” de Carlos Fuentes.
No quiero que se me malinterprete, y que de mis palabras se asuma un trasfondo quejumbroso. Aunque no comulgo con la ideología panista, reconozco a plenitud que la misma reproduce muchos de los sentires y percepciones compartidas de un componente mayoritario de la sociedad abajeña. La democracia le ha devuelto la voz a esas mayorías, que han sabido expresar sus voluntades de gobierno mediante el voto efectivo. Sobre esta plataforma, el PAN ha ido construyendo una nueva visión de partido, y ha evolucionado hacia el necesario pragmatismo que inyecta la función pública real. Con ello ha abandonado en la práctica viejas banderas idealistas, que en un tiempo le proporcionaron la calidad moral que le permitió navegar sin demasiada contaminación entre las sórdidas y mugrientas aguas de la política de tiempos de la “ley de Herodes”.
Los tiempos de la nueva hegemonía plantean retos inéditos, que tensarán al límite muchas de las capacidades reales de la democracia. La preeminencia del PAN es un arma de dos filos, que tanto bien como mal puede hacerle al mismo partido, y por supuesto a los habitantes de un estado donde la política es un arte sofisticado, florentino y maquiavélico, aunque se le quiera revestir de albiazules túnicas santificadas.
Campus Sur, II
La región sur de Guanajuato, que por tradición y por acuerdo de los estudiosos de la geografía humana como los historiadores Wigberto Jiménez y Eduardo Salceda se le ha denominado como la de los “valles abajeños”, se despliega en un entorno topográfico, hidrológico y cultural muy especial, y por lo mismo de gran interés intrínseco. Primero hay que destacar que su ecología está determinada por sus suelos volcánicos, sus espectaculares accidentes geográficos –como las muy conocidas “siete luminarias” , un régimen de lluvias y de escurrimientos hídricos superior al del resto de la entidad, una población fáunica y vegetal relativamente abundante y una temperatura promedio con menores variaciones que en el resto del estado, gracias a la disponibilidad de agua. Desgraciadamente también por la mucha contaminación que afecta a sus aguas y suelos. Por otra parte, las manifestaciones culturales de la población local son de suma variedad, en buena medida explicable por el mayor componente cultural indígena que se evidencia en la música, danza, artesanía, giros idiomáticos del castellano híbrido, usos religiosos populares y muchas otras manifestaciones de su cultura popular. La población de esta región meridional es predominantemente mestiza, pero con profundas y evidentes raíces raciales y culturales de tipo purépecha. Su tradición histórica ha estado muy vinculada a la del estado vecino, pues hasta el siglo XIX formó parte del “Gran Michoacán” del que nos habló el historiador Oscar Mazín.
Las actividades agrícolas, piscícolas y artesanales siguen siendo muy importantes. Sus suelos y recursos hídricos le permiten a la región ser una de las mejor provistas en recursos agrícolas, y pesqueros. Su desarrollada agricultura comercial de regadío convive con extendidas zonas de temporal. Además su patrimonio histórico y arquitectónico, de los más destacables de la entidad, le permiten contar con un gran potencial turístico y cultural. Por su parte, el crecimiento de la industria textil y de las artesanías ha impulsado el intercambio comercial, que le coloca entre las regiones con vocación a la microindustria más dinámicas del país. Hay un texto de gran interés del estudioso Ulrik Vangstrup, de la asociación de latinoamericanistas de Dinamarca, que retrata muy bien esta situación: “Moroleón, la pequeña ciudad de la Gran Industria”, parafraseando el estudio clásico de Patricia Arias sobre Guadalajara.
Por otra parte, es de destacar la intensa dinámica política de la zona. Los municipios sureños han degustado las bondades de la democratización y han experimentado con gobiernos municipales de muy diferentes extracciones partidistas. Sin embargo siguen imperando los liderazgos personales, rayanos en el cacicazgo. Más que los partidos, en el sur se imponen esos personajes carismáticos que concentran el capital político en su persona y no en banderías ideológicas. Contrasta mucho con los municipios de mayor desarrollo, donde ha surgido una nueva hegemonía monopartidista que en buena medida empobrece las opciones al alcance del votante.
La fuerte personalidad cultural del sur guanajuatense se verá muy beneficiada por la instalación de una nueva opción educativa de alto nivel: el Campus Sur de la Universidad de Guanajuato. Su concepción va de la mano con el proyecto de reorganización académica y administrativa de esa casa de estudios, ya que se busca que los distintos campii universitarios gocen de una amplia autonomía, que les permita reaccionar con agilidad a las necesidades de las regiones a atender. Si se mantuviera el actual diseño institucional esto sería en extremo difícil, ya que el modelo vigente privilegia la centralización de las decisiones en escuelas, facultades e institutos que excluyen la posibilidad de competir internamente. Con el modelo departamental nada impediría que cada campus abriera o cerrara departamentos con vocación hacia las demandas locales y regionales, y ya no de corte disciplinar como hasta ahora. La valoración de la pertinencia social se haría a partir de órganos colegiados regionales, y ya no desde instancias centrales en la ciudad de Guanajuato. Y por supuesto en muchos aspectos los campii entrarían en una saludable competencia entre sí y con otras instituciones, lo que de seguro se traducirá en un incremento en la calidad de la oferta, como bien lo señala la ortodoxia liberal de la economía de mercado. Por supuesto desde el Campus Sur, en Yuriria, estamos dispuestos a entrarle a esa competencia fraternal.
Las actividades agrícolas, piscícolas y artesanales siguen siendo muy importantes. Sus suelos y recursos hídricos le permiten a la región ser una de las mejor provistas en recursos agrícolas, y pesqueros. Su desarrollada agricultura comercial de regadío convive con extendidas zonas de temporal. Además su patrimonio histórico y arquitectónico, de los más destacables de la entidad, le permiten contar con un gran potencial turístico y cultural. Por su parte, el crecimiento de la industria textil y de las artesanías ha impulsado el intercambio comercial, que le coloca entre las regiones con vocación a la microindustria más dinámicas del país. Hay un texto de gran interés del estudioso Ulrik Vangstrup, de la asociación de latinoamericanistas de Dinamarca, que retrata muy bien esta situación: “Moroleón, la pequeña ciudad de la Gran Industria”, parafraseando el estudio clásico de Patricia Arias sobre Guadalajara.
Por otra parte, es de destacar la intensa dinámica política de la zona. Los municipios sureños han degustado las bondades de la democratización y han experimentado con gobiernos municipales de muy diferentes extracciones partidistas. Sin embargo siguen imperando los liderazgos personales, rayanos en el cacicazgo. Más que los partidos, en el sur se imponen esos personajes carismáticos que concentran el capital político en su persona y no en banderías ideológicas. Contrasta mucho con los municipios de mayor desarrollo, donde ha surgido una nueva hegemonía monopartidista que en buena medida empobrece las opciones al alcance del votante.
La fuerte personalidad cultural del sur guanajuatense se verá muy beneficiada por la instalación de una nueva opción educativa de alto nivel: el Campus Sur de la Universidad de Guanajuato. Su concepción va de la mano con el proyecto de reorganización académica y administrativa de esa casa de estudios, ya que se busca que los distintos campii universitarios gocen de una amplia autonomía, que les permita reaccionar con agilidad a las necesidades de las regiones a atender. Si se mantuviera el actual diseño institucional esto sería en extremo difícil, ya que el modelo vigente privilegia la centralización de las decisiones en escuelas, facultades e institutos que excluyen la posibilidad de competir internamente. Con el modelo departamental nada impediría que cada campus abriera o cerrara departamentos con vocación hacia las demandas locales y regionales, y ya no de corte disciplinar como hasta ahora. La valoración de la pertinencia social se haría a partir de órganos colegiados regionales, y ya no desde instancias centrales en la ciudad de Guanajuato. Y por supuesto en muchos aspectos los campii entrarían en una saludable competencia entre sí y con otras instituciones, lo que de seguro se traducirá en un incremento en la calidad de la oferta, como bien lo señala la ortodoxia liberal de la economía de mercado. Por supuesto desde el Campus Sur, en Yuriria, estamos dispuestos a entrarle a esa competencia fraternal.
viernes, 8 de diciembre de 2006
Campus Sur, I
El jueves pasado el gobernador Juan Manuel Oliva realizó en compañía del rector de la Universidad de Guanajuato, el doctor Arturo Lara, una gira relámpago por los cuatro campii universitarios en proceso de construcción o en vías de diseño conceptual. Los más avanzados son el de Irapuato-Salamanca, y el de León, que fueron los primeros en ser concebidos hace tres años. Los de Celaya y del Sur –Yuriria cuentan ya con la donación territorial de los municipios respectivos, y están en proceso de conceptualización arquitectónica y académica. Particularmente este último, que por mi involucramiento personal es el que más me interesa, muestra circunstancias que le hacen sumamente interesante: el Campus Sur no es un parque universitario de vocación localista, centrado en las necesidades de una ciudad metropolitana y su zona de influencia; más bien será un enclave académico ubicado en un municipio con un desarrollo económico y urbano modesto, pero con una ubicación estratégica en una región de suma importancia social, económica y cultural: los valles abajeños del sur, que a diferencia del resto del Bajío pertenecen a la macro región del eje neovolcánico que cruza la cintura central del país. Yuriria se ubica en pleno corazón de estos valles volcánicos, que se despliegan desde Coroneo y Jerécuaro al oriente, hasta Valle de Santiago y Huanímaro al occidente. 15 municipios con casi 900 mil habitantes, 105 mil de los cuales tienen entre 18 y 24 años de edad, el grupo poblacional que más nos interesa atender.
Otra circunstancia particular es que el proyecto ha sido abrazado de forma muy entusiasta por varios ayuntamientos: al principio por Moroleón, Uriangato y Yuriria, pero anteayer se sumó Santiago Maravatío al esfuerzo común. Seguramente veremos pronto a Salvatierra, Valle de Santiago y a Acámbaro muy involucrados en este proyecto, que pretende ofrecer de entrada nueve carreras a ser abiertas en los próximos dos o tres años. Los tres municipios originales poseen una población en edad escolar superior de 21 mil 700 chicos. Pero su egreso efectivo del bachillerato es de 900 jóvenes, que se incrementan a casi mil 500 si incluimos el egreso de Salvatierra, donde la UG tiene presencia gracias a la escuela preparatoria y la unidad de estudios superiores. Por supuesto esperamos recibir estudiantes del resto de los municipios del sur, e incluso del norte michoacano: Cuitzeo, Santa Ana Maya, Copándaro, Zinapécuaro, Puruándiro, incluso la misma Morelia, pues la intención es competir con calidad ante la universidad nicolaíta. Es por ello que se ha planteado un ingreso inicial al campus de mil 500 a dos mil estudiantes, hasta llegar en un plazo mediano a los cinco mil. Para tener una idea de la dimensión del reto, hay que recordar que la UG atiende hoy a poco más de 10 mil estudiantes en licenciatura.
El Campus Sur se ubicará en un amplio terreno al sur de la carretera de Yuriria a Salvatierra, casi a la altura de Santiaguillo, en una ubicación en alto, con una espléndida vista sobre la laguna de Yuriria y sobre esta histórica ciudad. Actualmente son casi 13 las hectáreas con que se cuenta, pero el gobernador comprometió al presidente municipal, Gerardo Gaviña, a donar otras ocho, lo que éste aceptó gustoso, con lo que el campus contaría con más de 20 hectáreas, suficientes para un crecimiento futuro. Se pretende aprovechar hasta lo posible los recursos humanos y materiales de la región, para que el proyecto no sea percibido como una acción más de “colonialismo interno”, sino como una iniciativa generada a partir de las fuerzas locales. Los que hoy participamos en esta actividad somos nativos de Yuriria, pero pronto se nos unirán universitarios en activo que tienen sus raíces en el sur, y a partir de estas “fuerzas básicas” dentro de la UG, buscaremos y convocaremos a los concursos necesarios para ir involucrando personal académico de alto nivel de la zona. Sólo en caso de no existir el recurso –ya que los niveles de exigencia actuales que imperan en la UG son altos se buscará importarlo, de entre los profesores e investigadores especializados que cuenten con las credenciales necesarias –doctorado y experiencia de investigación por ejemplo .
La oferta educativa del Campus Sur se ajustará a los actuales criterios de excelencia académica que aplica la UG a su personal desde hace más de diez años. De ninguna manera se abrirán espacios “de segunda” en estos nuevos campii: se competirá manteniendo los mismos altos estándares que caracterizan a la actual oferta, incluso buscando superarlos. La expansión numérica no debe traducirse en un decremento de calidad; sólo se trata de cumplir con mayor atingencia con el compromiso social de la institución, y abrirle puertas al progreso material e intelectual de los jóvenes surianos.
Otra circunstancia particular es que el proyecto ha sido abrazado de forma muy entusiasta por varios ayuntamientos: al principio por Moroleón, Uriangato y Yuriria, pero anteayer se sumó Santiago Maravatío al esfuerzo común. Seguramente veremos pronto a Salvatierra, Valle de Santiago y a Acámbaro muy involucrados en este proyecto, que pretende ofrecer de entrada nueve carreras a ser abiertas en los próximos dos o tres años. Los tres municipios originales poseen una población en edad escolar superior de 21 mil 700 chicos. Pero su egreso efectivo del bachillerato es de 900 jóvenes, que se incrementan a casi mil 500 si incluimos el egreso de Salvatierra, donde la UG tiene presencia gracias a la escuela preparatoria y la unidad de estudios superiores. Por supuesto esperamos recibir estudiantes del resto de los municipios del sur, e incluso del norte michoacano: Cuitzeo, Santa Ana Maya, Copándaro, Zinapécuaro, Puruándiro, incluso la misma Morelia, pues la intención es competir con calidad ante la universidad nicolaíta. Es por ello que se ha planteado un ingreso inicial al campus de mil 500 a dos mil estudiantes, hasta llegar en un plazo mediano a los cinco mil. Para tener una idea de la dimensión del reto, hay que recordar que la UG atiende hoy a poco más de 10 mil estudiantes en licenciatura.
El Campus Sur se ubicará en un amplio terreno al sur de la carretera de Yuriria a Salvatierra, casi a la altura de Santiaguillo, en una ubicación en alto, con una espléndida vista sobre la laguna de Yuriria y sobre esta histórica ciudad. Actualmente son casi 13 las hectáreas con que se cuenta, pero el gobernador comprometió al presidente municipal, Gerardo Gaviña, a donar otras ocho, lo que éste aceptó gustoso, con lo que el campus contaría con más de 20 hectáreas, suficientes para un crecimiento futuro. Se pretende aprovechar hasta lo posible los recursos humanos y materiales de la región, para que el proyecto no sea percibido como una acción más de “colonialismo interno”, sino como una iniciativa generada a partir de las fuerzas locales. Los que hoy participamos en esta actividad somos nativos de Yuriria, pero pronto se nos unirán universitarios en activo que tienen sus raíces en el sur, y a partir de estas “fuerzas básicas” dentro de la UG, buscaremos y convocaremos a los concursos necesarios para ir involucrando personal académico de alto nivel de la zona. Sólo en caso de no existir el recurso –ya que los niveles de exigencia actuales que imperan en la UG son altos se buscará importarlo, de entre los profesores e investigadores especializados que cuenten con las credenciales necesarias –doctorado y experiencia de investigación por ejemplo .
La oferta educativa del Campus Sur se ajustará a los actuales criterios de excelencia académica que aplica la UG a su personal desde hace más de diez años. De ninguna manera se abrirán espacios “de segunda” en estos nuevos campii: se competirá manteniendo los mismos altos estándares que caracterizan a la actual oferta, incluso buscando superarlos. La expansión numérica no debe traducirse en un decremento de calidad; sólo se trata de cumplir con mayor atingencia con el compromiso social de la institución, y abrirle puertas al progreso material e intelectual de los jóvenes surianos.
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