viernes, 9 de noviembre de 2007

Memorias de la escritura

Poniendo en orden mis papeles -algo para lo que en raras ocasiones hay tiempo-, descubrí que con esta colaboración he acumulado 402 artículos publicados en periódicos estatales y nacionales desde que en 1981 me inauguré en esta afición. Creo que es un motivo suficiente como para compartir con los pacientes lectores cierto grado de satisfacción personal. Permítanme entonces jugar un poco con la memoria y las cavilaciones sobre estos 26 años de escribidor diletante.
Hace muchos años leía en una de las compilaciones de artículos periodísticos de Jorge Ibargüengoitia -creo que se trataba de sus Instrucciones para vivir en México-, que el llorado escritor había publicado más de 600 artículos durante los años sesenta y setenta, para el Excélsior. Su estilo me caló hondamente, aunque siempre supe que no debía imitarlo a riesgo de hacer el ridículo. Pero me entusiasmó la idea de imitar su asiduidad en mantener aceitada la pluma, y así poder emprender con más facilidad retos escritos más demandantes, como son los ensayos y artículos de fondo que se nos demanda a los académicos. En efecto, el resultado me ha resultado ampliamente benéfico: dos cuartillas a la semana ayudan muchísimo a hacer gimnasia escrita que mantiene el “tono muscular dactilográfico”.
Comencé a publicar en prensa gracias al apoyo de mi padre, don Isauro, quien me impulsó a hacerlo y me facilitó la entrada al limitado círculo de colaboradores que El Sol de León convocaba cada año a elaborar reseñas críticas de los eventos desplegados por el Festival Internacional Cervantino. En esa ocasión nos tocó cubrir el 9º FIC. Tímido, me inicié con un artículo dedicado a la cultura Chupícuaro, en referencia a una exposición del museo de la Alhóndiga. Como estudiante de antropología social, el tema me pareció de lo más adecuado para iniciar mis balbuceantes contribuciones. Había que publicar un artículo diario durante las tres semanas del festival, y en ocasiones me tocó echarles la mano a otros colaboradores más ocupados que yo, sirviéndoles de “negro” o ghost writer. Hubo días en que debí escribir hasta tres artículos; así de ganas tenía de publicar. Además del pago por artículo, uno recibía el estímulo de la acreditación de prensa para poder entrar gratis a cuanto evento se quisiera. Evidentemente había que asistir a tantos actos como textos a escribir, así que me la pasaba en conferencias, exposiciones y montajes teatrales, que eran mis actividades favoritas.
En 1986 recibí la invitación de colaborar, también durante el periodo de festival, para el suplemento cervantino del periódico Contacto de Guanajuato. Nuestro editor era el entonces muy chaval Juan Manuel Oliva Ramírez, jefe de información de la edición leonesa. Dos años participé con ese periódico, y aún conservo una carta de agradecimiento con que Juan Manuel acompañó la colección completa de suplementos que nos obsequió en noviembre de 1987, luego de 22 días de festival. Pronto inició el camino que le ha llevado a ser gobernador.
Durante un rato publiqué en el suplemento sabatino Bajo el Sol, de mi vieja casa en El Sol de León. También pude participar con algunas contribuciones a la sección de los estados del Excélsior, cooperativa que pronto entró en crisis. Pero fue sin duda con mi vinculación a El Nacional de Guanajuato, antecedente del medio que hoy da cobijo a esta columna, que pude establecer una base más estable para una participación más regular. Primero fue en la página educativa “Aula de los Lunes” (1987-1989), y luego en la "Revista Cervantina" que me permitió seguir asistiendo cada año a los eventos festivaleros como parte del staff de columnistas eventuales de ese periódico. Y desde 1993 ingresé en el cuerpo base de opinantes de El Nacional. Siempre le he agradecido a Arnoldo Cuéllar su hospitalidad en los medios que le ha tocado dirigir. Es el mejor líder informativo con que contamos en la entidad.
En 1994 Arnoldo y José Argueta arrancaron un interesantísimo proyecto de comunicación política: el Dossier político de El Nacional, que aglutinó a muchas buenas plumas analíticas del estado hasta 1997, cuando se canceló. Pero pudimos pasar a la báscula a muchos políticos locales y nacionales, y ensayar colectivamente lo que es escribir sin ambages sobre tópicos de alta sensibilidad para la clase política. Por supuesto el medio, por su origen, favorecía una visión opositora al panismo gobernante, pero algunos panistas heterodoxos nos acompañaron en la aventura -Juan Miguel Alcántara, Fermín Salcedo.
Con el nacimiento de Correo en 1998, mi experiencia como opinante habitual se ha estabilizado gracias al clima de libertad que se ha robustecido en este nuevo recurso de comunicación impresa. 225 de mis artículos han sido alumbrados por este medio. Por eso no puedo dejar de reconocer la suerte de este Diario de Campo y la buena voluntad de mis compañeros de viaje en este tabloide, que han enriquecido la comunicación interregional de Guanajuato. Gracias.

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